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jueves, 28 de mayo de 2026

LOS PADRES INFLUYEN SOBRE SUS HIJOS PERO NO DETERMINAN SU DESTINO - 2 CRÓNICAS 29



“E hizo lo recto ante los ojos de Jehová, conforme a todas las cosas que había hecho David su padre.” (2 Crónicas 29:2).

Después del oscuro reinado de Acaz, donde Judá cayó en idolatría, humillación y ruina espiritual, surge Ezequías como un contraste extraordinario. Acaz había cerrado las puertas del templo, promovido cultos paganos y debilitado completamente al pueblo. Sin embargo, Ezequías tomó un camino totalmente diferente. Apenas comenzó a reinar, abrió nuevamente las puertas del templo, reunió a sacerdotes y levitas para santificarse, restauró el culto verdadero, limpió el santuario, restableció los sacrificios y la adoración, reorganizó el servicio levítico y convocó incluso a las tribus del norte para celebrar nuevamente la Pascua. Todo esto tenía un propósito claro: devolver el corazón del pueblo a Dios y restaurar la relación del reino con Él. A continuación tres lecciones a la luz del texto bíblico:
1. El ejemplo de los padres influye profundamente, pero no determina el destino final de los hijos. Ezequías creció viendo la idolatría de Acaz, las alianzas equivocadas y el desprecio por Dios. Sin embargo, decidió no repetir ese modelo. Esto demuestra una verdad poderosa: el pasado familiar puede influir, pero no obliga. Cada persona sigue teniendo la capacidad de decidir qué legado continuará y cuál romperá delante de Dios.
2. La verdadera reforma espiritual comienza restaurando la comunión con Dios. Lo primero que hizo Ezequías no fue fortalecer el ejército ni reorganizar la economía, sino abrir el templo y restaurar la adoración. Entendía que el problema principal de Judá no era político, sino espiritual. Cuando una vida se aleja de Dios, la restauración siempre comienza volviendo a su presencia.
3. Una generación puede cambiar el rumbo de toda una historia. Ezequías demuestra que no todo está perdido aunque la generación anterior haya fallado profundamente. Un solo líder decidido a obedecer a Dios puede influir sobre un pueblo entero. El cronista probablemente quiere enseñar al pueblo postexílico que el fracaso del pasado no tiene por qué definir permanentemente el futuro.
La vida de Ezequías nos recuerda que nadie está condenado a repetir la historia negativa que vio crecer. Aunque tuvo un padre profundamente impío, eligió buscar a Dios y conducir al pueblo hacia la restauración espiritual. Hoy, muchos cargan con heridas, malos ejemplos o decisiones equivocadas de generaciones anteriores, pero Dios sigue dando la oportunidad de comenzar un camino diferente. Porque al final, no se trata solo de la familia en la que nacimos, sino de las decisiones que tomamos delante de Dios.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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viernes, 20 de junio de 2014

El día del Padre celestial


Tu Padre eterno ha hecho todo para salvarte y quiere tener un encuentro contigo en su día santo.
Uno de los momentos más incómodos de mi infancia ocurría durante las tardes del sábado, el “día del Padre celestial”. Según mi abuela, ese día todo estaba prohibido. No podía jugar, ver televisión, correr ni usar mi bicicleta. Solo me permitía leer la Biblia. Es que en La Paz, Baja California Sur, durante el verano el calor vespertino es agobiante. Las temperaturas alcanzan los 45° C (113° F). Así que en las tardes de sábado yo parecía un león enjaulado, dando vueltas sin saber qué hacer.
Cuando le preguntaba a mi abuela por la razón de las restricciones, con ojos llameantes y rostro cejijunto ella respondía: “¡Porque Dios así lo dice!”
Al llegar a la adolescencia, esa pregunta empezó a taladrar mi cabeza. Me preguntaba qué ganaba Dios con que yo permaneciera como una estatua. Tenía que haber algo detrás de eso. Los años pasaron y, luego de varias lecturas sobre el tema, un día entendí el propósito de la orden divina: “No hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni el extranjero que está dentro de tus puertas” (Éxodo 20:10). ¡Claro! El sábado ilustraba la salvación por la fe en el futuro Mesías, ya que, para ser salvo, no se puede hacer “obra alguna”. Cada sábado los hebreos aprendían de primera mano la gran verdad de la justificación por la fe; es decir, que la única manera de obtener la salvación consiste en aceptar el don del Cielo: “¡Mirad a mí y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay otro!” (Isaías 45:22).

Una forma de entender la salvación

La salvación del pecado se obtiene en Jesús: “Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12). Jamás ha sido de otra manera ni en el Antiguo ni en el Nuevo Testamento. La salvación es un don de Dios: “Por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios” (Efesios 2:8).
Para la gente es difícil aceptar que, para ser salvo, no se requiere algo más que arrepentirse delante de Dios y aceptar su perdón, porque el orgullo humano es así. Es más fácil recorrer un sendero de rodillas, autoflagelarse o hacer algún tipo de obra que nos haga pensar que hemos “ganado el favor divino”. Pero nada de lo que hagamos, incluso nuestras “buenas” obras, nos conduce a la salvación. Según la Biblia, aun nuestras acciones correctas están infectadas de egoísmo. De ahí que la gracia de Dios sea fundamental para ser salvos.
La palabra griega jaris, que se traduce “gracia”, tiene cuatro significados:
1) Gracia que concede gozo, placer, deleite, dulzura, encanto, amor. 2) Buena voluntad, bondad, favor de la misericordiosa clemencia por la que Dios, ejerciendo su santa influencia sobre las almas, las conduce hacia Jesús. 3) Condición espiritual de uno que es gobernado por el poder de la gracia divina, la prueba de la gracia, el beneficio, la retribución. 4) Gratitud (para beneficios, servicios, favores), recompensa.

La función de las obras

Entonces, si somos salvos por la fe, ¿para qué nos portamos bien? Las buenas obras no son factor de salvación, solo revelan lo que hay en nuestros corazones. Fe es creer y depender de Jesús. A nosotros nos es más fácil portarnos mal que portarnos bien. Por eso dice la Biblia: “¿Podréis vosotros hacer el bien, estando habituados a hacer lo malo?” (Jeremías 13:23). ¿Y qué podemos hacer, entonces?
La salvación es un proceso hacia el pasado, el presente y el futuro. La salvación en el pasado se llama justificación, la cual ocurrió cuando creíste. La salvación en el presente y mientras vivas se llama santificación y consiste en una vida de obediencia por el poder que Dios te da. Y la salvación en el futuro se llama glorificación. Cuando aceptas a Jesús, él te perdona tus pecados (Colosenses 2:13) y así te salva de la condenación del pecado. En la santificación te va salvando del poder del pecado. Y en la glorificación te salvará de la presencia del pecado. Para que este proceso comience hay que dar el primer paso: recibir a Jesús como único Salvador.

En memoria de la salvación

Las palabras del cuarto mandamiento: “No hagas en [sábado] obra alguna”, nos recuerdan que Jesús murió para salvarnos y que esa inactividad solicitada es una ilustración de que nuestras buenas obras no nos salvan. Lo interesante del sábado es su vínculo con la adoración, lo que incrementa la fe, y por la fe recibimos la salvación (Romanos 10:17; Efesios 2:8). Por eso es importante el sábado, “el día del Padre celestial”.
En este mes que conmemoramos el Día del Padre, quiero decirte que tu Padre eterno ha hecho todo para salvarte y quiere tener un encuentro contigo en su día santo.
por 
Alejandro Medina Villarreal

El autor es director editorial de la casa editora Safeliz, en Madrid, España.

FUENTE: elCentinela

lunes, 8 de abril de 2013

NO DEJES PASAR UN MINUTO


“Así dice el SEÑOR: «Se oye un grito en Ramá, lamentos y amargo llanto. Es Raquel, que llora por sus hijos y no quiere ser consolada; ¡sus hijos ya no existen!»” (Jeremías 31:15 NVI)

Hay eventos que te ponen triste, pero la muerte de un hijo debe ser devastador. “Debe ser” porque no lo sé, ayer me enteré que un amigo ya lo sabe. Me puse a ver las fotos de su hijo, y  la mirada llena de vida de ese muchacho me puso triste, porque esa mirada se cerró y abrió la mayor herida que un padre puede experimentar: enterrar a un hijo.
Me puse a pensar en mi amigo, en su familia, en esos momentos trágicos y me acordé que yo también tengo hijos. Salté de mi silla y fui a la habitación de mi hijo mayor y el muchacho dormía. Me acerqué a él y pude sentir su respiración suave, y al tocar su mejilla, su rostro dibujó una leve sonrisa, me puse a llorar. Allí estaba mi hijo, vivo, sano y algunas preguntas me taladraron la mente: “¿Cómo lo haz tratado hoy?, ¿pasaste tiempo con él?, ¿te acercaste a saber sus sentimientos o solo a reclamarle lo que hizo mal?, ¿te has olvidado que ya es un jovencito y qué él necesita un amigo en quién confiar?, ¿eres el padre que él necesita?, ¿vas a reaccionar cuando se vaya de la casa o cuando suceda alguna desgracia?”, estaba aturdido. De repente, observé bien, y allí cerca dormía el otro muchachito, muy singular, abrazado a un viejo muñeco navideño de brazos largos, las preguntas y reflexiones se hicieron más intensas: “¿Por qué abraza a ese muñeco de trapo?, ¡quizás andas tan apurado que no te detienes a abrazarlo y recordarle cuanto lo amas!, ¿acaso no recuerdas que a él le encanta hablar, y muchas veces lo haz cortado con un ʻmi hijo después me cuentasʼ, ¡y ese ʻdespuésʼ nunca llega. ¿No te has dado cuenta que siempre se acerca y te dice ʻpapito tengo algo que contarte, pero lo haré después porque sé que estás ocupadoʼ? ¡Oh Señor! Ese muchacho es más sabio que yo”. Por segundos reaccioné porque al lado duerme una nena, que es la menor de los tres hijos que tengo. Y de un salto estaba al lado de ella, y al verla allí, durmiendo plácidamente, abrigadita y bella, le dije, como siempre le digo: “palomita preciosa”, pero, “¿es preciosa de verdad?, porque lo precioso se cuida, se trata con delicadeza, se guarda en el mejor rincón. ¿Te diste cuenta que una nena?, es especial, dócil y necesita ser tratada de una forma distinta, ¿acaso te va pedir que juegues con ella con una pelota de fútbol o con carritos?” ella quiere jugar a la cocinita y que peines a sus muñecas”. Ya no podía con todas mis reflexiones, sentía un peso tan grande.
El profeta Jeremías exclamó: “Así dice el SEÑOR: «Se oye un grito en Ramá, lamentos y amargo llanto. Es Raquel, que llora por sus hijos y no quiere ser consolada; ¡sus hijos ya no existen!»”, profetizando el llanto desesperado de las mujeres judías, cuando los soldados romanos, por orden de Herodes, arrebataban a sus pequeños hijos para darles muerte. Este gobernante quería matar al Mesías nacido, al futuro Rey de Israel, como le comentaron unos sabios que llegaron a Jerusalén
padre-hijo-1
 procedentes del Oriente.[1] Esas mujeres perdieron a sus hijos, no pudieron evitar sus muertes.

Y esa es la verdad, esas pobres mujeres no pudieron con la fuerza de esos soldados, ni pudieron evitar salvar a sus hijos de la muerte. Sin embargo, allí frente a mis hijos, entendí que no puedo evitar que mueran, pero si puedo aprovechar el tiempo que los tengo. Puedo hacer que se sientan amados e importantes, puedo parar mis actividades porque sus actividades también son importantes, puedo ser el amigo que mis hijos necesitan, el sacerdote que guíe sus vidas. Puedo entender que quieren jugar a la pelota conmigo y que la nena quiere que me siente  en su mesita y que haga voces con sus muñecos y que juegue al restaurant. No puedo parar el tiempo, ni las despedidas, pero si puedo abrazarlos ahora y recordarles que los amo.
Los hijos necesitan de sus padres, y ellos deben entender que el tiempo con sus hijos, es lo que marcará sus vidas más que cualquier regalo.  White decía que “no hay cometido mayor que el que ha sido confiado a los padres en lo que se refiere al cuidado y la educación de sus hijos. Los padres echan los fundamentos mismos de los hábitos y del carácter. Su ejemplo y enseñanza son lo que decide mayormente la vida futura de sus hijos”,[2]y para que esto sea una realidad se requiere tiempo.
Mi amigo (a) si eres padre (madre), que privilegio y responsabilidad haz adquirido, pero no te conviertas en un padre (madre) que llore desconsoladamente frente a una muerte que no puede evitar, si haz de llorar hazlo ahora, pero llora porque estás dejando pasar el tiempo, o porque todo es más importante en tu agenda y no hay espacio para tus hijos. Llora si piensas que dándole la ropa o lo que te piden, es suficiente; llora si eres capaz de sonreír y consolar a todo el mundo, pero tus chicos viven pensando que ya llegará el día cuando le cumplas la promesa que siempre le dices: “después lo haremos”.
Deseo que el Señor de consuelo aquellos padres que han perdido a un hijo, pero deseo aún más, para aquellos que tienen a sus hijos vivos,  que hoy comiencen a recuperar el tiempo, que paren un momento, que tomen la pelota, la muñeca o la guitarra y sean parte de su mundo. Un momento con tus hijos, será para ellos una eternidad.

Pr. Joe Saavedra
Desde la línea de batalla  y un poquito antes del retorno de Cristo…
Ubícame en la página web: www.poder1844.org 

[1] Mateo 2:1 NVI
[2] Conflicto y valor, 09 de agosto.

martes, 15 de junio de 2010

¡UNA NUEVA VIDA...!



Aún no puedo asimilarlo por completo. Confieso que aunque siempre esperé este momento, no sé qué es realmente lo que siento, es sin duda alguna un encuentro de emociones casi indescriptibles. Estoy emocionado, de eso no hay duda. Feliz, definitivamente que sí.



Hoy fui a la ciudad a realizar una diligencia nada inusual al trabajo que hace casi dos años vengo realizando junto a tu mamá. Ya el viernes pasado tu mamita se sentía mal por lo que fuimos al médico. Gracias a Dios fue simplemente un pequeño malestar. No obstante, para descartar cualquier incógnita de jóvenes esposos, fuimos a un centro obstétrico a realizaron un test de embarazo. Como había muchas actividades por hacer decidimos regresar temprano a casa en la motocicleta roja.



Hoy, lunes fui a ese lugar y pedí los resultados del test. Al ver el resultado, mi respiración se agitó, una gruesa saliva se abrió paso por medio de mi garganta. ¡POSITIVO! La enfermera sonrió al verme. Me dijo: “cuidado al manejar, felicitaciones”…



¡Oh Dios! ¡Seré papá…! ¿A dónde voy? Tu mamita no está a mi lado como siempre, la llamaré y le diré que venga pronto. Ella no vino pues está trabajando y ni se imagina lo que en su vientre bendito tiene, a ti, hijo mío. ¡Qué maravilla!



Un momento, ¿Qué dije? ¿HIJO? ¿Y si eres HIJA? Le pedí a Dios desde que lo conocí en la vida cristiana, que mi primogénito sea varón. Creo que eres varón, no sé pero algo me dice eso. Pero también en mi corazón hay un sentir pequeñito de que seas mujercita, no porque seas mujer, sino porque todos mis amistades saben mi deseo, y ya me imagino lo que me dirá, jajaja; y probablemente termine cantando una viejo bolero “yo sé que a todos los hombres les debe pasar lo mismo que cuando van a ser padres, quisieran tener un niño, luego les nace una niña, sufren una decepción…” No lo sé. No sé si seas hijo, o hija, lo único que sé es que eres el regalo de Dios para nuestro amor, el de tu mamita y el mío. Seas varón o mujer, únicamente sé que te amo, y te amo mucho. Dios nos bendijo, hemos trabajado duro, para preparar un lugar hermoso para ti, antes de pensar en concebirte. Espero que te guste. Eres mi inspiración adicional.



Sabes “regalo de Dios”, yo vengo de un hogar muy diferente al que tú vas a nacer. Mis padres fueron muy diferentes a tu mamita y a mí. Ellos no fueron cristianos, y actuaban sin conocer a Dios. En cambio tú, tienes a tus dos padres en los brazos de Cristo. Eso es lo que más me alegra de tu nacimiento.



No veo la hora en que le daré la noticia a tu mamita. En cualquier momento va a llegar. Te escribiré cuando le haya dado la noticia de su vida ¿si?



Hola “regalo de Dios”, ¿cómo estás eh? Estamos en pleno mundial 2010, tu mamita es hincha de Brasil, yo soy de Argentina, a tu mamita le encanta ver los partidos de fútbol en donde se juega fútbol importante, así dice ella, por ello no le gusta que yo vea los campeonatos de fútbol nacional. Pero igual, yo los veo, jajaja.



Ayer, Argentina Ganó a Bulgaria por 1-0 ¿y sabes quién metió gol? Gabriel Heinze, es un defensa muy bueno, y actualmente está jugando en el Real Madrid de España. Tú dirás porqué te cuento esto, pues bien, si tú eres un varoncito, te llamarás, Gabriel, ¿Qué tal? Además es el nombre del mensajero de la Biblia, el ángel Grabriel. Y si eres mujercita, te llamarás… mejor que te lo diga tu mamita. Ese nombre está en disputa porque yo quisiera que te llames como tu mamita, pero a ella no le gusta su nombre pues es para varón y para mujer. ¿Entiendes? Pues bien. Mejor esperamos a decidirnos mejor.



“Regalo de Dios”, le dije a tu mamita, y ella se emocionó, y lo primero que dijo fue: “vas a tener un hermanito”, mirando a Luna, nuestra pequeña perrita. ¡Qué gracioso no! Tu mamita es linda, es muy adorable, es muy tierna, la amo mucho. Bueno ambos estamos muy felices. Muy, muy felices. Vamos a ir a almorzar a un lugar donde a tu mamita le encanta. Es la primera vez que iremos a almorzar juntos. Hoy 14 de junio del 2010. Tu mami está muy feliz.



Hoy llamé a tus abuelitos, a mis padres. Ellos se emocionaron con la noticia. Tu abuelita se puso muy feliz, y tu abuelito también, me felicitó. Ellos no viven juntos actualmente, pero de seguro Dios los ayudará a solucionar su situación. Oramos para ello. Pero ambos, son muy buenos. Te van a querer, ya lo verás.



Ya en la casa, de regreso, y después de haber hablado hasta el cansancio con tu mamita respecto a ti. Te contamos que dormiremos juntos los tres, por primera vez, al menos desde que nos enteramos de ti. Oramos y agradecimos a Dios, por ti “Regalo de Dios”. Deseo que descanses muy bien. Estaré a tu lado, no temas, Dios nos ama, y yo estaré para cuidarte. Te espero, con todo mi amor.


Tu papá.

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