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lunes, 29 de junio de 2026

DIOS CONVIERTE UN DÍA DE MUERTE EN DÍA DE SALVACIÓN - ESTER 9



“Estos días serían recordados y celebrados por todas las generaciones…” (Ester 9:28).

El capítulo 9 de Ester narra el día que todos los judíos habían temido durante meses. Finalmente llegó la fecha señalada por Amán para el exterminio del pueblo de Dios. Sin embargo, gracias al nuevo decreto emitido por Jerjes, los judíos ahora tenían autorización para defenderse de quienes intentaran destruirlos. Lo que había sido diseñado como un día de muerte se transformó en un día de victoria.
La protección de Dios fue evidente en todo el imperio. Desde Susa hasta las provincias más lejanas, los enemigos de los judíos fueron derrotados. El texto destaca repetidamente que los judíos no se apoderaron de los bienes de sus adversarios, aunque tenían derecho a hacerlo. Esto demuestra que no actuaban movidos por la codicia ni por deseos de venganza personal, sino por la necesidad de preservar sus vidas y la existencia misma del pueblo del pacto.
En Susa, la victoria fue tan significativa que Jerjes informó personalmente a Ester sobre lo ocurrido. Sin embargo, el rey también le preguntó si deseaba alguna otra petición. Entonces Ester solicitó que la defensa continuara un día más en la capital y que los diez hijos de Amán fueran exhibidos públicamente. Esto puede parecer duro para nuestra sensibilidad moderna, pero en el contexto antiguo tenía un propósito muy claro: demostrar que el poder de Amán y su influencia habían sido completamente destruidos.
Aquí encontramos una poderosa enseñanza espiritual. El problema no era solamente Amán. El problema era todo aquello que Amán representaba: el odio contra el pueblo de Dios, la rebelión contra los propósitos divinos y el intento de destruir el plan de salvación. Por eso la caída de Amán debía ser completa. A continuación tres lecciones a la luz del texto bíblico:
1. Dios no solo derrota el mal; un día lo eliminará para siempre. La destrucción definitiva del poder de Amán nos recuerda una gran verdad bíblica. En el juicio final, Dios no permitirá que el pecado continúe existiendo eternamente. Así como el enemigo del pueblo fue eliminado completamente, llegará el día cuando Satanás, el pecado y la muerte desaparecerán para siempre. El Gran Conflicto terminará con una victoria absoluta de Dios y no quedará ningún vestigio del mal para volver a contaminar el universo.
2. Las mayores victorias espirituales ocurren cuando Dios transforma aquello que parecía una derrota. La fecha elegida por Amán debía ser recordada como el día de la destrucción de los judíos. Sin embargo, Dios transformó ese mismo día en una celebración de liberación. A lo largo de la Biblia encontramos este mismo patrón. El Mar Rojo parecía una trampa y se convirtió en una liberación. La cruz parecía una derrota y se convirtió en la victoria más grande de la historia. Dios tiene la capacidad de transformar nuestros momentos más oscuros en testimonios de su poder.
3. El pueblo de Dios debe recordar constantemente sus actos de liberación. Por eso nace la fiesta de Purim. La palabra “Pur” significa “suerte” o “lote”. Amán había echado el “pur” para determinar la fecha del exterminio (Ester 3:7). Lo que para él representaba un día de muerte se convirtió en un día de salvación. Por eso Mardoqueo estableció que aquellos días fueran recordados generación tras generación. El pueblo debía recordar siempre que no había sido librado por su propia fuerza, sino por la intervención providencial de Dios.
Existe aquí un hermoso paralelo con la Pascua. En el Éxodo, Dios liberó a Israel de la esclavitud de Egipto. En Ester, Dios liberó a su pueblo de un decreto de exterminio. Ambas celebraciones tenían el mismo propósito: recordar que la salvación proviene de Dios y no de los seres humanos. La memoria espiritual fortalece la fe de las nuevas generaciones.
Ester 9 nos lleva finalmente al desenlace de una historia que comenzó con un decreto de muerte y terminó con una fiesta de liberación. Lo que Amán planeó para destruir al pueblo de Dios terminó glorificando al Dios de ese pueblo. Y en esto encontramos una hermosa anticipación del final de la historia humana. Hoy seguimos viviendo en medio del Gran Conflicto, donde el pecado, el sufrimiento y la muerte parecen tener poder. Pero así como ocurrió en los días de Ester, llegará el momento en que Dios revertirá completamente la situación. Porque al final, no se trata de los decretos que el enemigo emite contra el pueblo de Dios, sino de la victoria definitiva del Dios que un día pondrá fin al pecado y transformará para siempre nuestro día de angustia en un día eterno de salvación.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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UNA SENTENCIA DE MUERTE FUE UNA OPORTUNIDAD DE SALVACIÓN - ESTER 8



“Y en cada provincia y en cada ciudad donde llegó el mandamiento del rey, los judíos tuvieron alegría y gozo…” (Ester 8:17).

La muerte de Amán no resolvió automáticamente el problema del pueblo judío. El enemigo había desaparecido, pero su decreto seguía vigente. Miles de familias continuaban bajo una sentencia de exterminio que debía cumplirse en la fecha señalada. Aquí encontramos uno de los grandes dilemas del capítulo: aunque Jerjes amaba a Ester y había honrado a Mardoqueo, las leyes persas firmadas con el anillo real no podían ser revocadas. Lo que estaba escrito seguía teniendo fuerza legal.
Entonces Ester vuelve a presentarse delante del rey. Esta vez llora y suplica por la vida de su pueblo. Su misión aún no había terminado. Ella comprendía que la caída de Amán era apenas una parte de la solución. El verdadero problema seguía siendo el decreto que amenazaba a todos los judíos del imperio.
Jerjes responde que no puede anular la ley anterior, pero les concede algo extraordinario: autoridad para redactar un nuevo decreto en nombre del rey. No se trataba exactamente de reemplazar un decreto por otro, sino de emitir una nueva disposición que permitiera a los judíos defenderse de quienes intentaran destruirlos. De esta manera, el día que había sido planeado para su exterminio se convertiría en el día de su liberación.
La rapidez con que actuaron Mardoqueo y los escribas es impresionante. El nuevo decreto fue redactado y enviado inmediatamente por medio del sistema de correos persa. Jinetes montados en los caballos más veloces del reino llevaron la noticia a las ciento veintisiete provincias del imperio. Lo que antes había sido un mensaje de muerte ahora se transformaba en un mensaje de esperanza.
Y entonces ocurre algo extraordinario. El texto dice: “Muchos de entre los pueblos de la tierra se hacían judíos, porque el temor de los judíos había caído sobre ellos” (Ester 8:17). No se trataba simplemente de miedo humano. Las personas comenzaron a reconocer que algo especial estaba ocurriendo con el pueblo de Dios. La providencia divina era tan evidente que muchos decidieron identificarse con ellos. A continuación tres lecciones a la luz del texto bíblico:
1. La oración debe ir acompañada de perseverancia hasta que la misión sea completada. Ester podría haber pensado que todo terminó con la caída de Amán. Sin embargo, comprendió que aún quedaba trabajo por hacer. La misión no concluye cuando desaparece el primer obstáculo. Los hijos de Dios deben perseverar hasta que la obra esté terminada.
2. Dios puede transformar el día de la derrota en el día de la victoria. El mismo día que había sido señalado para la destrucción de los judíos terminó convirtiéndose en la ocasión de su liberación. Esa es una de las especialidades de Dios a lo largo de la Biblia. José pasó de la cárcel al palacio. Daniel salió del foso. La cruz se convirtió en el instrumento de salvación. Dios tiene el poder de transformar aquello que parecía una derrota definitiva en una victoria gloriosa.
3. Un pueblo que experimenta la intervención de Dios se convierte en un poderoso testimonio para otros. Los habitantes del imperio observaron lo que estaba ocurriendo y muchos decidieron unirse al pueblo de Dios. La fe auténtica siempre tiene un poder de influencia. Cuando Dios obra en favor de su pueblo, otros comienzan a preguntarse quién es el Dios que ellos sirven. El testimonio más poderoso muchas veces no es un sermón, sino una vida donde la mano de Dios se hace evidente.
Ester 8 también nos recuerda una verdad profética. Así como hubo un decreto de muerte contra el pueblo de Dios en los días de Ester, la Biblia enseña que en el tiempo del fin también habrá oposición contra quienes permanezcan fieles al Señor. Sin embargo, así como Dios intervino en Persia, también sostendrá a su pueblo en los momentos más difíciles de la historia.
Lo más hermoso del capítulo es que donde antes había llanto ahora hay gozo, donde había temor ahora hay esperanza y donde había una sentencia de muerte ahora hay una oportunidad de vida. Porque al final, no se trata de cuán amenazantes parezcan los decretos humanos, sino de que Dios sigue teniendo la última palabra sobre el destino de su pueblo.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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jueves, 28 de mayo de 2026

DIOS PRESERVA SUS PLANES A TRAVÉS DE SUS FIELES - 2 CRÓNICAS 23



“Y Joiada hizo pacto entre sí y todo el pueblo y el rey, que serían pueblo de Jehová” (2 Crónicas 23:16).

En 2 Crónicas 23, el sacerdote Joiada emerge como una de las figuras más fieles y decisivas en la historia de Judá. Mientras Atalía había usurpado el reino y promovido la idolatría, Joiada protegió durante años al pequeño Joás dentro del templo. Cuando llegó el momento indicado, organizó cuidadosamente a levitas, sacerdotes y oficiales, restaurando el orden establecido desde el Pentateuco y reafirmado por reyes piadosos como Josafat. Aunque Joás era demasiado joven para gobernar plenamente, Joiada actuó como guía espiritual y político conforme a la voluntad de Dios. Más que una estrategia humana, todo esto era parte de la preservación del pacto davídico, la línea por la cual vendría el Mesías. A continuación tres lecciones a la luz del texto:
1. Dios sostiene su obra a través de personas fieles, incluso en tiempos oscuros. Mientras el reino parecía perdido bajo Atalía, Dios estaba obrando silenciosamente a través de Joiada. Su fidelidad no fue pública al inicio, pero fue decisiva para preservar el futuro de Judá. Esto nos enseña que Dios muchas veces sostiene sus planes mediante personas que permanecen firmes aun cuando todo alrededor parece derrumbarse.
2. La restauración espiritual requiere volver al orden establecido por Dios. Joiada no improvisó una reforma; restauró el servicio de levitas, sacerdotes y oficiales conforme a lo que Dios había establecido desde tiempos de Moisés. El avivamiento verdadero no consiste en inventar algo nuevo, sino en volver a la voluntad de Dios y reorganizar la vida espiritual alrededor de ella.
3. Dios nunca abandona sus promesas, aunque las circunstancias parezcan contradecirlas. Atalía intentó destruir la descendencia real, pero Dios preservó a Joás porque había prometido mantener el linaje de David. La fidelidad de Dios no depende de la estabilidad humana ni del poder de los impíos. Aun cuando parece que el mal domina, Dios sigue protegiendo silenciosamente el cumplimiento de sus propósitos.
La historia de Joiada nos recuerda que Dios no abandona su obra ni rompe sus promesas. En medio de la corrupción, la violencia y el caos, Dios preservó al pequeño Joás y levantó a un sacerdote fiel para proteger el futuro del reino. Hoy, aunque muchas veces parezca que el mal avanza, Dios sigue obrando a través de personas comprometidas con su voluntad. Porque al final, no son los poderes humanos los que sostienen la historia, sino la fidelidad de Dios que permanece generación tras generación.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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viernes, 3 de abril de 2026

DENTRO DEL PUEBLO, PERO NO TODOS DEL PUEBLO - 1 CRÓNICAS 2



“Estos son los hijos de Israel…” (1 Crónicas 2:1)

1 Crónicas 2 presenta a los hijos de Israel, el pueblo escogido de Dios. Todos ellos compartían una misma identidad, una misma historia y las mismas promesas. Sin embargo, al mirar el desarrollo de la historia bíblica, descubrimos una realidad solemne: no todos los que formaban parte del pueblo de Dios fueron fieles. Algunos vivieron en obediencia, pero otros se apartaron. Esto nos enseña que se puede pertenecer al pueblo visible… y aun así perder el rumbo espiritual. A continuación, tres lecciones a la luz del texto:
1. Pertenecer al pueblo de Dios no garantiza salvación. Israel tenía privilegios espirituales únicos: el pacto, la ley, la adoración verdadera. Pero muchos confundieron su identidad con su condición espiritual. Hoy, como pueblo adventista, también tenemos una identidad profética clara. Sin embargo, el peligro sigue siendo el mismo: creer que estar dentro de la iglesia es suficiente. Dios no busca solo miembros, sino corazones convertidos. La salvación no es por pertenencia, sino por una relación viva con Él.
2. El remanente es una experiencia de fidelidad, no solo un nombre. Dentro de Israel siempre hubo un grupo fiel, un remanente que permaneció leal a Dios en medio de la infidelidad general. De la misma manera, el llamado al remanente hoy no es solo doctrinal, sino espiritual. No se trata únicamente de llevar un nombre o identificarse con una iglesia, sino de vivir en obediencia, guardar los mandamientos de Dios y tener la fe de Jesús. Ser remanente es una experiencia diaria de fidelidad.
3. Dios cumple su propósito a través de los fieles. A lo largo de la historia, Dios no trabajó con multitudes indiferentes, sino con personas comprometidas. En medio de una nación inestable, siempre hubo hombres y mujeres que permanecieron firmes, y a través de ellos Dios cumplió Su plan redentor. Hoy no es diferente. Dios sigue buscando personas que vivan su fe con coherencia, que no solo profesen, sino que reflejen a Cristo en su vida.
Al final, no se trata solo de estar dentro del pueblo, sino de ser parte del remanente fiel. Porque llegará el día en que no bastará con decir “pertenezco”, sino que se evidenciará quién permaneció. Hoy, Dios te invita no solo a formar parte de Su iglesia… sino a vivir como parte de Su pueblo fiel.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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miércoles, 4 de diciembre de 2024

CUATRO PREGUNTAS SOBRE LA IMPORTANCIA DEL CUMPLIMIENTO DE LA MISIÓN - ROMANOS 10

Según la Biblia, todos tienen acceso a la salvación. Pablo reafirma esta verdad en este capítulo (v.12). No hay judío ni griego para la salvacación. El único requisito para la salvación es creer en Jesús e invocar el nombre de Dios (v.13). No obstante, hay algo que tenemos que hacer, una vez que ya somos parte del pueblo de Dios para que las demás personas se salven: NECESITAMOS PREDICAR.


En ese sentido, Pablo, hace cuatro preguntas para destacar el papel de la iglesia respecto a la importancia de la predicación del evangelio:


1. ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? (v.14a). Esta pregunta subraya la necesidad de la creencia como un requisito previo para invocar el nombre del Señor para la salvación. En Romanos 10:13, Pablo acaba de citar Joel 2:32, diciendo: "Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo." Así, invocar al Señor es un acto de fe que presupone creer en Él. Sin creencia, no puede haber una invocación genuina del nombre del Señor.


2. ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? (v.14b). Esta pregunta señala el papel indispensable de la audición en el proceso de llegar a la fe. La creencia en Cristo depende de escuchar el mensaje acerca de Él. Pablo está enfatizando que la fe no es un salto ciego en la oscuridad, sino una respuesta al mensaje escuchado del Evangelio. En Romanos 10:17, Pablo aclara esto aún más al decir: "Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios." El mensaje acerca de Cristo debe ser comunicado para que las personas puedan escucharlo, entenderlo y responder en fe.


3. ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? (v.14c). Esta pregunta destaca la necesidad de un proclamador del Evangelio. El término "predicador" aquí no se limita a aquellos que ocupan posiciones oficiales en la iglesia, sino que se extiende a todos los que comparten el mensaje de Cristo. La palabra griega utilizada para "predicador" es "kērussontos," que significa uno que anuncia o proclama. Esta proclamación es esencial porque es a través de la palabra hablada que el mensaje de Cristo se transmite a otros. El predicador sirve como el vehículo a través del cual se entrega la buena nueva, haciendo posible que otros escuchen y crean.


4. ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? (v.15). Destaca la realidad y necesidad de discípulos que acepten el desafío y llamado de salir de su zona de confort, para ir a predicar el evangelio. No obstante, aunque el trabajo parece que es voluntario, es necesario enviarlos (con instrucción adecuada). Pablo mismo fue llamado a predicar el evangelio, a salir de su zona para ir a otros lugares (a los gentiles) con mensajes de esperanza. 


A la luz del texto, el problema jamás fue las personas a ser predicadas, sino la falta de obreros. Esto podemos notarlo claramente en Mateo 9:37-38. Pablo realiza estas cuatro preguntas destacando que el problema no es la gente, sino que son los obreros los que deben cumplir la misión.


Finalmente, Pablo cita a Isaías, para decir sobre los evangelistas y predicadores: “ ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!” (v.15). Definitivamente, es todo un privilegio ser el portavoz de Dios y caminar en pro de la predicación del evangelio.


Feliz día.


Pr. Heyssen Cordero Maraví 


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miércoles, 17 de enero de 2024

LA PROFECÍA MÁS IMPACTANTE DEL ANTIGUO TESTAMENTO - ISAÍAS 53



El capítulo 53 de Isaías es una de las profecías más conocidas del Antiguo Testamento. En ella, el profeta Isaías describe el sufrimiento y la muerte del Mesías, que vendría a salvar a su pueblo del pecado. 


El pueblo de Dios del Antiguo Testamento, entendía que algún día vendría el Mesías, desde Génesis hasta Malaquías, la esperanza de un salvador estaba presente en cada libro (o rollo) de los mensajes de Dios. Sin embargo, las penurias a causa de Asiria, las desgracias en las deportaciones a Babilonia, y su vida triste en el exilio, les hicieron anhelar con más pasión la venida del Mesías libertador. Un Mesías davídico, es decir, fuerte y valiente, con huestes multitudinarias que libertaría al pueblo esclavizado y oprimido en Egipto, en Babilonia, de igual modo por los medo-persas , los griegos, y los romanos.


Israel y Judá, tenían siempre la idea de que el Mesías venía en poder y gloria militar. Vengaría a su pueblo de sus enemigos. No obstante, cuando llegaban y leían Isaías 53, muchos de ellos no entendían, o no querían entender lo que claramente decía el texto. El texto hablaba del Mesías prometido, pero era tan diferente al Mesías que ellos creían que necesitaban. Ellos creían que necesitaban a un “Guerrero valiente que los libre de la opresión enemiga”. Sin embargo, el Mesías descrito en Isaías 53 describe a un siervo sufriente.


Así es el ser humano, a veces anhela lo que no necesita. Israel anhelaba un libertador físico, pero ellos en realidad necesitaban, un salvador espiritual. Un salvador que les de esperanza y paz. ¿Cuántas veces hemos anhelado que  nuestras las deudas económicas se paguen, cuando en realidad necesitamos que se pague nuestra deuda del pecado? Anhelamos más dinero cuando necesitamos más de Jesús.


Este capítulo es un poderoso testimonio del amor de Dios por la humanidad. Dios envió a su Hijo unigénito a morir por nuestros pecados, para que podamos ser perdonados y tener vida eterna. El profeta Isaías describe el sufrimiento del Mesías de una manera muy gráfica. Dice que sería despreciado y desechado, herido y afligido. Llevaría nuestros dolores y sería herido por nuestras transgresiones.


La profecía de Isaías 53 nos enseña mucho sobre el amor de Dios. Nos enseña que Dios nos ama tanto que envió a su Hijo a morir por nosotros. Este amor es un amor incondicional. No importa lo que hayamos hecho, Dios siempre nos ama y nos perdona. Podemos encontrar consuelo y esperanza en este amor. Cuando nos sentimos perdidos o solos, podemos recordar que Dios nos ama y que ha hecho todo lo posible para salvarnos.


Feliz día.


Pr. Heyssen Cordero Maraví 


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martes, 9 de enero de 2024

ÁNIMO, ¡MI DIOS SALVA! - ISAÍAS 47



El orgullo y la vanidad nublan la visión correcta de las cosas. No nos permiten ver que estamos viviendo y logrando cosas, no por nuestras fuerzas y capacidades, sino por la mano de Dios. Es Dios quien nos da o permite que vivamos éxito. El problema ocurre cuando no somos capaces de entender ni diferenciar la Mano poderosa de Dios en nuestras vidas. 


El capítulo de hoy no recuerda la profecía de juicio contra Babilonia, y lo hace usando la imagen de una señora “voluptuosa”, “poderosa”, “llena de riquezas” y “señora de los reinos” (v.8.), que no tuvo compasión de Judá, que humilló más de la cuenta al pueblo de Dios. Y que en ningún momento pensó que conquistó todo a su paso simplemente porque Jehová lo permitió, porque “Dios estaba enojado contra Judá y los había entregado en sus manos” (v.6, 7). 


Es necesario recordar que esta profecía aún no se había dado. Hace solo algunos meses o quizás años, Ezequías había abierto las puertas de su reino a los embajadores de Babilonia. Babilonia no era más que un pueblo emergente aún, importante sí, pero no poderoso cómo llegaría a ser.


Es importante notar que Babilonia también fue un instrumento de Dios para aleccionar a su pueblo, a Judá. Sin embargo, a diferencia de Ciro, el persa, Babilonia fue cruel, orgullosa, y mala. Sin embargo, en medio de todos los abusos de Babilonia contra el pueblo de Dios, Dios se levanta como “Nuestro Redentor, Jehová de los ejércitos es su nombre, el Santo de Israel” (v.4). Dios salva. No permitirá que Babilonia triunfe en nuestras vidas.


En medio de la más cruda situación del pueblo de Dios por mano de Babilonia, podemos tener la seguridad de que Dios es nuestro Redentor, nos salva. Ánimo, no todo está perdido. Es cierto, muchas veces sufrimos los males de babilonia por nuestras desobediencias, o nuestras rebeldías, pero Dios nos dice hoy, que no será para siempre… Dios va en nuestro rescate. 


Feliz día.


Pr. Heyssen Cordero Maraví 


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lunes, 28 de diciembre de 2020

SOLO UN REMANENTE SERÁ SALVO - Ezequiel 6:8



El pueblo de Israel era terco de corazón. ¿Cuántos profetas y mensajes habían recibido de parte de Dios? ¿Cuántas oportunidades? Y el pueblo de Dios jamás entendió lo que Dios quería para ellos, la razón era simple: Los mensajes de Dios por medio de sus profetas no eran compatibles con sus planes personales. “En vez de reconocer a Dios y hacer caso a sus revelaciones, los hijos de Israel hacían "escarnio de los mensajeros de Dios, y menospreciaban sus palabras, burlándose de sus profetas, hasta que subió la ira de Jehová contra su pueblo, y no hubo ya remedio" (2 Crón. 36:16).


Pero “Por medio de la dura adversidad, el pueblo de Dios había de aprender lo que no había aprendido en tiempos de prosperidad” (DTG, p. 20). Fueron entregados como cautivos y sufrieron más duras consecuencias de desobedecer a los mandatos divinos. ¿Tan terco es el ser humano para hacer su propia voluntad en vez de seguir la dirección de Dios? ¿Era necesario que pasen por días crudos para recién ver qué Dios tenía razón? 

Sin embargo, cuando pareciera que “todos doblaron sus rodillas tras dioses falsos”, y todos los israelitas desobedecieron a Dios y fueron rebeldes, o cuando todo el pueblo de Dios fue idólatra y terco de corazón, hay un mensaje claro: “Mas dejaré un resto, de modo que tengáis entre las naciones algunos que escapen de la espada, cuando seáis esparcidos por las tierras” (v.8). ¡Un remanente! Sí, aquellos que no han doblados sus rodillas ante dioses falsos, aquellos que “guardan los mandamientos de Dios y tienen la fe de Jesús” (Apocalipsis 14:12), los que prefieren “obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:29). Un remanente, solo una parte pequeña de todo un pueblo escogido, será librado de la muerte y destrucción para ser salvos.

Pablo diría a los Romanos: “ Isaías también exclama en cuanto a Israel: Aunque el número de los hijos de Israel sea como la arena del mar, solo el remanente será salvo” (Romanos 9:27). Así fue desde el principio. De Egipto salieron 603 550 israelitas mayores de veinte años (hombres de guerra) y solo 02 entraron a la tierra prometida. Los demás “quedaron tendidos (murieron) en el desierto porque Dios no se agradó de ellos” (1 Corintios 10:5). Y así será en el fin de los tiempos. Claramente no todos los que profesan ser el pueblo de Dios serán salvos. En necesario recordar que todos aquellos que menosprecian el mensaje de Dios, el evangelio eterno, serán juzgados por Dios para perdición. En cambio, aquellos que valoran y aceptan, viven en obediencia a los mandatos divinos, serán salvos de la destrucción final.

Hoy es un nuevo día. ¿Cómo consideras a los mensajes de Dios? ¿Los consideras como mandatos o como recomendaciones opcionales? Hoy tenemos a la Biblia como mensajes directos de Dios para nosotros. No sirve de mucho si la Biblia es para ti un conjunto de consejos sugerentes y opcionales. Es necesario aceptarlos como nuestra única regla de autoridad y fe. ¿Qué te parece? En este punto radica los que son y no son parte del pueblo de Dios.

¡Feliz día!

Pr. Heyssen Cordero Maraví 

#rpSp #PrimeroDios #MensajesDeEsperanza

jueves, 19 de noviembre de 2015

NO TODOS SERÁN SALVOS - Números 14

Dios libertó al pueblo de Israel porque quería llevarlos a Canaán. Ese era el plan original de Dios. No obstante, a solo meses de haber abandonado la tierra de esclavitud, finalmente llegaron a la frontera de la tierra prometida y fue por su rebeldía y desobediencia, que no pudieron ingresar.
Su falta de fe, sus constantes murmuraciones y quejas, y su repetida rebeldía, hicieron que Dios decida una vez más, destruirlos. Sin embargo, por la intercesión de Moisés no fue así. Pero, la actitud rebelde de Israel tendría consecuencias: Ellos no entrarían a la tierra prometida NUNCA. De los "seiscientos tres mil quinientos cincuenta" (Núm.2:34) contando de veinte años para arriba, únicamente Josué y Caleb, entrarían a Canaán. Los demás morirían en el desierto (Núm. 14: 29-35). El texto también destaca que los niños o menores de veinte años, sí entraría a Canaán.
Otro detalle a considerar es que los príncipes pesimistas (10 los espías) murieron por una plaga delante de Jehová (vrs. 37,38). Esto muestra que a Dios no le agrada los hijos murmuradores y faltos de fe. Finalmente, el pueblo se enlutó, pero decidieron entrar a Canaán, por fuerza propia, sin la dirección y guía de Jehová. Triste y penoso resultado: Los cananeos y el amalecita los derrotaron y los persiguieron. ¿Qué podemos hacer sin la dirección de Dios? ¿A quién le vas a ganar si vas solo a pelear?
Dios nos sacó de Egipto (el mundo sin Cristo) para llevarnos a la Canaán celestial. No nos sacó para morirnos en este mundo. Pero necesitamos la fe de Josué y el "otro espíritu" de Caleb (v.24) para ir en pos de Dios a fin de poseer la tierra prometida. La promesa está dada, pero solos somos incapaces de tomarla, solos somos simples mortales, pero con Dios será "pan comido" (v.8). No hay de otra. Necesitamos de Dios, pues sino los amalecitas y cananeos nos harán "leña" (v.45).
Finalmente, "si fuere el número de los hijos de Israel como la arena del mar, solo un remanente será salvo" (Rom.9:27). Ser parte del pueblo de Dios no te garantiza ser salvo. Recuerda que de los 603 550 israelitas solo 2 entraron a la tierra prometida.
¡Buen día!
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