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viernes, 16 de abril de 2010

"Conmigo está el consejo y el buen juicio..."‏

“Conmigo está el consejo y el buen juicio; yo soy la inteligencia; mío es el poder.” Prov. 8:14

El héroe infantil He Man, alza su espada y grita: "Yo tengo el poder". Pero en el versículo de hoy, Dios afirma: "Mío es el poder". ¿Quién tiene razón? Alguien está mintiendo. No puede haber dos verdades al mismo tiempo. El humanismo de nuestros días enseña que hay una energía, casi divina, dentro del ser humano. "Concéntrate, saca la energía de tu interior, mentalízate" —afirman. ¿Cuánta verdad hay en estas afirmaciones? ¿Cuánto poder y fuerza interior tiene un hombre? La Biblia, a su vez, enseña que la fuerza viene de Dios. De él viene el consejo y la verdadera sabiduría. El valor de la criatura es extrínseco. Valemos porque Dios nos considera valiosos, no porque tengamos valor en nosotros mismos. Por tanto, para ser feliz y sentirte realizado en esta vida, tú necesitas ir diariamente a la Fuente inagotable de sabiduría. Dios es el Creador y conoce mejor que nadie la obra de sus manos. ¿Quién mejor que él para mostrarte el camino de la prosperidad? Al ser humano no le gusta recibir consejos, prefiere aconsejar. No acepta ser el segundo, quiere ser siempre el primero. Fue así desde el principio. La serpiente le dijo a Eva: "Seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal".* ¡Qué idea seductora! Ser como Dios. Desde aquel día la humanidad inició la desesperada corrida en dirección de su propia divinización. Le gusta jugar a ser Dios. Inventa pequeños dioses. Se siente Dios. ¿Para qué el consejo? ¿O la instrucción? "Yo tengo el poder", grita bien alto. En el fondo, ni él mismo cree en su teoría hueca, pero persiste e insiste a pesar de sus frustraciones y derrotas. ¿Necesitas hoy sabiduría y consejo para tomar una decisión importante? ¿Te sientes cansado, triste, angustiado y necesitas ser fortalecido? Acude a Jesús. El siempre está con los brazos abiertos esperando el regreso de sus hijos. Solo en él podrás encontrar refugio, alivio y fuerzas para llevar el peso del fardo que las circunstancias te imponen. El afirma: "Conmigo está el consejo y el buen juicio; yo soy la inteligencia; mío es el poder".
Pr. Alejandro Bullón Paucar

martes, 9 de marzo de 2010

NO TE DEJES INTIMIDAR...!


"Y les dirá: "Oye, Israel, vosotros os juntáis hoy en batalla contra vuestros enemigos; no desmaye vuestro corazón, no temáis, ni os azoréis, ni tampoco os desalentéis delante de ellos; porque Jehová vuestro Dios va con vosotros, para pelear" Deuteronomio 20:3,4

Toda guerra abierta va precedida de una fase psicológica en la que los contendientes tratan de intimidarse mutuamente. Todo general sabe que es preferible ganar la guerra sin pelear a sacrificar muchos de sus soldados. Es tal el costo de muchas victorias que apenas quedan ánimos para disfrutar de las mismas. En la batalla que los israelitas estaban por pelear, parecía que el enemigo ya contaba con la baza de la victoria psicológica. Hizo falta un discurso formidable para recordarles que no todo estaba perdido, que Dios estaba de su lado y que, por lo tanto, no tenían por qué temer al enemigo.

En la historia de Gedeón encontramos que él estaba desanimado para emprender tan gran empresa. Vez tras vez supeditó su decisión a prueba para estar absolutamente seguro de que tendría la victoria. Si el propio Gedeón, que había escuchado la voz de Dios y había visto las pruebas de fe contestadas positivamente, tenía dudas, entonces no debemos juzgar demasiado severamente a sus soldados más dubitativos.

Dios conocía los corazones de los pusilánimes, que ya habían perdido la guerra psicológica y podían desanimar a los fieles. Por lo tanto, entró en el proceso de la depuración del ejército. No quería de ninguna manera que Gedeón o sus soldados llegasen a pensar que la victoria era de ellos. Dios usó psicología inversa para ayudarlos a entender que solamente confiando en él se logran las cosas. Los ejércitos tratan de intimidar al oponente con un gran número de hombres, con el despliegue del armamento más sofisticado y con la ventaja de la sorpresa. La actuación de Dios fue exactamente la opuesta a esto. Se valió de pocos hombres. Nunca antes se había ganado una guerra con toques de trompeta y lámparas. Y es que no hay batalla que él no pueda ganar.

Tenemos la seguridad de que él está de nuestro lado, que no hay por qué temer. No hay por qué prepararse a hacerle frente al enemigo como él espera, porque de Jehová es la victoria, y él ya ganó la batalla. Confiemos en nuestro Dios y él hará.

Israel Leito

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