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jueves, 5 de enero de 2017

LOS 5 DESEOS DE JESÚS

¿Te has preguntado alguna vez qué es lo que Jesús desea de ti? ¿Qué es lo que Jesús espera de ti? Acompáñanos a reflexionar en LOS 5 DESEOS DE JESÚS a la luz de Juan 17:15-24. Inicia un nuevo año conociendo lo que Jesús desea de sus discípulos!


¡Que Dios te bendiga!
Pr. Heyssen J. Cordero
Puedes verlo desde mi canal de YouTube -> https://youtu.be/h1LrzlekYz0
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viernes, 13 de noviembre de 2015

LECCIONES SOBRE EL MINISTERIO - Números 8


Dios es Santo, y su obra también; por ello requiere de hombres santos. Y santidad no tiene que ver con impecabilidad o perfección, sino con el vivo y ardiente deseo de hacer la voluntad de Dios, cada día, cada hora y segundo. Veamos algunos detalles respecto a la consagración al ministerio:
· Antes de ir a las personas, debe ir a Dios (vrs. 5-13)
· Implica estar separado de lo mundano, no del mundo (vrs.14-22).
· Tiene inicio, pero no tiene fin (23-26).
Solo un detalle: El peor error de la iglesia es creer que solo sus líderes o pastores tienen que vivir una vida así. Dios nos llama a vivir en santidad independientemente de nuestro cargo, responsabilidad u oficio. Recuerda que todos somos "linajes escogido y real sacerdocio" (1Ped.2:9).
¡Feliz día!
Pr. Heyssen J. Cordero Maraví
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miércoles, 30 de septiembre de 2015

UNA OBRA SANTA,REQUIERE HOMBRES SANTOS - Éxodo 31


“Mira, yo he llamado por nombre a Bezaleel hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá […] Y he aquí que yo he puesto con él a Aholiab hijo de Ahisamac, de la tribu de Dan; y he puesto sabiduría en el ánimo de todo sabio de corazón, para que hagan todo lo que te he mandado" (Ex. 31:2,6).

La obra de Dios no se maneja como una empresa cualquiera. Con el apogeo de estilos de liderazgos seculares y estrategias de marketing para hacer crecer empresas y volverlas exitosas, algunos se ven tentados a traer esos estilos de liderazgo y estrategias de crecimiento a la obra de Dios. Pensamos, que si Apple, Coca Cola, Facebook, y algunas otras fuertes marcas, tuvieron éxito aplicando métodos y estrategias en boga, la iglesia también puede tener mucho más éxito. Sin embargo, olvidamos que la obra de Dios avanza y con más éxito a pesar de ti y de mí (y tú sabes cómo eres, al igual que yo). Cuando leemos la Biblia nos encontramos con Dios llamando a obreros que ningún gurú ni coach los recomendaría para liderar una empresa, ni un área de trabajo. Es cierto, hubieron hombres preparados como Moisés, Daniel, Judas, Pablo... pero la gran mayoría no lo era. ¿Te imaginas a un pastor de ovejas siendo presidente de la república? Y no estudió en Harvard ni en Stanford, ni mucho menos en universidad alguna... pero sí estudió cada día la Palabra de Dios... Y es que Dios no mira lo que el ojo humano ve, sino mira el corazón (1 Sam. 16:7).

La obra de Dios es santa, y requiere hombres santos. No porque no hayan ni van a pecar, sino porque son separados para Dios, y buscan hacer su voluntad cada día de su vida. 

El mensaje de hoy nos habla de dos hombres con nombres. Un nombre, en la antigüedad, representaba el carácter; la historia o naturaleza  del individuo. El nombre estaba estrechamente ligado con la existencia.  Lo que no tenía nombre no existía (Gén. 2:19-20; Ecl.6:10). Bezaleel “en la protección de Dios” y Aholiab “mi carpa/tienda paterna” fueron llamados por Dios para una obra especial. Ambos cristalizarían y ejecutarían lo que se le presentó a Moisés.  Qué impresionante es saber que Dios nos conoce por nuestro nombre. No somos un  número más en la gran lista de criaturas de Dios. Dios nos conoce por nuestro nombre. En la escuela, los profesores y maestros estilan llamarnos por números, y no por nuestro nombre. Dios no es así, nos llama nuestro nombre.

Es interesante notar que si bien es cierto Bezaleel y Aholiab eran varones con talentos y dones, gozaban de experiencia en lo que, de alguna manera u otra, Dios requería; lo que impresiona es que Dios no los deja solo con sus habilidades y destrezas sino que los capacita con sabiduría y los dota del Espíritu Santo para que “hagan todo” lo que había mandado. Y es que cosas espirituales demandan hombres espirituales.

Algún lector puede estar pensando en cómo fue su llamado: Bezaleel y Aholiab gozaban de experiencia y talentos o dones, ¿y qué de mí? ¿Yo no tengo ningún talento? ¿Yo no sé hacer nada bueno en los asuntos del Señor? Déjame decirte que Dios no tiene hijos sin dones. La Biblia enseña que Dios dotó a algunos con cinco talentos, a otros con tres y a otros con uno… pero a todos le dio al menos uno (Mt. 25). Esto quiere decir que todos, de alguna manera u otra, tenemos algún don o talento que Dios nos ha dado. El problema es que probablemente no lo estamos usando.

Pero, hay un detalle mucho más extraordinario. Cuando Dios nos llama,  no nos ve como somos: con defectos, errores, fracasos y temores sino más bien cómo llegaremos a ser con su intervención. Es cierto que algunos llamados sí tienen muchos dones y talentos, a esos los conocemos como talentosos, pero Dios nos ve lo que ven nuestros ojos (1 Sam. 16:7).

Podríamos concluir diciendo que, (1) Dios no nos llama al azar, lo hace porque nos conoce; (2) Dios nos llama y nos capacita con su Espíritu Santo porque su servicio es santo y requiere hombres santos; (3) todos, de alguna manera u otra tenemos algún talento o don; (4) Dios nos llama y considera nuestros talentos y experiencia, pero eso no determina nuestro llamado, Dios desea que sus hijos sean obedientes y se pongan en sus manos.

Hoy es un nuevo día, hay muchos desafíos que cumplir. No olvides que Dios te llamó para una obra santa, porque tienes algún don o talento y debes ser obediente en hacer "todo lo que él mandó". ¿Eres un líder en la iglesia? ¿Qué responsabilidad tienes? No te desanimes, Dios sí te llamó. Alégrate y ponte en las manos de Dios.

 Buen día!

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¡Dios te bendiga mucho! 

viernes, 18 de septiembre de 2015

El propósito de Dios para su pueblo - Éxodo 19


“Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel” (Éxodo 19:5, 6).

Tres meses después de salir de Egipto, llegaron al desierto de Sinaí.  Una parada rumbo a Canaán. Dios vio que era necesario que su pueblo pase por Sinaí antes de ir a la tierra prometida. ¿Con qué propósito los llevó hasta Sinaí? La razón del porqué el pueblo de Israel tenían que pasar por Sinaí antes de ir a Canaán radicaba en que debían conocer el propósito de Dios para ellos. Como ya dijimos antes, no hay nada de lo que Dios haga que no tenga un propósito. Dios tenía un propósito para ellos, y ellos debían saberlo directamente de Dios: (1) reino de sacerdotes y (2) gente santa, y para que esto sea real, el pueblo de Israel debía ser obediente, debía guardar su pacto.

Reino de sacerdotes
El propósito de Dios para los israelitas era extraordinario. Los israelitas serían un linaje tanto real como sacerdotal: reyes y sacerdotes. En mundo infestado por la maldad, debían ser reyes morales y espirituales en el sentido de que prevalecerían sobre el reino del pecado (Apoc.20:6), serían cabeza y no cola (Dt.28:13) ya que tendrían una vida de prosperidad. Y serían sacerdotes porque debían ser los intermediarios entre Dios y los paganos, debían, en oración y alabanzas y sacrificios interceder antes Dios, por aquellos que no pertenecían al gran pueblo de Dios. El propósito que Dios tenía para su pueblo era realmente maravilloso.

Gente santa
El segundo propósito de Dios para los israelitas era especial: Serían una nación santa. El pueblo de Dios debía ser diferente de las otras naciones, serían gente consagrada al  servicio de Dios. El ser santo no indica impecabilidad o perfección, pero indica ser separado de lo mundano para un uso sagrado, para Dios. Y es que un Dios Santo exige un pueblo santo (Mt. 5:48, 1 Ped. 1:16). El pueblo de Israel fue llamado a ser un pueblo santo, separado por Dios para una misión especial, serían los que prepararían el camino para la venida del Mesías, Jesús.

¿Cómo llegarían a ser un reino de sacerdotes y gente santa?
La respuesta  está en la siguiente declaración: “Si diereis oído a mi voz y guardareis mi pacto” (Ex.19:5). Parece obvio, no lo es. Es mucho más serio de lo que parece: El pueblo debía ser obediente. Y al ver la historia dela humanidad podemos notar que es lo que más le costó hacer. La desobediencia era un asunto natural en cada ser humano, fue la causa de la entrada del pecado al huerto de Edén. ¿Es tan difícil ser obediente? Lo es, y tú yo lo sabemos en experiencia propia.

Hoy es un nuevo día. El mismo propósito que Dios tenía para el pueblo de Israel es el que tiene para nosotros hoy, desea que tú y yo seamos sacerdotes y santos. Que trabajemos que personas que no pertenecen al pueblo de Dios, tengan esperanza. Conozcan del maravilloso amor de Dios. Y para que nuestra obra sea efectiva debemos ser santos, separados, diferentes a los demás. La pregunta es, ¿Cómo lo lograremos? Unidos a Cristo, pues dice Jesús “separados de mí nada podéis hacer” (Jn. 15:5). Solo tomados de la mano de Jesús, conectados a Jesús podremos ser obedientes al pacto de Dios, hacedores y no solo oidores de la verdad. Para ir a Canaán, es necesario recordar el propósito: Somos llamados a ser reino de sacerdotes y gente santa.

Buen día!

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¡Dios te bendiga mucho!

lunes, 13 de julio de 2015

La firma de Dios - Génesis 2:3


“Entonces Dios bendijo el séptimo día y lo santificó, porque en él reposó de cuanto había hecho en la creación” (Gn.2:3).

Después de seis días de haber creado un mundo bueno en gran manera, cuando el sol hacía su tercera despedida portentosa, indicado así la culminación del día sexto, Dios reposó. Es decir cesó la obra maestra de su creación cual pintor sobre su fino lienzo. Si habláramos en lenguaje del reloj, el horario marcaría las 6 y el minutero las 12 aproximadamente. Minutos más, minutos menos, Dios bendijo ese nuevo día y los santificó, es decir lo separó, de los otros seis días. La pregunta que resulta es, ¿Porqué lo separó de los otros seis días? Simple como parezca, por una sencilla razón, porque ese sería el recordatorio de su gran obra maestra.
Cuando un pintor culmina cuidadosamente su obra, ¿qué es el que debe hacer para que la gente sepa que él es el autor? Estampar su firma. Así, la gente que vea aquella pintura verá quién es su autor o responsable. Dios no necesitaba descansar de la obra que hizo, Él es Dios, es un absurdo que se canse, por ello la palabra hebrea para reposar no significa “dormir” sino “parar, cesar, poner un alto”, es decir Dios dejó de crear al culminar el día sexto. Entonces Dios bendijo ese día, es el único día bendecido por Dios, no hay otro día, alguno podría decir: “¿quiere decir que los seis días restantes son malditos?” ¡No! Pero es el único día al cual verbalmente Dios pronuncia bendición.
El día séptimo o sábado, es el día que conmemora la majestuosa creación de Dios. Desde la más minúscula célula, hasta la perfecta creación de Dios, el hombre, son creación de Dios. Así, el sábado es la firma de Dios sobre la creación del universo.
Al ver su grandiosa obra, Dios diseñó un día en el cual todo el universo reconozca que lo que existe no fue producto del azar sino que Él es su creador. Que el día sábado sea un día en el cual tú puedas alabar el nombre de Dios, porque es el creador de todo cuanto existe.
Alabemos el Nombre de Dios, pues maravillosas son sus obras, mírate, tú eres parte de esa majestuosa creación, ¿por qué no vas hoy mismo a Dios y le das gracias porque es poderoso y amoroso a la vez?

Pr. Heyssen J. Cordero Maraví


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Dios te bendiga mucho!

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