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lunes, 1 de junio de 2026

CUANDO DIOS ABRE PUERTAS, NADIE PUEDE CERRARLAS - ESDRAS 6



“Y los ancianos de los judíos edificaban y prosperaban, conforme a la profecía del profeta Hageo y de Zacarías hijo de Iddo” (Esdras 6:14).

Después de la investigación iniciada por Tatnai en el capítulo anterior, el rey Darío ordenó buscar en los archivos imperiales para verificar si realmente existía un decreto de Ciro autorizando la reconstrucción del templo. La búsqueda confirmó que Ciro sí había emitido esa orden. Pero Darío no se limitó a ratificar el decreto; fue mucho más allá.
Primero, ordenó que nadie interfiriera con la obra. Luego dispuso que los gastos de la reconstrucción fueran cubiertos con fondos del tesoro real provenientes de los impuestos de la provincia. Además, autorizó el suministro continuo de animales para los sacrificios, trigo, sal, vino y aceite para el servicio diario del templo. Incluso pidió que los sacerdotes oraran por la vida del rey y de sus hijos. Finalmente, decretó severas sanciones contra cualquiera que intentara detener nuevamente la construcción.
Lo extraordinario es que el cronista no atribuye el éxito principalmente a Darío. Aunque reconoce la importancia del rey persa, enfatiza que la obra prosperó “conforme a la profecía de Hageo y Zacarías”. Es decir, detrás de los decretos imperiales estaba la mano invisible de Dios dirigiendo la historia. A continuación tres lecciones a la luz del texto bíblico:
1. Cuando Dios abre una puerta, puede transformar la oposición en ayuda. Los mismos asuntos que parecían amenazas terminaron convirtiéndose en bendiciones. Lo que comenzó como una investigación terminó produciendo protección oficial, financiamiento y respaldo imperial. Dios tiene la capacidad de convertir obstáculos en instrumentos para el cumplimiento de sus propósitos.
2. La verdadera fuerza de la obra de Dios no está en los recursos, sino en la dirección divina. Darío aportó dinero, materiales y protección, pero el cronista deja claro que el factor decisivo fueron los mensajes de Hageo y Zacarías. Los recursos son importantes, pero la obra de Dios avanza principalmente cuando su pueblo escucha y obedece su voz.
3. Las promesas de Dios pueden tardar, pero nunca fracasan. La reconstrucción había enfrentado años de retraso, oposición y desánimo. Sin embargo, en el año sexto de Darío el templo quedó terminado. Lo que parecía imposible terminó ocurriendo exactamente como Dios había prometido. Ni los enemigos, ni las demoras, ni los cambios políticos pudieron impedir el cumplimiento de su palabra.
Después de décadas de exilio y años de oposición, el templo finalmente fue terminado. Los ancianos que habían llorado al ver los cimientos ahora podían contemplar la obra concluida. Dios había cumplido su promesa exactamente en el tiempo señalado. Muchas veces nosotros también atravesamos períodos donde parece que los planes de Dios avanzan demasiado lento o incluso se detienen. Pero Esdras 6 nos recuerda que Dios sigue gobernando por encima de reyes, decretos y circunstancias. Porque al final, no se trata de cuán grandes sean los obstáculos en el camino, sino de cuán fiel es el Dios que hizo la promesa.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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LA OBRA DE DIOS NO PUEDE PARAR - ESDRAS 5



“Profetizaron Hageo profeta y Zacarías hijo de Iddo… y edificaron los judíos que estaban en Judá y en Jerusalén” (Esdras 5:1-2).

Esdras 5 narra el reinicio de la construcción del templo después de aproximadamente 15 años de paralización. La obra no se reanudó porque desaparecieron los enemigos ni porque mejoraron las circunstancias políticas, sino porque Dios levantó a dos profetas: Hageo y Zacarías.
La tarea específica de estos profetas fue despertar espiritualmente al pueblo. Hageo confrontó directamente a los judíos porque habían dedicado años a construir sus propias casas mientras la casa de Dios permanecía en ruinas (Hageo 1:4). Zacarías, por su parte, animó al pueblo con mensajes de esperanza, mostrándoles que Dios seguía con ellos y que la obra no dependía de la fuerza humana sino del Espíritu de Dios: “No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu” (Zacarías 4:6).
Mientras la construcción avanzaba nuevamente, apareció una nueva oposición. Esta vez no fueron Rehum y Simsai como en tiempos anteriores, sino Tatnai, gobernador de la región al occidente del Éufrates, junto con Setar-boznai y otros funcionarios persas. Ellos preguntaron quién había autorizado la reconstrucción y enviaron un informe al rey Darío.
Sin embargo, hay una diferencia importante respecto a los conflictos anteriores. Los enemigos anteriores mintieron y acusaron falsamente al pueblo. Tatnai, en cambio, parece actuar más como un funcionario administrativo que busca verificar la legalidad de la obra. Por eso envía una carta a Darío explicando lo que observó y registrando fielmente la respuesta de los judíos.
La respuesta de los líderes judíos es admirable. No esconden nada, no reaccionan con miedo ni agresividad. Explican que son siervos del Dios del cielo y de la tierra, que el templo había sido construido por sus antepasados, que fue destruido debido a los pecados de Israel y que Ciro había autorizado oficialmente su reconstrucción. Es una respuesta transparente, humilde y basada en hechos. A continuación tres lecciones a la luz del texto bíblico:
1. Dios suele resolver los estancamientos levantando voces proféticas. La obra estuvo detenida durante años porque el problema principal ya no era la oposición externa, sino el desánimo interno. Hageo y Zacarías ayudaron al pueblo a volver a enfocarse en la misión. Muchas veces Dios no cambia primero las circunstancias; primero cambia el corazón de las personas.
2. La mejor manera de enfrentar acusaciones es con verdad y transparencia. Cuando Tatnai investigó la obra, los judíos no manipularon la información ni buscaron excusas. Simplemente expusieron los hechos. La verdad suele ser la defensa más sólida cuando se actúa conforme a la voluntad de Dios.
3. La obra de Dios debe continuar aun mientras los asuntos se resuelven. Algo extraordinario ocurre en este capítulo: mientras la carta viajaba hacia Darío, los judíos siguieron construyendo. Ya no esperaron que desaparecieran todos los problemas para obedecer a Dios. Aprendieron que la misión no puede quedar detenida cada vez que aparece oposición.
Esdras 5 nos enseña que los mayores obstáculos muchas veces no son los enemigos externos, sino el desánimo, el temor y la pérdida de enfoque. Por eso Dios levantó a Hageo y Zacarías para recordar al pueblo que la obra seguía siendo de Dios. Hoy también enfrentamos críticas, obstáculos e incertidumbres, pero Dios sigue llamándonos a avanzar con fe, integridad y perseverancia. Porque al final, no se trata de esperar que desaparezcan todos los problemas para obedecer a Dios, sino de seguir construyendo mientras confiamos en que Él abrirá el camino.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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miércoles, 22 de octubre de 2014

Zacarías 8: EL MEJOR Y MÁS DIFÍCIL SERMÓN DE SER PREDICADO



»Así dice el Señor Todopoderoso: “En aquellos días habrá mucha gente, de todo idioma y de toda nación, que tomará a un judío por el borde de su capa y le dirá: ¡Déjanos acompañarte! ¡Hemos sabido que Dios está con ustedes!” » (Zacarías 8:23).

¿Te imaginas que llegue el día en el que alguien te diga: "Déjame acompañarte a tu iglesia, pues sé que Dios está contigo"? No, no es un imposible si tan solo entendemos el por qué y para qué Dios nos ha llamado a ser parte de su pueblo. Hoy es 22 de octubre del 2014, y no es casualidad. Hace 170 años Dios permitió proféticamente el nacimiento de un pueblo nuevo, un pueblo que debía llevar el triple mensaje angelical (Ap. 12). Un pueblo con un origen, mensaje, misión y destino glorioso. ¡Qué buena noticia!


El mensaje de Zacarías para hoy tiene que ver con una promesa real que Dios le hizo a su pueblo después de volver de Babilonia. Después de haber estado en condición de esclavos, ahora Dios les promete que si ellos son fieles y cumplen el propósito como pueblo remanente de Dios, habrían bendiciones extraordinarias y toda la gente se maravillaría de modo que "pedirían voluntariamente" ser parte de ese pueblo, ser parte del pueblo de Dios.

¿Cuánto gastamos en propagandas, afiches y más volantes para que las personas asistan a nuestras iglesias? ¿No sería mejor que invirtiéramos en nuestras vidas? Claro que sí, pero no con una inversión económica sino con una espiritual, a los pies de Jesús, siendo transformados de día en día y de victoria en victoria... todos los días en la primera hora de cada mañana. Dios tiene un propósito real y maravilloso. 

Hay muchas personas que no son atraídas a Dios simplemente porque no encuentran a un pueblo que refleje a un Dios tal como las Escrituras dice. Con nuestras vidas predicamos más y mejor que con nuestros labios. ¿Cuán importante es entonces el testimonio personal?

El plan de Dios era que Jerusalén volviera a ser un lugar seguro, en el que los ancianos podrían sentarse en las calles llenas de niños juguetones (Zacarías 8:4, 5). Para los que habitaban en una ciudad arrasada por conquistadores, la promesa de calles seguras para jóvenes y ancianos sonaba como un sueño.

En lugar de permanecer para siempre como una pequeña nación subordinada, el pueblo de Dios debía ser un imán al cual las naciones se acercaran para adorar al Señor, el Rey de toda la tierra (Zacarías 14:9). El uso de la expresión “de toda lengua”, en Zacarías 8:23, indica que la profecía preveía un movimiento universal.

La iglesia de Cristo, también llamada “el Israel de Dios” (Gálatas 6:16), posee el privilegio, en nuestro tiempo, de tener una parte en esa misión. Hemos de llevar la luz de la salvación a los confines de la Tierra. De ese modo, el pueblo de Dios puede ser una gran bendición para el mundo.

El mejor sermón y el más difícil de ser predicado es el testimonio. La gente conocerá que somos discípulos si somos capaces de mostrar Su amor, el amor de Dios en la plenitud que es. 


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Nota: El tema de hoy es una adaptación de la Lección #12 de la Guía de Estudio de Escuela Sabática 2013 - II Semestre titulado: "Buscad a JEHOVÁ, y vivid".

martes, 21 de octubre de 2014

Zacarías 7: CUANDO AYUNAS, ¿LO HACES POR DIOS?


"Habla a todo el pueblo del país, y a los sacerdotes, diciendo: Cuando ayunasteis y llorasteis en el quinto y en el séptimo mes estos setenta años, ¿habéis ayunado para mí?" (Zacarías 7:5).
Cuando la iglesia programa ayunos, escucho con frecuencia a más de uno decir: "Estoy ayunando porque quiero hacer un sacrificio por amor a Dios". ¿Qué es el ayuno? ¿Se deleita Dios cuando sus hijos dejan de comer alimento alguno? ¿Se beneficia Dios si tengo hambre por causa de Él? No te apresures en responder tan rápido. Mejor, ¿cuando ayunas, lo haces por Dios? Pues bien, el capítulo 7 de Zacarías destaca la visita de una delegación de Bet-el a Jerusalen para preguntar si deberían seguir ayunando cuatro veces al año como lo hacían cuando estaban exiliados en Babilonia. En realidad el único que ayuno que Dios pidió a través de Moisés debía ser en el séptimo mes (ver Lev.16). Sin embargo en Babilonia ayunaron en el quinto mes para llorar por la destrucción del templo (ver 2 Rey.25:8,9), esto era a parte del cuarto mes donde se recordaba la rotura de Jerusalén (Jer. 39:2). Finalmente en el mes décimo el pueblo ayunaba y lloraba el sitio contra Jerusalén (Jer.39:1). Como el exilio había terminado, la gente se preguntaba si todavía era necesario ayunar en el mes quinto.
La respuesta de Dios es categórica: ¿habéis ayunado para mí? La respuesta de Dios deja reflexiones interesantes. ¿Cuatro ayunos públicos y programados y Dios les hace esa pregunta? No son las veces que ayunas y lloras si en tu vida sigues haciendo las cosas antiguas. Dios aprovecha a decirles (ver Zac. 7:8-4) que hagan un cambio, que recuerden del pasado y el porqué llegaron a ser esclavos de Babilonia. No se trata de dejar de comer y llorar, se trata de hacerlo de verdad por Dios.
El ayuno no le beneficia a Dios. Dios no se deleita cuando sientes hambre por amor a su nombre supuestamente. El ayunno te beneficia a ti y su propósito - si lo haces de verdad - es dejar a un lado el yo y salir a minstrar las necesidades de los demás. ¿De qué sirve el ayuno si después de hacerlo sales a comer para compensar todo lo que no has comido durante el tiempe ayuno? Es como aquellos que hacen vigilia toda una noche y al día siguiente duermen todo el día. ¿Qué sentido tiene hacer cosas para supuestamente agradar a Dios cuando deberías agradar a tu prójimo que necesita alimentos y ayuda?
Elena G. de White diría: "El espíritu del ayuno y la oración verdaderos es el espíritu que entrega la mente, el corazón la voluntad a Dios" (Consejo sobre régimen alimenticio, p. 224).
Dios no es un Dios "sado". No se delita en el hambre o en el sueño que sus hijos renuncian por horas o días. No. Dios quiere que eso te lleve hacer algo pues ayunar a fin de sentir lástima por uno mismo es pérdida de tiempo y esfuerzo. Es necesario mirar más allá del ayuno, es necesario hacer cambios.
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