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jueves, 11 de septiembre de 2014

Joel 2: Lluvias de gracia: La obra del Espíritu Santo


"Vosotros también, hijos de Sion, alegraos y gozaos en Jehová vuestro Dios; porque os ha dado la primera lluvia a su tiempo, y hará descender sobre vosotros lluvia temprana y tardía como al principio" (Joel 2:23).



¿Qué significa la "primera lluvia a tiempo", "lluvia temprana" y "lluvia tardía"? "El Señor emplea estos fenómenos naturales para ilustrar la obra del Espíritu Santo [...], así se da el Espíritu Santo para que lleve a cabo a través de sus estapas el proceso del creciemiento espiritual" (Testimonio para los ministros, pp. 516-7). Podríamos decir entonces que (1) "La primera lluvia a su tiempo" es cuando aceptamos a Cristo y decidimos seguirle lo que hace que seamos bautizados en agua, (2) La "Lluvia temprana" tiene que ver con el bautismo diario del Espíritu Santo, y (3) La "Lluvia tardía": Terminación de la obra de la gracia de Dios en nuestras vidas. Son etapas del cristiano en su experiencia con el Espíritu Santo.
También, a nivel escatológico significan: (1) La "Primera lluvia a su tiempo": Mensaje de Justicia de Cristo, (2) La "Lluvia temprana": Pentecostés de la iglesia primitiva, y (3)La "Lluvia tardía": Derramamiento final del Espíritu Santo (Ver: Profetas y Reyes, p. 86; Los Hechos de los Apóstoles, pp. 44-45; El Conflicto de los Siglos, p. 669).
"Se envía la lluvia tardía para dar poder a la voz del tercer ángel (Profetas y Reyes, p. 86) y preparar a la iglesia, para la segunda venida de Cristo (Los Hechos de los Apóstoles, p. 45).
Demos gracias por haber recibido a tiempo la "lluvia primera", que seamos bautizados todos los días con la "lluvia temprana" y Oremos por el derramamiento de la "lluvia tardía". 
¡Feliz día!

Pr. Heyssen J. Cordero Maraví

lunes, 4 de octubre de 2010

¿TE OLVIDASTE DE JESÚS?




“Y los hombres se maravillaban y decían: “¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?” (Mt.8:27).


¿Es posible que un cristiano estudie la Biblia todos los días, ore buena parte de su tiempo, predique el evangelio, y no conozca realmente a Jesús? A leer el texto de hoy parece que es así.


Los discípulos de Jesús compartían mucho tiempo con Él. Caminaban con Jesús, trabajaban con Jesús, comían con Jesús, descansaban con Jesús y realizaban muchas actividades al lado de Jesús, y sin embargo, tal parece que no lo conocían realmente.


El texto de hoy expresa: “y decían: ¿quién es éste…?” Es sorprendente cómo es la naturaleza humana, es trágico el actuar de la humanidad cristiana. Un día decide amar a Jesús, servirle por siempre, y otro día camina por su lado, abandona su fe, ¿por qué?


El cristiano de hoy ha olvidado ¿quién es Jesús? Alguno puede decir, ¡No! ¡¿Cómo cree pastor?! ¡Jamás! No lo dicen de boca, pero con sus actitudes sí. Fíjense en la reacción de algunos cristianos cuando en están en problemas económicos, ¿a dónde recurren? A los bancos, a los usureros, en fin. ¿Y qué de algunos cristianos con problemas familiares? Ellos buscan consejos en los amigos, en los vecinos, ¿y Dios? ¿dónde queda Dios?


Los discípulos estaban con Jesús en la barca. Cuando vino la tempestad, ¿a dónde fueron los discípulos? A sus fuerzas y capacidades, y después de todo su vano esfuerzo, recién fueron a Jesús; como lo último, como la remota opción. Y aún así lo hicieron sin fe.


El cristiano de hoy, actúa como los discípulos de antaño. Pueden estar en la iglesia (la barca) con Jesús, pueden estar con Jesús en su casa (la barca), pero olvidarse de Él, y cuando se acuerdan, lo hacen cuando ya han agotado todo su esfuerzo. ¿Cómo crees que se siente Jesús, Dios, cuando solo lo buscas porqué no tienes a dónde más?


Cuando Jesús se levantó y calmó la tempestad, la gente decía: “¿quién es éste…?”, ¿sabes por qué? Porque en realidad no lo conocían. Sabía su nombre, su fisonomía, pero aunque cerca de Jesús no sabían nada de Él. ¿Será ese tu caso? Ve hoy a Jesús y conócelo de verdad.


Pr. Heyssen J. Cordero Maraví


martes, 27 de julio de 2010

EL JUSTO VIVIRÁ POR FE


Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él. (Col. 2: 6.)


Nuestro crecimiento en la gracia, nuestro gozo, nuestra utilidad, todo depende de nuestra unión con Cristo. Solamente estando en comunión con él diariamente, a cada hora permaneciendo en él, es como hemos de crecer en la gracia. El no es solamente el autor sino también el consumador de nuestra fe. Cristo es el principio, el fin, el todo. Estará con nosotros no solamente al principio y al fin de nuestra carrera, sino en cada paso del camino...Preguntaréis, tal vez: "¿Cómo permaneceremos en Cristo?" Del mismo modo en que lo recibisteis al principio. "De la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él" (Col. 2: 6). "El justo vivirá por [la] fe" (Heb. 10: 38). Os entregasteis a Dios para ser completamente suyos, para servirle y obedecerle, y aceptasteis a Cristo como vuestro Salvador. No podíais por vosotros mismos expiar vuestros pecados o cambiar vuestro corazón; pero habiéndolos entregado a Dios, creísteis que por causa de Cristo, el Señor hizo todo aquello por vosotros. Por la fe llegasteis a ser de Cristo, y por la fe tenéis que crecer en él, dando y tomando a la vez. Tenéis que darle todo el corazón, la voluntad, la vida, daros a él para obedecer todos sus requerimientos; y debéis tomar todo: a Cristo, la plenitud de toda bendición, para que habite en vuestro corazón, y para que sea vuestra fuerza, vuestra justicia, vuestra eterna ayuda, a fin de que os dé poder para obedecerle.Conságrate a Dios todas las mañanas; haz de esto tu primer trabajo.


Sea tu oración: "Tómame ¡oh Señor! como enteramente tuyo. Pongo todos mis planes a tus pies. Úsame hoy en tu servicio. Mora conmigo, y sea toda mi obra hecha en ti". Este es un asunto diario. Cada mañana conságrate a Dios por ese día. Somete todos tus planes a él, para ponerlos en práctica o abandonarlos según te lo indicare su providencia. Sea puesta así tu vida en las manos de Dios, y será así cada vez más semejante a la de Cristo.


Por E. G. W.

martes, 22 de junio de 2010

SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS



Porque sin fe es imposible agradar a Dios(Hebreos 1:6).



¿Qué es mayordomía? La respuesta más simple, pero acertada es: el reconocimiento de que Dios es dueño de todo lo que tengo, y yo soy simplemente un administrador.


La naturaleza del hombre, es egoísta de por sí. Siempre quiere todo para él. Aunque existen personas dadivosas, generalmente son motivados por fines muy diferentes al amor. Es así nuestra naturaleza. Así somos desde que nacemos y somos niños, aún bebés. Si no fíjate en un niño que siente celos de otro niño.


No obstante, esa naturaleza debe cambiar. Debe ser mudada por el espíritu Santo, en un hombre nuevo (2 Cor. 5:17), y debe ser el amor de Dios lo que nos vuelva mayordomos fieles.


Un mayordomo fiel, es fiel porque tiene fe. La fe es igual a confianza. Entonces, si yo soy un mayordomo infiel, es porque no tengo fe, y si yo no tengo fe, es simplemente porque yo no confío en Dios. Notamos la gravedad del asunto. Es por ello que es imposible ser un cristiano de fe, si no soy fiel. Y cuando hablamos de fidelidad, no hablamos solo de diezmos y ofrendas, sino que todos los aspectos de nuestra vida. Yo decido ser un mayordomo fiel, ¿tú?


Pr. Heyssen J. Cordero Maraví

jueves, 18 de febrero de 2010

Oh Señor, sálvame...!

Pero al ver el viento fuerte, tuvo miedo y comenzó a hundirse. Entonces gritó diciendo: «¡Señor, sálvame!» Mateo 14: 30
En tiempos de crisis, las oraciones cambian y nuestra forma de percibir las cosas toma un giro brusco. Tal fue el caso de Pedro. Dos formas de orar se manifestaron en un lapso más bien corto. La oración inicial no era una oración de fe, sino más bien de poner a prueba al Señor. «Entonces le respondió Pedro y dijo: "Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas"» (Mar. 14: 28). No podía aceptar lo que presenciaba como prueba suficiente de que era el Señor quien llegaba andando sobre las aguas. «Si eres tú, haz lo que yo quiero». ¿No es así como tantas veces oramos? «Yo quiero; yo necesito; yo...yo...» ¡Claro que tenemos necesidades!

El Señor nos invita a llevarle todas nuestras penas y cuitas. Nunca se cansa de recibir nuestras peticiones y súplicas.

El caso de Pedro no fue una necesidad. Lo suyo era un deseo de confirmación para cerciorarse de que era el Señor y no el fantasma que pensaron. A veces las cosas del Señor no se entienden, y la tendencia del hombre es darle interpretaciones que con frecuencia tienden a lo peor: no un ángel, sino un fantasma.

El fenómeno de caminar sobre las aguas era para todos: todos lo vieron y lo experimentaron. Facilitarle a Pedro caminar sobre las aguas era satisfacer la petición de su corazón, algo que no necesitaba pero quería. Y el Señor se lo concedió. El Señor nos da a veces cosas para que aprendamos que no todo lo que queramos es lo que necesitamos o nos conviene.

La segunda petición de Pedro, «Señor, sálvame», fue un grito de angustia. «Solo tú lo puedes hacer; confío en tu capacidad para hacerla. Esta es mi necesidad más apremiante y solo tú la puedes colmar». «Señor, sálvame» fue la oración de verdadera fe. No tenía otra alternativa: solo el Señor podía actuar para salvarlo. Ya no había duda, sino confianza absoluta en el poder del Señor.

Cuando las oraciones no son contestadas como nosotros queremos, no tiene sentido dejar de confiar en Dios. Lo que debemos hacer es buscar la voluntad del Señor o descubrir qué lecciones nos quiere enseñar con la respuesta o el silencio recibidos. Oremos sin cesar, pero siempre buscando la voluntad de Dios y no nuestros propios caprichos.

Israel Leito

miércoles, 21 de octubre de 2009

¿Está la puerta del corazón manchada de sangre?

La sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; veré la sangre y pasaré de largo ante vosotros, Y no habrá entre vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto. Éxodo 12:13.Esa noche sería una noche terrible: el ángel destructor saldría a medianoche llevando la muerte a los primogénitos que habitaban en Egipto. Por el sólo hecho de ser el pueblo de Dios, Israel no estaría libre de la plaga. Por tanto, la orden fue: "La sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; veré la sangre y pasaré de largo ante vosotros, y no habrá entre vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto".Aquí encontramos una vez más la figura del Cordero. Desde la caída del hombre, pasando por el Calvario, su sangre siempre fue derramada para limpiar los pecados del mundo. La figura del Cordero se destaca nítidamente como el personaje central de las Escrituras. No existe salvación sin sangre, no existe gracia sin Cordero.La seguridad de los primogénitos de Israel en aquella noche no estaba sencillamente en el hecho de pertenecer al pueblo de Dios. El israelita que no pintase su puerta con la sangre del cordero, corría el riesgo de morir. Nuestra seguridad de salvación no puede nunca estar depositada en la iglesia. Ni el hecho de ser bautizados garantiza nuestra salvación. Porque no es el bautismo el que salva, ni los cargos que tenemos en la iglesia, ni el hecho de que cantemos en el coro. Nuestra única esperanza está en el Cordero.Y si un israelita sacrificaba el cordero, pero se olvidaba de pintar la puerta con sangre, el ángel destructor aparecería a medianoche y el primogénito de la casa sería destruido, porque la simple muerte del cordero no tiene valor si la sangre no es aplicada a la experiencia personal del cristiano. Necesitamos creer en el Cordero, pero también necesitamos pintar la puerta del corazón con sangre.En el día del juicio habrá gente que se perderá aunque haya creído en la Biblia, incluso en el mensaje de la justificación por la fe, sencillamente por que no vivió una vida de comunión con Cristo. Sólo creer no es suficiente. Sólo conocer no es suficiente. La sangre tiene que estar aplicada personalmente a la experiencia de cada cristiano.El gran día está llegando. Los cielos y la tierra se estremecerán. Las aguas del mar no podrán ser contenidas en los océanos. Cristo vendrá, y en ese día sólo habrá dos grupos de personas: los que con fe se aproximaron a la sangre del Cordero, y los que no lo hicieron. ¿Estás seguro de que la puerta de tu corazón se encuentra manchada con la sangre del Cordero? ¿Está su nombre escrito en tu frente? Entonces, espera sin temor el gran día en que finalmente podrás abrazarlo y vivir con él durante la eternidad.
Pr. Alejandro Bullón.

CUBIERTOS POR LA JUSTICIA DE CRISTO

Y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe. Fil. 3: 9.Josué, que estaba delante del ángel de Jehová cubierto de vestiduras viles, representa a aquellos cuya vida religiosa ha sido defectuosa, que han sido vencidos por las tentaciones de Satanás, y son indignos del favor de Dios. Los seres humanos comparecen actualmente delante de Dios cubiertos con vestiduras viles. Toda su justicia es "como trapo de inmundicia" (Isa. 64: 6). Satanás emplea contra ellos su magistral poder acusador, para mostrar sus imperfecciones como evidencia de su debilidad. Señala sarcásticamente los errores de los que pretenden servir a Dios. Han sido engañados por él, y ahora pide permiso para destruirlos.Pero ellos confían en Cristo y el Señor no los abandonará. Vino a este mundo para expiar sus pecados y para imputarles su justicia. Afirma que por la fe en su nombre pueden recibir perdón y un carácter perfecto, semejante al de él. Le han confesado sus pecados y le han pedido perdón, y Cristo afirma que por haberlo mirado y haber creído en él, les dará la facultad de ser hechos hijos de Dios. Sus caracteres son defectuosos, pero puesto que no confían en sus propios méritos ni excusan sus pecados, porque han pedido perdón por medio de los méritos de Cristo, el Señor los recibe y reprende a Satanás. Porque se han humillado y confesado sus pecados, no quiere escuchar las acusaciones del enemigo. Ha perdonado ampliamente a los arrepentidos, y llevará adelante en ellos su obra de amor redentor, si siguen creyendo y confiando en él. Completará su obra redentora al derrotar al enemigo y glorificará su nombre mediante la salvación de ellos. . .Los que por la gracia de Dios hayan logrado vencer sus debilidades tienen que enseñar a otros el secreto de la victoria, señalándoles la Fuente de fortaleza. A cada alma convertida se le da el privilegio de ayudar a los que los rodean y que no se regocijan en la luz en medio de la cual están. Ellos también pueden conocer la alegría que experimentan. "Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios" (Juan 1: 12). Pueden ocupar su lugar en el mundo como portaluces de Dios (Carta 173, del 5 de agosto de 1903, dirigida a "Mis queridos hermanos").
E. G. White
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