viernes, 9 de enero de 2026

LA MENTIRA NUNCA TE DEJA SIN CONSECUENCIAS - 2 SAMUEL 1

“ Y le dijo David: ¿Cómo no tuviste temor de extender tu mano para matar al ungido de Jehová? Entonces llamó David a uno de sus hombres, y le dijo: Ve y mátalo. Y él lo hirió, y murió” (2 Samuel 1:14, 15).

En cierta empresa un joven empleado vio la oportunidad de ascender rápidamente. Su jefe estaba pasando por un momento difícil y necesitaba a alguien “leal”, alguien que le dijera exactamente lo que quería oír. Así que el muchacho empezó a adornar la verdad… primero un pequeño ajuste, luego una exageración piadosa, y finalmente una mentira bien armada. No lo hacía para hacer daño —decía— sino para quedar bien, para agradar, para ser aceptado. Durante un tiempo funcionó. Sonrisas, palmadas en la espalda, reconocimiento. Pero un día, alguien preguntó más de la cuenta. Los hechos hablaron. Y la misma mentira que parecía ser su escalera… terminó siendo su caída.
Eso es exactamente lo que encontramos en 2 Samuel 1, un joven amalecita que creyó que una mentira oportuna lo llevaría al favor del futuro rey… sin saber que estaba firmando su sentencia. David acaba de regresar de la batalla contra los amalecitas (irónicamente). Todavía no sabe que Saúl ha muerto. Entonces aparece este joven, con la corona y el brazalete del rey, trayendo una noticia impactante… y una historia falsa. Él dijo: “Yo lo maté” (v. 10). Pero 1 Samuel 31 deja claro que Saúl murió por su propia mano. ¿Por qué mentir? Porque el joven leyó mal el corazón de David.
1. La mentira nace cuando queremos agradar más a las personas que a Dios. El amalecita pensó: “Saúl odiaba a David, David odiará a Saúl. Si digo que yo lo maté, David me recompensará”. Pero olvidó algo fundamental, David no actuaba por resentimiento, sino por principios. La mentira casi siempre nace del deseo de aceptación, aprobación o beneficio. Cuando acomodamos la verdad para agradar a alguien, ya hemos dejado de agradar a Dios. Y ninguna mentira “bien intencionada” tiene la bendición del cielo.
2. La mentira revela que no conocemos el carácter de Dios ni de sus siervos. El joven amalecita no conocía a David. Creyó que David celebraría la muerte del ungido de Jehová. Pero David rasgó sus vestidos, lloró, ayunó e hizo duelo por Saúl. David entendía algo que el mentiroso ignoraba, Dios sigue siendo santo, aun cuando sus siervos fallen. La mentira muchas veces nace de una lectura equivocada de la realidad espiritual. Pensamos que todos funcionan como nosotros, que todos celebran lo que a nosotros nos conviene.
3. La mentira siempre cobra su precio, tarde o temprano. El amalecita vino esperando recompensa… y recibió juicio. Sus propias palabras fueron usadas como evidencia contra él: “Tu sangre sea sobre tu cabeza, porque tu boca atestiguó contra ti” (2 Sam. 1:16). La mentira tiene un boomerang espiritual, sale de tu boca prometiendo vida… y regresa trayendo muerte. Puede tardar, puede parecer que funciona, pero siempre termina mal. Dios no necesita que maquillemos la verdad para bendecirnos. La honestidad puede doler hoy, pero la mentira siempre mata mañana.
El amalecita perdió la vida por una mentira.
David, en cambio, siguió siendo levantado por Dios… porque eligió la verdad, aun cuando le costaba lágrimas.
Hoy Dios nos hace una pregunta sencilla, pero profunda, ¿prefieres quedar bien… o vivir bien delante de Él? Recuerda, la verdad nunca te deja sin recompensa, y la mentira nunca te deja sin consecuencias. Que el Señor nos dé el valor de decir la verdad, confiar en Él y dejar que sea Dios —y no nuestras mentiras— quien escriba nuestra historia.

Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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LA GRACIA DE DIOS UN DÍA ACABARÁ - 1 SAMUEL 31


“Así murió Saúl en aquel día, juntamente con sus tres hijos, y su escudero, y todos sus varones” (1 Samuel 31:6).

El rey Saúl reinó aproximadamente 40 años, según lo indica el Nuevo Testamento (Hechos 13:21) y el historiador judío Josefo. Sin embargo, Saúl desobedeció a Dios y a Samuel en varias ocasiones, aunque sus desobediencias más significativa ocurrieron después de haber reinado unos o dos años, específicamente al ofrecer un sacrificio que no le correspondía (en 1 Samuel 13) y luego al no destruir completamente a los amalecitas (en 1 Samuel 15), actos que llevaron al rechazo de Saúl como rey.
A partir de los datos anteriores, podríamos afirmar que Saúl prácticamente fue un rey desobediente y reprobado por Dios prácticamente todos sus años. Pero, ¿por qué Dios dejó en el trono de Israel a Saúl aún cuando ya lo había rechazado, y después de haber ungido a David como rey? La respuesta es sencilla y profunda a la vez, porque esos 40 años de reinado eran en realidad 40 años de gracia para que Saúl se arrepienta y vuelva a Dios. Tristemente fueron 40 años de rebeldía, de rechazo y de desobediencia.
La gracia de Dios le dio cerca a 40 años para que Saúl recapacite y vuelva a los caminos rectos, vuelva a ser lo que un día fue, ese hombre valiente y humilde, temeroso de Dios. ¿Cómo pudo terminar así un ungido de Jehová? Saúl murió como un vil hombre, se quitó la vida por vergüenza y miedo a ser tomado como “trofeo de guerra” por los filisteos. En Saúl podemos notar:
1. Las caídas no son de la noche a la mañana, Saúl tuvo 40 años de oportunidades.
2. La gracia de Dios puede esperar mucho tiempo, pero un día acabará.
3. Las consecuencias de nuestras rebeldías lo sufren los inocentes. Los tres hijos de Saúl murieron.
Volvamos a Dios cada día. No seamos rebeldes a su voz. Un año nuevo es una nueva oportunidad para aceptar la gracia y el perdón de Dios.

Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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martes, 6 de enero de 2026

CUANDO DIOS NOS LIBRA DE NOSOTROS MISMOS - 1 SAMUEL 29


“Levántate, pues, de mañana, tú y los siervos de tu señor que han venido contigo; y levantándoos al amanecer, marchad” (1 Samuel 29:10).

David está donde nunca debió estar. Ungido por Dios, llamado a pastorear a Israel, ahora marcha con los enemigos del pueblo de Dios. No cayó de golpe; llegó allí paso a paso, por miedo, cansancio y malas decisiones. Y, sin embargo, este capítulo no es una historia de juicio, sino de misericordia. A continuación tres lecciones a la luz del texto:
1. La unción no nos exime de decisiones equivocadas. David era ungido (1 Samuel 16), fue escogido y amado por Dios, y aun así huyó sin consultar a Dios (1 Samuel 27:1), se acomodó entre los filisteos y comprometió su testimonio. La unción no anula nuestra libertad, ni nos hace inmunes al error. Tu puedes ser anciano, líder o pastor pero eso no te libra de tomar malas decisiones. Un llamado auténtico no elimina la necesidad de dependencia diaria. Si hoy te das cuenta de que no estás donde deberías estar, eso no significa que Dios te haya abandonado. Significa que todavía te está hablando.
2. Dios usa medios inesperados para proteger nuestro llamado. Dios no envió un profeta, una visión o un ángel, la Biblia dice que envió príncipes filisteos. Ellos dijeron:“Este no puede ir con nosotros a la batalla” (v. 4). Los enemigos de Israel protegieron al futuro rey de Israel… porque Dios estaba detrás de escena. A veces Dios no nos corrige con palabras, Él corrige cerrando puertas y nos salva por medio del rechazo. El “no” que hoy te duele puede ser la misericordia que mañana agradecerás.
3. Dios nos libra antes de que arruinemos nuestra historia. Si David peleaba derramaría sangre israelita, perdería legitimidad y cruzaría un punto de no retorno. Pero Dios no se lo permitió. Dios no solo perdona después de la caída;
muchas veces evita la caída. Tal vez hoy puedes decir: “Pude haber hecho algo peor”, “Dios me detuvo a tiempo” o “No entiendo por qué esa puerta se cerró”, pero eso también es salvación.
David se va de la batalla humillado, rechazado y confundido. Pero se va con su futuro intacto, con su llamado protegido, y con la historia aún redimible. Y es que cuando no tenemos la fuerza para salir de un lugar equivocado, Dios, por amor, nos saca. Si hoy te sientes fuera de lugar, has tomado decisiones por miedo, y estás agradecido porque Dios te detuvo, entonces este mensaje es para ti:
- Dios todavía cuida tu historia
- Dios todavía protege tu llamado.
- Dios todavía puede enderezar el camino.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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lunes, 5 de enero de 2026

CUANDO DIOS GUARDA SILENCIO, NO ES PARA QUE BUSQUEMOS OTRAS VOCES - 1 SAMUEL 28



“Y consultó Saúl a Jehová; pero Jehová no le respondió ni por sueños, ni por Urim, ni por profetas” (1 Samuel 28:6).

El episodio de Saúl y la adivina de Endor es uno de los relatos más trágicos del Antiguo Testamento y muestra con crudeza el deterioro espiritual de un líder que conocía la verdad, la defendía externamente, pero ya no vivía bajo la dirección de Dios.
¿Cómo entender la contradicción?
Saúl había desterrado a los adivinos (1 Samuel 28:3) porque así lo exigía la ley de Dios (Levítico 19:31; 20:6, 27; Deut. 18:9–14). Sin embargo, cuando Dios no le respondió (ni por sueños, ni por Urim, ni por profetas), Samuel había muerto, y el enemigo filisteo estaba a las puertas, Saúl quedó religiosamente vacío pero desesperado.
Saúl rechazó la dirección de Dios, pero no dejó de buscar control, seguridad y respuestas. Cuando Dios ya no responde, el ser humano sin conversión genuina busca sustitutos espirituales. No fue un cambio repentino, sino el resultado lógico de una vida de resistencia al Espíritu de Dios. La caída no es un suceso sino un proceso.
La Biblia dice: “Y consultó Saúl a Jehová, pero Jehová no le respondió…” (1 Samuel 28:6), este texto resume todo el drama, revela el silencio divino producto de una desobediencia persistente. Una buena explicación del pecado de Saúl se complementaría con “Pero Saúl murió por su rebelión… y porque consultó a una adivina” (1 Crónicas 10:13–14). A continuación algunas lecciones:
1. La obediencia externa no sustituye una relación viva con Dios. Saúl había quitado a los adivinos del país, pero no había quitado el pecado de su corazón. Cumplió la ley como política, no como pacto y defendió la verdad, pero rechazó al Dios de la verdad. Podemos predicar, liderar y “hacer lo correcto” externamente, y aun así estar espiritualmente desconectados.
2. Cuando Dios guarda silencio, no es para que busquemos otras voces. El silencio de Dios no autorizaba a Saúl a buscar lo prohibido. El silencio era un llamado al arrepentimiento, no a la adivinación, pero Saúl no buscó perdón; buscó información. Cuando no escuchamos a Dios, el peligro no es el silencio, sino a quién decidimos escuchar después.
3. Rechazar repetidamente al Espíritu Santo lleva a una espiritualidad falsa. Saúl terminó disfrazado, de noche, consultando aquello que antes condenaba, y es que el que no se rinde a Dios termina negociando con el error. La caída final fue coherente con su proceso interior. “Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gálatas 6:7).
En el tiempo final, quienes rechacen la verdad terminarán aceptando engaños espirituales (cf. Apoc. 16:13–14). Saúl nos enseña que: No es suficiente haber conocido la verdad, si no caminamos diariamente en ella. Dios nunca dejó de estar dispuesto a guiar a Saúl; Saúl fue quien dejó de estar dispuesto a obedecer.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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DIOS CUIDARÁ DE TI, AÚN EN TIERRAS ENEMIGAS - 1 SAMUEL 27



“Fue el número de los días que David habitó en la tierra de los filisteos, un año y cuatro meses” (1 Samuel 27:7).

Hay pasajes de la Biblia que nos sorprenden y hasta nos incomodan. Uno de ellos es 1 Samuel 27, y esto porque David, el ungido del Señor, busca refugio entre los filisteos, el mismo pueblo al que había vencido cuando mató a Goliat. Humanamente hablando, era el último lugar donde debería estar. David no huye por cobardía, sino por cansancio. Saúl lo persigue sin descanso, la espera se prolonga y la fe del futuro rey atraviesa una crisis silenciosa. El texto dice: “Dijo David en su corazón: Algún día moriré a manos de Saúl” (1 Sam. 27:1). Ese pensamiento que incluso los hombres conforme al corazón de Dios también luchan con el temor. Algunas lecciones a la luz del texto:
1. Dios no abandona a sus hijos cuando toman decisiones en medio de la crisis. David se refugia en Gat, ciudad filistea, bajo la protección de Aquis. Aun allí, Dios lo preserva. Saúl deja de perseguirlo (v. 4) y, por primera vez en mucho tiempo, David y su gente descansan. Esto nos recuerda que la protección de Dios no depende del lugar, sino de Su fidelidad. Aun cuando no entendemos nuestras propias decisiones, Dios sigue obrando para cuidar a los suyos.
2. Dios puede usar lugares impensados para cumplir Sus propósitos. Resulta extraño ver a David viviendo en territorio enemigo, pero ese tiempo fue clave. Allí su liderazgo se consolidó, su familia y sus hombres fueron protegidos, y el camino al trono siguió avanzando, aunque parecía detenido. A veces, Dios nos guarda no en el lugar ideal, sino en el lugar necesario. Lo que parece retroceso puede ser, en realidad, una pausa estratégica del cielo.
3. Aun en tierra enemiga, Dios sigue siendo refugio. David estaba en Gat, pero su verdadero refugio nunca dejó de ser el Señor (Salmo 57; Salmo 56, escritos en contextos similares). Esto nos enseña que no es el entorno el que define nuestra seguridad, sino la presencia de Dios con nosotros.
Tal vez hoy alguien se siente viviendo en una “tierra filistea”: un trabajo hostil, una situación injusta, un tiempo de espera agotador, una decisión tomada desde el cansancio. Dios no se desentiende de sus hijos en medio de la crisis, aún en tierras extrañas, Él sigue cuidando, guiando y preservando. Si Dios cuidó de David en Gat, también puede cuidarte a ti hoy, donde estés: “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo” (Salmo 23:4).
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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