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miércoles, 11 de junio de 2025

EL ENEMIGO PUEDE IMITAR PERO NO TRANSFORMAR - ÉXODO 7


“Así ha dicho Jehová: En esto conocerás que yo soy Jehová; he aquí yo golpearé con la vara que tengo en mi mano el agua que está en el río, y se convertirá en sangre” (Éxodo 7:17).


Éxodo 7 registra el relato de la primera plaga que Dios envió sobre Egipto, es decir la conversión del agua del río Nilo en sangre. El Nilo era fuente de vida y objeto de adoración. Para los egipcios, el río Nilo no era solo un río más, no, era su dios viviente. Lo llamaban Hapi, el dios del Nilo, el que traía fertilidad a la tierra con su desbordamiento. Ellos dependían del Nilo para el agua, para la agricultura, para el comercio. El Nilo era su seguridad, su sustento… y tristemente, también su ídolo. No obstante, aquí entra en escena el Dios verdadero, Jehová de los ejércitos. Y lo primero que hace no es enviar fuego del cielo, ni un terremoto. No. Dios toca lo que el hombre ha puesto en el lugar de Dios. Golpea su ídolo. Golpea la fuente de su confianza. Podríamos destacar, entre muchas, dos lecciones:


  1. Un golpe a la idolatría. Cuando Moisés, obedeciendo la orden divina, toca las aguas con su vara, el río se convierte en sangre. ¡Imagínate eso, hermano querido! El agua que daba vida ahora da muerte. El pez muere, el agua apesta, y los egipcios no pueden beber. ¿Qué estaba diciendo Dios con esto? “Yo soy el único Dios verdadero. No pongas tu fe en lo creado, sino en el Creador.” El Nilo había usurpado el lugar de Dios en el corazón de los egipcios, y Jehová no comparte su gloria con nadie.
  2. El poder limitado y engañoso de los hechiceros. Dice el texto que los hechiceros de Egipto también hicieron lo mismo con sus encantamientos (v. 22). Ellos no podían revertir la sangre en agua. Solo podían repetir el milagro con engaño. Su poder era limitado. Mientras Dios convertía el agua en sangre como juicio, ellos solo imitaban superficialmente la obra divina. El enemigo puede imitar, pero no puede transformar. Puede engañar, pero no puede salvar. Puede aparentar poder, pero no tiene autoridad sobre la vida. En Apocalipsis 13, leemos que en los últimos días Satanás hará “grandes señales”, y muchos serán engañados. Pero no te confundas. Como en Egipto, el poder del enemigo es limitado, y el que confía en Jehová, el Dios de Israel, no será jamás avergonzado.


Hoy es un nuevo día. Te pregunto, ¿cuál es tu “Nilo”? ¿En qué estás confiando? ¿Es tu trabajo, tu cuenta bancaria, tu salud, tu reputación? ¿Hay algo que ocupa el lugar que solo Dios merece en tu vida? Dios, en su amor, muchas veces permite que nuestros “Nilos” se tiñan de sangre para recordarnos que Él es nuestra única fuente de vida. No lo hace para castigarnos, sino para despertarnos. Para que le miremos, nos volvamos a Él, y reconozcamos que solo en Él hay salvación.


Hoy, Cristo te dice: “Ven a mí, y te daré agua viva” (Juan 4:14). Esa agua no se convertirá en sangre, ni se agotará. Es eterna, pura, y satisface el alma para siempre.


Feliz día. 


Pr. Heyssen Cordero Maraví 


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jueves, 10 de septiembre de 2015

¿Cuántas oportunidades te ha dado Dios? - Éxodo 11


“Jehová dijo a Moisés: Una plaga traeré aún sobre  Faraón y sobre Egipto, después de la cual él os dejará ir de aquí; y seguramente os echará de aquí del todo” (Éxodo 11:1).

Cada amanecer es una nueva oportunidad, un nuevo comienzo; un nuevo día es sinónimo de que aún hay tiempo para hacer mejor las cosas y caminar como Dios quiere. Dios le dio muchas oportunidades a Faraón, y él no hizo caso.

Dicen que los hijos esperan enterrar a sus padres, pero ningún padre espera enterrar a su hijo. Faraón experimentó en carne propia lo que significa sufrir por la muerte de un hijo. Los israelitas lo habían sufrido también (Ex.1:15, 16), y el mismo Moisés pudo haber muerte en ese decreto mortal (Ex. 2:1-4). Ahora el Faraón, entendería lo terrible que resulta ver morir a tu hijo. Y es que las nueve primeras plagas afectaron cosas secundarias para el Faraón. Imagino al monarca egipcio, diciendo con mente positiva: “Todo lo perdido se puede superar. Con dinero se compra todo, vamos a empezar de cero”. No obstante, la última plaga afectaría a la familia. Afectaría a su primogénito, su hijo más amado. Es por ello que Dios sabía que, con la décima plaga, el Faraón no solo dejaría salir al Pueblo israelita, sino que los echaría de en medio de Egipto.

El Faraón demostró su decadencia moral y espiritual gradualmente. Desde la séptima plaga: (1) “Negoció” (8:20-32); (2) “Se resistió” (9:1–12); 3) “Engañó” (9:13-35); 4) “Apeló” (10:1-20) y 5) “Amenazó” (10:21-29). El endurecimiento del corazón de Faraón es una advertencia para todos nosotros. Si el corazón del hombre pecador no responde por fe a la Palabra de Dios, no puede ser transformado por la gracia de Dios (Ez. 36:26-27; Hebreos 8:7-13). En cambio, entre más se resista a la verdad de Dios, se endurecerá más y más. Tenemos que prestar atención a lo que Dios nos ha dicho. El Faraón pudo evitar sufrir la muerte de su primogénito, pero no.

¿Por qué esperar a sufrir dolor y pérdida de un ser amado para reconocer a Dios? ¿Es necesario pasar lamentables y tristes momentos todavía para ir a los pies de Jesús? ¿Es tan fuerte tu orgullo para reconocer que solo en Dios hay paz y esperanza? ¿Qué estás esperando perder para ir a los pies de Jesús? ¿Cuántas oportunidades te ha dado Dios? Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete… Hoy es día de ir a Dios y reconocerlo como tal. Ni el dinero, ni tu cargo, ni tu fama sirven contra la muerte. Tú sabes que nada ni nadie puede contra la muerte… el ser humano puede comprarlo “todo”, pero no la “vida”. La vida solo la da Cristo, Dios… no hay vida fuera de él.

Hoy es nuevo día. ¿Cuántas oportunidades rechazaste? ¿Uno, dos, tres, cuatro….? Estoy seguro que muchas más que el Faraón… Hoy es un nuevo día, y es sinónimo de que Dios te da una nueva oportunidad, no la desperdicies.

Buen día!

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¡Dios te bendiga mucho!


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