“Así colgaron a Amán en la horca que él había preparado para Mardoqueo…” (Ester 7:10).
El capítulo 7 de Ester es uno de los momentos culminantes de toda la historia. Después de días de tensión, ayuno, oración y espera, finalmente llega el momento en que Ester revela su verdadera identidad y denuncia el plan de Amán. La reina ya no puede guardar silencio. El decreto de exterminio está en marcha y la vida de su pueblo depende de lo que ocurra en aquel banquete.
Con gran sabiduría, Ester expone el problema delante del rey. No comienza acusando a Amán directamente. Primero habla de la amenaza que pesa sobre su propia vida y sobre la vida de su pueblo. Entonces Jerjes pregunta quién se atrevería a hacer semejante cosa. Y Ester responde con una frase que cambia la historia: “El enemigo y adversario es este malvado Amán.” (Ester 7:6).
En ese instante, todo el poder que Amán había acumulado comienza a derrumbarse. El hombre que había manipulado decretos imperiales, que había planeado un genocidio y que había levantado una horca para su enemigo, ahora se encuentra temblando delante del rey y de la reina. Lo que parecía una posición inquebrantable desaparece en cuestión de minutos.
Es interesante observar la reacción de Jerjes. A diferencia de Ester 1, donde parece actuar impulsivamente frente a la situación con Vasti, aquí vemos a un rey que se toma un momento para reflexionar. El texto dice que, lleno de ira, salió al huerto del palacio (Ester 7:7). Allí medita sobre lo que acaba de descubrir. Solo después vuelve y toma una decisión. Hay aquí una valiosa lección para todo líder: las decisiones más importantes no deben tomarse en medio de la explosión emocional del momento.
Y entonces ocurre una de las mayores ironías de toda la Biblia. Harbona informa al rey que Amán había preparado una horca de cincuenta codos para Mardoqueo, precisamente el hombre que había salvado la vida del rey. La respuesta es inmediata: “Colgadlo en ella.” El instrumento preparado para destruir al justo se convierte en el instrumento de juicio para el malvado. A continuación tres lecciones a la luz del texto bíblico:
1. Dios sigue gobernando aun cuando parece oculto. El nombre de Dios no aparece en el libro de Ester, pero su presencia es visible en cada acontecimiento. La elección de Ester, la fidelidad de Mardoqueo, el insomnio del rey, el momento exacto del banquete y la caída de Amán forman parte de una cadena de acontecimientos demasiado precisa para ser casualidad. Cuando Dios parece guardar silencio, sigue trabajando detrás del telón.
2. Los líderes sabios aprenden a reflexionar antes de decidir. Jerjes había cometido errores por actuar impulsivamente. Pero aquí vemos una actitud diferente. Antes de pronunciar sentencia, se aparta, reflexiona y luego toma una decisión. Muchos problemas nacen de decisiones apresuradas tomadas bajo el dominio de la ira, el miedo o la presión. Los grandes líderes aprenden a pensar antes de actuar.
3. El orgullo y el odio terminan destruyendo a quien los alimenta. Amán es la prueba viviente de esta verdad. Su problema nunca fue Mardoqueo; fue su propio corazón. El orgullo lo llevó a creerse indispensable. El odio lo llevó a obsesionarse con destruir a otro hombre. Al final, la horca que construyó para su enemigo terminó siendo su propia tumba. El odio funciona como un veneno: creemos que dañará a otro, pero lentamente destruye nuestra propia vida.
La historia de Amán nos recuerda una verdad que aparece repetidamente en las Escrituras: quien cava una fosa para otro termina cayendo en ella. No siempre ocurre de manera inmediata ni tan visible como en Ester 7, pero el pecado lleva dentro de sí mismo las semillas de su propia destrucción. La soberbia, la venganza y la maldad nunca producen un final feliz.
Ester 7 nos muestra que Dios puede permitir que el mal parezca triunfar por un tiempo, pero nunca le concede la victoria final. Amán parecía tener todo el poder, toda la influencia y todo el control. Sin embargo, en una sola noche comenzó su caída y en un solo día perdió todo lo que había construido. Porque al final, no se trata de cuán poderoso parezca el mal en un momento determinado, sino de que Dios sigue siendo el Juez supremo de la historia y ninguna persona que luche contra sus propósitos podrá prosperar para siempre.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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