“Levántate, pues, de mañana, tú y los siervos de tu señor que han venido contigo; y levantándoos al amanecer, marchad” (1 Samuel 29:10).
David está donde nunca debió estar. Ungido por Dios, llamado a pastorear a Israel, ahora marcha con los enemigos del pueblo de Dios. No cayó de golpe; llegó allí paso a paso, por miedo, cansancio y malas decisiones. Y, sin embargo, este capítulo no es una historia de juicio, sino de misericordia. A continuación tres lecciones a la luz del texto:
1. La unción no nos exime de decisiones equivocadas. David era ungido (1 Samuel 16), fue escogido y amado por Dios, y aun así huyó sin consultar a Dios (1 Samuel 27:1), se acomodó entre los filisteos y comprometió su testimonio. La unción no anula nuestra libertad, ni nos hace inmunes al error. Tu puedes ser anciano, líder o pastor pero eso no te libra de tomar malas decisiones. Un llamado auténtico no elimina la necesidad de dependencia diaria. Si hoy te das cuenta de que no estás donde deberías estar, eso no significa que Dios te haya abandonado. Significa que todavía te está hablando.
2. Dios usa medios inesperados para proteger nuestro llamado. Dios no envió un profeta, una visión o un ángel, la Biblia dice que envió príncipes filisteos. Ellos dijeron:“Este no puede ir con nosotros a la batalla” (v. 4). Los enemigos de Israel protegieron al futuro rey de Israel… porque Dios estaba detrás de escena. A veces Dios no nos corrige con palabras, Él corrige cerrando puertas y nos salva por medio del rechazo. El “no” que hoy te duele puede ser la misericordia que mañana agradecerás.
3. Dios nos libra antes de que arruinemos nuestra historia. Si David peleaba derramaría sangre israelita, perdería legitimidad y cruzaría un punto de no retorno. Pero Dios no se lo permitió. Dios no solo perdona después de la caída;
muchas veces evita la caída. Tal vez hoy puedes decir: “Pude haber hecho algo peor”, “Dios me detuvo a tiempo” o “No entiendo por qué esa puerta se cerró”, pero eso también es salvación.
David se va de la batalla humillado, rechazado y confundido. Pero se va con su futuro intacto, con su llamado protegido, y con la historia aún redimible. Y es que cuando no tenemos la fuerza para salir de un lugar equivocado, Dios, por amor, nos saca. Si hoy te sientes fuera de lugar, has tomado decisiones por miedo, y estás agradecido porque Dios te detuvo, entonces este mensaje es para ti:
- Dios todavía cuida tu historia
- Dios todavía protege tu llamado.
- Dios todavía puede enderezar el camino.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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https://youtu.be/SNHQiG0CZr8?si=fH5qinTmGqaqs5ze
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