domingo, 2 de agosto de 2026

LA GRANDEZA DE DIOS VA MÁS ALLÁ DE NUESTRA COMPRESIÓN - JOB 36




“He aquí, Dios es grande, y nosotros no le conocemos; ni se puede seguir la huella de sus años” (Job 36:26).

En su penúltimo discurso, Eliú continúa defendiendo la justicia y la soberanía de Dios. Insiste nuevamente en una idea que ya habían desarrollado Elifaz, Bildad y Zofar: Dios bendice al justo y disciplina al que se aparta de Él. Según Eliú, incluso la aflicción puede ser un llamado divino al arrepentimiento para evitar una ruina mayor. En términos generales, este principio es bíblico. Dios sí corrige a sus hijos y el pecado trae consecuencias. Sin embargo, Eliú sigue cometiendo el mismo error que los otros amigos: aplica ese principio al caso de Job, sin comprender que su sufrimiento no era consecuencia de una desobediencia personal.
No obstante, el capítulo cambia de tono en su segunda mitad. Eliú deja de concentrarse en Job y dirige la mirada hacia Dios. Contempla la lluvia, las nubes, el trueno y las maravillas de la naturaleza para recordar que el Creador gobierna el universo con infinita sabiduría. Poco a poco, el libro prepara al lector para el momento culminante en que será Dios mismo quien hablará desde el torbellino. A continuación tres lecciones a la luz del texto bíblico:
1. Los principios generales de la Biblia deben aplicarse con sabiduría. Eliú afirma el principio de causa y efecto: la obediencia trae bendición y el pecado produce dolor. Esa verdad aparece repetidas veces en la Escritura. Sin embargo, el libro de Job demuestra que no todos los sufrimientos pueden explicarse mediante ese principio. Existen pruebas que Dios permite no para castigar, sino para purificar, fortalecer la fe y revelar su gloria. Una doctrina verdadera aplicada sin discernimiento puede terminar produciendo una conclusión equivocada.
2. La aflicción puede ser una escuela donde Dios forma el carácter. Aunque Eliú se equivoca al acusar a Job, acierta al recordar que Dios muchas veces utiliza las pruebas para hablar al corazón humano. La enfermedad, la pérdida o la adversidad no siempre son consecuencia del pecado, pero sí pueden convertirse en oportunidades para crecer espiritualmente. El creyente maduro aprende a preguntarse no solo: “¿Por qué estoy pasando por esto?”, sino también: “¿Qué quiere enseñarme Dios en medio de esta situación?”.
3. La creación proclama continuamente la grandeza del Creador. No es casualidad que todos los interlocutores, y especialmente Eliú en este capítulo, recurran a la creación para exaltar la soberanía de Dios. La naturaleza se convierte en un gran sermón acerca del poder, la sabiduría y la fidelidad del Señor. Las nubes, la lluvia, el viento y el trueno obedecen su voz. Si Dios gobierna con precisión el universo entero, también gobierna con sabiduría la vida de sus hijos, aunque ellos no siempre comprendan sus caminos.
Job 36 prepara el escenario para la aparición de Dios en los capítulos siguientes. Eliú ha hablado mucho acerca del Creador, pero pronto será el mismo Creador quien responderá. Y cuando Dios hable, no explicará primero el sufrimiento de Job; le mostrará su inmensidad. Porque antes de comprender los caminos de Dios, es necesario contemplar la grandeza del Dios que dirige esos caminos. Porque al final, no se trata de encontrar una explicación inmediata para cada prueba, sino de aprender a confiar en el Dios cuya sabiduría supera infinitamente la nuestra. El Creador que gobierna la lluvia, el viento y las estrellas también dirige nuestra historia. Y aunque muchas veces no entendamos sus propósitos, podemos descansar en la certeza de que jamás dejará de obrar para el bien de quienes permanecen fieles a Él.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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FIDELIDAD EN MEDIO DE LA DUDA - JOB 35



“Mira a los cielos, y ve, y considera las nubes, que son más altas que tú” (Job 35:5).

El capítulo 35 es breve, pero continúa desarrollando el razonamiento de Eliú. Él interpreta las palabras de Job y llega a la conclusión de que este había dicho que era “más justo que Dios” (Job 35:2). Sin embargo, una lectura cuidadosa del libro demuestra que Job nunca pronunció esas palabras. Lo que él sostuvo fue que era inocente del pecado específico que sus amigos le atribuían. Esta diferencia es importante, porque una sola palabra añadida puede cambiar completamente el sentido de un mensaje y conducir a conclusiones equivocadas.
A partir de allí, Eliú vuelve a destacar la grandeza del Creador. Invita a Job a contemplar los cielos y las nubes para recordar que Dios es infinitamente superior al ser humano. Aunque su aplicación no responde plenamente al sufrimiento de Job, su argumento contiene una gran verdad: Dios gobierna el universo desde una perspectiva que nosotros jamás podremos alcanzar. A continuación tres lecciones a la luz del texto bíblico:
1. Debemos tener cuidado de no poner en boca de otros palabras que nunca dijeron. Eliú atribuye a Job una afirmación que él nunca hizo. Esta es una advertencia para todos nosotros. Es muy fácil interpretar incorrectamente las palabras de alguien, exagerarlas o añadirles un matiz que jamás tuvo la intención de expresar. En una conversación, en una predicación o incluso al estudiar la Biblia, una sola palabra añadida o quitada puede alterar profundamente el significado del mensaje. La verdad exige fidelidad no solo en lo que decimos, sino también en cómo representamos las palabras de los demás.
2. La creación sigue proclamando la soberanía de Dios. Al señalar los cielos, Eliú recuerda que Dios es el Creador y que su grandeza supera infinitamente nuestra comprensión. Esta idea atraviesa todo el libro de Job y alcanzará su punto culminante cuando Dios mismo hable desde el torbellino. Contemplar la creación nos recuerda que el universo no está gobernado por el azar, sino por un Dios sabio, poderoso y soberano. Si Él sostiene las galaxias con su palabra, también puede sostener nuestra vida en medio de las pruebas.
3. La verdadera fidelidad permanece aun cuando las respuestas no llegan. Aunque Eliú interpreta algunas palabras de Job de manera incorrecta, hay algo que permanece inalterable: Job sigue confiando en Dios. No entiende lo que está ocurriendo, no recibe explicaciones y continúa sufriendo, pero no abandona su relación con el Señor. Esa es la esencia de una fe madura. La fidelidad extrema no consiste en seguir a Dios solo cuando todo marcha bien, sino en permanecer junto a Él cuando el silencio parece prolongarse y las respuestas aún no llegan.
Job 35 nos recuerda que la grandeza de Dios no elimina nuestras preguntas, pero sí nos da razones para confiar. La inmensidad de los cielos proclama que el Señor ve mucho más de lo que nosotros alcanzamos a comprender. Por eso, aunque hoy no entendamos el camino, podemos seguir caminando de la mano del Creador. Porque al final, no se trata de tener respuesta para cada pregunta, sino de permanecer fieles al Dios que conoce todas las respuestas. La fe verdadera no depende de comprender cada circunstancia, sino de confiar en el carácter del Creador, cuya sabiduría supera infinitamente la nuestra y cuya fidelidad jamás falla.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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DIOS NUNCA SE EQUIVOCA - JOB 34



“Lejos esté de Dios la impiedad, y del Omnipotente la iniquidad” (Job 34:10).

En su segundo discurso, Eliú responde a las afirmaciones de Job acerca de la justicia divina. Aunque algunas de sus conclusiones siguen sin explicar completamente el caso de Job, en este capítulo presenta dos grandes verdades acerca del carácter de Dios: su justicia es perfecta y su conocimiento es absoluto. Eliú recuerda que Dios nunca actúa con injusticia ni toma decisiones equivocadas, porque conoce todas las cosas y ve lo que ningún ser humano puede ver.
Estas verdades son fundamentales en el Gran Conflicto. Satanás ha procurado desde el principio sembrar dudas sobre el carácter de Dios, insinuando que es injusto, arbitrario o indiferente. Pero la Biblia afirma exactamente lo contrario: Dios es perfectamente justo y perfectamente sabio. Aunque muchas veces no comprendamos sus caminos, podemos confiar plenamente en su carácter. A continuación tres lecciones a la luz del texto bíblico:
1. La justicia de Dios nunca falla. Eliú declara con absoluta seguridad: “Lejos esté de Dios la impiedad.” Los seres humanos podemos juzgar con información incompleta, equivocarnos por prejuicios o actuar movidos por emociones. Dios jamás. Todas sus decisiones son rectas porque brotan de un carácter absolutamente santo. Quizá no entendamos hoy por qué permite determinadas circunstancias, pero podemos descansar en la certeza de que nunca actuará con injusticia hacia ninguno de sus hijos.
2. Dios conoce todo; por eso nunca puede equivocarse. Uno de los argumentos más fuertes del capítulo es la omnisciencia divina. Dios no necesita investigar, hacer hipótesis ni reunir pruebas como lo hacemos nosotros. Él conoce el pasado, el presente y el futuro; conoce las acciones visibles y las intenciones ocultas del corazón. Ninguna lágrima pasa inadvertida, ninguna injusticia queda sin registrar y ninguna fidelidad es olvidada delante de Él. Precisamente porque lo sabe todo, su juicio siempre será perfecto.
3. La confianza nace cuando conocemos el carácter de Dios. Muchas veces el problema no es la falta de respuestas, sino la falta de confianza. Job no conocía lo que ocurría en el cielo entre Dios y Satanás, pero sí conocía al Dios en quien había creído durante toda su vida. Nosotros tampoco entendemos siempre los caminos del Señor, pero sí conocemos su carácter revelado en las Escrituras y, sobre todo, en Jesucristo. La cruz demuestra que el Dios que permite una prueba es el mismo Dios que estuvo dispuesto a sufrir por nosotros. Si entregó a su propio Hijo para salvarnos, también podemos confiar en Él cuando no entendemos sus decisiones.
Job 34 nos invita a levantar la mirada por encima de nuestras circunstancias para contemplar el carácter de Dios. En un mundo donde la injusticia parece prevalecer y donde muchas preguntas permanecen sin respuesta, la mayor seguridad del creyente no está en comprenderlo todo, sino en saber quién dirige la historia. El Juez de toda la tierra siempre hará lo correcto, porque jamás puede actuar contra su propia naturaleza. Porque al final, no se trata de que comprendamos cada decisión de Dios, sino de que aprendamos a confiar en el Dios que nunca se equivoca. Su justicia es perfecta, su conocimiento es infinito y su amor es inmutable. Cuando nuestra comprensión termina, comienza el terreno de la fe, donde descansamos seguros en las manos de un Padre que lo sabe todo y que siempre hará lo mejor para sus hijos.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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miércoles, 29 de julio de 2026

DIOS TAMBIÉN NOS HABLA EN MEDIO DEL DOLOR - JOB 33



“Dios habla una vez, y otra vez; pero el hombre no entiende” (Job 33:14).

Con el capítulo 33 comienza el primer discurso de Eliú. A diferencia de los tres amigos anteriores, inicia dirigiéndose a Job con respeto y procurando establecer un diálogo más cercano. Le recuerda que ambos son seres humanos, formados por el mismo Dios, y que no habla desde una posición de superioridad (Job 33:6). Ese comienzo revela una importante actitud pastoral: quien desea ayudar al que sufre debe hacerlo desde la humildad, reconociendo que todos dependemos igualmente de la gracia de Dios.
Sin embargo, Eliú introduce una idea diferente. En lugar de afirmar que el sufrimiento siempre es un castigo por el pecado, sostiene que Dios puede utilizar diversas circunstancias, incluso el dolor, para hablar al ser humano, apartarlo del mal, librarlo del orgullo y conducirlo nuevamente hacia Él. Aunque Eliú no comprende toda la dimensión del caso de Job, se acerca más que sus amigos a entender que Dios puede tener propósitos formativos en medio de la aflicción. A continuación tres lecciones a la luz del texto bíblico:
1. Dios puede hablarnos de muchas maneras, incluso en medio del sufrimiento. Eliú afirma que Dios habla por medio de sueños, advertencias y también a través de la enfermedad o la aflicción. La enseñanza no es que todo dolor provenga de Dios, pues la Biblia revela claramente que el mal entró al mundo por causa del pecado. Sin embargo, Dios puede tomar aquello que Él no originó y transformarlo en una oportunidad para acercarnos más a Él, fortalecer nuestra fe y moldear nuestro carácter. El Señor nunca desperdicia una prueba en la vida de sus hijos.
2. La humildad comienza cuando aprendemos a escuchar la voz de Dios. Según Eliú, uno de los propósitos de esas advertencias divinas es preservar al ser humano del orgullo y evitar una caída mayor (Job 33:17). La humildad no consiste solamente en reconocer nuestras limitaciones, sino también en permitir que Dios corrija nuestro rumbo cuando es necesario. No basta con que Dios hable; debemos estar dispuestos a escuchar, aceptar y obedecer su voz.
3. Quien acompaña al que sufre debe hacerlo desde la compasión y no desde la superioridad. Antes de corregir a Job, Eliú le recuerda que ambos fueron formados por el mismo Creador. Esa actitud marca una diferencia importante. Nadie está en condiciones de hablar al que sufre como si fuera superior a él. Todos somos frágiles, todos necesitamos la misericordia de Dios y todos dependemos de su gracia. El verdadero consejero no habla desde un pedestal, sino desde la conciencia de que también él es un pecador sostenido por el Señor.
Job 33 nos enseña que Dios sigue obrando aun cuando atravesamos los momentos más difíciles. El dolor puede convertirse en un aula donde el Señor forma el carácter, fortalece la fe y nos acerca más a Él. No porque Dios sea el autor del mal, sino porque su amor es tan grande que puede transformar incluso las pruebas más amargas en instrumentos para nuestro crecimiento espiritual. Porque al final, no se trata de evitar toda dificultad, sino de descubrir que Dios continúa hablando en medio de ella. Cuando aprendemos a escuchar su voz con humildad, comprendemos que ninguna prueba es inútil en las manos del Señor. Él nunca abandona a sus hijos en el sufrimiento; los acompaña, los fortalece y los prepara para reflejar cada vez más el carácter de Cristo.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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martes, 28 de julio de 2026

LA SABIDURÍA NO DEPENDE DE LOS AÑOS, SINO DE CUÁNTO CONOCES A DIOS - JOB 32



“Ciertamente espíritu hay en el hombre, y el soplo del Omnipotente le hace que entienda” (Job 32:8).

Después del largo intercambio entre Job y sus tres amigos, aparece por primera vez un nuevo personaje: Eliú hijo de Baraquel buzita, de la familia de Ram (Job 32:2). Hasta ahora había permanecido en silencio, respetando la costumbre de que los mayores hablaran primero. Sin embargo, al ver que los tres amigos no lograban responder a Job y, al mismo tiempo, seguían condenándolo, sintió que había llegado el momento de intervenir. Su enojo era doble: contra Job, porque consideraba que en algunos momentos había defendido demasiado su propia causa; y contra los tres amigos, porque no habían encontrado respuestas y aun así seguían condenándolo.
Antes de presentar sus argumentos, Eliú deja una enseñanza muy valiosa. Reconoce que la edad merece respeto y que la experiencia tiene un enorme valor, pero también afirma que la verdadera sabiduría no depende exclusivamente de los años vividos, sino del Espíritu de Dios. Esa combinación de humildad, respeto y dependencia del Señor constituye el mejor comienzo para cualquier conversación espiritual. A continuación tres lecciones a la luz del texto bíblico:
1. La sabiduría no depende únicamente de la edad, sino de cuánto conocemos a Dios. Eliú esperó porque era joven y respetaba a los mayores. Sin embargo, comprendió que la sabiduría no se mide solamente por los años, sino por la obra del Espíritu Santo en la vida de una persona. La experiencia es un regalo invaluable, pero nunca reemplaza la comunión con Dios. Los jóvenes tienen mucho que aprender de los mayores, y los mayores también pueden enriquecerse escuchando a quienes caminan humildemente con el Señor.
2. Antes de hablar debemos aprender a escuchar. Eliú pasó varios capítulos escuchando atentamente antes de intervenir. Esa actitud contrasta con la rapidez con que muchas veces emitimos juicios. Una de las grandes virtudes del creyente es saber escuchar con paciencia antes de responder. Las palabras tienen el poder de sanar o de herir, de restaurar o de destruir. Por eso necesitamos pedir cada día que Dios gobierne nuestra lengua tanto como gobierna nuestro corazón.
3. Toda palabra sabia debe glorificar a Dios y no a quien la pronuncia. Eliú declara que no hablará para favorecer a nadie ni para buscar halagos personales (Job 32:21-22). Su propósito, al menos en esta introducción, es honrar a Dios antes que defender su propia opinión. Esa sigue siendo una gran lección para nosotros. Muchas discusiones espirituales dejan de glorificar al Señor cuando el objetivo pasa a ser demostrar quién tiene la razón. La verdadera sabiduría siempre conduce la atención hacia Dios y no hacia el ser humano.
Job 32 marca el comienzo de una nueva etapa en el libro. Eliú aportará una perspectiva distinta a la de los tres amigos. Aunque tampoco comprenderá completamente el misterio del sufrimiento de Job, recordará que la sabiduría verdadera nunca nace del orgullo humano, sino de la acción del Espíritu de Dios en el corazón.
Elena G. de White escribió: “Si Cristo gobierna nuestro corazón, las palabras manifestarán la pureza, la belleza y la fragancia de un carácter modelado y conformado según su voluntad.” (Palabras de Vida del Gran Maestro, p. 268). Esa es la diferencia entre hablar desde el orgullo y hablar bajo la dirección del Espíritu. Porque al final, no se trata de quién habla primero, quién habla más o quién parece tener siempre la razón, sino de quién permite que Dios gobierne su corazón. Cuando Cristo dirige nuestra vida, aprendemos a escuchar antes de responder, a hablar con humildad y a usar nuestras palabras para edificar, consolar y glorificar únicamente al Señor.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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lunes, 27 de julio de 2026

¿QUÉ SIGNIFICA SER ÍNTEGRO? HACER LAS COSAS BIEN CUANDO NADIE NOS VE - JOB 31



“Hice pacto con mis ojos; ¿cómo, pues, había yo de mirar a una virgen?” (Job 31:1).

Job llega al final de su larga defensa con un solemne discurso sobre su integridad. Ya no responde directamente a las acusaciones de sus amigos; ahora presenta su vida delante de Dios. Recorre prácticamente todas las áreas de su existencia: su pureza moral, su honestidad, su trato hacia los pobres, las viudas y los huérfanos, su relación con sus bienes, su actitud frente a la idolatría y aun el trato hacia sus enemigos. Es como si invitara al Señor a examinar cada rincón de su corazón. No porque creyera ser perfecto, sino porque estaba seguro de haber vivido con rectitud e integridad delante de Dios.
Este capítulo constituye uno de los retratos más completos del carácter de un hombre piadoso en todo el Antiguo Testamento. La integridad de Job no consistía simplemente en evitar el pecado, sino en vivir conscientemente bajo la mirada del Creador. Por eso termina deseando que Dios mismo lo examine, convencido de que el Juez del universo conoce la verdad mucho mejor que cualquier ser humano. A continuación tres lecciones a la luz del texto bíblico:
1. La primera batalla de la santidad comienza con los ojos. Job declara: “Hice pacto con mis ojos.” Antes que el pecado llegue a las manos o al corazón, suele comenzar por la mirada. Job entendía que la pureza no empieza cuando rechazamos una acción, sino cuando decidimos qué permitiremos entrar en nuestra mente. En un mundo donde los ojos son constantemente atraídos por aquello que aleja de Dios, la primera victoria espiritual sigue librándose allí. Quien aprende a gobernar su mirada fortalece también su corazón.
2. La integridad no teme ser examinada. A lo largo del capítulo, Job prácticamente le dice a Dios: “Examina mi vida.” Quien vive con integridad no teme la evaluación del Señor, porque sabe que no tiene una doble vida. La integridad no significa ausencia de errores, sino transparencia delante de Dios. Es hacer lo correcto cuando nadie observa, porque sabemos que el único testigo que realmente importa siempre está presente. Tarde o temprano, la verdad vindica a quien ha permanecido fiel.
3. La fidelidad nace al reconocer que Dios es nuestro Creador. Job fundamenta toda su conducta en una gran verdad: Dios hizo tanto a él como a sus siervos (Job 31:15). Si el mismo Creador nos formó a todos, entonces todos merecen dignidad, respeto y justicia. La fidelidad no nace solamente del temor al juicio, sino del amor y la gratitud hacia Aquel que nos dio la vida. Reconocer a Dios como Creador transforma nuestra manera de mirar a los demás y de vivir delante de Él.
Job concluye su defensa dejando el caso completamente en manos del Señor. Ya no necesita convencer a sus amigos. Ha dicho todo cuanto debía decir y ahora espera que Dios hable. Su oración demuestra que la comunión con Dios no consiste únicamente en palabras litúrgicas o fórmulas religiosas. La verdadera oración es un diálogo sincero, donde el creyente puede abrir su corazón con alegría, con dudas, con lágrimas y hasta con amargura, sabiendo que el Señor escucha con amor. Porque al final, no se trata de construir una apariencia de santidad delante de las personas, sino de vivir con un corazón íntegro delante de Dios. La verdadera integridad comienza en lo secreto, se fortalece en la comunión con el Creador y permanece firme aun cuando nadie más la reconoce. Quien vive bajo la mirada de Dios nunca necesita temer el juicio de los hombres.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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LA VIDA TIENE SUS ALTOS Y BAJOS - JOB 30



“Esperé yo el bien, y vino el mal; aguardé luz, y vino oscuridad” (Job 30:26).

Después de recordar con nostalgia los días de honor y prosperidad, Job vuelve al presente. El contraste es desgarrador. Aquel hombre que era respetado por príncipes y ancianos ahora es motivo de burla para los más jóvenes. Quien antes consolaba a los necesitados, ahora no encuentra quién lo consuele. Su cuerpo está consumido por el dolor, su prestigio ha desaparecido y el silencio de Dios parece prolongarse. Job no oculta su tristeza; lamenta profundamente el cambio radical que ha experimentado su vida.
Este capítulo nos recuerda una realidad que todos, tarde o temprano, experimentamos: la vida cambia. Nadie está exento de pasar de la abundancia a la escasez, de la salud a la enfermedad o del reconocimiento al olvido. Sin embargo, aunque las circunstancias cambien inesperadamente, Dios sigue escribiendo la historia de sus hijos con un propósito que muchas veces solo comprenderemos al final del camino. A continuación tres lecciones a la luz del texto bíblico:
1. Las circunstancias cambian, pero Dios permanece. Job pasó de la prosperidad a la miseria en muy poco tiempo. La vida tiene giros inesperados que nadie puede controlar. Hoy podemos disfrutar de salud, estabilidad e influencia; mañana podríamos enfrentar enfermedad, pérdidas o soledad. Pero hay una verdad que nunca cambia: el Señor permanece fiel. Que las circunstancias cambien no significa que Dios haya cambiado.
2. La burla nunca busca restaurar; solo procura herir. Uno de los dolores más profundos de Job no era únicamente su enfermedad, sino el desprecio de quienes ahora se burlaban de él. La murmuración nunca busca comprender al que sufre; busca ridiculizarlo, excluirlo y aumentar su dolor. El discípulo de Cristo está llamado a hacer exactamente lo contrario: hablar con gracia, extender misericordia y levantar al caído en lugar de hundirlo más.
3. El silencio de Dios no significa abandono, sino que su propósito aún está en desarrollo. Job confiesa: “Esperé yo el bien, y vino el mal.” Esa frase resume el desconcierto de muchos creyentes. A veces oramos esperando una respuesta inmediata y recibimos una prueba inesperada. Sin embargo, que Dios permita una dificultad no significa que esté de acuerdo con el mal ni que haya dejado de actuar. En el Gran Conflicto, el Señor muchas veces permite circunstancias dolorosas porque está desarrollando un propósito mayor. Su silencio nunca es indiferencia; con frecuencia es el tiempo en que fortalece nuestra fe, cultiva nuestra paciencia y prepara una bendición mejor de la que hoy alcanzamos a imaginar.
Job termina este capítulo todavía sin respuestas. La oscuridad continúa rodeándolo y el alivio parece lejano. Pero el lector sabe que Dios no ha perdido el control. El mismo Señor que permitió la prueba ya ha determinado también el momento de la restauración. Porque al final, no se trata de que nuestra vida permanezca siempre igual ni de que todas nuestras expectativas se cumplan como imaginamos. Se trata de confiar en que, aun cuando esperamos el bien y parece llegar la adversidad, Dios continúa obrando para nuestro bien eterno. Su voluntad siempre será mejor que nuestros planes, aunque solo logremos comprenderla cuando el camino haya terminado.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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