jueves, 6 de agosto de 2026

¿POR QUÉ DIOS NO LE CONTÓ A JOB SOBRE EL GRAN CONFLICTO? - JOB 42



“De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven” (Job 42:5).


El libro de Job llega a su extraordinario desenlace. Después de escuchar la voz de Dios desde el torbellino, Job responde con humildad y adoración. Ya no exige respuestas ni pide explicaciones. Comprende que el mayor error no fue haber sufrido, sino haber pretendido, en algunos momentos de su dolor, juzgar el modo en que Dios gobernaba el universo. Por eso reconoce: “Hablé lo que no entendía, cosas demasiado maravillosas para mí” (Job 42:3).


Curiosamente, Dios nunca le explica a Job la conversación que sostuvo con Satanás en los capítulos 1 y 2. Nunca le revela que todo formaba parte del Gran Conflicto. Sin embargo, Job ya no necesita esa explicación. Ha conocido más profundamente al Dios que estaba detrás de toda la historia. Y cuando conoce mejor al Señor, sus preguntas dejan de ocupar el primer lugar.


Después de esto, ocurre algo inesperado. Dios no reprende primero a Job, sino a sus tres amigos. El Señor declara que ellos “no han hablado de mí lo recto, como mi siervo Job” (Job 42:7). Aquellos que durante tantos capítulos se presentaron como defensores de Dios habían terminado representándolo equivocadamente. A continuación tres lecciones a la luz del texto bíblico:


1. Conocer a Dios vale más que recibir todas las respuestas. La mayor transformación de Job no fue material, sino espiritual. Él mismo confiesa: “De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven.” Antes conocía a Dios por tradición, por experiencia y por la enseñanza recibida. Ahora lo conoce personalmente. Muchas veces pedimos respuestas cuando Dios quiere darnos algo mucho mayor: una relación más profunda con Él. La fe madura no consiste en entender todos los “porqués”, sino en conocer mejor al Dios que dirige nuestra vida.


2. Dios corrige incluso a quienes hablan en su nombre. Uno de los momentos más sorprendentes del capítulo es la reprensión de Dios a Elifaz, Bildad y Zofar. Durante todo el libro creyeron estar defendiendo la justicia divina, pero terminaron presentando un retrato incompleto del carácter de Dios. El Señor les ordena ofrecer sacrificios y, significativamente, pide que sea Job quien ore por ellos. El hombre que había sido acusado injustamente ahora se convierte en intercesor de quienes lo hirieron. Allí aparece una extraordinaria lección de gracia, perdón y reconciliación.


3. Dios restaura mucho más de lo que el dolor había quitado. Cuando Job ora por sus amigos, comienza también su restauración (Job 42:10). Dios le devuelve el doble de lo que había perdido:


  • 14.000 ovejas (antes tenía 7.000).
  • 6.000 camellos (antes 3.000).
  • 1.000 yuntas de bueyes (antes 500).
  • 1.000 asnas (antes 500).


También volvió a tener siete hijos y tres hijas. Las hijas —Jemima, Cesia y Keren-hapuc— son mencionadas por nombre y descritas como las mujeres más hermosas de toda aquella tierra. Además, reciben herencia junto con sus hermanos, algo extraordinario para aquella época (Job 42:14-15).


Finalmente, Job vivió 140 años más, llegó a ver cuatro generaciones de sus descendientes y murió viejo y lleno de días (Job 42:16-17).


¿Por qué Dios nunca le explicó a Job el Gran Conflicto?


Esta es una de las preguntas más profundas del libro. Probablemente porque el propósito principal de Dios no era satisfacer la curiosidad de Job, sino fortalecer su confianza. Si Dios le hubiera revelado la conversación con Satanás, Job habría entendido el motivo de su sufrimiento, pero quizá habría seguido dependiendo de las explicaciones. En cambio, Dios le enseñó algo mucho más grande: a confiar en su carácter aun cuando no conociera todas las razones.


El lector recibe la explicación del Gran Conflicto; Job no. Y eso hace que el libro siga hablando a cada generación. Nosotros tampoco conocemos todas las razones de nuestras pruebas. Pero, como Job, sí podemos conocer al Dios que permanece soberano en medio de ellas.


El libro termina donde comenzó: con un hombre fiel. Pero ya no es exactamente el mismo hombre. Al principio, Job conocía a Dios por lo que sabía de Él; al final, lo conoce por haber caminado con Él en el valle del sufrimiento. Esa experiencia transformó su fe para siempre. Porque al final, no se trata de que Dios nos explique cada prueba que permite en nuestra vida, sino de que lleguemos a conocerlo más profundamente. Las respuestas pueden satisfacer la mente por un momento; pero conocer a Dios transforma el corazón para toda la eternidad. Y cuando el Señor restaura, siempre lo hace mucho mejor de lo que alguna vez pudimos imaginar. Nuestro Redentor sigue vivo, sigue gobernando el universo y un día restaurará definitivamente todo lo que el pecado destruyó.


Feliz día.


Pr. Heyssen Cordero Maraví 


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DIOS GOBIERNA TODO, Y TODO ES TODO - JOB 41



“¿Sacarás tú al leviatán con anzuelo, o con cuerda que le eches en su lengua?” (Job 41:1).

El discurso de Dios llega a su punto culminante. Después de presentar a Behemot en el capítulo anterior, ahora describe otra criatura impresionante: el Leviatán. Todo el capítulo está dedicado a exaltar su fuerza, su poder, su ferocidad y el temor que produce. Ningún hombre puede domesticarlo, capturarlo o enfrentarlo con éxito. Sin embargo, el propósito de Dios no es enseñar zoología ni satisfacer nuestra curiosidad sobre esta criatura. Su propósito es mucho más profundo: demostrar que si el hombre no puede controlar una de las criaturas de Dios, mucho menos puede pretender dirigir el universo mejor que su Creador.
¿Quién era el Leviatán? A lo largo de la historia se han propuesto varias interpretaciones. Muchos comentaristas lo identifican con el cocodrilo del Nilo, utilizando un lenguaje poético e hiperbólico para destacar su ferocidad. Otros consideran que representa un gran monstruo marino, símbolo del caos y de las fuerzas incontrolables de la naturaleza. En la literatura del Antiguo Testamento (Salmo 74:14; Isaías 27:1), Leviatán también aparece como un símbolo de los poderes del mal y del caos, sobre los cuales Dios ejerce absoluto dominio.
Desde una perspectiva adventista, más importante que identificar exactamente al animal es comprender el mensaje del pasaje: no existe fuerza en el universo, natural o espiritual, que escape al control de Dios. A continuación tres lecciones a la luz del texto bíblico:
1. Dios gobierna incluso aquello que nosotros jamás podremos controlar. El Leviatán representa todo aquello que intimida al ser humano: lo inmenso, lo desconocido, lo peligroso y aparentemente invencible. Para Dios, sin embargo, no es un rival. Es simplemente una criatura bajo su autoridad. Muchas veces nuestras pruebas parecen un Leviatán: demasiado grandes para nosotros. Pero nunca serán demasiado grandes para Dios. Lo que nos llena de temor permanece completamente bajo el dominio del Creador.
2. No siempre comprendemos el gobierno de Dios, pero siempre podemos confiar en Él. Durante todo el libro, Job ha querido entender por qué Dios permitió tanto sufrimiento. Ahora el Señor le enseña que existen aspectos de su gobierno que trascienden completamente la comprensión humana. No porque Dios sea arbitrario, sino porque su sabiduría infinita supera nuestra limitada perspectiva. El creyente encuentra paz cuando deja de decirle a Dios cómo debería gobernar el universo y comienza a confiar en que Él ya lo gobierna perfectamente.
3. La verdadera fe descansa en la soberanía del Creador. Dios no necesitó explicarle a Job cada detalle del Gran Conflicto para fortalecer su fe. Le bastó mostrarle quién era Él. Cuando contemplamos la grandeza del Señor, nuestras preguntas no desaparecen necesariamente, pero encuentran un lugar donde descansar. La fe madura reconoce que Dios está al control de todo: de lo que entendemos y de lo que no entendemos; de lo visible y de lo invisible; de lo pequeño y de lo que parece aterrador.
Job 41 constituye la culminación del discurso divino. Después de contemplar a Behemot y al Leviatán, Job comprende que el universo está gobernado por un Dios infinitamente sabio, poderoso y bueno. El problema nunca fue la falta de poder de Dios, sino la limitada comprensión del hombre. Porque al final, no se trata de entender todos los misterios ni de controlar todas las circunstancias de la vida, sino de confiar en el Dios que controla aquello que nadie más puede controlar. El Leviatán puede parecer invencible para el ser humano, pero no para el Creador. Y si Dios gobierna aun las fuerzas más temibles del universo, también gobierna nuestra vida con perfecta sabiduría, perfecto poder y perfecto amor.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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¿DUDAS Y PREGUNTAS? CONFÍA EN DIOS - JOB 40



“¿Es sabiduría contender con el Omnipotente? El que disputa con Dios, responda a esto” (Job 40:2).

Después de revelar su poder en la creación, Dios hace una pausa y espera la respuesta de Job. Por primera vez desde el inicio del libro, Job deja de argumentar y reconoce humildemente su pequeñez: “He aquí que yo soy vil; ¿qué te responderé? Mi mano pongo sobre mi boca” (Job 40:4). Sin embargo, Dios continúa hablándole, no para humillarlo, sino para conducirlo a una comprensión más profunda. El Señor le pregunta si está dispuesto a invalidar su justicia o condenarlo para justificarse a sí mismo (Job 40:8). La enseñanza es clara: el problema no era que Job hubiera pecado como afirmaban sus amigos, sino que, en medio de su dolor, había llegado a cuestionar aspectos del gobierno divino que escapaban a su comprensión.
Para ilustrar esa verdad, Dios presenta a una criatura extraordinaria llamada Behemot. Se trata del gigantesco animal descrito en Job 40:15-24. ¿Quién era Behemot? Existen varias interpretaciones. La posición más común entre los comentaristas bíblicos es que representa al hipopótamo, utilizando un lenguaje poético que exalta su enorme fuerza y estabilidad. Otros consideran que podría aludir al elefante. Algunos intérpretes conservadores sugieren que la descripción podría corresponder a un gran animal hoy extinto, debido a detalles como su poderosa cola (v.17), que difícilmente encajan con un hipopótamo. Más allá de la identificación exacta, el propósito del pasaje no es zoológico sino teológico: si el hombre no puede dominar una de las criaturas de Dios, mucho menos puede pretender comprender o gobernar el universo como lo hace su Creador. A continuación tres lecciones a la luz del texto bíblico:
1. La humildad comienza cuando reconocemos nuestros límites. La respuesta de Job marca un punto de inflexión. Durante muchos capítulos habló, preguntó y defendió su causa. Ahora guarda silencio. No porque haya perdido la fe, sino porque ha comprendido que está delante del Dios infinito. El silencio de Job no es derrota; es adoración. Hay momentos en que la mayor expresión de sabiduría consiste en callar y dejar que Dios sea Dios.
2. Dios nunca pierde el control de aquello que nosotros no podemos controlar. Behemot representa una fuerza inmensa, imposible de dominar por el ser humano. Sin embargo, Dios lo creó, lo sostiene y lo gobierna. Ese mismo principio se aplica a nuestra vida. Existen circunstancias, pruebas y preguntas que superan completamente nuestra capacidad. Lo que para nosotros resulta inmanejable permanece bajo el absoluto dominio del Señor. Nada escapa de sus manos.
3. La fe madura cuando dejamos de querer ocupar el lugar de Dios. Dios le pregunta a Job: ”¿Invalidarás tú también mi juicio?” No era un reproche por haber sufrido, sino una invitación a confiar en la justicia divina. Muchas veces queremos entender cada decisión de Dios antes de aceptarla. Sin embargo, la fe madura reconoce que el Creador posee una perspectiva infinitamente superior a la nuestra. Nuestro llamado no es ocupar su trono, sino descansar en su gobierno.
Job 40 prepara el momento culminante del libro. Poco a poco, Job deja de buscar respuestas acerca de su sufrimiento y comienza a contemplar la grandeza del Dios que gobierna el universo. Esa contemplación transformará su corazón mucho más profundamente que cualquier explicación. Porque al final, no se trata de tener todas las respuestas ni de comprender cada decisión de Dios, sino de reconocer que Él sigue sentado en el trono. Cuando aceptamos con humildad que el Creador sabe lo que nosotros ignoramos, encontramos una paz que ninguna explicación humana puede ofrecer. El Dios que gobierna a Behemot también gobierna nuestra vida, y jamás dejará de hacerlo con perfecta sabiduría y perfecto amor.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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A VECES ES NECESARIO CONFIAR MÁS EN VEZ DE TRATAR DE ENTENDERLO TODO - JOB 39



“¿Sabes tú el tiempo en que paren las cabras monteses? ¿O has observado cuándo hacen dar a luz las ciervas?” (Job 39:1).

Dios continúa hablando desde el torbellino. Pero, una vez más, no responde directamente las preguntas de Job sobre su sufrimiento. En lugar de ello, lo invita a contemplar el mundo animal. Le pregunta acerca de las cabras monteses, las ciervas, el asno salvaje, el búfalo, el avestruz, el caballo de guerra, el halcón y el águila. Cada pregunta revela una realidad evidente: Job desconoce gran parte del funcionamiento de la creación.
Sin embargo, el propósito de Dios no es humillar a Job ni ridiculizar su ignorancia. Todo lo contrario. Quiere ayudarlo a comprender que, si el ser humano apenas alcanza a entender una pequeña parte de la obra creada, ¿cómo podría pretender comprender completamente al Creador? Dios no está disminuyendo a Job; está ampliando su visión de quién es Él. La verdadera sabiduría consiste en reconocer nuestros límites y descansar en la infinita sabiduría del Señor. A continuación tres lecciones a la luz del texto bíblico:
1. No necesitamos entenderlo todo para confiar en Dios. Job no podía explicar cómo Dios sostenía la vida de los animales ni dirigía sus instintos. Sin embargo, esas criaturas vivían porque el Creador las cuidaba diariamente. Nosotros también queremos respuestas para todo, pero Dios nos recuerda que la fe comienza precisamente donde termina nuestra capacidad de comprender. No todo será explicado en esta vida, pero todo está bajo el control de Aquel que jamás se equivoca.
2. La creación nos recuerda que Dios cuida hasta los detalles más pequeños. El Señor conoce cuándo nace una cabra montés, alimenta al cuervo cuando clama, dirige el vuelo del águila y da fuerza al caballo. Si Dios cuida con tanta precisión de su creación, ¿cuánto más cuidará de quienes fueron creados a su imagen? Jesús enseñó la misma verdad siglos después: si el Padre alimenta las aves del cielo y viste los lirios del campo, también sostendrá la vida de sus hijos (Mateo 6:26-30).
3. La verdadera sabiduría consiste en ocuparnos de lo que Dios nos ha revelado. Muchas veces invertimos demasiadas energías intentando descifrar los secretos que Dios no ha querido revelar y descuidamos las verdades que sí nos ha mostrado claramente. Hay misterios que pertenecen al Señor (Deuteronomio 29:29), mientras que su voluntad revelada nos llama a vivir en obediencia, amor y fidelidad. El creyente sabio no vive obsesionado por responder cada misterio, sino comprometido con obedecer aquello que Dios ya le ha enseñado.
Job 39 prepara el corazón de Job para la transformación que está por producirse. Poco a poco deja de mirar sus preguntas y comienza a contemplar la inmensidad del Dios que las conoce todas. La respuesta de Dios no consiste en explicar cada detalle del sufrimiento, sino en revelar que su sabiduría es infinitamente mayor que cualquier incertidumbre humana. Porque al final, no se trata de comprender todos los misterios de Dios, sino de confiar plenamente en el Dios de los misterios. Si Él gobierna con sabiduría la vida de cada criatura y sostiene el universo entero con su poder, también dirige nuestra historia con amor perfecto. La fe madura cuando dejamos de exigir comprenderlo todo y aprendemos a descansar en las manos del Dios que sí lo entiende todo.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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¿POR QUÉ DIOS RESPONDE TUS PREGUNTAS CON OTRAS PREGUNTAS? - JOB 38



“¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? Házmelo saber, si tienes inteligencia” (Job 38:4).
Después de treinta y cinco capítulos de silencio, finalmente Jehová habla. Pero sorprendentemente, Dios no responde ninguna de las preguntas de Job. No le explica la conversación que tuvo con Satanás, no le revela por qué permitió su sufrimiento ni le muestra el desenlace que estaba preparando. En lugar de eso, le hace una pregunta… luego otra… y otra… hasta llenar el capítulo con interrogantes sobre la creación, el universo, el mar, la luz, las estrellas y los fenómenos de la naturaleza.
¿Por qué responde así? Porque antes de responder a las preguntas de Job, Dios necesitaba mostrarle quién era Él. Job buscaba una explicación; Dios le dio una revelación. Cuando el ser humano contempla la inmensidad del Creador, descubre que muchas de sus preguntas encuentran descanso, no porque hayan sido respondidas, sino porque ahora conoce mejor a Aquel que tiene las respuestas. A continuación tres lecciones a la luz del texto bíblico:
1. Dios sabe exactamente lo que hace, aunque nosotros no lo comprendamos. La pregunta: ”¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra?” no pretende humillar a Job, sino recordarle la enorme diferencia entre el conocimiento humano y la sabiduría divina. Job solo veía una pequeña parte de su historia; Dios contemplaba el cuadro completo. Nosotros también solemos pedir explicaciones inmediatas, pero el Señor nos invita primero a confiar en su carácter. Si pudo diseñar el universo con infinita precisión, también puede dirigir perfectamente nuestra vida.
2. La creación revela que existe un Dios digno de toda confianza. A lo largo del capítulo, Dios menciona el nacimiento del mar, la aurora, las profundidades de la tierra, las puertas de la muerte y las constelaciones. Todo apunta a una sola verdad: el universo no funciona por casualidad, sino bajo el gobierno de un Creador soberano. La creación es un testimonio permanente de que Dios posee el poder, la sabiduría y el control absoluto. El mismo Dios que gobierna las galaxias también gobierna la vida de sus hijos.
3. La fe madura cuando dejamos de exigir respuestas y aprendemos a confiar. Job nunca afirmó saber más que Dios. Era un hombre sabio precisamente porque reconocía sus límites. Sin embargo, como todo ser humano, deseaba comprender el porqué de su dolor. Dios no reprende esa inquietud, pero le enseña una lección más profunda: la paz no siempre nace de obtener respuestas, sino de conocer mejor al Dios que las posee. Hay preguntas que solo serán respondidas en la eternidad, pero mientras tanto podemos descansar en la certeza de que el Señor nunca pierde el control.
El capítulo 38 marca un giro decisivo en el libro. Ya no son los hombres quienes hablan acerca de Dios; ahora es Dios quien se revela a sí mismo. Y esa revelación transforma más profundamente a Job que cualquier explicación hubiera podido hacerlo. La presencia de Dios resulta más poderosa que la respuesta que Job esperaba recibir. Porque al final, no se trata de que Dios responda todas nuestras preguntas, sino de que nosotros aprendamos a confiar en Él. Cuando contemplamos la grandeza del Creador comprendemos que su sabiduría supera infinitamente la nuestra. El Dios que puso límites al mar, ordenó las estrellas y sostiene el universo jamás cometerá un error en la dirección de nuestra vida. Y cuando no entendamos sus caminos, podremos descansar en la certeza de que sus manos siguen guiando nuestra historia con perfecto amor y perfecta sabiduría.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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LA CREACIÓN PROCLAMA LA GRANDEZA DEL CREADOR - JOB 37



“Escuchad atentamente el estruendo de su voz, y el sonido que sale de su boca” (Job 37:2).
Job 37 concluye el largo discurso de Eliú y prepara el escenario para uno de los momentos más extraordinarios de toda la Biblia: Dios hablará desde el torbellino. Antes de que eso ocurra, Eliú dirige una vez más la atención hacia la naturaleza. El trueno, el relámpago, la lluvia, la nieve, el viento, el hielo y las tormentas no son simples fenómenos naturales para él; son manifestaciones del inmenso poder del Creador. Cada elemento de la creación proclama silenciosamente que existe un Dios soberano que gobierna el universo con perfecta sabiduría.
A diferencia de los discursos anteriores, Eliú deja de insistir en las acusaciones contra Job y se concentra en exaltar la majestad de Dios. Su conclusión es sencilla: si apenas comprendemos el funcionamiento de la creación, ¿cómo pretendemos comprender completamente los caminos del Creador? La contemplación de la naturaleza debe producir en nosotros humildad, reverencia y confianza. A continuación tres lecciones a la luz del texto bíblico:
1. La creación es un testimonio permanente del poder y la sabiduría de Dios. El trueno anuncia su poder; el relámpago ilumina los cielos; la nieve cubre la tierra; la lluvia fecunda los campos; el viento mueve las nubes y el hielo transforma los ríos. Todo obedece la voz del Creador. La naturaleza no existe por casualidad, sino que revela el orden, la inteligencia y la majestad de Dios. Cuanto más estudiamos la creación, más razones encontramos para adorar al Autor de todo cuanto existe.
2. El sufrimiento no contradice la bondad de Dios. Eliú afirma que Dios no oprime injustamente al ser humano (Job 37:23). Entonces surge una pregunta inevitable: ¿por qué sufrimos? La Biblia presenta, en términos generales, dos grandes respuestas. En muchas ocasiones el hombre cosecha las consecuencias naturales de sus propias decisiones y del pecado que afecta al mundo (Gálatas 6:7). En otras, como ocurrió con Job, Dios permite determinadas pruebas no para destruir a sus hijos, sino para fortalecer su fe, purificar su carácter y revelar su gloria en medio del Gran Conflicto. El hecho de que Dios permita una prueba nunca significa que haya dejado de amar a quien la atraviesa.
3. La verdadera sabiduría reconoce sus propios límites. Eliú invita a Job a contemplar las maravillas de la naturaleza y reconocer que existen innumerables cosas que el ser humano todavía no comprende. Esa actitud no disminuye la sabiduría; la engrandece. Job nunca afirmó saberlo todo. Al contrario, cuanto más conocía a Dios, más consciente era de la inmensidad de su sabiduría. La verdadera sabiduría no consiste en tener respuesta para todas las preguntas, sino en reconocer humildemente que Dios sabe infinitamente más que nosotros.
Job 37 termina con una solemne invitación a reverenciar al Señor. Eliú ha preparado el camino, pero aún no ha llegado la respuesta definitiva. El silencio de Dios está a punto de terminar. En el siguiente capítulo ya no hablarán los amigos, ni Job, ni Eliú. Hablará el mismo Creador desde el torbellino. Porque al final, no se trata de comprender todos los misterios de la creación ni todas las razones del sufrimiento, sino de conocer al Dios que sostiene ambas cosas con su poder. La naturaleza proclama diariamente su grandeza, y cada prueba nos invita a confiar más profundamente en el Creador. Quien contempla la majestad de Dios descubre que siempre habrá más razones para adorarlo que para dudar de Él.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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