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jueves, 18 de enero de 2024

¿QUIÉNES SON LOS PERROS MUDOS? - ISAÍAS 56



El tema central de este capítulo es la conversión de los gentiles, de aquellos que no pertenecen al pueblo de Dios. Sin embargo, ¿cómo podría darse esto? ¿Cuál sería el plan evangelístico para llevarlos a Dios? Para bien o para mal, la estrategia que Dios tenía era su pueblo, los israelitas. Si el pueblo de Israel hubiera cumplido fielmente su parte en el pacto y el desafío misionero, muchos pueblos habrían hecho del templo de Jerusalen, su casa de oración. 


A continuación, algunas lecciones sobre la salvación que Dios ofrece a las demás naciones:

1. La salvación está CERCA (v.1).

2. La salvación TAMBIÉN es para el PUEBLO de Dios (v.2).

4. La salvación es para TODO el mundo (v.3-9).

5. La salvación implica OBEDIENCIA (v.6.).

6. La salvación DEBE SER ANUNCIADA (v.10).


Pero, ¿quiénes son los que debían anunciar el mensaje de SALVACIÓN? ¡El pueblo de Dios! Dios quiere que TODO el mundo llegue a Él, pero es su pueblo quién debía anunciar el mensaje. Tristemente, el pueblo de Israel hizo caso omiso a ese llamado. Dios los había llamado como atalayas, pero ellos no cumplieron su misión. 


El pueblo que fue llamando para ser atalayas, para anunciar el evangelio, predicar las verdades a todas las naciones tenían una actitud totalmente contraria a su llamado. Isaías los describe como ATALAYAS (v.10-11):


1. Ciegos. No ven los peligros que se avecinan.

2. Ignorantes. No conocen lo suficiente como para salvarse.

3. Mudos. No anuncian el mensaje de salvación.

4. Dormilones. Son perezosos. No trabajan. 

5. Comilones. Solo les importa vivir el día a día. 


Y tristemente, los pastores, sus líderes no eran conscientes de esa situación, o por lo menos no querían entender, por estar ocupados en sus propios intereses. No se complican la vida y antes, les predican mensajes confusos y llenos de falsas esperanzas (v.11-12).


El mensaje de Isaías es un mensaje para el pueblo de Israel, en primer lugar. Sin embargo, se aplica también para nuestros tiempos. Al igual que a Israel, se nos ha dado a nosotros una misión que debe ser anunciada en todo el mundo (Mateo 28:19-20, Hechos 1:8). Sin embargo, muchos adventistas, cristianos no están cumpliendo su papel de ATALAYAS, y tal como en Israel, son ciegos, mudos, ignorantes, dormilones y comilones. Pablo diría: y “¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?” (Romanos 10:14).  La gente conocerá de Jesús cuando nosotros seamos atalayas.


Pero el texto finaliza hablando de los líderes, de los pastores, que muchos de ellos no amonestan, que no se quieren complicar la vida llamando la atención al pueblo. Pastores, ancianos, líderes, todos somos llamados a entrenar a la iglesia. Somos llamados para amonestar y a enseñar con el ejemplo a ser verdaderos atalayas, ATALAYAS según el corazón de Dios. 


Feliz día 


Pr. Heyssen Cordero Maraví 


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lunes, 28 de diciembre de 2020

EL ATALAYA ANUNCIA, EL ESPÍRITU SANTO CONVENCE - Ezequiel 3

¿Quién tiene la culpa? Hay una calle peligrosa, donde hay ladrones que asaltan, golpean y roban. Tú conoces esa calle y sabes de esos peligros. Se presentan tres casos imaginarios:


Caso 1: Viene una persona, de los más normal y cuando está a punto de ingresar por esa calle peligrosa, tú le dices: “No vayas por ahí”, y le cuentas las razones del porqué no debe ir por ese camino. La persona HACE CASO A TU CONSEJO, no va por ese camino porque cree en tu mensaje y te dice: “Gracias por avisarme”. La persona va por otro camino y no le pasa nada. 

Caso 2: Viene otra persona de lo más normal, y cuando está a punto de ingresar por esa calle peligrosa, TÚ NO LE AVISAS de los peligros de calle, y no le dices nada por hallarte durmiendo o distraído con tus cosas. La persona pasa por ese lugar, los asaltantes lo golpean y le roban. ¿Quién tiene la culpa?

Caso 3: Viene una tercera persona de lo más normal y cuando está a punto de ingresar por esa calle peligrosa, tú le dices: “No vayas por ahí”, y le cuentas las razones del porqué no debe ir por ese camino. La persona ignora tu consejo y haciendo alarde de su experiencia y su fuerza te dice: “No me va a pasar nada”. Finalmente pasa por ese lugar y los ladrones lo asaltan, lo golpean y roban. ¿Quién tiene la culpa?

¿Quién tiene la culpa? El primer caso es ideal. El atalaya anunció el peligro y la persona hizo caso. Por lo tanto, no pasó nada malo. En el segundo caso, la culpa es del atalaya porque no le avisó de los peligros y la persona fue asaltada. Y en el tercer caso, el culpable no es el atalaya sino la persona porque el atalaya anunció, solo que la persona hizo caso omiso.

El capítulo 3 de Ezequiel destaca entre varias lecciones el papel de un profeta como atalaya. ¿Quién es un atalaya? “Es un hombre destinado a registrar desde la atalaya (Cualquier posición - Torre/Vigía de una fortaleza - elevada desde donde se puede vigilar lo que ocurre) y avisar de lo que descubre”. Un atalaya anunciaba los peligros que asechaban a su ciudad o reino. Podían ver los peligros fuera de sus murallas y cuando avizoraban los peligros gritaban a voz en cuello o con trompetas para llamar la atención, de modo que el pueblo y ejército se preparara para una batalla o ataque.

En este capítulo podemos destacar tres lecciones:

1. UN ATALAYA “COME DEL LIBRO”. Un atalaya anuncia los peligros que han de acontecer. Y lo interesante de este asunto es que esos peligros están escritos en la Biblia en la actualidad. Por ello el texto dice: “come lo que hallas; come este rollo, y ve y habla” (v.1). No podemos ser atalayas de nuestras propias opiniones y creencias. No diremos “yo opino”, “yo creo”, “yo pienso”, sino ASÍ DICE JEHOVÁ. La palabra de Dios debe ser levantaba para anunciar lo que acontecerá. Por eso debemos “COMER”, alimentarnos de la Biblia.

2. UN ATALAYA ES GUIADO POR EL ESPÍRITU SANTO. Es interesante notar que Ezequiel destaca una labor activa del Espíritu Santo. Y es que una vez más debemos entender o recordar que la tarea evangelística es una labor espiritual y por lo tanto debemos depender completamente del Espíritu Santo. El texto dice: “Y me levantó el Espíritu (vrs. 12, 14). No pretendamos vivir una vida poderosa como evangelistas ni atalayas sin la dependencia del Espíritu Santo.

3. UN ATALAYA ANUNCIA, NO CONVENCE. Del verso 16 al 21, podemos notar con claridad que la labor del atalaya no es convencer. SINO ANUNCIAR. Un Evangelista no debe estresarse en la conversión de las personas. Debemos apasionarnos en anunciar, predicar, evangelizar, pero la CONVERSIÓN es un tarea del Espíritu Santo. Solo debemos cumplir nuestra parte fielmente. Nada más y nada menos. Porque las personas tienen derecho a salvarse, pero también tienen derecho a perderse. Por lo tanto, de ahí la gran dependencia que necesitamos del Espíritu Santo.

¡Hoy es un nuevo día! Dios nos ha llamado como atalayas, como evangelistas. Que podamos “comer” de la Biblia, depender y ser guiados por el Espíritu Santo y entender que la obra de la conversión le corresponde a Dios, nosotros somos instrumentos.

¡Que Dios te bendiga!

Pr. Heyssen Cordero Maraví 

#rpSp #PrimeroDios #MensajesDeEsperanza
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