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sábado, 26 de julio de 2025

¿POR QUÉ TENER UNA HIJA IMPLICABA EL DOBLE DE TIEMPO DE PURIFICACIÓN? - LEVÍTICO 12



“Cuando una mujer conciba y dé a luz…” (Levítico 12:2).

Hace poco, una hermana de iglesia me compartió emocionada que estaba esperando su tercer hijo. Pero en medio de su alegría, me dijo con cierta pena: “Pastor, mi esposo está algo desanimado… porque quería que esta vez fuera varón”. Me quedé en silencio unos segundos, y luego le respondí con una sonrisa: “Hermana, Dios no premia géneros, premia corazones”.
Vivimos en una cultura donde, lamentablemente, a veces se valora más el nacimiento de un hijo que el de una hija. Y cuando leemos Levítico 12, donde la purificación por dar a luz a una niña es el doble de tiempo que por un varón, surgen preguntas:
¿Dios valora más al varón que a la mujer? ¿Por qué esta diferencia?
La respuesta nos lleva más allá del texto y nos revela una verdad preciosa sobre el carácter de Dios y el gran conflicto.
1. Dios no discrimina por género, pero trabaja con una cultura rota. Levítico 12:2-5 nos muestra una ley ceremonial que indicaba distintos periodos de purificación según el sexo del bebé. Esto no era un juicio de valor sobre la criatura, sino una medida dentro de un sistema cultural patriarcal que Dios permitía, sin aprobar. Dios no creó la desigualdad de género, pero sí se movió dentro de una sociedad rota para guiarlos paso a paso hacia la restauración. Cristo mismo lo confirmó al dignificar a la mujer en cada acto, desde la samaritana hasta María Magdalena. Dios no se adapta al pecado, pero se revela dentro de sus límites para guiarnos hacia la redención.
2. La purificación apuntaba al Salvador, no al pecado de la mujer. El tiempo de espera para la purificación no era por pecado personal de la madre ni por culpa del bebé. Era un símbolo de lo que el pecado había hecho en este mundo: incluso el milagro de la vida estaba marcado por la necesidad de redención. Dar a luz a un hijo varón apuntaba al “varón prometido” en Génesis 3:15, el Mesías, la Simiente que vencería a la serpiente. Por eso, el tiempo era más corto: el nacimiento de un varón representaba esperanza mesiánica. Pero no porque las hijas fueran menos importantes. De hecho, sería una mujer quien daría a luz al Salvador. Cada purificación recordaba que todos, hombres y mujeres, necesitamos a Cristo para ser limpios.
3. Dios purifica lo impuro y redime lo desigual. La buena noticia es que Cristo vino para romper con toda barrera. “Ya no hay varón ni mujer, porque todos sois uno en Cristo Jesús” (Gál. 3:28). Levítico 12 nos recuerda que la pureza no depende del género, ni de una ley ceremonial, sino de una relación con el Redentor. Hoy, gracias a Jesús, no necesitamos esperar 40 ni 80 días para ser aceptados ante Dios. Podemos ir a Él tal como somos. Donde hay desigualdad, Él establece dignidad. Donde hay impureza, Él ofrece gracia.
Si alguna vez te sentiste menospreciado por tu origen, tu género o tu historia… recuerda que en Cristo no hay segundas categorías.
Levítico 12 no es una ley obsoleta, sino una sombra que apuntaba a una cruz donde todos —varón o mujer— fuimos amados con el mismo precio: la sangre del Cordero.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
Puedes escuchar el podcast desde mi canal de YouTube 🔴 https://youtu.be/9TKH_F-oXf8?feature=shared

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viernes, 8 de noviembre de 2024

DORCAS, LAS MANOS DE JESÚS - HECHOS 9:36



Tabita era su nombre en arameo y Dorcas en griego. Ambas palabras significan “gacela”, un hermoso animal de pies ligeros, como sus manos, prontas para ayudar. Estaba llena de buenas obras y donativos que daba a favor de los necesitados. Dorcas “era una digna discípula de Jesús, y su vida estaba llena de actos de bondad. Ella sabía quiénes necesitaban ropas abrigadas, y quiénes simpatía, y servía generosamente a los pobres y afligidos. Sus hábiles dedos estaban más atareados que su lengua” (Los hechos de los apóstoles, p. 108).


¡Una digna discípula de Cristo! La forma femenina de discípulo se encuentra solo aquí en el Nuevo Testamento. Sus obras hablaban por sí solas. Evidentemente era una mujer rica, porque hace el contraste: “servía generosamente a los pobres y afligidos”. Ella confeccionaba vestidos y túnicas, era una especie de costurera al servicio de los más necesitados. Esa mujer caritativa murió después de una enfermedad no especificada en la historia. Aunque la mayoría de los comentarios se concentran en el milagro realizado por el apóstol Pedro, podemos notar algunas características de la discípula de Cristo, entre ellas:


1. Mujer de buenas obras. Ya mencionamos su labor denodada a favor de los necesitados, tal y como Cristo desea de sus hijos (Mateo 25:36). El evangelio que ella practicaba no se quedaba en las palabras, sino se traducía en obras de bien, Acciones solidarias. ¡Era líder de Acciones Solidarias Adventistas (ASA)!


2. Mujer que hacía falta en su comunidad. Los otros discípulos se preocuparon por su muerte (Hch. 9:38). Sus amigas la recordaban por la huella que había dejado en sus vidas (Hch. 9:39). Probablemente esas viudas se vestían gracias a la caridad de Dorcas. Si llegáramos a faltar en nuestra comunidad, ¿se notaría nuestra ausencia? ¡Tremendo!


3. Mujer que era intencional en su misión. Podríamos pensar que Dorcas era responsable de una “beneficencia pública”, como muchas otras, pero no. Ella era una discípula, y una discípula debe “estar con Jesús, e ir a predicar” (Marcos 3:14). Y es por ello que “muchos creyeron en el Señor” (Hch. 9:42). Esto es trabajar con intención, propósito y dirección.


La misión se realiza de muchas formas, sin embargo, todas deben finalizar abriendo la Biblia e invitando a tomar la decisión del bautismo. Ya se mencionó antes que todo don, talento y ministerio debe finalizar abriendo la Biblia. Dorcas usó el método de Cristo, que es un medio para un fin: ¡Salvar vidas!


Feliz día. 


Pr. Heyssen Cordero Maraví 


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#MensajesDeEsperanza #PrimeroDios #rpSp

martes, 18 de agosto de 2015

¿Mirar el error ajeno y olvidar el mío? - Génesis 38:26


"Entonces Judá los reconoció, y dijo: Mas justa es ella que yo, por cuanto no la he dado a Sela mi hijo. Y nunca más la conoció" (Génesis 38: 26).

Somos tan ligeros en señalar los errores ajenos. Con frecuencia, nos fijamos más en la paja del ojo ajeno; y no queremos ver la viga que está delante del nuestro (Mt.7:3). ¿Por qué somos así? ¿Por qué es más fácil ver los errores de los demás? ¿Nos sentimos menos culpables actuando así? La historia de hoy es compleja y tiene que ver con ello. 

Una mujer llamada Tamar, viuda dos veces, joven y sin una vida futura. En su desesperación decidió vestirse de prostituta para acostarse con su suegro, Judá. El hijo de Jacob, también estaba viudo, sin saber que la "prostituta" con la que fornicaba era su nuera, dejó su báculo, sello y su cordón como garantía de pago. Tres meses después, Tamar estaba a punto de morir quemada (Gn.38:24). La razón: Estaba embarazada, producto de "fornicación". Judá, era el "juez", pero un juez muy "injusto", un fornicario que decide quemar a su nuera por fornicaria. Él mismo había fornicado con ella (aunque sin saber que era su nuera) y ahora quería matar a una mujer "fornicaria". Grande fue su sorpresa cuando la acusada (Tamar),  sacó el báculo, sello y cordón que un fornicador le había entregado como garantía de pago (¿digna de una novela mexinana?). Judá reconoce que él era un fornicario.

¿Cómo actuamos con personas que han errado? Movidos por la justicia, por el qué dirán, por seguir los reglamentos muchas veces nos olvidamos que también nosotros somos pecadores... solo que nadie sabe (humano), o aún no se descubre nuestro pecado. ¿Eres tú alguien sin error? Jesús diría: "el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra" (Jn.8:7). ¿Cómo crees que se siente alguien que ha errado? Él se siente a morir, sabe que cometió un error, y no solo eso, sino que la gente, sus amigos... familia quizás le den la espalda. Es allí donde el que cometió el error necesita un abrazo, una palabra de ánimo. Jesús le dijo: "Ni yo te condeno, vete y no peques más" (Jn.8:11).

Hoy es un nuevo día. Piensa antes de juzgar a alguien. Analiza tu vida. Mira que el que apunta con el dedo índice, tiene al meñique, anular y medio apuntándolo a él. ¿Por qué no hacer una llamada y darle fuerzas a quien cometió un error? Si Jesús no te condena, ¿quién eres tú para condenar? Lo único que Jesús hace es decirte que ya no sigas así, avanza, vive un vida diferente: "vete y no peques más".

Buen día!


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¡Dios te bendiga mucho!   

jueves, 4 de diciembre de 2014

Marcos 5: EL PERFECTO PLAN DE DIOS Y LA FE

Absolutamente nada de lo que se encuentra en la Biblia esta fuera de orden, todo tiene un propósito, no hay casualidades, no hay errores. En este pasaje encontramos 2 historias y situaciones distintas, pero relacionadas en el gran plan de Dios.
En una situación una mujer que había sufrido por 12 años con una enfermedad sin poder ser curada, había gastado todo en médicos y tratamientos, y solo se empeoraba su situación, estaba sufriendo emocionalmente, física y económicamente.
En la otra situación, un hombre importante en la sinagoga, y tal vez muy rico, había gozado junto con su esposa de su única hija, y su gozo aparente estaba a punto de terminar con la muerte de su hija.
Jesús entra en la vida de estas personas y cambia por completo el rumbo de sus vidas.
I. LA SITUACIÓN DE LA MULTITUD
• En ambos casos vemos como las personas se acercaron a Jesús con Fe, a diferencia de la multitud (vs. 21, 24, 27)
• Muchos se acercan a Jesús, pero pocos lo tocan con Fe.
PRINCIPIO # 1
Cuando te acerques a Jesús, hazlo con Fe y tu vida cambiara
II. LA SITUACIÓN DE LA MUJER (vs 27-34)
• La mujer no solo creyó en Jesús, sino que actuó en base a su Fe.
• No se conformo con ser parte del montón, de la multitud que seguía a Jesús.
• La multitud quería ver milagros
• La mujer quería “ser” un milagro
• La mujer actuó en Fe, aun a pesar de su temor. Porque tenía miedo?
Porque sabía lo que le pasaría, por ser inmunda. Lev. 15:19; Números 5:1-5
III. LA SITUACIÓN DE JAIRO ( vs. 35-42)
• Cuando todavía se desarrollaba la escena de la mujer, vinieron con la noticia a Jairo de que ya era demasiado tarde, su hija había muerto.
• Siempre habrá a nuestro alrededor asesinos de la Fe.
• Pero en Jesús, “siempre” tendrás palabras de esperanza.
• Jesús hecho fuera a los que lloraban y se burlaban, echa fuera de tu vida a los que no tienen Fe, a los que se burlan y dudan del poder de Dios!
CONCLUSIÓN:
IV. LA SITUACIÓN DE JESÚS
• Hay una tremenda revelación en este pasaje y la quiero enseñar
a) De que estaba enferma la mujer? Flujo de sangre
b) Lo cual la hacía inmunda y todo lo que tocara?
c) Por cuánto tiempo tuvo la enfermedad? 12 años
Ahora, recordemos que la escritura dice que Jesús no vino a quitar la ley, sino a cumplirla ( Mat. 5:17) Que sucedió cuando la mujer toco a Jesús, aparte de recibir su milagro? Hizo inmundo a Jesús, según la Ley.
Ahora, una persona pura, no podía tocar a los muertos porque entonces se volvía impura, o.k. (Núm. 19:11, 22).
Al momento de tocar a la niña muerta, Jesús no quebranto la ley, sino que la cumplió, pues en su estado impuro, podía tocar a los muertos.
Cuantos años tenía la niña? 12 años.
12 años de impureza x 12 años de vida.
¿Casualidad?

viernes, 2 de mayo de 2014

¡Es tiempo de la cosecha!


William MacDonald dijo:
      Quizá los discípulos habían hablado de la siega que venía. O quizá era un refrán común entre los Judíos: “Cuatro meses entre la hora de la semilla y la siega”. En todo caso, el Señor Jesús volvió a usar el acto físico de la cosecha para enseñar una lección espiritual. Los discípulos no deben pensar que la cosecha se halla lejos. Ellos [no deben pensar] que la obra de Dios se puede hacer después. Deben darse cuenta de que los campos están blancos para la siega...En el mismo momento que el Señor hablaba estas palabras, Él se hallaba en medio de un campo de siega que contenía las almas de hombres y mujeres Samaritanos. Él decía a los discípulos que tenían una gran labor de recogimiento ante ellos, y que debían entregarse a ella de inmediato y con diligencia.
      Así hoy, el Señor nos dice, “Alzad vuestros ojos y mirad los campos”. [Que] el Señor nos dé un peso por las almas perdidas a nuestro alrededor. Luego de nosotros dependerá ir de parte de Él, buscando traer las gavillas de grano maduro (traducción de William MacDonald,Believer’s Bible Commentary, Thomas Nelson Publishers, 1995, p. 1487; nota sobre Juan 4:35).
Ahora daré tres puntos simples de Juan 4:35 y de Mateo 9:37-38.
I. Primero, el tiempo de juntar la siega es ahora.
Mis dos abuelos eran granjeros. Sembraban semillas en la primavera y cortaban, o recogían la cosecha en el otoño. A traer la cosecha se le llama “la siega”. Los discípulos solo habían estado con Jesús un tiempo corto. Pero de seguro ya sabían de ganar almas, porque Jesús les dijo de inmediato, al principio cuando los llamó, “Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres” (Mateo 4:19). Mas ahora habían ido a la ciudad a comprar comida. Mientras ellos iban, Jesús trabajaba ganando almas.
“Entre tanto, los discípulos le rogaban, diciendo: Rabí, come. Él les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis. Entonces los discípulos decían unos a otros: ¿Le habrá traído alguien de comer? Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra. ¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega” (Juan 4:31-35).
¡No esperes cuatro meses para la cosecha! “Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega” (Juan 4:35).
Algunos quizá piensan: “Esperaré hasta el otoño. Es cuando traemos a los perdidos”. ¡Equivocado! ¡El tiempo de la cosecha es hoy! ¡Por mucha experiencia hemos hallado que el Domingo después de (el Día de la Independencia en los Estados Unidos de América) del 4 de Julio es cuando comenzamos la cosecha! ¡El tiempo de la cosecha es ahora!
“¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega” (Juan 4:35).
¡El tiempo de la cosecha es ahora! El Dr. John R. Rice lo dijo muy bien en una de sus bellas canciones:
¡Seguemos hoy, o perdemos la siega! 
   Dios nos ha dado almas que ganar. 
Salvemos pues amados de la llama, 
   Traigamos hoy un pecador aquí. 
(Traducción libre de “So Little Time” por Dr. John R. Rice, 1895-1980).

¡Seguemos hoy – o perdemos la siega! Vemos que se pone más difícil después del Día de Acción de Gracias. Y casi imposible en la época de Navidad en la cuidad laica de Los Ángeles. Enero y Febrero son fríos y llueve – y muchos jóvenes asisten a las sesiones del invierno en la universidad. Es más difícil entonces. En el invierno y en la primavera hay muchas distracciones. Mucha gente sale cada vez que hay un fin de semana de tres días. Está el día de Martín Luther King. Está el fin de semana de tres días del Día de los Presidentes. Los exámenes semestrales. El Día de la Madre. El Día Memorial. Exámenes finales. El Día del Padre. Todos ellos opacan nuestro evangelismo en esta gran ciudad impía. Pero entonces, después del cuatro de Julio, comienza la cosecha. ¡Ahorita, el 7 de Agosto, estamos en medio de nuestra cosecha del otoño!
“¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega” (Juan 4:35).
“Seguemos hoy”. ¡Cántala!
¡Seguemos hoy, o perdemos la siega! 
   Dios nos ha dado almas que ganar. 
Salvemos pues amados de la llama, 
   Traigamos hoy un pecador aquí.

¡La hora de juntar la cosecha de almas perdidas es hoy!
II. Segundo, hay muchas almas perdidas que segar.
Voltea por favor a Mateo 9:36-37. Lee estos dos versos en voz alta.
“Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos” (Mateo 9:36-37).
Jesús vio las multitudes perdidas. Él se compadeció de ellos. Él vio que eran “ovejas sin pastor”. Él dijo: “La mies es mucha”.
¡Eso es cierto hoy también! La mies es mucha. ¡No esperes traer a tus amados para el banquete del Día de Acción de Gracias! ¡Oh, no! ¡Tráelos ahora – el próximo Domingo! Oirán el Evangelio predicado claramente. No serán distraídos por las cosas que comienzan a suceder después del Día de Acción de Gracias. Si los traes a la iglesia a oír el Evangelio predicado hoy, será más probable que los puedas traer de regreso el próximo Domingo también. El Dr. Rice dijo:
¡Trae tus amados, a Jesús tráelos! 
   ¡Trae tus hermanos y hermanas a Él! 
Cuando termine la gran cosecha, 
   ¡Queremos ver los amados con Él! 
(Traducción libre de “Oh, Bring Your Loved Ones” 
     por Dr. John R. Rice, 1895-1980).

No puedes ganar a tus padres, ni hermanos o hermanas con solo la oración. Algunos han orado mucho y sus amados aun están perdidos. Tienes que estar serio. Tienes que “[forzarlos] a entrar” (Lucas 14:23). Cuando Andrés encontró a Jesús, la Biblia dice “Este halló primero a su hermano Simón [Pedro], y le dijo: Hemos hallado al Mesías (que traducido es, el Cristo). Y le trajo a Jesús” (Juan 1:41-42). Andrés no sabía mucho. Pero sabía que Jesús era el Mesías, “y le trajo [a Pedro] a Jesús”. ¡Andrés no solamente oró para que Pedro viniera a Jesús! ¡No! “Le trajo a Jesús”. Algunos de ustedes han orado por un pariente por mucho tiempo, pero nada parece moverlos. Si supieran que tienes el corazón roto porque todavía están perdidos, si sintieran el interés en tu voz, una insistencia en tu tono, quizás vendrían a la iglesia y oirían el Evangelio y serían salvos.
“¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?" (Romanos 10:14).
El Dr. Rice dijo:
Hoy es el tiempo del ruego en llanto, 
   Tiempo de estar apreso a la cruz. 
Pues en el Cielo será muy tarde, 
   Para ganar un alma a Jesús. 
¡Trae tus amados, a Jesús tráelos! 
   ¡Trae tus hermanos y hermanas a Él! 
Cuando termine la gran cosecha, 
   ¡Queremos ver los amados con Él! 
(Dr. John R. Rice, ibid.).

Alguien podría decir: “Dr. Hymers, he tratado mucho, pero no me oyen”. Yo sé lo que se siente. ¡Pero no te rindas! “A su tiempo segaremos, si no desmayamos” (Gálatas 6:9). Ahora piensas en un familiar o conocido que sabes debes traer el próximo Domingo. Ven e híncate frente al púlpito, y oraremos para que Dios te dé el celo y la fe para ir y “forzarlos a entrar”. (Oración). Canta ese coro de nuevo, al volver a tu asiento.
¡Trae tus amados, a Jesús tráelos! 
   ¡Trae tus hermanos y hermanas a Él! 
Cuando termine la gran cosecha, 
   ¡Queremos ver los amados con Él!

III. Tercero, los obreros son pocos.
“Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies” (Mateo 9:36-38).
Hay otro pensamiento aquí. “Y al ver las multitudes”. Vamos a tener multitudes de jóvenes viniendo a nuestra iglesia a través de nuestro evangelismo regular en las próximas semanas. Pero, ¿qué van a encontrar cuando lleguen aquí? ¿Van a encontrar que eres cálido y amable con ellos? ¿Van a encontrar que tienes celo en hacerte amigo de ellos y en hacerlos sentir como en casa? ¿O van a darse cuenta que en realidad no te preocupas por ellos? La gente se da cuenta, ves.
¿Te acordarás de esto el próximo Domingo? ¡Falta mucho para que llegue! El Sábado pasado por la noche di un sermón sobre el celo de Cristo. Uno de los puntos fue: “Debemos cantar con celo”. Este punto fue recibido con mucho entusiasmo el Sábado por la noche. Pero doce horas después, el Domingo por la mañana, tuvimos el peor de los cantos que hemos tenido durante meses. ¿Por qué? Porque en las cosas espirituales el hombre es muy débil y perezoso en el mejor de los casos. Incluso después de ser convertidos todavía somos fuertemente tentados a ser lerdos y perezosos. ¡Tal es el efecto de la caída! Por lo tanto, lo que se predicó el Sábado por la noche fue olvidado por muchas personas en nuestra iglesia el Domingo por la mañana.
Así será con este sermón. Jesús dijo: “La mies es mucha, mas los obreros pocos”. Eso es verdad entre nosotros. Veríamos muchas más adiciones a nuestra iglesia si hubiesen más obreros.
Gracias a Dios tenemos algunos obreros. Pero muchas personas, incluso en nuestra iglesia, no tienen celo de ganar un alma perdida. Nuestros diáconos y líderes traen una multitud, “pero los obreros son pocos”, por lo que la mayoría de ellos se van y no vuelven. ¡Oh, si nuestros jóvenes despertaran, que cosecha sería! Pero muchos no despertarán. Harán de nuevo el próximo Domingo lo que hicieron el Domingo pasado. ¡Gracias a Dios que ahora tenemos algunos obreros! Pero Jesús dijo:
“Los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies” (Mateo 9:37-38).
Debemos orar por más obreros como Soriya, Sheila, Anthony, Jack y Tina – gente como ellos, ¡que pueden recordar trabajar en la cosecha; gente que labore con celo, en vez de retirarse, como con sueño, sin interés en ayudar a las almas perdidas a entrar a nuestra iglesia!
La cosecha no es muy larga, todos los Domingos. Es sólo como una media hora, después de que comemos juntos. Lo que sucede en esa media hora determina si cosechamos o no. Los dormidos se van al baño, o apenas vienen al compañerismo. Ellos no tienen la urgencia, o celo por los que están perdidos. El próximo Domingo serán igual que el Domingo pasado. No despertarán a menos que haya un movimiento soberano de Dios.
“A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies”
       (Mateo 9:37-38).
“Cuan Poco Tiempo”. ¡Cántala!
¡Cuán poco tiempo hay para la siega! 
   Con la cosecha vamos hacia Dios, 
A reportarnos ante Jesucristo, 
   Con la esperanza que Él diga “¡Muy bien!” 
¡Seguemos hoy o perdemos la siega! 
   Dios nos ha dado almas que ganar. 
Salvemos pues amados de la llama, 
   Traigamos hoy un pecador aquí. (Dr. Rice, ibid.).

El profeta Jeremías dijo: “Pasó la siega, terminó el verano, y nosotros no hemos sido salvos” (Jeremías 8:20). Hoy es siete de Agosto. Sólo hay tres Domingos más y el verano ha terminado hasta el próximo año. Has pasado por esta primavera y este verano, y “terminó el verano y [tú no eres salvo]”. Tú sabes que Cristo murió para pagar por tus pecados. Tú sabes que Él resucitó de los muertos – y ahora está en el Cielo, a la diestra del Padre. Tú sabes que Cristo puede limpiar tus pecados con Su Sangre si vienes a Él. Me has escuchado decir estas cosas infinidad de veces y sin embargo “no eres salvo”. Teniendo tantas oportunidades, ¿por qué te detienes? ¿Por qué has rehusado venir a Él? ¡Arrepiéntete y ven a Cristo!
Al resto le digo: “Seguemos hoy” – de pie y canta el coro de la canción de Dr. Rice otra vez.
¡Seguemos hoy o perdemos la siega!
   Dios nos ha dado almas que ganar.
Salvemos pues amados de la llama,
   Traigamos hoy un pecador aquí.

(FIN DEL SERMÓN)
Puedes leer los sermones de Dr. Hymers cada semana en el Internet
en www.realconversion.com. Oprime “Sermones en Español”.


lunes, 20 de enero de 2014

¿La muerte la única esperanza?



 
¿Te has puesto a pensar cómo se sintió la mujer adúltera antes de que la lleven a Jesús?

Ahí estás en el suelo, utilizada, rendida a los pies del diablo, se oyen voces en lo profundo de tu corazón y te gritan diciendo: “NO SIRVES, ERES BASURA, NO TIENES OPORTUNIDADES, JAMÁS OLVIDARÁN TU ERROR, JAMÁS SERÁS LIBRE DE TU CONDENA, ESTÁS HECHA Y ERES ESTIERCOL” Ahí en el... suelo, no puedes levantar la vista, los que decían amarte alguna vez te abandonaron, te dejaron sola. ¡Maldito engaño! Pareces decir. Tu mente y conciencia te atormenta y es tu peor enemiga, te recrimina diciendo: ¿Por qué le creíste? ¿Por qué cediste?, tu corazón parece decir, “es que todo se veía tan puro, tan especial, tan precioso, tan llamativo, tan prometedor, no lo sé, todo era como un cuento de hadas”, la gente corre, aquellos que decían amarte alguna vez han convocado a la multitud para acusarte. Gritas para adentro porque tu vergüenza te impide gritar para afuera, “MALDITO ERROR, MALDITA MI VIDA POR ESTÚPIDA, ACABEN CONMIGO PRONTO, YA NO PUEDO MÁS”. La palabra “hubiera” se convierte en tu peor látigo, si HUBIERA hecho caso a mis padres, si HUBIERA dejado de ir a esos lugares, si HUBIERA dejado de relacionarme con ese tipo de personas, si no le HUBIERA dado mi corazón a ese hombre, si HUBIERA leído la Torah(Ley), si no HUBIERA caminado por lugares oscuros, si no HUBIERA permitido que me toquen, si no HUBIERA escuchado sus mentiras, si HUBIERA, HUBIERA, HUBIERA, HUBIERAAAAAAA…”, “ya no me castigues más, por favor, mi carne sangra, mi corazón derrama sangre a borbotones, YA NO QUIERO VIVIR”. Pronto escuchas, “que la maten a pedradas”, tu corazón respira y halla un poco de esperanza maldita y te dice: “Ya falta poco para que me maten y se acabe TODO” te hace creer que la muerte es tu única esperanza. Es allí cuando las pedradas parece que no van a doler tanto como la conciencia, el odio y la crítica de los que te rodean y jamás te perdonarán. Detrás del telón está tu enemigo, perdón, no es tu enemigo, es el de Dios; se ríe, tú no le importas nada, sólo eres carnada, eres casi inservible, pero te utiliza para herir a Dios. El director de esta novela que de título podría llamarse “LA MUERTE ES MI ÚNICA ESPERANZA” lo sigue dirigiendo. Envía que te lleven a un Hombre, no es Uno común, es su verdadero objetivo. Quiere avergonzarlo, lastimarlo; es a ese Ser a quién realmente quiere matar. Sus dirigidos te arrastran, estás desnuda, todos ven tu cuerpo utilizado, lastimado, pervertido, sin forma, sin pureza. Pareces disfrutar de la forma como te llevan, los golpes, las piedras puntiagudas dejan huellas, surcos en tu piel fabricados para que la sangre tenga un conducto y termine dejando un rastro en el camino para aquellos que te persiguen y no dejen de presenciar lo que te harán por tu error. Sólo el dolor parece darte paz y dices: “ES LO QUE MEREZCO, SIGAN HACIÉNDOME DAÑO PARA QUE MI VIDA SE ACABE, ESO ES LO QUE MEREZCO, ACABEN PRONTO CONMIGO”. La muerte es tu ÚNICA esperanza. De pronto, paran de arrastrarte, levantas ligeramente la cabeza, casi nada, no vales nada. Exclamas para adentro ¡EL TEMPLO, NO POR FAVOR, NO MANCHEN EL TEMPLO!, ahora la Iglesia se enteró, el pastor, todos se enteraron, las hermanas le dicen al chico que vivía enamorado de ti “de la que te libraste”, otros ponen su mano en el hombro de él y le dicen con compasión satánica, “Dios te ha librado de esta desgraciada”. A pocos minutos toda la Iglesia se entera, los dirigentes, los denominados actores principales de esta novela satánica utilizan las leyes para decirle al Hombre: “Maestro, a esta mujer se le ha sorprendido en el acto mismo de adulterio. En la ley Moisés nos ordenó apedrear a tales mujeres. ¿Tú qué dices?” (San Juan 8:4). Allí en el suelo, conoces la ley y sin levantar la cabeza, levantas la voz en silencio y gritas: “APÚRATE, RESPONDE… QUE ME APEDREEN YA”. El Hombre no dice nada y escribe en el suelo, parece que no le interesas… Tú sigues gritando, “LA GENTE DICE QUE ERES BUENO, DEJA QUE TERMINEN CON MI VIDA, MI ÚNICA ESPERANZA ES LA MUERTE”. Él, parece haberte escuchado. Se levanta. No lo puedes ver, pero sabes que está allí. Has escuchado algo acerca de Él. La gente le está gritando. Tú le gritas a tu conciencia, ¡SILENCIO! Él va a hablar: “Aquel de ustedes que esté libre de pecado, que tire la primera piedra.”(San Juan 8:7). Solamente expresa esas palabras, Su Palabra; y nuevamente se inclina al suelo, el mismo suelo donde tú estás, pareciera que quiere saber dónde estás. De pronto oyes que las piedras caen a ese suelo, pasos se van alejando en su sonido. Tú no puedes levantar la cabeza para ver, te han prohibido. Tú misma te has prohibido levantar. El tiempo pasa y en minutos no hay nadie, ¿todos se fueron?, piensas. Se oye una voz que con ternura viene a tus oídos: “MUJER, ¿DÓNDE ESTÁN? ¿YA NADIE TE CONDENA?”. Te está invitando a que levantes la cabeza, su pregunta lo afirma. Por tu mente corre toda tu vida, desde que naciste, creciste, eras buena niña, tus padres te aconsejaron siempre, ibas a la Iglesia, cantabas especiales, eras muy hermosa, crecías y mientras crecías comenzaste a olvidar que tenías que leer las Escrituras, la Torah, seguías creciendo y tus debilidades comenzaron a dominarte, tus pasiones, tus sentimientos te engañaron, tu vida se arruinó. Sólo le diste un pequeño espacio al director de esta novela, milímetros cediste y pecados “pequeños” te condujeron a un callejón sin salida, una telaraña de mentiras, engaños, orgullo, pasión, etc. Antes de este pasaje desagradable y terrible, vivías cubriendo tu ansiedad con pecados en la oscuridad, pensaste que el amor crecía a escondidas, cuando en realidad EL AMOR NO PUEDE VERSE EN LA OSCURIDAD, hasta que llegaste aquí, pensando que tú única esperanza es la muerte. Ahora alguien te dice: “LEVÁNTATE, MIRA, ¿NADIE TE CONDENA?”, no quieres responderle, pero eres consciente que Él hizo que todos se fueran, que el mal se fuera. Crees que respondiéndole tendrás que pagar, aunque ya estás acostumbrada a eso, todos siempre se han cobrado contigo, nadie te ha perdonado. Piensas ¡Qué más puedo perder! Levantas tu cabeza, ya no imaginas, ahora miras, no hay nadie y respondes: “NADIE SEÑOR”. Él te mira tiernamente; tú te dejas mirar, miras sus ojos, miras su rostro. Él pone su mano en tu mejilla y te dice “TAMPOCO YO, VETE Y NO VUELVAS COMETER EL MISMO ERROR”. La novela terminó, el Hombre, Dios, le cambió el final. Ahora la novela se llama: “JESÚS LA ÚNICA ESPERANZA”, tú nunca lo olvidarás. Tu esperanza, tus sueños, tus anhelos, todo lo que el diablo te quito, Jesús te lo regresó, sólo Él puede deshacer lo que hizo el malo. ¿Crees? “Al que cree todo le es posible”
1 Juan 3:8
“…El Hijo de Dios fue enviado precisamente para destruir las obras del diablo”

Déjame preguntar: Y tú, ¿Qué papel tienes? ¿Quién es tu director?
 
Pr. Eduardo I. Esteban Silva
Asociación Peruana Central Este

lunes, 18 de enero de 2010

A IMAGEN Y SEMEJANZA DE JESÚS...!


“Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza (…) Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó. Hombre y mujer lo creó” (Gn.1:26,27).


Los científicos y teólogos postmodernos, aseveran que el hombre es producto de la evolución. Una teoría iniciada desde la publicación del libro de Charles Darwin, Orígenes de las Especies (1844). Es sorprendente que personas inteligentes no se den cuenta de lo fantasioso que resulta esa teoría. Pero el mundo en que vivimos es así, prefiere creer en “cuentos de hadas” a creer en Dios. Le gusta creer que los muertos interceden por ellos al morir, en fin, tantas cosas.


Al creer que provienen de los primates, simplemente están diciendo: “No tenemos creador, somos el producto de una evolución, etc.” No obstante, esa idea se aleja en gran manera del concepto bíblico: “a imagen de Dios los creó”, ¡qué alegría es saber eso! Que a mí no me trajo la cigüeña, yo no soy producto de un mono, no soy producto de la evolución. Es bueno y grandioso saber que a mí me creó Dios, soy producto de sus manos.


Aquél que no entiende este asunto, será presa de la melancolía, de la ansiedad, del estrés de la vida. Un joven se acercó a mí después de una semana de oración en un colegio adventista, y me dijo: “todos mis amigos se burlan de mí, me avergüenza tener padres morenos, si tan solo hubiese nacido con otro color de piel… sería tan feliz.” El joven leía la Biblia, pero no entendía que era a imagen y semejanza de Jesús, de Dios mismo. La palabra imagen y semejanza no es lo mismo que igual. No somos igual a Dios pero tenemos rasgos que Dios en su amor nos concedió, somos su máxima y amada creación.


Hay tanta gente que vive lamentándose a causa de su estatura, peso, color de piel, condición social, nacionalidad. Soy de Perú, no es un país al cual la gente le gustaría vivir. Hay muchos peruanos que desearía vivir en otro país. Yo no, soy feliz porque entiendo que como Dios es mi creador, Él sabe porqué permitió que nazca en Perú. Quiere que haga una obra desde aquí. Recuerda eres de Dios. Él es tu creador, no eres producto de la evolución, eres obra de las manos de Dios.


Pr. Heyssen J. Cordero Maraví

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