domingo, 2 de agosto de 2026

LA GRANDEZA DE DIOS VA MÁS ALLÁ DE NUESTRA COMPRESIÓN - JOB 36




“He aquí, Dios es grande, y nosotros no le conocemos; ni se puede seguir la huella de sus años” (Job 36:26).

En su penúltimo discurso, Eliú continúa defendiendo la justicia y la soberanía de Dios. Insiste nuevamente en una idea que ya habían desarrollado Elifaz, Bildad y Zofar: Dios bendice al justo y disciplina al que se aparta de Él. Según Eliú, incluso la aflicción puede ser un llamado divino al arrepentimiento para evitar una ruina mayor. En términos generales, este principio es bíblico. Dios sí corrige a sus hijos y el pecado trae consecuencias. Sin embargo, Eliú sigue cometiendo el mismo error que los otros amigos: aplica ese principio al caso de Job, sin comprender que su sufrimiento no era consecuencia de una desobediencia personal.
No obstante, el capítulo cambia de tono en su segunda mitad. Eliú deja de concentrarse en Job y dirige la mirada hacia Dios. Contempla la lluvia, las nubes, el trueno y las maravillas de la naturaleza para recordar que el Creador gobierna el universo con infinita sabiduría. Poco a poco, el libro prepara al lector para el momento culminante en que será Dios mismo quien hablará desde el torbellino. A continuación tres lecciones a la luz del texto bíblico:
1. Los principios generales de la Biblia deben aplicarse con sabiduría. Eliú afirma el principio de causa y efecto: la obediencia trae bendición y el pecado produce dolor. Esa verdad aparece repetidas veces en la Escritura. Sin embargo, el libro de Job demuestra que no todos los sufrimientos pueden explicarse mediante ese principio. Existen pruebas que Dios permite no para castigar, sino para purificar, fortalecer la fe y revelar su gloria. Una doctrina verdadera aplicada sin discernimiento puede terminar produciendo una conclusión equivocada.
2. La aflicción puede ser una escuela donde Dios forma el carácter. Aunque Eliú se equivoca al acusar a Job, acierta al recordar que Dios muchas veces utiliza las pruebas para hablar al corazón humano. La enfermedad, la pérdida o la adversidad no siempre son consecuencia del pecado, pero sí pueden convertirse en oportunidades para crecer espiritualmente. El creyente maduro aprende a preguntarse no solo: “¿Por qué estoy pasando por esto?”, sino también: “¿Qué quiere enseñarme Dios en medio de esta situación?”.
3. La creación proclama continuamente la grandeza del Creador. No es casualidad que todos los interlocutores, y especialmente Eliú en este capítulo, recurran a la creación para exaltar la soberanía de Dios. La naturaleza se convierte en un gran sermón acerca del poder, la sabiduría y la fidelidad del Señor. Las nubes, la lluvia, el viento y el trueno obedecen su voz. Si Dios gobierna con precisión el universo entero, también gobierna con sabiduría la vida de sus hijos, aunque ellos no siempre comprendan sus caminos.
Job 36 prepara el escenario para la aparición de Dios en los capítulos siguientes. Eliú ha hablado mucho acerca del Creador, pero pronto será el mismo Creador quien responderá. Y cuando Dios hable, no explicará primero el sufrimiento de Job; le mostrará su inmensidad. Porque antes de comprender los caminos de Dios, es necesario contemplar la grandeza del Dios que dirige esos caminos. Porque al final, no se trata de encontrar una explicación inmediata para cada prueba, sino de aprender a confiar en el Dios cuya sabiduría supera infinitamente la nuestra. El Creador que gobierna la lluvia, el viento y las estrellas también dirige nuestra historia. Y aunque muchas veces no entendamos sus propósitos, podemos descansar en la certeza de que jamás dejará de obrar para el bien de quienes permanecen fieles a Él.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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