“Levántate, pues, de mañana, tú y los siervos de tu señor que han venido contigo; y levantándoos al amanecer, marchad” (1 Samuel 29:10).
martes, 6 de enero de 2026
CUANDO DIOS NOS LIBRA DE NOSOTROS MISMOS - 1 SAMUEL 29
David está donde nunca debió estar. Ungido por Dios, llamado a pastorear a Israel, ahora marcha con los enemigos del pueblo de Dios. No cayó de golpe; llegó allí paso a paso, por miedo, cansancio y malas decisiones. Y, sin embargo, este capítulo no es una historia de juicio, sino de misericordia. A continuación tres lecciones a la luz del texto:
1. La unción no nos exime de decisiones equivocadas. David era ungido (1 Samuel 16), fue escogido y amado por Dios, y aun así huyó sin consultar a Dios (1 Samuel 27:1), se acomodó entre los filisteos y comprometió su testimonio. La unción no anula nuestra libertad, ni nos hace inmunes al error. Tu puedes ser anciano, líder o pastor pero eso no te libra de tomar malas decisiones. Un llamado auténtico no elimina la necesidad de dependencia diaria. Si hoy te das cuenta de que no estás donde deberías estar, eso no significa que Dios te haya abandonado. Significa que todavía te está hablando.
2. Dios usa medios inesperados para proteger nuestro llamado. Dios no envió un profeta, una visión o un ángel, la Biblia dice que envió príncipes filisteos. Ellos dijeron:“Este no puede ir con nosotros a la batalla” (v. 4). Los enemigos de Israel protegieron al futuro rey de Israel… porque Dios estaba detrás de escena. A veces Dios no nos corrige con palabras, Él corrige cerrando puertas y nos salva por medio del rechazo. El “no” que hoy te duele puede ser la misericordia que mañana agradecerás.
3. Dios nos libra antes de que arruinemos nuestra historia. Si David peleaba derramaría sangre israelita, perdería legitimidad y cruzaría un punto de no retorno. Pero Dios no se lo permitió. Dios no solo perdona después de la caída;
muchas veces evita la caída. Tal vez hoy puedes decir: “Pude haber hecho algo peor”, “Dios me detuvo a tiempo” o “No entiendo por qué esa puerta se cerró”, pero eso también es salvación.
David se va de la batalla humillado, rechazado y confundido. Pero se va con su futuro intacto, con su llamado protegido, y con la historia aún redimible. Y es que cuando no tenemos la fuerza para salir de un lugar equivocado, Dios, por amor, nos saca. Si hoy te sientes fuera de lugar, has tomado decisiones por miedo, y estás agradecido porque Dios te detuvo, entonces este mensaje es para ti:
- Dios todavía cuida tu historia
- Dios todavía protege tu llamado.
- Dios todavía puede enderezar el camino.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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lunes, 5 de enero de 2026
CUANDO DIOS GUARDA SILENCIO, NO ES PARA QUE BUSQUEMOS OTRAS VOCES - 1 SAMUEL 28
“Y consultó Saúl a Jehová; pero Jehová no le respondió ni por sueños, ni por Urim, ni por profetas” (1 Samuel 28:6).
El episodio de Saúl y la adivina de Endor es uno de los relatos más trágicos del Antiguo Testamento y muestra con crudeza el deterioro espiritual de un líder que conocía la verdad, la defendía externamente, pero ya no vivía bajo la dirección de Dios.
¿Cómo entender la contradicción?
Saúl había desterrado a los adivinos (1 Samuel 28:3) porque así lo exigía la ley de Dios (Levítico 19:31; 20:6, 27; Deut. 18:9–14). Sin embargo, cuando Dios no le respondió (ni por sueños, ni por Urim, ni por profetas), Samuel había muerto, y el enemigo filisteo estaba a las puertas, Saúl quedó religiosamente vacío pero desesperado.
Saúl rechazó la dirección de Dios, pero no dejó de buscar control, seguridad y respuestas. Cuando Dios ya no responde, el ser humano sin conversión genuina busca sustitutos espirituales. No fue un cambio repentino, sino el resultado lógico de una vida de resistencia al Espíritu de Dios. La caída no es un suceso sino un proceso.
La Biblia dice: “Y consultó Saúl a Jehová, pero Jehová no le respondió…” (1 Samuel 28:6), este texto resume todo el drama, revela el silencio divino producto de una desobediencia persistente. Una buena explicación del pecado de Saúl se complementaría con “Pero Saúl murió por su rebelión… y porque consultó a una adivina” (1 Crónicas 10:13–14). A continuación algunas lecciones:
1. La obediencia externa no sustituye una relación viva con Dios. Saúl había quitado a los adivinos del país, pero no había quitado el pecado de su corazón. Cumplió la ley como política, no como pacto y defendió la verdad, pero rechazó al Dios de la verdad. Podemos predicar, liderar y “hacer lo correcto” externamente, y aun así estar espiritualmente desconectados.
2. Cuando Dios guarda silencio, no es para que busquemos otras voces. El silencio de Dios no autorizaba a Saúl a buscar lo prohibido. El silencio era un llamado al arrepentimiento, no a la adivinación, pero Saúl no buscó perdón; buscó información. Cuando no escuchamos a Dios, el peligro no es el silencio, sino a quién decidimos escuchar después.
3. Rechazar repetidamente al Espíritu Santo lleva a una espiritualidad falsa. Saúl terminó disfrazado, de noche, consultando aquello que antes condenaba, y es que el que no se rinde a Dios termina negociando con el error. La caída final fue coherente con su proceso interior. “Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gálatas 6:7).
En el tiempo final, quienes rechacen la verdad terminarán aceptando engaños espirituales (cf. Apoc. 16:13–14). Saúl nos enseña que: No es suficiente haber conocido la verdad, si no caminamos diariamente en ella. Dios nunca dejó de estar dispuesto a guiar a Saúl; Saúl fue quien dejó de estar dispuesto a obedecer.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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DIOS CUIDARÁ DE TI, AÚN EN TIERRAS ENEMIGAS - 1 SAMUEL 27
“Fue el número de los días que David habitó en la tierra de los filisteos, un año y cuatro meses” (1 Samuel 27:7).
Hay pasajes de la Biblia que nos sorprenden y hasta nos incomodan. Uno de ellos es 1 Samuel 27, y esto porque David, el ungido del Señor, busca refugio entre los filisteos, el mismo pueblo al que había vencido cuando mató a Goliat. Humanamente hablando, era el último lugar donde debería estar. David no huye por cobardía, sino por cansancio. Saúl lo persigue sin descanso, la espera se prolonga y la fe del futuro rey atraviesa una crisis silenciosa. El texto dice: “Dijo David en su corazón: Algún día moriré a manos de Saúl” (1 Sam. 27:1). Ese pensamiento que incluso los hombres conforme al corazón de Dios también luchan con el temor. Algunas lecciones a la luz del texto:
1. Dios no abandona a sus hijos cuando toman decisiones en medio de la crisis. David se refugia en Gat, ciudad filistea, bajo la protección de Aquis. Aun allí, Dios lo preserva. Saúl deja de perseguirlo (v. 4) y, por primera vez en mucho tiempo, David y su gente descansan. Esto nos recuerda que la protección de Dios no depende del lugar, sino de Su fidelidad. Aun cuando no entendemos nuestras propias decisiones, Dios sigue obrando para cuidar a los suyos.
2. Dios puede usar lugares impensados para cumplir Sus propósitos. Resulta extraño ver a David viviendo en territorio enemigo, pero ese tiempo fue clave. Allí su liderazgo se consolidó, su familia y sus hombres fueron protegidos, y el camino al trono siguió avanzando, aunque parecía detenido. A veces, Dios nos guarda no en el lugar ideal, sino en el lugar necesario. Lo que parece retroceso puede ser, en realidad, una pausa estratégica del cielo.
3. Aun en tierra enemiga, Dios sigue siendo refugio. David estaba en Gat, pero su verdadero refugio nunca dejó de ser el Señor (Salmo 57; Salmo 56, escritos en contextos similares). Esto nos enseña que no es el entorno el que define nuestra seguridad, sino la presencia de Dios con nosotros.
Tal vez hoy alguien se siente viviendo en una “tierra filistea”: un trabajo hostil, una situación injusta, un tiempo de espera agotador, una decisión tomada desde el cansancio. Dios no se desentiende de sus hijos en medio de la crisis, aún en tierras extrañas, Él sigue cuidando, guiando y preservando. Si Dios cuidó de David en Gat, también puede cuidarte a ti hoy, donde estés: “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo” (Salmo 23:4).
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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EL REMORDIMIENTO NO PRODUCE TRANSFORMACIÓN - 1 SAMUEL 26
“Entonces dijo Saúl: He pecado; vuélvete, hijo mío David, que ningún mal te haré más, porque mi vida ha sido estimada preciosa hoy a tus ojos. He aquí yo he hecho neciamente, y he errado en gran manera” (1 Samuel 26: 21).
La reincidencia de Saúl no es solo una falla de carácter, sino un retrato del corazón humano cuando no se rinde plenamente a Dios. El versículo 21 es clave porque muestra un arrepentimiento tardío, emocional, pero no transformador, ahí la diferencia entre el arrepentimiento y el remordimiento. El primero es transformador, pero el remordimiento es simplemente emocional y pasajero. Alguna selecciones a la luz del texto:
1. El remordimiento sin conversión vuelve a repetir la historia. Saúl ya había dicho palabras similares en 1 Samuel 24:16–19. Lloró, confesó, prometió cambiar… pero volvió a perseguir a David. Dios nos muestra que no todo arrepentimiento es igual. Hay un dolor que solo busca alivio momentáneo y otro que produce una vida nueva (2 Corintios 7:10). Muchos creyentes no necesitan más lágrimas, sino una decisión radical de rendición. La buena noticia es que Dios sigue llamando, aun cuando caemos en ciclos repetidos.
2. Reconocer la verdad no es lo mismo que someterse a ella. Saúl reconoce tres cosas en el verso 21: “He pecado”, “he hecho neciamente” y “he errado en gran manera”. Pero nunca suelta el trono, ni la lanza, ni el control. Reconoce a David como justo, pero no permite que Dios gobierne su corazón. Dios no solo quiere que admitamos la verdad, sino que vivamos bajo ella. La esperanza cristiana es que el Espíritu Santo sí puede romper patrones reincidentes cuando le damos el control. La verdad reconocida, pero no obedecida, termina siendo una carga y no una liberación.
3. Dios protege a sus siervos aun cuando los enemigos quieren hacerte daño. Saúl no cambió, pero Dios sí siguió cuidando a David. David no se vengó, no forzó el cumplimiento de la promesa, no se adelantó a Dios. Aunque otros reincidan en su maldad, Dios no abandona a los que confían en Él. La justicia de Dios no depende del arrepentimiento del opresor, sino de la fidelidad del Señor.
Tal vez alguien hoy sigue siendo herido por la misma persona, la misma situación, el mismo pecado… La esperanza es esta: Dios ve, Dios guarda y Dios vindica en su tiempo. Saúl dijo: “He pecado”, pero David vivió confiando. La verdadera esperanza no está en promesas humanas que se repiten y se rompen, sino en un Dios que nunca reincide en su fidelidad. “Fiel es el que prometió.” (Heb. 10:23)
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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CUANDO LA JUSTICIA SE DEJA GUIAR POR DIOS - 1 SAMUEL 25
“Bendito sea Jehová Dios de Israel, que te envió hoy a encontrarme” (1 Sam. 25:32).
David ha sido ofendido injustamente por Nabal. Humanamente, David tiene razones para vengarse. Ya había tomado una decisión: destruir a Nabal y a toda su casa. Pero Dios interviene a través de una mujer sabia, Abigail, y David elige cambiar de opinión. En ese cambio hay esperanza para todos nosotros.
A continuación, tres lecciones a la luz de texto de hoy:
1. La justicia de Dios no se basa en el impulso, sino en el dominio propio (1 Samuel 25:13, 22, 32-33). David reacciona como cualquier ser humano herido: con ira. Sin embargo, cuando escucha a Abigail, reconoce que Dios lo está librando de derramar sangre innecesaria. Ser justo no significa no sentir enojo, sino no permitir que el enojo gobierne nuestras decisiones. La verdadera justicia espera, escucha y se somete a Dios. Si hoy estás a punto de tomar una decisión movida por la ira, Dios todavía puede detenerte antes de que cruces una línea irreversible.
2. Dios usa voces sabias para corregir decisiones equivocadas (1 Samuel 25:24–28). Abigail no humilla a David; apela a su llamado, a su futuro y a la justicia de Dios. Ella se convierte en instrumento divino para redirigir su camino. Dios no siempre nos habla con truenos; muchas veces nos habla a través de personas llenas de discernimiento y humildad. Si estás dispuesto a escuchar consejo piadoso, Dios puede salvarte de consecuencias dolorosas y preservar tu testimonio.
3. La justicia que espera en Dios nunca pierde su recompensa (1 Samuel 25:38–39). David deja el asunto en manos de Dios… y Dios se encarga de Nabal. David aprende una lección crucial: la venganza no le correspondía a él. Cuando renuncias a hacer justicia por tus propias manos, Dios actúa con justicia perfecta y a su tiempo. No necesitas defenderte solo. Dios ve, Dios juzga y Dios restaura sin manchar tu carácter.
David no perdió autoridad al cambiar de opinión; la fortaleció. No perdió justicia; la elevó. No perdió honor; lo preservó. El texto dice: “Bendito sea Jehová Dios de Israel, que te envió hoy a encontrarme” (1 Sam. 25:32). Cambiar de opinión cuando Dios habla no es debilidad; es justicia guiada por el cielo.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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