viernes, 11 de enero de 2019

DIOS NO NECESITA “AYUDITAS” - Génesis 16:2


Dijo, pues, Sarai a Abram: Ya ves que Jehová me ha hecho estéril; te ruego que te allegues a mi sierva; quizá tendré hijos de ella. Y atendió Abram a la voz de Sarai” (Génesis 16:2).

Confiar en las promesas de Dios cuando las cosas no acontecen con el pasar de los días, semanas, meses y años puede crear en el ser humano un sentimiento de impaciencia, duda y estrés. Podemos justificar y tratar de explicar porqué no se cumple la promesa, y hasta nos podríamos aventurar a proponer una posible SOLUCIÓN. Esto sucedió con Sarai, esposa de Abram.

10 años después de haber recibido la promesa de Dios, Abram sede al “ruego” de su esposa para que se acueste con su esclava egipcia, Agar. Y es que según las costumbres del Antiguo Cercano Oriente era algo posible y común. Así, Abram sería padre y el hijo de la esclava Agar, por ley le pertenecería a Sarai también.
Aparentemente había lógica en el ruego de Sarai. Quizás la promesa era solo para Abram, y no para ella - pensó Sarai- y ésta era una opción muy interesante y la más “sabia”. La Biblia no detalla los pormenores de la plática. Posiblemente Abram se opuso al principio pero ante el ruego insistente y hasta lastimero de su amada esposa, finalmente aceptó.
Sin embargo, la “solución” que supuestamente sería de felicidad les trajo más dolor. Una solución humana jamás puede ser una SOLUCIÓN con consecuencias positivas. Y es que DESOBEDECER a Dios para hacer nuestra propia voluntad siempre será para nuestro perjuicio. Sarai no se sentía bien porque Agar la miraba con desprecio. Y a causa de eso, Sarai la afligía, “humillaba”, “menospreciaba” y hasta “maltrataba”. La Biblia dice que como resultado, Agar huyó al desierto. Y ahí en el desierto Dios la encontró y le socorrió con agua y promesas para su futuro hijo.
A las edad de 86 años Abram se convirtió en padre por primera vez. Su hijo se llamó Ismael porque Dios oyó la aflicción de Agar (Gn. 16:11). 11 años después de la promesa de Dios (Gn. 12), Abram y Sarai vieron nacer a Ismael, otro hijo de la promesa.
Con frecuencia vemos cómo los seres humanos arruinamos los planes maravillosos que Dios tiene para cada uno de nosotros, “Y es que es necesaria la paciencia para qué haciendo hecho la voluntad de Dios obtengamos la promesa” (Hebreos 10:36). Tontamente actuamos sin pensar que las soluciones humanas nunca pueden tener un buen puerto. Y es que “hay caminos que al hombre le parecen rectos pero su fin es de muerte” (.....). ¿Cuántos matrimonios infelices se hubieran evitado si tan solo hubiéramos hecho la voluntad de Dios? ¿Cuántos hijos infelices habrían tenido una historia distinta si sus padre hubieran hecho lo correcto? ¿Cuántas lágrimas nos hubiéramos ahorrado si habríamos confiado en Dios antes que en los hombres? 
Hoy es un nuevo día. ¿Por qué no vamos a Jesús y le decimos que nos aumente la fe? Necesitamos tener más fe, pues la fe es lo que nos ayuda a tener paciencia. Necesitamos confiar en los tiempos de Dios porque ellos son perfectos. No tienen margen de error. Dios no necesita ayuditas. Somos nosotros los que necesitamos de Su AYUDA. ¿Aceptas el desafío? Amén.
Pr. Heyssen J. Cordero Maraví 
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