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lunes, 1 de junio de 2026

UN TEMPLO SIN HOMBRES Y MUJERES CONSAGRADOS ES SOLO UN EDIFICIO MÁS - ESDRAS 8



“Y reuní allí junto al río que viene a Ahava… y no hallé allí de los hijos de Leví” (Esdras 8:15).

Esdras 8 registra la segunda gran caravana que salió de Babilonia rumbo a Jerusalén. Habían pasado cerca de sesenta años desde el primer retorno liderado por Zorobabel. Ahora surge una nueva generación de exiliados nacidos o criados en Babilonia, pero que aún conservaban cuidadosamente sus genealogías y su identidad espiritual. Por eso el capítulo dedica tanto espacio a registrar familias, linajes y tribus. El pueblo entendía que seguía siendo el pueblo del pacto.
En medio de la lista, aparece un detalle sorprendente. Cuando Esdras revisa a los que se preparaban para viajar, descubre que no había levitas suficientes. Había familias dispuestas a regresar, pero faltaban quienes debían dedicarse al servicio espiritual del templo. Entonces envía mensajeros a Casifia y otros asentamientos judíos de Babilonia para buscar voluntarios. Finalmente regresan apenas 38 levitas y 220 sirvientes del templo.
A primera vista parece un detalle menor, pero para Esdras era un asunto fundamental. Él entendía algo que muchos podían pasar por alto: un templo reconstruido sin personas comprometidas con ministrar sería solo un edificio. Jerusalén necesitaba muros, liderazgo y organización, pero también necesitaba hombres y mujeres consagrados al servicio de Dios. A continuación tres lecciones a la luz del texto bíblico:
1. La obra de Dios necesita más que estructuras; necesita servidores comprometidos. El templo estaba en pie desde hacía décadas, pero Esdras comprendió que la verdadera restauración requería personas dispuestas a servir. Los edificios, programas y recursos son importantes, pero la misión siempre avanza por medio de personas consagradas.
2. Dios siempre busca un remanente dispuesto a responder al llamado. Miles de judíos permanecieron en Babilonia, y aun entre quienes deseaban regresar, pocos levitas estaban disponibles inicialmente. Sin embargo, Dios proveyó un grupo dispuesto a servir. A lo largo de la historia bíblica, Dios ha obrado mediante personas que responden cuando otros prefieren permanecer cómodos.
3. La adoración y la misión no pueden separarse. Esdras entendió que reconstruir Jerusalén no consistía únicamente en restaurar una ciudad, sino en restaurar el culto, la enseñanza y el servicio a Dios. Sin levitas no habría instrucción espiritual, adoración organizada ni liderazgo religioso. El pueblo necesitaba tanto constructores como ministros.
Esdras sabía que una ciudad puede reconstruirse con piedras, pero una comunidad de fe solo se edifica mediante personas comprometidas con Dios. Por eso se preocupó tanto cuando no encontró suficientes levitas para acompañar la caravana. Hoy seguimos enfrentando el mismo desafío. Hay iglesias que necesitan maestros, predicadores, líderes, misioneros y servidores dispuestos a dedicar sus dones al reino de Dios. Porque al final, no se trata solamente de tener templos, proyectos o recursos, sino de contar con hombres y mujeres que respondan al llamado de Dios y estén dispuestos a servir donde Él los necesite.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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domingo, 17 de agosto de 2025

LECCIONES DEL DESCANSO DE LA TIERRA - LEVÍTICO 25



“Jehová habló a Moisés en el monte de Sinaí, diciendo: Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando hayáis entrado en la tierra que yo os doy, la tierra guardará reposo para Jehová” (Levítico 25:1, 2).


Una vez conocí a un agricultor que me dijo algo que nunca olvidé: “Pastor, la tierra también se cansa. Si la exprimes todos los años sin darle un respiro, un día ya no te dará fruto”.

Era un hombre humilde, de manos curtidas y rostro quemado por el sol, que entendía algo que muchos olvidamos: el descanso no es pérdida de tiempo, es inversión para el futuro.


En la Biblia, Dios estableció que la tierra de Israel debía descansar cada siete años. No se debía sembrar, ni podar, ni cosechar. ¿Por qué? Porque Dios quería enseñar algo mucho más profundo que agricultura.


A continuación, tres lecciones que aprendemos del descanso de la tierra.


1. El descanso es un acto de confianza en Dios. Cuando los israelitas dejaban la tierra sin sembrar un año entero, no había “plan B” humano. Tenían que creer que Dios proveería. El descanso era un recordatorio de que la bendición no viene solo del trabajo, sino del Señor que hace prosperar nuestro trabajo. Hoy vivimos en una sociedad obsesionada con la productividad. Trabajamos, corremos, acumulamos… pero a veces Dios nos dice: “Detente. Confía en Mí. Yo soy tu Proveedor”.


2. El descanso restaura lo que está agotado. La tierra, como nosotros, necesita tiempo para recuperarse. Un año sabático permitía que el suelo recuperara nutrientes y fuerza para producir más adelante. En la vida espiritual pasa igual: si nunca nos detenemos, nuestra alma se desgasta. Necesitamos espacios para renovar nuestra fe, escuchar la voz de Dios y dejar que Él regenere nuestra fuerza interior.


3. El descanso nos recuerda que todo le pertenece a Dios. El año sabático no solo beneficiaba a la tierra, sino también a los pobres, a los extranjeros y hasta a los animales, que podían comer libremente de lo que creciera solo. Era un recordatorio de que la tierra no era del agricultor, sino de Dios. Nosotros no somos dueños de nada; solo administradores temporales de lo que Él nos presta.


Tal vez tu vida hoy se parezca a una tierra sobreexplotada. Llevas meses, tal vez años, sin darte un respiro. El mensaje de Dios para ti es claro: “Venid a Mí, y Yo os haré descansar” (Mateo 11:28).


Si el Señor se preocupó por el descanso de la tierra, cuánto más se preocupa por tu descanso espiritual. Hoy puedes confiar, restaurarte y recordar que todo lo que tienes viene de Él.


Feliz día. 


Pr. Heyssen Cordero Maraví 


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sábado, 2 de agosto de 2025

LA LEPRA DEL CORAZÓN - LEVÍTICO 13

Carlos era un hombre fuerte, trabajador, querido por su comunidad. Pero una mañana, mientras se afeitaba frente al espejo, notó una mancha blanca en su mejilla. Al principio pensó que era algo pasajero, tal vez una irritación. Pero con el paso de los días, no solo no desaparecía, sino que empezaron a salirle manchas similares en otras partes del cuerpo.


Preocupado, visitó al médico. El diagnóstico fue devastador: cáncer a la piel . No podía creerlo. En un abrir y cerrar de ojos, su vida cambió: gastó todos sus ahorros solo para ver con tristeza cómo se desmoronaba en cuestión de días lo que fue construido en años. ¿Qué hacer para curar una enfermedad incurable? ¿A dónde ir para encontrar sanidad de una enfermedad mortal?


Hoy por hoy, aún cuando la ciencia ha avanzado a pasos agigantados, tristemente no hay cura para el cáncer, pues es una enfermedad sin cura. Esta enfermedad era similar a la lepra de los tiempos bíblicos. Todo aquel que tenía lepra debía tener la seguridad de que se encontraba a una enfermedad sin cura. 


El capítulo de hoy, Levítico 13, nos presenta uno de los capítulos más detallados sobre cómo el pueblo de Israel debía identificar y tratar la lepra. Aunque el contexto es ceremonial y sanitario, hay profundas implicancias espirituales detrás de este procedimiento. A continuación, tres lecciones para nuestra vida hoy:


1. La lepra no siempre se nota al principio. “Cuando alguno tuviere en la piel de su cuerpo hinchazón, erupción o mancha blanca, y se convierta en llaga de lepra…” (13:2). La lepra podía empezar como una simple mancha, algo leve, casi imperceptible. Pero si no se trataba, avanzaba silenciosamente hasta consumir el cuerpo. Así es el pecado. Comienza como una pequeña indiferencia, una mentira piadosa, una mirada prohibida, una excusa en lugar de oración. No parece gran cosa… hasta que el alma comienza a endurecerse. Nadie se aleja de Dios de la noche a la mañana. Es una progresión silenciosa. Dios no quiere que vivamos ignorando nuestras heridas. Él nos ofrece su Palabra como un espejo que revela la enfermedad antes de que sea fatal.


2. Solo el sacerdote podía declarar impuro o puro. “Lo mirará el sacerdote, y lo declarará impuro” (13:3). El diagnóstico no quedaba en manos de la persona afectada. Tampoco podía un familiar o amigo tomar esa decisión. Era el sacerdote, el mediador entre Dios y el pueblo, quien examinaba cuidadosamente y daba el veredicto. Esto nos recuerda que no somos jueces de nuestra propia condición espiritual. A veces creemos estar bien solo porque no hacemos “cosas malas”. Pero Jesús, nuestro Sumo Sacerdote, es quien puede ver lo más profundo del corazón. Cristo no solo nos examina, también nos ofrece su gracia. No para condenarnos, sino para restaurarnos. El que declara “impuro” es también el único que puede decir: “¡Eres limpio!” (cf. Lucas 5:13).


3. La impureza se aislaba para no contaminar a otros. “El leproso… habitará solo; fuera del campamento será su morada” (13:46). El aislamiento era duro, pero necesario. No era un castigo, sino una medida para proteger al resto del pueblo. El mal debía ser contenido, antes de propagarse. Hoy no vivimos bajo leyes ceremoniales, pero el principio es claro: el pecado sin tratar puede contaminar a otros. Palabras tóxicas, actitudes egoístas, orgullo sin corregir… todo eso se contagia. El leproso era aislado del campamento, pero no de Dios. Jesús fue el único que, en vez de alejarse del leproso, se acercó y lo tocó. Él quiere hacer lo mismo contigo. No importa cuán lejos hayas caído, su toque todavía tiene poder para sanar.


Carlos fue internado y recibió tratamiento. Años después, cuando fue dado de alta, se convirtió en voluntario en hospitales de enfermedades oncológicas. Decía: “Yo sé lo que es vivir con algo por dentro que te va matando… pero también sé lo que es ser tocado por el amor de Dios.”


Hoy, más que temerle a la lepra física o al cáncer, deberíamos temerle a una conciencia adormecida, a un corazón endurecido. Permite que Cristo, el verdadero Sacerdote, te examine hoy. Porque aunque vea tu pecado, no te rechazará. Te sanará.


Feliz día 


Pr. Heyssen Cordero Maraví 


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sábado, 26 de julio de 2025

¿PODEMOS PECAR SIN QUERER? - LEVÍTICO 4



“Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando alguna persona pecare por yerro en alguno de los mandamientos de Jehová sobre cosas que no se han de hacer, e hiciere alguna de ellas” (Levítico 4:2).

Hace algunos años, una hermana de iglesia me llamó angustiada. Había hecho un comentario sin mala intención sobre otra hermana, pero ese comentario, repetido fuera de contexto, causó un gran malentendido. Entre lágrimas me dijo: “Pastor, no fue a propósito… pero hice daño. ¿Dios me perdonará aunque no lo hice con mala intención?”
Su dolor me recordó una gran verdad espiritual: no todo pecado es intencional, pero todo pecado necesita redención. Y esto es precisamente lo que Dios nos enseña en Levítico 4, un capítulo que parece técnico, pero que está cargado de gracia:

1. Aun el pecado no intencional contamina y necesita expiación. “Si alguno pecare por hierro…” (v.2). La Biblia no excusa el pecado por ser accidental. El pecado, aunque no sea voluntario, rompe la comunión con Dios. Vivimos en una cultura que minimiza la culpa, que dice: “Si no fue con mala intención, no hay problema”. Pero Dios nos enseña lo contrario: el pecado, sea consciente o no, nos afecta espiritualmente y necesita ser tratado con seriedad.

2. Dios proveyó un sacrificio para cada clase de persona (v.3, 13, 22, 27). Levítico 4 describe cómo debían presentarse sacrificios según el estatus del pecador: sacerdote, líder, pueblo o ciudadano común. ¿Qué mensaje encierra esto? Que todos hemos pecado, sin excepción. Pero también que la gracia es personalizada. Dios no abandona a nadie. Él tiene un plan para restaurar al líder, al joven, al padre de familia, al pueblo entero.

3. El perdón de Dios se manifiesta cuando hay confesión y sangre derramada (v.20, 26, 31, 35). Cada vez que alguien ofrecía el sacrificio por el pecado no intencional, Dios decía: “Y le será perdonado”. ¡Qué esperanza maravillosa! El perdón no venía por ignorar el pecado, sino por enfrentarlo con humildad y fe en el sacrificio.

Hoy no llevamos animales al altar, pero sí traemos nuestros pecados al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Y cuando confesamos, no hay duda ni demora: somos perdonados.
Querido hermano, Quizás has fallado sin querer. Tal vez tus palabras, tus decisiones, o tu silencio, lastimaron a alguien. No ignores esa carga. No trates de justificarte. Dios no espera perfección, pero sí sinceridad. Aun el pecado no intencional tiene solución… si es llevado al altar.
Feliz día.

Pr. Heyssen Cordero Maraví

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sábado, 12 de julio de 2025

CRISTO, EL VERDADERO PROPICIATORIO - ÉXODO 37



“Harás también un propiciatorio de oro puro…” (Éxodo 37:6).

Dios no deja nada al azar. Éxodo 37 nos lleva al corazón del santuario, donde cada elemento fue cuidadosamente diseñado, no solo con estética, sino con propósito cristocéntrico, porque el santuario no era simplemente un lugar sagrado. Era un símbolo viviente del plan de redención. Esto es realmente extraordinario para todo creyente. 


Hoy quiero invitarte a ver tres lecciones que se destacan de manera notable, no como una simple descripción ritual, sino como una invitación divina: 


1. La espiritualidad auténtica comienza en los detalles. El capítulo comienza con el arca, la mesa, el candelabro y el altar del incienso. Cada uno construido con medidas exactas, materiales específicos, y bajo dirección directa de Dios ¿Sabes qué me dice esto? Que la santidad no está en lo espectacular, sino en lo fiel. Dios se revela en los detalles. En lo que nadie ve. En lo que hacemos cuando no hay público, ni cámaras, ni aplausos. A vivir cada día como una ofrenda.


2. El oro no es ostentación, es transformación. El oro puro recubre el arca y sus elementos. A los ojos modernos podría parecer exceso, pero en la lógica divina, el oro no es lujo: es símbolo. Es reflejo de lo que ocurre cuando Dios toca lo humano. El oro representa el carácter de Cristo que quiere formarse en nosotros. No se trata de cambiar por presión, sino de ser moldeados por comunión. De dejar que el fuego del Espíritu refine lo que está impuro.


3. El propiciatorio no es un objeto, es una Persona. El centro del capítulo y del santuario es el propiciatorio. Allí se colocaba la sangre. Allí se manifestaba la gloria. Pero esa realidad era solo una sombra. El verdadero propiciatorio es Cristo. En Él se cumple todo lo que el santuario representaba. Él es el Cordero, el Sacerdote, y el Lugar Santísimo. En Él tenemos acceso, perdón y nueva vida.


Que tu vida sea un santuario viviente. El objetivo del santuario no era mantener a Dios encerrado en un espacio sagrado. Era enseñar que Él quiere habitar en nosotros. Y mientras esperamos el día en que todo será restaurado, caminemos con reverencia, con gratitud, y con la certeza de que Aquel que habitó en el santuario, hoy quiere habitar en tu corazón.


¡Feliz día!


Pr. Heyssen Cordero Maraví 


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CONSAGRACIÓN TOTAL - ÉXODO 29:1



Vivimos en un mundo donde muchas personas quieren hacer cosas para Dios, pero pocos quieren serlo que Dios les pide. Hoy quiero invitarte a reflexionar en algo que está en el corazón del plan de salvación: la consagración.


En Éxodo 29 encontramos el ritual que Dios mandó para consagrar a los sacerdotes. ¿Y sabes qué? Este capítulo no es solo historia antigua. Es una representación viva del deseo de Dios para ti y para mí. Porque aunque tú no vivas en un santuario de desierto, tú y yo también hemos sido llamados para ser parte de un sacerdocio santo (1 Pedro 2:9).


¿Quieres servir a Dios de verdad? Entonces necesitas más que entusiasmo. Necesitas ser lavado, perdonado, ungido, y consagrado por completo. No se trata de religión vacía ni de formalismo. Se trata de un corazón entregado totalmente a Jesús.


Hoy veremos cinco lecciones poderosas de este pasaje, que nos muestran cómo Dios transforma a un pecador común en un siervo consagrado para Su gloria.



  1. Dios desea un pueblo consagrado, no perfecto. “Y esto es lo que les harás para consagrarlos para que sean mis sacerdotes…” (v.1). Dios no está buscando personas perfectas. Él está buscando corazones dispuestos. El proceso de consagración de los sacerdotes no comenzaba con una evaluación de méritos, sino con una ofrenda expiatoria. ¿Sabes por qué? Porque todos hemos pecado. Pero Dios, en su infinita misericordia, nos llama a consagrarnos. Él comienza la obra de transformación. ¡Tú solo necesitas decir: “Señor, aquí estoy”!
  2. El sacrificio es la base del ministerio. “…y tomarás un becerro como ofrenda por el pecado, y dos carneros sin defecto…” (v.1).  Para que Aarón pudiera ejercer su función, tenía que haber un sacrificio. El becerro representa a Cristo, nuestro sustituto. Todo el ministerio sacerdotal se sostenía sobre la sangre del Cordero. Hoy también, nuestra vida cristiana no se apoya en nuestra fuerza ni en nuestra fidelidad, sino en la sangre preciosa de Jesús. ¡Sin Cristo, no hay esperanza!
  3. Lavados por completo, antes de servir. “Y lavarás con agua a Aarón y a sus hijos…” (v.4). Antes de vestirse con las ropas sagradas, Aarón debía ser lavado. Eso representa la limpieza del pecado. Jesús también lavó los pies de sus discípulos antes de enviarlos. Hoy, tú y yo necesitamos ese lavado espiritual cada día. El servicio a Dios no comienza en el púlpito, comienza en el corazón, cuando nos dejamos purificar por el Espíritu Santo.
  4. Ungidos con el aceite del Espíritu Santo. “…tomarás el aceite de la unción y lo derramarás sobre su cabeza…” (v.7). Aarón no fue enviado con sus propias capacidades. Fue ungido. Eso significa que fue capacitado por el Espíritu Santo. Querido, tú no necesitas muchos títulos para servir. Necesitas estar lleno del Espíritu. Cuando Él te unge, ¡puedes hacer maravillas en Su nombre! El Espíritu de Dios es quien transforma lo común en santo.
  5. Dios quiere una entrega total, no parcial. “…ofrecerás el segundo carnero como carnero de consagración…” (v.19-22). consagración era total. No a medias. Dios no acepta corazones divididos. ¿Por qué? Porque Él lo dio todo por ti. La sangre era puesta en la oreja, el pulgar y el dedo del pie. Eso significa: todo lo que escuchas, todo lo que haces, y por donde caminas debe ser consagrado a Dios. ¡Dios quiere todo de ti porque Él te lo ha dado todo!


El capítulo 29 no solo habla de Aarón… ¡habla de Jesús! Él es nuestro verdadero Sacerdote. Fue consagrado, ungido, y entregado por ti y por mí. Hoy, Él te llama también a ser un sacerdote espiritual (1 Pedro 2:9). No porque lo merezcas, sino porque Su gracia te hace digno.



¡Feliz día!


Pr. Heyssen Cordero Maraví 


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viernes, 13 de noviembre de 2015

LECCIONES SOBRE EL MINISTERIO - Números 8


Dios es Santo, y su obra también; por ello requiere de hombres santos. Y santidad no tiene que ver con impecabilidad o perfección, sino con el vivo y ardiente deseo de hacer la voluntad de Dios, cada día, cada hora y segundo. Veamos algunos detalles respecto a la consagración al ministerio:
· Antes de ir a las personas, debe ir a Dios (vrs. 5-13)
· Implica estar separado de lo mundano, no del mundo (vrs.14-22).
· Tiene inicio, pero no tiene fin (23-26).
Solo un detalle: El peor error de la iglesia es creer que solo sus líderes o pastores tienen que vivir una vida así. Dios nos llama a vivir en santidad independientemente de nuestro cargo, responsabilidad u oficio. Recuerda que todos somos "linajes escogido y real sacerdocio" (1Ped.2:9).
¡Feliz día!
Pr. Heyssen J. Cordero Maraví
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miércoles, 11 de noviembre de 2015

BENDICIÓN SACERDOTAL - Números 6


La bendición sacerdotal, conocido como el padre nuestro del Antiguo Testamento, tiene tres frases que inician con el nombre de Dios: "YHWH", esto es "Jehová" . Para los judíos es un misterio, pero para nosotros, es una muestra más de la deidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo) bendiciendo a sus hijos:
DIOS PADRE (v.24).
1. "Jehová te bendiga" - Dios es la fuente de bendición. El Padre bendice, da. Dio a su Hijo por amor a este mundo pecador (Jn.3:16).
2. "Y te guarde" - No solo te bendice sino que te cuida y protege. Es el Protector y es por ello que no debes temer (Sal.27:1,3).

DIOS HIJO (v.25).
1. "Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti" - Jesús es la luz del mundo (Jn.8:12) y el que lo siga no vivirá en tinieblas. Jesús te ofrece "iluminarte" como lo hace el sol cada día.
2. "Y tenga de tu misericordia" - Misericordia también puede ser traducida como "gracia". Y Cristo nos ofrece esa gracia para ser salvos (Ef.2:8). Y levantarnos si hemos caído (2Tim.2:1).

DIOS ESPÍRITU SANTO (v.26).
1. "Jehová alce sobre ti su rostro" - Esconder su rostro significa no aprobar, estar disgustado y desagradado (Sal.30:7). El Espíritu Santo se agrada, no está triste (Ef.4:30). Es el Espíritu Santo quien obra en la santificación.
2. "Y ponga en ti paz" - La paz el un fruto del amor, y el amor es un fruto del Espíritu Santo (Gal.5:22). Y es que la paz es obra divina. No hay paz sin Dios (Is.26:3,16).

La bendición sacerdotal es para ti y para mí. Pedro dijo que somos "real sacerdocio" (1Ped.2:9) y como tal, la bendición es también para hoy. Una bendición que nos muestra el amor del Padre, la gracia de Jesús y la comunión del Espíritu Santo.
¡Un buen pensamiento para iniciar el día!


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martes, 10 de noviembre de 2015

PRIVILEGIOS y RESPONSABILIDADES - Números 4


"Como lo mandó Jehová por medio de Moisés fueron contados, cada uno según su oficio y según su cargo; los cuales contó él, como le fue mandado" (Números 4:49).

No todos podían trabajar directamente en el Santuario de Dios. Ese privilegio solo lo tenían los levitas mayores de 30 y menores de 50 años. Cada levita tenía funciones y limitaciones (sería bueno considerar cuán importante es saber qué puedo hacer y qué no). Y es que para trabajar en el ministerio se necesita: Llamado, obediencia, madurez y vigor.
Los coatitas, gersonitas y meraritas, tenían cada uno de ellos, responsabilidades y privilegios definidos. Cada uno hacía la parte que le correspondía. Algunos trabajaban en el el santuario, otros con las cortinas y otros, con las estructuras. Nadie se sentía mal. Nadie era menos ni más.
Fuimos llamados por Dios para un trabajo especial, es un privilegio enorme que demanda responsabilidades aún mayores. ¡Cumple tu ministerio! (2 Tim.4:5).
¡Grandes bendiciones!

LA IMPORTANCIA DEL LIDERAZGO - Números 3


"Estos son los nombres de los hijos de Aarón. Sacerdotes ungidos, a los cuales consagró para ejercer el sacerdocio" (Números 3:3).

Las doce tribus de Israel formaban y marchaban de manera organizada y en orden porque tenían líderes (los levitas: gersonitas, coatitas y meraritas) organizados y ordenados. Así de sencillo. Dime cómo están tus líderes y te diré como está tu pueblo. El pueblo de Israel tenía líderes que seguían la dirección de Dios, por ello el pueblo marchaba en orden y con disciplina.

No hay iglesias que marchen bien si sus líderes marchan mal. Sobre los peligros de un liderazgo pobre, Elena G. de White destaca: "Todo el cuerpo está enfermo por causa de la mala administración y cálculos errados" (Liderazgo cristiano, p. 9). El éxito o fracaso de un pueblo/institución/iglesia tiene que ver con liderazgo en un 70%. Es por ello que Dios consagró a la tribu de Leví para una labor especial.

¡Dios los bendiga!


viernes, 18 de septiembre de 2015

El propósito de Dios para su pueblo - Éxodo 19


“Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel” (Éxodo 19:5, 6).

Tres meses después de salir de Egipto, llegaron al desierto de Sinaí.  Una parada rumbo a Canaán. Dios vio que era necesario que su pueblo pase por Sinaí antes de ir a la tierra prometida. ¿Con qué propósito los llevó hasta Sinaí? La razón del porqué el pueblo de Israel tenían que pasar por Sinaí antes de ir a Canaán radicaba en que debían conocer el propósito de Dios para ellos. Como ya dijimos antes, no hay nada de lo que Dios haga que no tenga un propósito. Dios tenía un propósito para ellos, y ellos debían saberlo directamente de Dios: (1) reino de sacerdotes y (2) gente santa, y para que esto sea real, el pueblo de Israel debía ser obediente, debía guardar su pacto.

Reino de sacerdotes
El propósito de Dios para los israelitas era extraordinario. Los israelitas serían un linaje tanto real como sacerdotal: reyes y sacerdotes. En mundo infestado por la maldad, debían ser reyes morales y espirituales en el sentido de que prevalecerían sobre el reino del pecado (Apoc.20:6), serían cabeza y no cola (Dt.28:13) ya que tendrían una vida de prosperidad. Y serían sacerdotes porque debían ser los intermediarios entre Dios y los paganos, debían, en oración y alabanzas y sacrificios interceder antes Dios, por aquellos que no pertenecían al gran pueblo de Dios. El propósito que Dios tenía para su pueblo era realmente maravilloso.

Gente santa
El segundo propósito de Dios para los israelitas era especial: Serían una nación santa. El pueblo de Dios debía ser diferente de las otras naciones, serían gente consagrada al  servicio de Dios. El ser santo no indica impecabilidad o perfección, pero indica ser separado de lo mundano para un uso sagrado, para Dios. Y es que un Dios Santo exige un pueblo santo (Mt. 5:48, 1 Ped. 1:16). El pueblo de Israel fue llamado a ser un pueblo santo, separado por Dios para una misión especial, serían los que prepararían el camino para la venida del Mesías, Jesús.

¿Cómo llegarían a ser un reino de sacerdotes y gente santa?
La respuesta  está en la siguiente declaración: “Si diereis oído a mi voz y guardareis mi pacto” (Ex.19:5). Parece obvio, no lo es. Es mucho más serio de lo que parece: El pueblo debía ser obediente. Y al ver la historia dela humanidad podemos notar que es lo que más le costó hacer. La desobediencia era un asunto natural en cada ser humano, fue la causa de la entrada del pecado al huerto de Edén. ¿Es tan difícil ser obediente? Lo es, y tú yo lo sabemos en experiencia propia.

Hoy es un nuevo día. El mismo propósito que Dios tenía para el pueblo de Israel es el que tiene para nosotros hoy, desea que tú y yo seamos sacerdotes y santos. Que trabajemos que personas que no pertenecen al pueblo de Dios, tengan esperanza. Conozcan del maravilloso amor de Dios. Y para que nuestra obra sea efectiva debemos ser santos, separados, diferentes a los demás. La pregunta es, ¿Cómo lo lograremos? Unidos a Cristo, pues dice Jesús “separados de mí nada podéis hacer” (Jn. 15:5). Solo tomados de la mano de Jesús, conectados a Jesús podremos ser obedientes al pacto de Dios, hacedores y no solo oidores de la verdad. Para ir a Canaán, es necesario recordar el propósito: Somos llamados a ser reino de sacerdotes y gente santa.

Buen día!

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¡Dios te bendiga mucho!

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