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jueves, 28 de mayo de 2026

CUANDO LAS BENDICIONES TE ALEJAN DE DIOS - 2 CRÓNICAS 26



“Mas cuando ya era fuerte, su corazón se enalteció para su ruina; porque se rebeló contra Jehová su Dios, entrando en el templo de Jehová para quemar incienso en el altar del incienso” (2 Crónicas 26:16).

Uzías fue uno de los reyes más capaces y exitosos de Judá. El cronista destaca que buscó a Dios y que mientras lo hizo, Jehová lo prosperó grandemente. Su reino alcanzó estabilidad militar, expansión territorial y desarrollo económico. Fue agricultor, estratega militar e incluso impulsó la creación de ingeniosas máquinas de guerra para lanzar saetas y piedras desde las murallas. Su fama se extendió lejos porque Dios le ayudaba. Sin embargo, el mismo capítulo muestra una advertencia solemne: cuando se hizo fuerte, su corazón se llenó de orgullo. Esa prosperidad terminó cegándolo al punto de entrar al templo para ofrecer incienso, una función exclusiva de los sacerdotes descendientes de Aarón. A continuación tres lecciones a la luz del texto bíblico:
1. Las bendiciones de Dios pueden convertirse en peligro si olvidamos su origen. Uzías comenzó dependiendo de Dios, pero el éxito prolongado produjo autosuficiencia. El problema no era la prosperidad, sino permitir que ella desplazara la humildad. Cuando una persona empieza a atribuirse lo que Dios le ha dado, el corazón lentamente pierde reverencia y dependencia espiritual.
2. El orgullo distorsiona los límites establecidos por Dios. Uzías no se conformó con gobernar; quiso ocupar también el lugar sacerdotal. El orgullo tiene esa capacidad: hace pensar que ya no existen límites ni autoridad superior. El rey confundió éxito con autorización divina. Hay funciones, espacios y responsabilidades que Dios establece, y cruzarlos por soberbia siempre trae consecuencias espirituales.
3. Un gran comienzo no garantiza un buen final. La historia de Uzías es dolorosa porque tenía todo para ser recordado únicamente como un gran rey. Pero terminó aislado por lepra, separado del templo y del ejercicio pleno de su reinado. El cronista deja claro que no basta con caminar bien por años; la fidelidad debe mantenerse hasta el final. El peligro más grande muchas veces no está en el inicio de la vida espiritual, sino en el momento en que creemos que ya no necesitamos depender tanto de Dios.
Uzías alcanzó fama, poder y prosperidad porque Dios lo ayudó, pero terminó arruinando su final cuando permitió que el orgullo ocupara el lugar de la dependencia. La bendición nunca fue el problema; el problema fue olvidar de dónde venía. Hoy, el desafío no es solo crecer, prosperar o alcanzar logros, sino mantener un corazón humilde mientras Dios nos bendice. Porque al final, no se trata de cuán alto llegamos, sino de si seguimos reconociendo que todo viene de Dios.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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miércoles, 8 de abril de 2026

CUANDO EL CORAZÓN PIERDE LA SENSIBILIDAD ESPIRITUAL - 1 CRÓNICAS 15



“Pero Mical hija de Saúl, mirando por una ventana, vio al rey David que saltaba y danzaba, y lo menospreció en su corazón.” (1 Crónicas 15:29).

1 Crónicas 15 describe uno de los momentos más espirituales del reinado de David: el traslado correcto del arca a Jerusalén. Esta vez todo se hace conforme a la voluntad de Dios, con orden, reverencia y gozo. David danza y celebra delante de Jehová, no como espectáculo, sino como expresión genuina de adoración. Sin embargo, el capítulo termina con una nota disonante: Mical, hija de Saúl, lo observa y lo menosprecia. El cronista incluye este detalle no por romance, sino por teología: mostrar el contraste entre un corazón que se deleita en la presencia de Dios y otro que la desprecia. A continuación tres lecciones a la luz del texto:
1. Se puede estar cerca de lo sagrado y no comprenderlo. Mical no era ajena a la historia de Dios. Era hija del primer rey de Israel y esposa de David. Sin embargo, no logra discernir el valor espiritual del momento. Ve emoción, pero no ve adoración. La cercanía a lo religioso no garantiza sensibilidad espiritual.
2. El orgullo puede impedirnos reconocer la obra de Dios. Para Mical, la actitud de David era indigna de un rey. Su mirada estaba influenciada por una lógica humana, posiblemente marcada por la imagen real de su padre Saúl. El orgullo tiende a juzgar lo espiritual desde parámetros externos. Cuando el corazón se endurece, la adoración de otros puede parecer exageración en lugar de devoción.
3. No todos responden igual ante la presencia de Dios. Mientras David se humilla y se alegra delante de Dios, Mical observa desde la distancia y desprecia. Dos reacciones opuestas frente al mismo evento. Esto revela que la diferencia no está en lo que Dios hace, sino en cómo el corazón responde. La adoración verdadera nace de un corazón rendido, no de una posición social o conocimiento previo.
El cronista no quiso cerrar con una escena negativa, sino con una advertencia necesaria: se puede perder la sensibilidad espiritual aun estando dentro del entorno de Dios. Hoy, más que observar la fe de otros, el llamado es a examinar nuestro propio corazón. Porque al final, no se trata de cómo vemos la adoración de los demás, sino de si nuestro corazón aún es capaz de gozarse en la presencia de Dios.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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martes, 23 de diciembre de 2025

SAÚL, ¡CARRERA DE CABALLO, PARADA DE BURRO! - 1 SAMUEL 10



“Preguntaron, pues, otra vez a Jehová si aún no había venido allí aquel varón. Y respondió Jehová: He aquí que él está escondido entre el bagaje” (1 Samuel 10:22).

¿Cómo puede un hombre humilde en un ególatra? La respuesta puede parecer muy difícil, pero lamentablemente es muy fácil: desconectándose de Dios. Olvidándose de dónde lo sacó y para dónde quiere llevarlo. Y es que el ser humano es por naturaleza rebelde, independiente y olvidadizo.


Aún cuando Dios jamás estuvo de acuerdo con que Israel tenga rey, Dios permitió que finalmente tengan un rey, y eligió a un hombre excepcional en todo aspecto. Físicamente era apuesto, de buena estatura y ni qué hablar de su personalidad, humilde y obediente a Dios. Pero al igual que Lucifer en el cielo, fueron sus “cualidades excepcionales” lo que le llevaron a creerse “lo máximo” y a querer hacer su propia voluntad antes que la voluntad de Dios.


Y es que no podemos imaginar qué cosas lindas y hermosas podemos hacer cuando estamos tomados de la mano de Dios, pero tampoco podemos imaginar qué cosas terribles y bajas podemos hacer si nos desconectamos de Dios. Saúl se convertiría en un rey celoso, paranoico, rebelde y asesino. Y lo más triste es que Saúl siempre pensó que Dios lo seguía “usando” cuando vivió por cerca de 15 años sin la dirección de Dios. Terrible.


Saúl empezó corriendo como un caballo, pero terminó como un burro. No es cómo empiezas sino cómo terminas.


Feliz día.


Pr. Heyssen Cordero Maraví 


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jueves, 14 de septiembre de 2023

NI ORGULLO, NI SOBERBIA PUEDEN ENTRAR EN LA NUEVA JERUSALÉN - SALMO 131



Saúl perseguía a David y quería matarlo porque sentía celos del joven pastor. Saúl lo acusaba de querer destronarlo. En ese contexto, David escribe este Salmo como un canto de defensa, y de humildad. Deja en claro que su corazón no se ha envanecido (v.1). Tampoco anduvo en grandezas ni cosas sublimes (v.2a). Es más, se presenta como un pequeño niño (v.2b).


Una vez más, no demos olvidar de que este es un canto gradual que se entonaba en la caminata hacia Jerusalén. Y la compresión de este contexto es vital a la hora de leer el texto. No existía la posibilidad de llegar a Jerusalén si es que el corazón de los adoradores tenían orgullo, soberbia, ambición, sed de poder. El corazón de los israelitas debía ser como la de un niño. Eso es lo que está diciendo David en su cántico.


Todos nosotros, el cristiano de a pie, necesita entender esa verdad. Entender que el orgullo, la soberbia y el anhelo de poder es lo que le llevó a Lucifer convertirse en el diablo. Es por eso que Jesús también nos pide ser como niños (Mateo 18:3) si queremos entrar a la Nueva Jerusalén. El orgullo y la soberbia no tendrán parte en la nueva Jerusalén.


Que Dios te bendiga.


Pr. Heyssen Cordero Maraví 


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jueves, 13 de agosto de 2015

El perdón, un milagro Divino - Génesis 33:4


"Pero Esaú corrió a su encuentro y le abrazó, y se echó sobre su cuello, y le besó; y lloraron" (Génesis 33:4).

El perdón es un milagro. Una de las cosas más difíciles en la vida del ser humano es pedir perdón, y perdonar. Jacob tuvo que esperar 20 años para pedir perdón, y Esaú para perdonar. No es un asunto fácil. ¿Cuántas iglesias divididas por falta de perdón? ¿Cuántas familias en discordia por falta de perdón? ¿Cuántos matrimonios destruidos por falta de perdón? Jacob imaginaba lo peor. Tenía temor. Es que cuando vas pedir perdón muchas veces temes la reacción de la otra persona, y eso tiene que ver con el orgullo con frecuencia. No obstante, Jacob había depositado su confianza en Dios. Sabía que Dios obraría, pero estaba dispuesto a asumir las consecuencias de su actitud en el pasado.

Cuando el ofensor camina humillado en dirección del ofendido, Dios prepara los corazones. Jacob caminó arrepentido, humillado, buscando gracia y perdón,  en dirección de Esaú. Y Dios, sin duda alguna que fue Dios, preparó el corazón de Esaú para perdonarlo. ¡No hay nada imposible para Dios! ¡No hay corazón duro! Jacob se imaginaba lo peor, pero tenía la seguridad que Dios haría un milagro. Y es que pedir perdón, así como perdonar es una obra divina. Jacob lo vio así.

Para pedir perdón, así como perdonar, es necesario estar a cuentas con Dios. No tendrás el valor de pedir perdón si no estás en paz con Dios. Solo Dios es capaz de obrar en un corazón orgulloso y temeroso por naturaleza. 

Cuando uno pide perdón de corazón: reconoce su falta, se humilla y está dispuesto a asumir las consecuencias de su falta. Cuando uno perdona: somete su orgullo, está dispuesto a olvidar lo pasado y a empezar de nuevo. Por ello, no es tan sencillo perdonar, ni pedir perdón, si Dios no obra en nuestros corazones. Dios quiere que sus hijos, a través del Espíritu Santo, estén reconciliados plenamente; pero es necesario dejarse guiar.

Hoy es un nuevo día: ¿Ofendiste a alguien? ¿Te han lastimado? ¿No tienes el valor para pedir perdón? ¿Te cuesta dar el primer paso? ¿No podrías olvidar lo que te hicieron? Recuerda que Jesús nos perdonó a pesar de todo el daño que le hicimos y le hacemos. Jesús dijo: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen" (Luc. 23:24). No siempre pide perdón el que ofendió, sino el que quiere estar a cuentas con su hermano, y por ende con Dios. El perdón es un milagro, y es una obra que solo Dios puede obrar en nuestros corazones.

Buen día!


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¡Dios te bendiga mucho! 

domingo, 12 de octubre de 2014

Sofonías 2: EL FIN DE LA HUMILDAD Y LA SOBERBIA (ORGULLO)



"Buscad a Jehová todos los humildes de la tierra, los que pusiste por obra su juicio; buscad justicia, buscad mansedumbre; quizás seréis guardados en el día del enojo" (Sofonías 2:3).

Hay cristianos humildes y otros soberbios u orgullosos. Como en todo y todos haya de todo también en el pueblo de Dios. ¿Cuál será el destino de cada uno de ellos en el día de Jehová?

El juicio de Dios es inminente. No hay pasotergación. El profeta lo sabe y seguro de que el juicio, el "día de Jehová" es real hace un llamado al arrepentimiento. Solo el arrepentimiento de todo corazón evitaría que el "día de Jehová" sea de destrucción total. No obstante, si persistían en su pecado, en su vida de maldad simplemente serían consumidos como paja (Sal. 1:4).  El verso de hoy presenta ese llamado de la siguiente manera: "Buscar a Jehová todos los humildes de la tierra" (Sof. 2:3). En la cita encontramos dos verdades enormes, (1) el profeta anima a buscar a Dios con humildad para encontrar justicia, y (2) todos pueden alcanzar esa justicia, no solo el pueblo de Dios.

Pero, ¿quiénes son los humildes? y ¿en qué consiste esa humildad? Los humildes son aquellas personas que permanecieron fieles a Dios, y a quienes él guía y enseña. El salmista dice: “Bueno y recto es Jehová; por tanto, él enseñará a los pecadores el camino. Encaminará a los humildes por el juicio, y enseñará a los mansos su carrera” (Sal. 25:8, 9). Es solo de ese modo que los humildes alcanzarán justicia en el día inminente de jucio. Los interesante del texto se encuentra en la palabra "quizás" no es algo seguro en realidad, es una posibilidad, ¿por qué? Sencillo, Los humildes son aquellas personas que permanecieron fieles a Dios, y a quienes él guía y enseña. El salmista dice: “Bueno y recto es Jehová; por tanto, él enseñará a los pecadores el camino. Encaminará a los humildes por el juicio, y enseñará a los mansos su carrera” (Sal. 25:8, 9). ¡Impresionante!

Finalmente, el verso 10 destaca el contraste entre los que pueden ser librados d ela destrucción: los humildes, y aquellos que serán juzgados definitivamente: los soberbios. No necesitamos mucha explicación para notar en expreso que Dios tiene una recompensa para los humildes y soberbios, enfatizando así que la soberbia no tiene nada de grato, y muy por el contrario en aquél día todos los soberbios serán avergonzados hasta finalmente humillarse e inclinarse ante Dios, Jehová.

¿Cuál es el mensaje para mí? ¿Qué lecciones puedo encontrar un cristiano como yo en el capítulo estudiado? Varias lecciones: (1) El juicio es real, Jesús viene pronto y aunque parece demorar cieretamente viene en breve, (2) Todos seremos juzgados en aquél día y a menos que no busquemos a Dios con humildad pereceremos en el día de la destrucción, (3) Esa liberación de la destrucción no es un obra humana o por mérito alguno sino es una gracia, un don, por ello la palabra "quizás", (4) Dedemos notar el contraste entre la humildad y la soberbia y sus destinos al final. 

Hoy, quisiera buscar a Dios humildemente, sin conceptos previos, sin argumentos e inclinaciones personales, sino limpio de corazón y de mente para ver lo que Dios quiere decirme, y así, quizás Dios me libre del día de la ira, por su gracia y amor, no por mérito alguno, sino por su gracia, su magna gracia.

Pr. Heyssen J. Cordero Maraví

jueves, 18 de septiembre de 2014

Amós 6: ¿Orgullosos de ser el pueblo de Dios?



"Pasen a Calne y miren, Y de allí vayan a Hamat la grande, Desciendan luego a Gat de los Filisteos. ¿Son ustedes mejores que estos reinos, O es su territorio mayor que el de ustedes?" (Am. 6:2).

La capital de Israel, Samaria, estaba situada sobre un monte, lo que era sinónimo de ubicación estratégica en una posible guerra contra los enemigos. Los israelitas consideraban casi inexpugnable su ciudad amurallada por gruesos muros. Se sentían seguros de su poderío militar y básicamente por sus fortalezas que en realidad eran ciertas ya que el mismo ejército sirio necesitó dos años para poder tomar Samaria (2 Re.18:9-10). Se sentías confiados y orgulllosos de su ubicación geográfica, sus enormes y gruesos muros, así como su poderío militar. Y si todo aquello fallaba, había aún un motivo mucho más grande y maravilloso para los israelitas: ERAN EL PUEBLO DE DIOS.

Los israelitas se consideraban "la principal entre las naciones", "la capital de las naciones". El título de capital era motivo de orgullo pues de todos los pueblos del mundo, Dios los eligió a ellos, sencillamente eran el pueblo escogido de Dios. Tenían su bendición, su cuidado y protección (Ex.19:25; 2 Sam.7:23). Eso también era cierto. Israel era el pueblo de Dios. Él los escogió de entre las naciones y les prometió que estaría siempre con ellos. Sin embargo, el mismo Dios que los escogió como nación santa, ahora les expresa por medio del profeta Amón: "Pasen a Calne y miren, Y de allí vayan a Hamat la grande, Desciendan luego a Gat de los Filisteos. ¿Son ustedes mejores que estos reinos, O es su territorio mayor que el de ustedes?" (Am.6:2).

¿Qué es lo que Dios quiere decirles al mencionar tres ciudades Calne, Hamat y Gad? Las ciudades que el profeta cita eran ciudades importantes, prósperas, con ejércitos y grandes fortalezas, pero que con Tiglad-Pileser III, Sargón II y Uzías simplemente fueron destruídos y devastados a la nada. Es así que Dios les dice: ¿Son ustedes mejores que estos reinos, o es su territrio mayor que el de ustedes? Sencillamente, si ellos cayeron en manos de sus enemigos, Israel con todo lo que tenía también podía caer fácilmente. Ciertamente como dicen, "hasta la torre más alta, algún día se cae".

¿Y yo? ¿Y tú? ¿En quién depositas tu confianza? Has depositado tu confianza en tus bienes materiales, en tu trabajo próspero, negocio, ahorros? ¿Crees que por tu profesión, tus cuentas en el banco, propidades y seguros de todo tipo eres invencible e indestrutible? ¿Consideras que la enfermedad, la pobreza y los problemas solo le pasan aquellos que no tienen influencias ni riquezas como las tienes? Pero vayamos más lejos, si eres adventista o cristiano, ¿crees que eso es suficiente para salir librado de los problemas y del juicio de Dios? ¿consideras que como vas a la iglesia, devuelves los diezmos y las ofrendas y eres dirigente te hace merecedor de la vida eterna? ¿Crees que porque eres hijo de Dios y parte de su verdadero pueblo ya estás seguro en la tierra nueva? El profeta Amós dice que no. Ni la confianza en tus bienes ni en que eres hijo de Dios te librarán de los juicios de Dios a menos que desistas de tu vida injusta, corrupta y ociosa.

El pueblo de Israel, sus habitantes eran injustos, idólatras, era un "reino de violencia" (silla de iniquidad), se gozaban en la música degradante con el pretexto de que era una música de adoración a Dios cuando en realidad era música secular a gustos propios (v.5), tomaban en poco serio los ritos y la adoración a Dios que hasta usaban los "tazones" para beber vino y se ungían en aceites caros que tenían fines religiosos (v.6), así mismo tenían lujosos templos y construcciones con dinero fraudulento y con "panes de pobres" y finalmente con orgías a idólolos a los que le llamaban "placeres" (v.8). Entonces, los Israelitas creían que así como estaban serían considerados aceptos en el día del juicio. No sería así. Al contrario, serían los primeros en ir al cautiverio, y así fue: Los asirios destruyeron todo, completamente todo, construcciones y  habitantes y quedó a nada.

No pensemos que por ser miembros de una iglesia, dirigentes de la misma, tener bendiciones materiales y hasta riquezas estamos librados de los juicios de Dios. Jesús viene ciertamente pronto, no llevaremos ni plata ni oro, no llevaremos casa ni tarjetas de crédito, autos y bienes, solo llevaremos un caracter que debiera ser trasnformado por el poder de Dios cada día, cada mañana. Vivamos hoy haciendo justicia, lo recto, lo verdadero en cada accionar, pensamiento y palabra.  Nosotros no somos mejores que Israel, si ellos fueron destruídos en el día del Señor en manos de los asirios, tú y yo también pereceremos en el día Grande de Jesús a menos que busquemos a Dios de todo corazón (Jer. 29:13) y vivamos de manera recta ante los ojos de Dios. Recuerda, "Isaías también exclama en cuanto a Israel: "AUNQUE EL NUMERO DE LOS HIJOS DE ISRAEL SEA COMO LA ARENA DEL MAR, sólo EL REMANENTE SERA SALVO" (Rom. 9:27).

Pr. Heyssen J. Cordero Maraví

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