“¿Qué es el hombre, para que lo engrandezcas, y para que pongas sobre él tu corazón?” (Job 7:17).
Job se siente completamente incomprendido. Sus amigos creen entenderlo, pero no lo entienden. Hablan desde la teoría, mientras Job habla desde la experiencia. Es fácil explicar el sufrimiento cuando se observa desde la distancia; muy distinto es intentar comprenderlo cuando uno mismo ha pasado por el valle del dolor.
Existe un dicho muy cierto: solo entiende verdaderamente al que llora quien alguna vez también lloró por una herida semejante. Job estaba viviendo una experiencia que ninguno de sus amigos había conocido. Por eso sus explicaciones resultaban insuficientes.
Muchas veces el dolor produce lo que la prosperidad jamás consigue. Nos hace depender más de Dios, nos ayuda a descubrir nuestras verdaderas prioridades, revela áreas de nuestra vida que desconocíamos y nos enseña cuán frágiles somos sin el Señor. No porque Dios necesite nuestro sufrimiento para amarnos, sino porque, viviendo en un mundo caído, Él puede transformar incluso las pruebas en oportunidades de crecimiento espiritual.
En el caso de Job, además, había un propósito adicional que él desconocía por completo: demostrar delante del universo que un ser humano puede amar a Dios por quien Él es y no solamente por las bendiciones que recibe. Pero Job todavía no sabe nada de eso. Él sigue teniendo más preguntas que respuestas. A continuación tres lecciones a la luz del texto bíblico:
1. El sufrimiento no siempre puede explicarse, pero siempre puede vivirse junto a Dios. Job no entiende lo que está ocurriendo. Nosotros, como lectores, conocemos el prólogo celestial; él no. Esa diferencia es importante. Muchas veces tampoco entenderemos por qué Dios permite ciertas circunstancias. Sin embargo, aunque no comprendamos sus caminos, podemos seguir confiando en su carácter.
2. Dios puede transformar el dolor en una escuela de crecimiento espiritual. El sufrimiento no es bueno en sí mismo, pero Dios puede usarlo para acercarnos más a Él. En los momentos de mayor debilidad aprendemos a depender de su gracia, descubrimos nuestros límites y comprendemos que nuestra seguridad nunca estuvo en nuestras fuerzas, sino en su presencia. Muchas veces conocemos mejor a Dios precisamente cuando ya no tenemos nada más en qué apoyarnos.
3. Las preguntas no destruyen la fe; pueden conducirnos a una fe más profunda. Job pregunta una y otra vez. No entiende. Se lamenta. Discute. Llora. Pero nunca deja de dirigirse a Dios. Esa es una diferencia enorme. La duda que busca respuestas no es enemiga de la fe; puede convertirse en el camino hacia una confianza mucho más madura. Dios no se ofende por nuestras preguntas sinceras; lo que desea es que las llevemos a Él y no lejos de Él.
Job termina este capítulo sin respuestas. Su enfermedad continúa, sus hijos siguen muertos, sus amigos permanecen confundidos y el cielo continúa en silencio. Sin embargo, el lector comienza a comprender una verdad extraordinaria: Dios está haciendo una obra mucho más profunda de lo que Job puede imaginar. Lo que hoy parece una tragedia incomprensible, un día será una de las mayores revelaciones del carácter de Dios en toda la Biblia. Porque al final, no se trata de comprender todas las razones por las cuales sufrimos, sino de permitir que, aun en medio del dolor, Dios transforme nuestro corazón.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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