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miércoles, 28 de marzo de 2012

¿Por culpa de Jesús?


"Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: Señor,  ¡sálvame!" (Mt. 14:30).

Jesús había alimentado a cinco mil personas, sin contar las mujeres y los niños, e inmediatamente después ordenó a sus discípulos que suban a la barca hacia la otra ribera. Los discípulos obedeciendo el mandato del Maestro se embarcaron mar adentro. Ya en el medio del mar se desató una "tempestad", la barca fue azotada por fuertes vientos y olas. Sin duda alguna un incidente no grato.

Me viene a la mente una pregunta, ¿no fue acaso el mismo Jesús quien ordenó subir a la barca? ¿no fue el mismo Jesús quién dijo vayan al otro lado del mar? La respuesta es sí. Fue Jesús quién ordenó  que los discípulos se embarquen en la barca con un rumbo definido. No obstante, ¿es posible que haciendo la voluntad de Dios, siguiendo sus indicaciones vivamos tormentas y situaciones no gratas? ¿se puede entender que vivir haciendo lo que Dios quiere y pide implique también pasar por tenebrosas situaciones? La Biblia dice que sí.

En estos años de ministerio puede conocer a no pocos que se olvidan de que la vida cristiana no es "color de rosa", no es como un "cuento de hadas" esas en la que "vivieron felices para siempre", no. La vida cristiana es de lucha, y hacer la voluntad de Dios implica muchas veces experimentar situaciones nada sencillas, no fáciles. ¿Por ser fiel a Dios ganarme un problema? no uno, varios.

Sin embargo, lo peor de todo no es tener problemas haciendo la voluntad de Dios, sino que en esas circunstancias con frecuencia se duda de Dios, y trágicamente no lo reconocemos. Aproximadamente a las tres de la mañana, "la cuarta vigilia", en medio de cruda situación el texto dice que vieron a Jesús como un "fantasma".

Es que es muy frecuente que los estrecheces de la vida motivan a dudar de Jesús, a desconocerlo o no reconocerlo como lo que es, un Dios, no un fantasma, no alguien ajeno como para tener miedo. Es allí, en medio de cruda tempestad que se la fe se pule, la fe se refina cual oro en fuego y como Pedro podemos caminar sobre las pruebas y tempestades, sobre las tormentas y vicisitudes con victorias... pues una vez más, así como nos pide subir a la barca, Jesús también nos pide caminar sobre el mar, sobre lo imposible...

El problema como siempre, no es Dios, somos nosotros, pues cuando salimos airosos de una batalla espiritual en vez de aferrarnos a Dios, a Jesús sentimos orgullo y finalmente desviamos la mirada de Jesús para concentrarnos en los "vientos" , en las "personas" y caemos, nos hundimos en el mar de las dudas, de las tempestades y temores... 

Así somos, desconfiados de quién nos brida toda su confianza... no obstante, allí en lo más hondo aparece una vez más Jesús, como en medio del mar para decirnos "no teman soy Yo", ahora nos dice: "Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?" Las respuestas pueden ser diversas, y hasta valederas... pero siempre serán derrumbadas por un "¿por qué dudaste?" No lo sé...

Podría decir "porque la tempestad era dura", "por culpa de mi hermano", "porque pensé que me abandonarías...". No obstante, ¿habría razón acaso de dudar de Jesús? La decisión es hoy, solo hay una. No dos.

Pr. Heyssen J. Cordero Maraví

lunes, 4 de octubre de 2010

¿TE OLVIDASTE DE JESÚS?




“Y los hombres se maravillaban y decían: “¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?” (Mt.8:27).


¿Es posible que un cristiano estudie la Biblia todos los días, ore buena parte de su tiempo, predique el evangelio, y no conozca realmente a Jesús? A leer el texto de hoy parece que es así.


Los discípulos de Jesús compartían mucho tiempo con Él. Caminaban con Jesús, trabajaban con Jesús, comían con Jesús, descansaban con Jesús y realizaban muchas actividades al lado de Jesús, y sin embargo, tal parece que no lo conocían realmente.


El texto de hoy expresa: “y decían: ¿quién es éste…?” Es sorprendente cómo es la naturaleza humana, es trágico el actuar de la humanidad cristiana. Un día decide amar a Jesús, servirle por siempre, y otro día camina por su lado, abandona su fe, ¿por qué?


El cristiano de hoy ha olvidado ¿quién es Jesús? Alguno puede decir, ¡No! ¡¿Cómo cree pastor?! ¡Jamás! No lo dicen de boca, pero con sus actitudes sí. Fíjense en la reacción de algunos cristianos cuando en están en problemas económicos, ¿a dónde recurren? A los bancos, a los usureros, en fin. ¿Y qué de algunos cristianos con problemas familiares? Ellos buscan consejos en los amigos, en los vecinos, ¿y Dios? ¿dónde queda Dios?


Los discípulos estaban con Jesús en la barca. Cuando vino la tempestad, ¿a dónde fueron los discípulos? A sus fuerzas y capacidades, y después de todo su vano esfuerzo, recién fueron a Jesús; como lo último, como la remota opción. Y aún así lo hicieron sin fe.


El cristiano de hoy, actúa como los discípulos de antaño. Pueden estar en la iglesia (la barca) con Jesús, pueden estar con Jesús en su casa (la barca), pero olvidarse de Él, y cuando se acuerdan, lo hacen cuando ya han agotado todo su esfuerzo. ¿Cómo crees que se siente Jesús, Dios, cuando solo lo buscas porqué no tienes a dónde más?


Cuando Jesús se levantó y calmó la tempestad, la gente decía: “¿quién es éste…?”, ¿sabes por qué? Porque en realidad no lo conocían. Sabía su nombre, su fisonomía, pero aunque cerca de Jesús no sabían nada de Él. ¿Será ese tu caso? Ve hoy a Jesús y conócelo de verdad.


Pr. Heyssen J. Cordero Maraví


jueves, 18 de febrero de 2010

Oh Señor, sálvame...!

Pero al ver el viento fuerte, tuvo miedo y comenzó a hundirse. Entonces gritó diciendo: «¡Señor, sálvame!» Mateo 14: 30
En tiempos de crisis, las oraciones cambian y nuestra forma de percibir las cosas toma un giro brusco. Tal fue el caso de Pedro. Dos formas de orar se manifestaron en un lapso más bien corto. La oración inicial no era una oración de fe, sino más bien de poner a prueba al Señor. «Entonces le respondió Pedro y dijo: "Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas"» (Mar. 14: 28). No podía aceptar lo que presenciaba como prueba suficiente de que era el Señor quien llegaba andando sobre las aguas. «Si eres tú, haz lo que yo quiero». ¿No es así como tantas veces oramos? «Yo quiero; yo necesito; yo...yo...» ¡Claro que tenemos necesidades!

El Señor nos invita a llevarle todas nuestras penas y cuitas. Nunca se cansa de recibir nuestras peticiones y súplicas.

El caso de Pedro no fue una necesidad. Lo suyo era un deseo de confirmación para cerciorarse de que era el Señor y no el fantasma que pensaron. A veces las cosas del Señor no se entienden, y la tendencia del hombre es darle interpretaciones que con frecuencia tienden a lo peor: no un ángel, sino un fantasma.

El fenómeno de caminar sobre las aguas era para todos: todos lo vieron y lo experimentaron. Facilitarle a Pedro caminar sobre las aguas era satisfacer la petición de su corazón, algo que no necesitaba pero quería. Y el Señor se lo concedió. El Señor nos da a veces cosas para que aprendamos que no todo lo que queramos es lo que necesitamos o nos conviene.

La segunda petición de Pedro, «Señor, sálvame», fue un grito de angustia. «Solo tú lo puedes hacer; confío en tu capacidad para hacerla. Esta es mi necesidad más apremiante y solo tú la puedes colmar». «Señor, sálvame» fue la oración de verdadera fe. No tenía otra alternativa: solo el Señor podía actuar para salvarlo. Ya no había duda, sino confianza absoluta en el poder del Señor.

Cuando las oraciones no son contestadas como nosotros queremos, no tiene sentido dejar de confiar en Dios. Lo que debemos hacer es buscar la voluntad del Señor o descubrir qué lecciones nos quiere enseñar con la respuesta o el silencio recibidos. Oremos sin cesar, pero siempre buscando la voluntad de Dios y no nuestros propios caprichos.

Israel Leito
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