“Tú eres un Dios que perdonas, clemente y piadoso, tardo para la ira y grande en misericordia…” (Nehemías 9:17).
Nehemías 9 ocurre apenas unos días después de los acontecimientos del capítulo 8. Allí el pueblo celebró la Fiesta de las Trompetas (día 1 del séptimo mes) y posteriormente la Fiesta de los Tabernáculos (del día 15 al 22 aproximadamente). Ahora, según Nehemías 9:1, nos encontramos en el día 24 del séptimo mes.
Esto es muy interesante porque entre ambos capítulos queda comprendido el Día de la Expiación (Yom Kippur), que se celebraba el día 10 del séptimo mes (Levítico 23:27). Aunque Nehemías no describe directamente esa celebración, es muy probable que el profundo espíritu de arrepentimiento y confesión que vemos en el capítulo 9 sea el resultado de toda esta secuencia espiritual: lectura de la Ley, Fiesta de las Trompetas, Día de la Expiación y Fiesta de los Tabernáculos. El pueblo había estado varias semanas escuchando la Palabra de Dios y permitiendo que ella examinara sus corazones.
Por eso ahora aparecen vestidos de cilicio, con tierra sobre sus cabezas y dedicados a la confesión (Nehemías 9:1-3). Durante una parte del día leen la Ley y durante otra parte confiesan sus pecados y adoran a Dios.
La oración es extraordinaria porque funciona como una verdadera historia de la salvación. Comienza con la creación, pasa por Abraham, el éxodo, el Sinaí, el desierto, la conquista de Canaán, los jueces, los reyes, el exilio y llega hasta el momento presente. Es probablemente una de las oraciones históricas más extensas de toda la Biblia. Y en todo el relato aparece un contraste permanente:
* Dios es fiel.
* El pueblo es infiel.
* Dios cumple.
* El pueblo falla.
* Dios da.
* El pueblo olvida.
Por otro lado, el verbo “dar” aparece repetidamente. Dios da la vida, da la tierra, da la Ley, da el Espíritu, da el pan, da el agua, da la victoria, da profetas y da misericordia. Toda la historia de Israel es presentada como la historia de un Dios generoso sosteniendo a un pueblo que constantemente tropieza. A continuación tres lecciones a la luz del texto bíblico:
1. El arrepentimiento verdadero nace cuando vemos nuestra historia a la luz de la fidelidad de Dios. El pueblo no se limita a enumerar pecados. Primero contempla quién es Dios y todo lo que ha hecho. Solo entonces comprende la gravedad de su infidelidad. La confesión más profunda siempre surge cuando entendemos cuán bueno ha sido Dios con nosotros.
2. La memoria espiritual protege al pueblo de repetir los mismos errores. Por eso la oración recorre toda la historia nacional. El problema de Israel no era falta de información, sino olvido espiritual. Recordar las obras de Dios ayuda a no repetir los errores del pasado.
3. La esperanza no descansa en la fidelidad humana, sino en la misericordia divina. Si esta oración dependiera del historial de Israel, terminaría en desesperación. Pero una y otra vez aparece la misma verdad: Dios sigue mostrando misericordia. La restauración del pueblo no existe porque ellos hayan sido buenos, sino porque Dios ha sido bueno.
Nehemías 9 nos enseña que el verdadero reavivamiento no consiste solamente en emociones religiosas o decisiones momentáneas. Consiste en mirar honestamente nuestra historia, reconocer nuestras faltas y contemplar la extraordinaria fidelidad de Dios. El pueblo descubrió que, generación tras generación, Dios había permanecido fiel aun cuando ellos habían fallado repetidamente. Y esa sigue siendo una de las mayores razones para tener esperanza hoy. Porque al final, no se trata de cuántas veces nosotros hemos fallado en cumplir nuestras promesas, sino de que Dios nunca ha fallado en cumplir las suyas.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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