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jueves, 18 de junio de 2026

LA FIDELIDAD DE MARDOQUEO PONE EN PELIGRO A TODA UNA NACIÓN - ESTER 3



“Y vio Amán que Mardoqueo ni se arrodillaba ni se humillaba delante de él; y se llenó de ira.” (Ester 3:5).


Ester ha sido coronada reina, Mardoqueo ha descubierto una conspiración contra el rey y la vida continúa aparentemente sin sobresaltos. Sin embargo, detrás de los acontecimientos visibles se está desarrollando una batalla mucho más profunda. El enemigo de Dios ha comenzado a mover sus piezas para intentar destruir al pueblo del pacto.


Amán había sido exaltado por el rey Jerjes a una posición de enorme autoridad dentro del imperio. Todos los funcionarios debían inclinarse ante él como señal de respeto a su cargo. Pero Mardoqueo se negó. La Biblia no explica detalladamente sus razones, pero parece evidente que para él existía un asunto de conciencia y fidelidad a Dios. Lo que para otros era una simple ceremonia protocolar, para Mardoqueo representaba un límite que no estaba dispuesto a cruzar.


Lo sorprendente es que la reacción de Amán fue completamente desproporcionada. El texto dice que le pareció poca cosa castigar solamente a Mardoqueo. Su orgullo herido se transformó en odio contra toda una nación. Entonces decidió utilizar su influencia sobre Jerjes para conseguir un decreto que autorizara el exterminio de todos los judíos del imperio. Ya no se trataba de una disputa personal; era un intento de borrar de la tierra al pueblo de Dios.


Desde la perspectiva del Gran Conflicto, este capítulo adquiere una dimensión mucho mayor. Satanás sabía que de ese pueblo vendría el Mesías prometido. Si lograba destruir a los judíos, estaría atacando directamente el plan de salvación. Por eso el decreto de Amán no era simplemente una decisión política o un acto de venganza. Era un episodio más de la larga guerra entre el bien y el mal que atraviesa toda la Biblia, desde Caín y Abel hasta la cruz de Cristo y el tiempo del fin. A continuación, tres lecciones a la luz del texto bíblico:


1. La fidelidad a Dios puede generar oposición, pero nunca es un error. A primera vista alguien podría pensar que la firmeza de Mardoqueo puso en peligro a todo el pueblo. Sin embargo, el problema no era la fidelidad de Mardoqueo sino la maldad de Amán. Daniel no fue culpable del foso de los leones por orar. Los tres hebreos no fueron culpables del horno de fuego por negarse a adorar la estatua. Del mismo modo, Mardoqueo no fue culpable de la persecución por mantenerse fiel a sus convicciones. La fidelidad puede traer dificultades, pero jamás será un error delante de Dios.


2. Satanás utiliza instrumentos humanos para atacar los propósitos divinos. Amán creía que estaba ejecutando sus propios planes, pero detrás de él operaban fuerzas mucho mayores. A lo largo de la historia bíblica, el enemigo ha levantado hombres y mujeres para intentar destruir al pueblo de Dios. Faraón quiso eliminar a los niños hebreos, Atalía intentó destruir la descendencia real de Judá, Herodes procuró matar al niño Jesús y ahora Amán busca exterminar a toda la nación judía. La estrategia cambia, pero el objetivo sigue siendo el mismo: oponerse al plan de Dios.


3. Cuando la situación parece imposible, Dios ya está obrando silenciosamente. Lo más impresionante de Ester 3 es que Dios no interviene visiblemente. No aparece un profeta, no ocurre un milagro y no se escucha una voz del cielo. Sin embargo, mientras Amán firma decretos de muerte, Dios ya tiene a Ester en el palacio. Mientras el enemigo celebra su aparente victoria, Dios ya ha colocado a las personas necesarias en los lugares correctos. Lo que parece una crisis fuera de control es, en realidad, una historia que sigue bajo la dirección de la providencia divina.


El decreto de Amán era terrible. Hombres, mujeres, ancianos y niños debían ser exterminados en una sola fecha. Humanamente hablando, la situación parecía desesperada. Sin embargo, el lector sabe algo que Amán ignora: Dios sigue sentado en su trono. Aunque su nombre no aparece en el libro, su mano está guiando cada acontecimiento.


Hoy también podemos enfrentar momentos en los que la fidelidad parece traer problemas y donde las circunstancias parecen favorecer a los enemigos de la verdad. Pero Ester 3 nos recuerda que las apariencias pueden engañar. Detrás de los decretos humanos, de las crisis inesperadas y de los planes del enemigo, sigue obrando el Dios que nunca abandona a su pueblo. Porque al final, no se trata del poder que tengan quienes se oponen a Dios, sino de la soberanía del Dios que sigue gobernando la historia aun cuando parece estar trabajando detrás del telón.


Feliz día.


Pr. Heyssen Cordero Maraví 


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lunes, 8 de junio de 2026

LA MISIÓN NO PUEDE DETENERSE POR LA DISTRACCIÓN DEL ENEMIGO - NEHEMÍAS 6


“Yo hago una gran obra, y no puedo ir; porque cesaría la obra, dejándola yo para ir a vosotros” (Nehemías 6:3).


Nehemías 6 nos presenta una de las estrategias más sutiles del enemigo. Hasta ahora Sambalat, Tobías y Gesem habían usado burlas, amenazas y oposición abierta. Pero al ver que nada funcionaba, cambiaron de táctica. Ahora intentaron distraer a Nehemías.


Cuatro veces lo invitaron a reunirse en la llanura de Ono. La propuesta parecía razonable, diplomática e incluso pacífica. Sin embargo, Nehemías discernió que detrás de aquella invitación había una trampa. El objetivo no era dialogar sino detener la obra. Por eso respondió con una de las declaraciones más poderosas sobre liderazgo y misión en toda la Biblia:


“Yo hago una gran obra, y no puedo ir.”


Nehemías entendía algo fundamental: no toda invitación merece una respuesta, no toda oportunidad debe aprovecharse y no toda conversación es necesaria. Hay momentos en que decir “no” es una forma de proteger la misión que Dios nos ha confiado.


Al fracasar nuevamente, los enemigos recurrieron a la difamación. Enviaron cartas abiertas acusándolo de rebelión política, intentando dañar su reputación. Más tarde intentaron atemorizarlo mediante falsos profetas para que actuara impulsivamente y desacreditara su liderazgo. Pero Nehemías permaneció firme porque tenía claro quién lo había llamado y para qué lo había llamado.


Finalmente ocurrió lo impensable: los muros fueron terminados en apenas 52 días (Nehemías 6:15). Aquello era humanamente imposible. Una ciudad destruida durante más de un siglo fue restaurada en menos de dos meses. Por eso el cronista añade algo extraordinario:


“Y cuando lo oyeron todos nuestros enemigos, temieron todas las naciones que estaban alrededor de nosotros… porque comprendieron que por nuestro Dios había sido hecha esta obra” (Nehemías 6:16).


Lo que comenzó como un sueño en el corazón de un hombre terminó convirtiéndose en un testimonio visible del poder de Dios. A continuación tres lecciones a la luz del texto bíblico:


1. El enemigo muchas veces intenta detener la misión mediante distracciones más que mediante persecuciones. Las amenazas pueden fortalecer la fe, pero las distracciones suelen debilitarla silenciosamente. Sambalat entendió que si lograba sacar a Nehemías de su lugar de responsabilidad, la obra se detendría sola. Muchas veces Satanás no necesita destruir una misión; le basta con desenfocarla.


2. Los líderes efectivos saben distinguir entre lo urgente y lo importante. Nehemías entendió que la reconstrucción de Jerusalén era una prioridad divina. Por eso no permitió que reuniones innecesarias, rumores o acusaciones lo apartaran de su propósito. El liderazgo maduro sabe cuándo decir sí y cuándo decir no.


3. Cuando Dios termina una obra, incluso los enemigos reconocen su intervención. Los adversarios no se convirtieron necesariamente, pero tuvieron que admitir que aquello no podía explicarse solamente por capacidad humana. La mejor respuesta a muchas críticas no son las discusiones, sino una obra terminada para la gloria de Dios.


Nehemías 6 nos recuerda que toda misión importante enfrentará obstáculos, críticas, rumores y distracciones. Sin embargo, el éxito de Nehemías no estuvo en responder a cada ataque, sino en permanecer enfocado en aquello que Dios le había encomendado. Hoy vivimos rodeados de voces que buscan distraernos de nuestra misión, de nuestro llamado y de nuestra comunión con Dios. Por eso necesitamos aprender la misma lección que Nehemías aprendió: hay obras tan importantes que no podemos abandonarlas para atender cada distracción que aparece en el camino. Porque al final, no se trata de responder a todas las voces que nos llaman, sino de permanecer fieles a la voz de Dios que nos envió.


Feliz día.


Pr. Heyssen Cordero Maraví 


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viernes, 5 de junio de 2026

LOS SUEÑOS DE DIOS SIEMPRE ENCONTRARÁN OPOSICIÓN - NEHEMÍAS 2



“Entonces les declaré cómo la mano de mi Dios había sido buena sobre mí, y asimismo las palabras que el rey me había dicho. Y dijeron: Levantémonos y edifiquemos” (Nehemías 2:18).

Después de varios meses de oración, Nehemías tuvo la oportunidad que esperaba. Mientras servía vino al rey Artajerjes, su tristeza fue evidente. Esto era peligroso, porque presentarse triste ante el rey podía interpretarse como una falta de respeto o incluso una amenaza. Sin embargo, Dios ya estaba obrando. Cuando el rey preguntó la razón de su tristeza, Nehemías hizo una breve oración silenciosa al cielo y luego explicó que la ciudad de sus padres estaba en ruinas.
Lo extraordinario es que Nehemías no solo pidió permiso para viajar a Judá. También pidió cartas oficiales para cruzar las provincias del imperio, autorización para obtener madera de los bosques reales y protección militar durante el viaje. Aunque en Nehemías 1 había dicho que confiaba en Dios, aquí no rechaza los medios humanos que Dios pone a su disposición. La fe verdadera no excluye la planificación ni la prudencia.
Cuando llegó a Jerusalén, pasó algunos días observando silenciosamente la situación. De noche recorrió los muros destruidos, evaluó los daños y comprendió la magnitud de la tarea. Solo después compartió su visión con los líderes y ancianos del pueblo. Les contó cómo Dios había guiado todo el proceso y cómo el rey había abierto las puertas necesarias. Entonces ocurrió algo hermoso: el pueblo respondió unánimemente: “Levantémonos y edifiquemos”.
Pero inmediatamente apareció la oposición. Sambalat el horonita, Tobías el amonita y más adelante Gesem el árabe comenzaron a burlarse y despreciar el proyecto. Lo mismo había ocurrido en tiempos de Zorobabel y Esdras. Cada vez que la obra de Dios avanzaba, surgían enemigos intentando detenerla. A continuación tres lecciones a la luz del texto bíblico:
1. Las grandes obras de Dios suelen comenzar con una carga en el corazón de una sola persona. Antes de que todo el pueblo dijera “levantémonos y edifiquemos”, hubo un hombre que lloró, oró y creyó que Dios podía hacer algo diferente. Dios muchas veces coloca una visión en el corazón de una persona para bendecir a muchos.
2. La fe no elimina la planificación; la fortalece. Nehemías oró durante meses, pero también pidió cartas, recursos y protección. La dependencia de Dios no es pasividad. Los grandes líderes espirituales oran como si todo dependiera de Dios y trabajan como si Dios los estuviera usando para cumplir sus propósitos.
3. La oposición no siempre significa que estamos equivocados; muchas veces significa que estamos avanzando. Sambalat y Tobías aparecieron porque la reconstrucción había comenzado. Mientras Jerusalén permaneció en ruinas, nadie se preocupó. La resistencia surgió cuando el pueblo decidió levantarse. Satanás sigue actuando de la misma manera hoy: intenta desanimar, ridiculizar o distraer cuando la obra de Dios avanza.
Nehemías nos recuerda que Dios sigue buscando personas dispuestas a transformar lágrimas en acción y oración en liderazgo. Los muros no fueron reconstruidos porque desaparecieron los problemas, sino porque alguien decidió obedecer el llamado de Dios a pesar de los obstáculos. Y cuando la visión fue compartida, otros se sumaron a la misión. Hoy también encontraremos oposición cuando intentemos reconstruir lo que está destruido, ya sea en nuestra familia, iglesia o vida espiritual. Porque al final, no se trata de cuántos enemigos se levanten contra la obra de Dios, sino de si tenemos la valentía de responder como aquellos hombres de Jerusalén: “Levantémonos y edifiquemos.”

Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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jueves, 28 de mayo de 2026

CUANDO LA OBRA AVANZA, EL ENEMIGO SE OPONE - ESDRAS 4



“Entonces cesó la obra de la casa de Dios… y quedó suspendida hasta el año segundo del reinado de Darío rey de Persia” (Esdras 4:24).

Esdras 4 muestra uno de los capítulos más difíciles del regreso del exilio. Cuando los enemigos de Judá vieron que los judíos comenzaban a reconstruir el templo, primero intentaron mezclarse con ellos aparentando buenas intenciones. Estos habitantes eran principalmente samaritanos y otros pueblos mezclados que habían surgido después de las deportaciones asirias. Sin embargo, al ser rechazados por Zorobabel y los líderes judíos, comenzaron una campaña sistemática de oposición política y acusaciones.
El texto menciona varios reyes persas porque la oposición duró muchos años. Primero hubo acusaciones en tiempos de Ciro, luego durante el reinado de Asuero (probablemente Jerjes I), y más adelante durante Artajerjes, cuando hombres como Rehum y Simsay enviaron cartas acusando a Jerusalén de ser una ciudad rebelde. Finalmente, la obra quedó oficialmente detenida hasta el segundo año del rey Darío I.
La paralización principal de la reconstrucción del templo duró aproximadamente entre 14 y 16 años. Durante ese tiempo, el pueblo comenzó a enfocarse más en sus propias casas, negocios y estabilidad personal mientras el templo permanecía abandonado. Precisamente por eso Dios levantó después a los profetas Hageo y Zacarías para confrontar espiritualmente al pueblo y llamarlo nuevamente a priorizar la casa de Dios. A continuación tres lecciones a la luz del texto:
1. Cuando la obra de Dios avanza, la oposición también aparece. El enemigo no reaccionó cuando Jerusalén estaba en ruinas, pero sí cuando el pueblo comenzó a reconstruir. Esto revela un principio espiritual importante: Satanás suele intensificar la oposición cuando Dios empieza a restaurar vidas, iglesias o ministerios. Muchas veces la resistencia es señal de que algo importante está avanzando espiritualmente.
2. El cansancio y la distracción pueden detener más la obra que la persecución externa. Aunque hubo oposición política real, el pueblo también comenzó a desanimarse y a enfocarse más en sus asuntos personales. Poco a poco la prioridad espiritual fue desplazada. El enemigo no siempre destruye la fe de manera frontal; muchas veces la debilita mediante desánimo, comodidad o distracciones.
3. Dios puede permitir pausas, pero no abandona sus propósitos. La obra se detuvo varios años, pero no fue cancelada definitivamente. Dios seguía gobernando la historia y levantaría nuevamente profetas y líderes para reactivar la reconstrucción. A veces los planes de Dios parecen retrasarse desde la perspectiva humana, pero Él nunca pierde el control de su propósito.
Esdras 4 nos recuerda que toda obra espiritual enfrentará oposición. El enemigo intenta sembrar miedo, cansancio y distracción para que el pueblo deje de construir aquello que Dios comenzó. Pero también enseña que las pausas no significan abandono divino. Aunque la obra se detuvo por años, Dios seguía obrando detrás de escena y preparaba el momento para reiniciarla. Hoy, muchos pueden sentirse desanimados porque ciertas promesas parecen demorarse o porque la oposición es constante. Pero al final, no es la resistencia del enemigo la que define el futuro de la obra de Dios, sino la fidelidad del Señor que siempre termina cumpliendo sus propósitos.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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EL ENEMIGO SERÁ DESTRUÍDO POR COMPLETO, ¿LO CREES? - 2 CRÓNICAS 14



“Y Asa, y el pueblo que con él estaba, los persiguieron hasta Gerar; y cayeron los etíopes hasta no quedar en ellos aliento, porque fueron deshechos delante de Jehová y de su ejército. Y les tomaron muy grande botín” (2 Crónicas 14:13).

El reinado de Asa, rey de Judá fue realmente ideal. Al igual que Abías, su padre, solo se registran acciones buenas, nobles y fieles. Asa fue un rey obediente a la ley de Dios, dice la Biblia: “E hizo Asa lo bueno y lo recto ante los ojos de Jehová su Dios” (v.2). ¿Quisieras tener hijos fieles y nobles? A continuación tres lecciones a la luz del texto bíblico:
1. Las palabras impresionan, pero el ejemplo influencian. Asa fue un buen rey porque su padre le enseñó con el ejemplo. Si deseas hijos de bien, enséñales con el ejemplo, no solo con palabras. Imagino a Abías educando a su hijo Asa no solo con palabras sino con el ejemplo.
2. Asa gozaba de un buen testimonio porque buscó a Dios. Cuando asumió su reinado, Asa hizo una reforma grande con su pueblo, y los llevó a buscar a Dios y andar en sus caminos. La Biblia refiere: “y mandó a Judá que buscase a Jehová el Dios de sus padres, y pusiese por obra la ley y sus mandamientos” (v.4). Fue prosperado u vivió en paz. Sin embargo, al igual que Abías, tuvo que lidiar con una batalla. El texto dice que Zera, etíope y su ejército de 1 millón salió contra ellos (v.9).
3. Asa seguía el ejemplo de su padre Abías. Asa buscó ayuda en Dios, tal como su padre lo hizo, y encontró victoria. Solo el poder de Dios nos dará la victoria contra el enemigo. Un ejército que superaba grandemente en número fue reducido por completo. El texto dice que el ejército etíope: “FUE DESECHO”, destruido, desbaratado completamente. Solo el poder de Dios. No hay otra explicación. Una vida fiel, puede reclamar la ayuda de Dios.
¿Qué enemigos han salido contra ti? Busca ayuda en Dios, se fiel y obediente a la Palabra de Dios y verás la victoria completa. Confía, Dios ayuda. Porque al final, no se trata de quién sea tu enemigo sino de quién es tu Dios.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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jueves, 26 de noviembre de 2015

‬ ¿QUIÉNES IMPIDEN NUESTRA LLEGADA A CANAÁN? - Números 21

En nuestra caminata a Canaán, la tierra prometida, nos encontraremos con una serie de "piedras", obstáculos que tratarán de impedir nuestra victoria. Esos obstáculos pueden ser ENEMIGOS y AMIGOS:
1. LOS ENEMIGOS.
a. Los cananeos (vrs. 1-3).- Al saber que estás caminando a Canaán, y sabiendo que estás a punto de lograr tus sueños, saldrán a impedir que cumplas tu meta. A ellos les gusta pelear, destruirte, toman prisioneros con el objetivo de que no vayas a la "tierra prometida", y te quedes en el desierto.

b. Los amorreos (vrs. 21-30).- Al saber que pasarás por sus tierras con mensaje de paz, harán todo lo que esté a su alcance para evitar que tú pases por su territorio. Un mensaje de paz, hombre de paz, no son bienvenidos en sus tierras. Ellos no quieren que vayas a Canaán, y te harán guerra.

c. Los basanitas (vrs. 31-34).- Al saber que el pueblo de Dios está a punto de lograr su sueño: Canaán, saldrán sus líderes y tooodo el pueblo. Así son los enemigos, "todos los que no juntan desparraman".


2. LOS AMIGOS.
a. El desánimo (v.4).- Llegar a Canaán no es sencillo. En medio del camino, y por muchas razones (fundadas e infundadas), el desánimo será un obstáculo que nos impedirá tomar la tierra prometida.

b. La murmuración (v. 5).- Una vez más podemos ver como el pueblo de israel, parece un "disco rayado". Vuelve a renegar y a quejarse. Murmuran contra Moisés y contra Dios.


Sin embargo, a pesar de ello, a pesar de los ENEMIGOS Y AMIGOS, que muchas veces son instrumentos del ENEMIGO (Satanás) para hacer que el pueblo de Dios no llegue a Canaán... A pesar de toooodo eso, Dios siempre tiene el control y entrega la victoria. Se encargó de vencer a todititos los enemigos que el pueblo de Israel enfrentó... Y es que si Dios es con nosotros, ¿quién contra nosotros? (Rom.8:31). Por eso dice claramente: "No le tengas miedo, porque yo lo he entregado, a él como hiciste de Sehón rey de los amorreos, que habitaba en Hesbón" (Núm.21:34). Dios es quien pelea nuestras batallas (Éxo.14:14).
Finalmente, Dios también es la solución los "amigos", la gente de nuestro mismo pueblo, es la solución para nuestra vida rebelde y pecaminosa... es la solución para nuestra humana vida, para nuestro desánimo y actitud rebelde y murmuradora... Eso sí, los que no se atreven a mirar a Cristo como aquella "serpiente de bronce" por fe, morirán en el desierto de la vida y nunca, nunca llegarán a la tierra prometida (para nosotros, el cielo).

lunes, 31 de agosto de 2015

CUANDO EL PUEBLO DE DIOS CRECE - Éxodo 1:9, 10


"Y le dijo a su pueblo: “¡Cuidado con los israelitas, que ya son más fuertes y numerosos que nosotros! Vamos a tener que manejarlos con mucha astucia…”" (Ex. 1:9,10).

Cuando el pueblo de Dios crece y avanza tiene que prepararse para la opresión del enemigo. Elena G. de White diría: "Revivan la fe y el poder de la iglesia primitiva, y el espíritu de persecución revivirá también y el fuego de la persecución volverá a encenderse" (El conflicto de los siglos, p. 52). El capítulo de hoy nos muestra el enojo del enemigo cuando el pueblo de Dios crece. Y usa a todo lo posible, en este caso a Faraón. Se levantó un nuevo rey sobre Egipto. Se olvidaron de aquél sabio de Israel que los salvó de la hambruna, y los convirtió en un país próspero, en medio de otros países sumidos en el caos de la escasez de alimentos. Pero así es la vida, muchos hoy recurren a Dios en tiempos de desgracia, cuando los médicos le han desahuciado, cuando la crisis económica ha hecho pedazos su familia, su empresa. No obstante, cuando las cosas van bien, cuando hay abundancia, ¿quién se acuerda de Dios?

Este nuevo Faraón recurrió a una exageración sin duda: “¡Cuidado con los israelitas, que ya son más fuertes y numerosos que nosotros!”, puesto a que Egipto había sido una nación grande durante varios siglos.

Cuando el pueblo de Dios no crece, no se expande, no alcanza a otros, no crece en infraestructura y viven en mediocridad, el enemigo está conforme. Al diablo le gusta que el pueblo de Dios viva sin crecer. Pero el pueblo de Dios nació para crecer, para expandirse, pues “el evangelio de Cristo es agresivo y expansivo” (Servicio cristiano, p. 17).
El Faraón, tal como el Diablo en el Edén usó la “astucia” para debilitar, sino destruir al pueblo de Dios con dos planes:

Trabajo en excesoLos egipcios los oprimían con trabajos rudos, los molestaban con dureza, les amargaron la vida con dura servidumbre, haciendo ladrillos de barro y en toda labor del campo les obligaban con rigor. En la actualidad sucede lo mismo, el enemigo usa el exceso de trabajo para debilitar al pueblo de Dios. Muchos cristianos viven afanados en trabajar y trabajar que descuidan su devoción personal y sin darse cuenta van haciendo lo que el diablo quiere. El trabajo es bueno, pero el exceso de trabajo motiva a no darle a Dios el primer lugar.

Matando a sus hijos. Usó a dos mujeres, a Sifra y Fúa, parteras muy conocidas en esos tiempos para que realicen su maquiavélico plan: “matar a todos los niños varones”. Sin embargo, las egipcias demostraron que es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres (Hch. 5:29) y Dios las prosperó. El enemigo, se ha empecinado desde el principio con las familias. Ataca con fuerza y dureza a los hijos con el afán “matarlos”. En la actualidad muchos de nuestros hijos son arrastrados por el lazo de muerte del diablo, ¿qué estamos haciendo por ellos?

Hace algún tiempo conocí a Brigith. Entre lágrimas me contó que no entiende a Dios ni sus planes –“Cada vez que decido avanzar sin mirar sino a Cristo, siento que el enemigo hace hasta lo imposible por destruir mi hogar, mi familia, mi vida…”- Leímos el texto de hoy, y después de algunos minutos ella entendió que el enemigo nunca está tranquilo cuando los hijos de Dios crece, pero así también, Dios nos promete estar “todos los días hasta el fin del mundo” (Mt. 28:20) para sostenernos y protegernos.
Hoy es un nuevo día, un día para crecer en Cristo, para que crezcas en todos los aspectos de tu vida y darle la contra al enemigo, pues Dios, está contigo, y si Dios es contigo ¿quién contra ti? (Rom. 8:31).

¡Buen día!



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¡Dios te bendiga mucho!
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