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sábado, 13 de septiembre de 2025

EL VALOR DE LA PALABRA Y LA IMPORTANCIA DE CUMPLIR LOS COMPROMISOS - NÚMEROS 32

“Y los hijos de Gad y los hijos de Rubén respondieron diciendo: Haremos lo que Jehová ha dicho a tus siervos” (Números 32:31).

Hermano querido, todos nosotros en algún momento hemos hecho promesas. Promesas a un amigo, promesas a la familia, promesas incluso delante de Dios. El problema es que muchas veces la vida, con sus preocupaciones, nos hace olvidar lo que dijimos, y entonces las palabras se quedan solo en el aire. Pero Dios no se olvida. 

En este capítulo encontramos una lección profunda sobre el valor de la palabra y la responsabilidad de cumplir los compromisos asumidos delante de Dios. Los hijos de Gad y Rubén, al ver que las tierras al oriente del Jordán eran buenas para el ganado, pidieron quedarse allí en lugar de cruzar con el resto de Israel. A primera vista parecía un acto de comodidad o de separación, pero lo que marcó la diferencia fue su compromiso: no abandonarían a sus hermanos en la conquista, sino que cruzarían armados para ayudar en la batalla hasta que todos recibieran su heredad. 

Moisés les recordó que la fidelidad a Dios y a la comunidad no puede quedarse en promesas vacías, debía expresarse en hechos concretos. De esta manera, las tribus entendieron que la bendición de Dios se recibe cuando somos fieles no solo a lo que decimos, sino a lo que hacemos. El compromiso de Gad, Rubén y la media tribu de Manasés nos recuerda que el egoísmo divide, pero la lealtad une; que la verdadera herencia no está solo en recibir, sino en compartir la carga con los demás. 

Hoy también el Señor nos invita a ser cristianos de palabra cumplida, hombres y mujeres que no retroceden ni buscan atajos, sino que permanecen firmes en lo que prometieron a Dios y a su iglesia. Porque cumplir lo prometido es más que una obligación: es una demostración de amor, de fe y de fidelidad al Dios que nunca falla en sus promesas.

Hoy la iglesia también necesita hombres y mujeres de palabra. Personas que no retrocedan, que no busquen atajos, que no digan “yo ya recibí mi bendición, que los demás se arreglen”. No. Dios nos llama a acompañar a nuestros hermanos, a caminar juntos hasta que todos entremos en la tierra prometida. Porque la vida cristiana no se trata de comodidad, se trata de compromiso. Y cumplir los compromisos no es una carga, es la mayor demostración de amor y fidelidad a un Dios que jamás ha fallado en lo que prometió.

Feliz día.

Pr. Heyssen Cordero Maraví 

Puedes escuchar el podcast desde mi canal de YouTube 🔴 https://youtu.be/BWLFzxgglAU?feature=shared

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lunes, 28 de agosto de 2017

NO PACTES con DIOS sino estás dispuesto a CUMPLIR - Jeremías 34:11



Aristóteles dijo alguna vez que, "El hombre es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras". La Biblia es más contundente al decir: "Por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado" (Mateo 12:37). 
Jeremías y el pueblo de Judá habían hecho un PACTO, un compromiso: DEJAR EN LIBERTAD A TODOS LOS ESCLAVOS (Jeremías 34:8-10). Y el pueblo, movido por el temor, por la invasión caldea (Babilonia) y lo que ello implicaba, aceptó ese acuerdo. Dejarían libres a los esclavos. Todo bien. No obstante, cuando la tormenta pasó, cuando vieron que no era tan "divertido" y nada "bonito" vivir sin esclavos rompieron el pacto e hicieron volver a los esclavos a sus propiedades y los encadenaron (Jeremías 34:11,12). ¡Qué terrible! ¡Qué desgracia! Un día dices sí, y al otro día, no. ¿Es acaso un juego? NO PACTES CON DIOS SINO ESTAS DISPUESTO A CUMPLIR.
Esto es triste, pero real. Y es que somos débiles para hablar pronto. A veces motivados por la alegría, la tristeza y el temor, hacemos promesas y decimos cual Faraón: "Lo haré", para luego arrepentirnos, y olvidarnos de nuestras promesas.
¿Cuántas veces hemos dicho: "Sí Señor, lo haré? ¿Ésta es la última vez que lo hago. A partir de hoy las cosas serán diferentes..."? Y no mentimos. Nos comprometimos. Hicimos un pacto porque sentíamos esa necesidad. Queríamos hacerlo, pero cuando la tormenta pasó, cuando la situación se compuso, nos olvidamos de lo dicho. HICIMOS PACTO CON DIOS y NO LO CUMPLIMOS.
Ya lo dijo el sabio Salomón: "Cuando a Dios hagas promesas, no tardes en cumplirla; porque Él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes" (Eclesiastés 5:4). Y, ¿cómo es que no se complace de los INSENSATOS? Jeremías describe qué le ocurriría a los que quebraron el pacto/ compromiso con Dios y no lo cumplieron de la manera más terrible: "los entregaré en mano de sus enemigos y en mano de los que buscan su vida; y sus cuerpos muertos serán comida de las aves del cielo, y de las bestias de la tierra" (Jeremías 34:20). Qué triste.
Gracias a Dios estamos vivos aún. Y estar con vida es sinónimo de una nueva oportunidad. Un nuevo amanecer es igual a la voz de Dios diciéndote: "Te amo, aprovecha este día porque estás en mis planes aún". Hagamos las cosas bien. No prometas lo que no cumplirás porque seremos juzgados por nuestras palabras para justificación o para condenación.
Hoy es un nuevo día. Es posible que hayas prometido a Dios y no hayas cumplido. Hoy es una nueva oportunidad. Cumplamos nuestras promesas con Dios.
Que Dios te bendiga.
- Jeremías 34:8-22 -
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LAS PROMESAS DE DIOS SON INAGOTABLES - Jeremías 33:1



El texto de hoy inicia diciendo: "Vino Palabra de Jehová a Jeremías por segunda vez". ¿Cuántas veces tiene que decirnos Dios lo mismo para que le creamos? ¿Tan duro es el corazón del ser humano para que Dios vez tras vez no diga lo mismo? Así somos. Nos cuesta creer en la Palabra de Dios. Ya dijimos antes, preferimos creer en palabras de hombres, líderes políticos, actores de la TV, líderes de opinión, o simplemente creer en "cuentos de hadas", pero creerle a Dios es más complejo de lo que parece. Y es que nos hemos acostumbrado a ver para creer. 
La declaración "vino Palabra de Jehová por segunda vez" es realmente extraordinaria. En realidad no era la segunda vez (era la segunda vez en el patio del palacio), incontables veces Dios había prometido para su pueblo lo mejor: que los haría volver de la cautividad. Que les daría sanidad y felicidades. Todas estas promesas de elevarlos como el pueblo más bendecido de la tierra tendrían su cumpliendo con la llegada del Mesías. Pero estas promesas no eran simples palabrerías ni mucho menos discurso halagüeños, sino que eran tan ciertos como que La palabra "promesa" en realidad no tiene un término que como que existe el día y la noche. El dicho y la noche no pueden ser alterados porque más que hagamos o digamos algo (Jeremías 33:20). No puedes evitar que amanezca ni mucho menos que anochezca. Son leyes naturales fijas.
Dios promete estas palabras en Jeremías 33, pero si somos conscientes, vamos a descubrir que muchas veces había dicho lo mismo pero con palabras y detalles diferentes. Lo que nos hace entender que simplemente Dios repite esas promesas, no por Él, sino por el ser humano incrédulo. Que quiere escuchar, que quiere pruebas contundentes para estar seguro en qué creer.
En la Biblia existen al menos 3000 promesas, ¿porqué? Porque Dios nos conoce, sabe que somos difíciles para creer en la Palabra de Dios. A lo mejor muchas promesas para que sientas la seguridad de que Dios lo hará. ¿Necesitamos tantas promesas? No lo creo, porque Dios cumple. Nunca nos falla. Pero aún así, muchas veces nos cuesta creer. Por esto, muchas promesas.
Hoy es un nuevo día. Dios nos promete no por segunda vez, ni tercera ve, ni cuarta sino por enésima vez y más... ¿por qué no creerle? No esperes más promesas, acéptalas ya. Aceptemos esas promesas y vivamos felices, porque Dios nunca falla.
Que Dios te bendiga.
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lunes, 20 de septiembre de 2010

LAS TRES DIMENSIONES DEL COMPROMISO CRISTIANO



Luego se dijeron unos a otros: No estamos haciendo bien, hoy es el día de buenas noticias y nosotros callamos. Si esperamos hasta el amanecer nos alcanzará nuestra maldad. Vamos pues ahora, entremos y demos la noticia en la casa del Rey (2 Reyes 7:9).


Los leprosos de esta historia estaban viviendo el momento más importante de sus vidas, pensaban que su mundo eran sólo cuatro personas y por un momento creyeron que estaban en lo correcto, hasta que alguien entró en reflexión “No estamos haciendo bien”.


Más de una vez encontré a alguien que me dijo: “Pastor, no estamos haciendo bien”. Necesitamos estar comprometidos con una causa correcta. El ser humano desde que nace hasta que muere está comprometido con algo o con alguien, el compromiso es inherente al ser humano, es parte de nuestro diario vivir. A continuación presento las tres dimensiones del compromiso cristiano: El compromiso de creer, de compartir y de vivir.



  1. El compromiso de creer el evangelio: Oír una noticia nos compromete a actuar, el que está en peligro y sabe que ha encontrado un medio para escapar tiene mayor culpa, que el que ignora su condición. Allí la importancia de creer el evangelio.

  2. El compromiso de compartir: El que oye tiene la necesidad o el deber moral de compartir esa noticia.

  3. El compromiso de vivir ese evangelio: No podemos dar lo que no tenemos, no se puede anunciar si primero ese evangelio no se ha hecho carne en nosotros.

Los cuatro leprosos comprendieron el compromiso de creer, compartir y vivir esa noticia, alguien de los cuatro hizo reflexionar a los tres, “No estamos haciendo bien”.


Reflexionemos, ¿crees realmente en el mensaje que predicas?, ¿estás compartiendo esa noticia?, y finalmente quiero preguntarte ¿estás viviendo lo que predicas?


Pastor Martín Diaz


Misión norte oriental- UPN

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