jueves, 9 de octubre de 2014

Habacuc 3: REVIVA TU OBRA EN TODO TIEMPO


"Oh Jehová, he oído tu palabra, y temí. Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos, En medio de los tiempos hazla conocer; En la ira acuérdate de la misericordia" (Habacuc 3:2).

La oración del profeta inicia con una declaración interesante: "he oído tu palabra, y temí". Habacuc expresa temor por la ira venidera de Jehová, por el juicio contra el pueblo de Dios a través de los babilonios, y por ello pide que tenga misericordia. De este modo, reconoce que como un profeta de Dios no actuó como debió, dudó de la justicia divina y desconfió de su proceder en cuanto al tiempo y la forma. Ahora, él teme a la palabra que oyó de Jehová. El verso de hoy tiene un mensaje significativo para nuestros días. ¿Cuál es la actitud de nosotros ante la Palabra de Dios? ¿Cómo tomamos los consejos bíblicos?

La segunda lección que podemos destacar en la declaración citada tiene que ver "reavivar" o "reanimar" su obra. ¿Qué obra debe ser avivada, reavivada o reanimada? La que Dios empezó, la obra de restauración, la que viene después del juicio. Habacuc sabía que el exilio, las acciones tristes de Babilonia sobre Judá no serían para siempre, sabía que sería por un tiempo, como una amonestación para su pueblo, una disciplina que tenía el propósito de encaminarlos en el camino real y correcto. El profeta le dice a Dios, completa tu obra, esa obra que empezaste. ¿No les parece conocido ese pedido o palabras? Pablo, un buen judío dijo algo parecido a eso en Filipenses 1:6 "Estando persuadido de esto, que el que empezó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo", ¿qué tal? No hay duda de ello. Así lo hizo con Judá, así lo hace hoy y lo seguirá haciendo con cada uno de nosotros. Dios quiere avivar, reavivar y reanimar su obra  en medio de los tiempos: ayer, hoy y mañana.

Habacuc, no solo reconoce quién es Dios demostrando así temor por sus Palabras y pidiendo misericordia, no solo pide reavivar y completar su obra en todo tiempo, sino que ahora pide que esa obra la haga conocer. Habacuc quería que las naciones, las personas conozcan el poder transformador, restaurador y misericordioso de Dios a través de ellos. En otras palabras, el profeta quiere que su pueblo sea restaurado para gloria de Dios. ¡Impresionante! Esa misma obra puede ser hecha en nuestras vidas hoy, y de esa manera las personas, vecinos, amigos, familiares conocerán el poder de Dios. 

Finalmente, después de describir el poder de Dios, el profeta termina su oración poniendo en las manos de Dios todo, completamente todo, desmotrando así su fe, su confianza en Dios, a pesar de todo. Habacuc dice: "Aunque la higuera no florezca, Ni en las vides haya frutos, Aunque falte el producto del olivo, Y los labrados no den mantenimiento, Y las ovejas sean quitadas de la majada, Y no haya vacas en los corrales;  Con todo, yo me alegraré en Jehová, Y me gozaré en el Dios de mi salvación. Jehová el Señor es mi fortaleza, El cual hace mis pies como de siervas, Y en mis alturas me hace andar" (Hab. 3:17-19).

El ministerio del profeta Habacuc es también una lección extraordinaria para nuestras vidas en Cristo. Podemos tener dudas, podemos no estar de acuerdo con los consejos divinos y con las respuestas que muchas veces nos pueden hacer enojar, reclamar una y otra vez diciendo: "¿Por qué?". Pero, Dios es tan bueno que tiene paciencia con nosotros y entiende nuestro pensar, conoce porqué actuamos así, y finalmente como Habacuc podemos reconocer que necesitamos fe, necesitamos confiar de tal modo que, aunque nos falte, dinero, comida, trabajo...  CON TODO, NOS ALEGRAREMOS EN JEHOVÁ, NOS GOZAREMOS EN AQUÉL QUE NOS SALVA Y ES NUESTRA FORTALEZA.

Pr. Heyssen J. Cordero Maraví

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