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miércoles, 8 de abril de 2026

UN LÍDER VERDADERO NO SE ENALTECE, SE RINDE A DIOS - 1 CRÓNICAS 17



“Yo te tomé del redil, de detrás de las ovejas…” (1 Crónicas 17:7).

David fue llamado desde lo más simple: cuidar ovejas. Dios mismo le recuerda su origen para que no olvide que todo lo que llegó a ser no fue por mérito propio, sino por gracia. Aun así, cuando ya es rey y desea construir un templo para Dios, recibe una respuesta inesperada: no será él, sino su hijo Salomón quien lo hará. Lo sorprendente no es la negativa, sino la reacción de David. No se resiente, no se compara, no compite. Acepta con humildad y continúa sirviendo. Esto revela un liderazgo profundamente formado en Dios. A continuación tres lecciones a la luz del texto:
1. Un líder no olvida de dónde Dios lo sacó. David nunca perdió la conciencia de su origen.
Recordar el punto de partida lo mantuvo dependiente y agradecido. El poder no lo definió, porque su identidad estaba en Dios. Cuando un líder olvida su origen, corre el riesgo de exaltarse; cuando lo recuerda, permanece humilde.
2. Un líder acepta el plan de Dios, aunque no coincida con sus deseos. David tenía una buena intención: edificar un templo para Dios.
Sin embargo, Dios tenía otro plan. La grandeza de David no estuvo solo en querer hacer algo para Dios, sino en saber someterse cuando Dios dijo no. El liderazgo maduro no se mide solo por lo que inicia, sino por lo que es capaz de soltar.
3. Un líder vive para la gloria de Dios, no para su propio legado. David no luchó por dejar su nombre en una obra visible. Entendió que el propósito de Dios era mayor que su protagonismo personal. Su enfoque no era “qué haré yo”, sino “qué hará Dios, aunque sea a través de otro”. Ese es el secreto de su corazón: una vida rendida, no centrada en sí mismo.
El verdadero liderazgo no se trata de cuánto se asciende, sino de cuán rendido se permanece. David llegó a lo más alto sin olvidar que todo venía de Dios, y aceptó incluso aquello que no pudo hacer sin perder su paz ni su propósito. Hoy, el desafío no es solo alcanzar posiciones, sino mantener un corazón humilde cuando se llega a ellas. Porque al final, no se trata de lo que logramos construir, sino de si nuestra vida sigue completamente rendida a la voluntad de Dios.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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domingo, 12 de octubre de 2014

Sofonías 2: EL FIN DE LA HUMILDAD Y LA SOBERBIA (ORGULLO)



"Buscad a Jehová todos los humildes de la tierra, los que pusiste por obra su juicio; buscad justicia, buscad mansedumbre; quizás seréis guardados en el día del enojo" (Sofonías 2:3).

Hay cristianos humildes y otros soberbios u orgullosos. Como en todo y todos haya de todo también en el pueblo de Dios. ¿Cuál será el destino de cada uno de ellos en el día de Jehová?

El juicio de Dios es inminente. No hay pasotergación. El profeta lo sabe y seguro de que el juicio, el "día de Jehová" es real hace un llamado al arrepentimiento. Solo el arrepentimiento de todo corazón evitaría que el "día de Jehová" sea de destrucción total. No obstante, si persistían en su pecado, en su vida de maldad simplemente serían consumidos como paja (Sal. 1:4).  El verso de hoy presenta ese llamado de la siguiente manera: "Buscar a Jehová todos los humildes de la tierra" (Sof. 2:3). En la cita encontramos dos verdades enormes, (1) el profeta anima a buscar a Dios con humildad para encontrar justicia, y (2) todos pueden alcanzar esa justicia, no solo el pueblo de Dios.

Pero, ¿quiénes son los humildes? y ¿en qué consiste esa humildad? Los humildes son aquellas personas que permanecieron fieles a Dios, y a quienes él guía y enseña. El salmista dice: “Bueno y recto es Jehová; por tanto, él enseñará a los pecadores el camino. Encaminará a los humildes por el juicio, y enseñará a los mansos su carrera” (Sal. 25:8, 9). Es solo de ese modo que los humildes alcanzarán justicia en el día inminente de jucio. Los interesante del texto se encuentra en la palabra "quizás" no es algo seguro en realidad, es una posibilidad, ¿por qué? Sencillo, Los humildes son aquellas personas que permanecieron fieles a Dios, y a quienes él guía y enseña. El salmista dice: “Bueno y recto es Jehová; por tanto, él enseñará a los pecadores el camino. Encaminará a los humildes por el juicio, y enseñará a los mansos su carrera” (Sal. 25:8, 9). ¡Impresionante!

Finalmente, el verso 10 destaca el contraste entre los que pueden ser librados d ela destrucción: los humildes, y aquellos que serán juzgados definitivamente: los soberbios. No necesitamos mucha explicación para notar en expreso que Dios tiene una recompensa para los humildes y soberbios, enfatizando así que la soberbia no tiene nada de grato, y muy por el contrario en aquél día todos los soberbios serán avergonzados hasta finalmente humillarse e inclinarse ante Dios, Jehová.

¿Cuál es el mensaje para mí? ¿Qué lecciones puedo encontrar un cristiano como yo en el capítulo estudiado? Varias lecciones: (1) El juicio es real, Jesús viene pronto y aunque parece demorar cieretamente viene en breve, (2) Todos seremos juzgados en aquél día y a menos que no busquemos a Dios con humildad pereceremos en el día de la destrucción, (3) Esa liberación de la destrucción no es un obra humana o por mérito alguno sino es una gracia, un don, por ello la palabra "quizás", (4) Dedemos notar el contraste entre la humildad y la soberbia y sus destinos al final. 

Hoy, quisiera buscar a Dios humildemente, sin conceptos previos, sin argumentos e inclinaciones personales, sino limpio de corazón y de mente para ver lo que Dios quiere decirme, y así, quizás Dios me libre del día de la ira, por su gracia y amor, no por mérito alguno, sino por su gracia, su magna gracia.

Pr. Heyssen J. Cordero Maraví

jueves, 2 de octubre de 2014

Miqueas 6: LO QUE PIDE DIOS DE MÍ



"Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios" (Miqueas 6:8).

¿Qué es lo que pide Dios de mí? Esa es una de las preguntas probablemente más repetidas de quiénes quieren servir a Dios como Él quiere. No obstante, las respuestas pueden variar dependiendo de quién te la responda. Hoy, no queremos la respuesta de nadie, solo de Dios, y el texto de hoy nos responde.

En los tiempos del profeta Miqueas los habitantes de Jerusalén y Judá estaban en una decandencia espiritual. El libro de Miqueas presenta las condiciones morales y religiosas que imperaban entre el pueblo durante los reinados mencionados (CBA, 4:1036). Acaz es considerado como el rey más idólatra que jamás haya existido en Judá, y no era para menos porque se entregó en una completa idolatría hasta el punto de pasar a "sus hijos por fuego conforme a las abominaciones de las naciones" (2 Cron.28:3). También hizo colocar dentro del templo un altar idolátrico cuyo original había visto en Damasco (2 Rey. 16:10-12, 14-17). Sin duda el rey Acaz era un rey que no solo estaba sumergido en el pecado sino que hacía sumergir a todo su pueblo. Y no solo él sino que también los sacerdotes de Jehová, quiénes habían apostatado. Los sacerdotes consentían la adoración tradicional a Jehová y de manera formal y externa, y a la vez permitían una adoración idolátrica con todas sus prácticas paganas. Del mismo modo, en vez de defender al pobre de las injusticias de los ricos, simplemente no hacían nada, solo buscaban su comodidad. Habían profetas falsos que se ganaban el cariño del pueblo y de los líderes con mensajes falsos y engañosos, con "mensajes de esperanza" de que no debían temer porque Dios los amaba y jamás procederían con tal ira contra sus hijos. Es por ello que los verdaderos profetas de Dios eran insultados y presa de burlas porque proclamaban mensajes muy contrarios a lo de los falsos profetas.

El texto de hoy deja en claro desde el inicio que Dios nos dice lo que es bueno, y eso que es bueno, es lo que nos pide. Nunca olvidemos que Dios siempre quiere nuestro bien. La Biblia dice que si nosostros siendo malos sabemos dar buenos regalos a los que nos piden, ¡imagínate cuánto más nuestro Dios! (Mt. 7:11). Muchas veces sentimos que lo que Dios nos pide es algo malo porque nos gusta vivir así, pero no es así. El pueblo de Dios estaba sumido en una completa adoración falsa, idolátrica y vivían en una corrupción de vida moral: 

1.- Adoraban en el templo a Jehová siguiendo los cultos tradicionales, pero en ese mismo lugar también adoraban a ídolos falsos que no eran, según ellos a otro Dios, sino a Jehová. Es decir, ellos argumentaban algo así: "En realidad esas imágenes e ídolos son representaciones simbólicas del Dios verdadero y único que es Jehová". Sucede lo mismo hoy. Adoramos a Dios en su templo cada sábado, pero muchos adoran en el mismo templo a otros dioses de nombre celulares, redes sociales, críticas, burlas, etc.

2.- Adoraban a Dios haciendo supuestamente lo que Dios decía, pero solo lo que les convenía. Y todo lo que les convenía eran mensajes de falsos profetas. Esos falsos profetas con doctrinas falsas y mentirosas que se contraponían con los mensajes de los profetas verdaderos de Dios. Por ello los profetas de Dios eran insultados y hasta asesinados por hablar palabras en contra de las acciones pecaminosas de Judá e Israel. Sucede lo mismo hoy. De cuando en cuando aparecen predicadores con mensajes suaves, mensajes falsos de que Dios nos ama y nos ama tanto que nos entiende, y claro que nos entiende, pero Dios quiere que hagamos un cambio y nos salvemos. En cambio, los predicadores falsos dicen, no es un proceso, algún día se logrará cambiar todo... debemos tener paciencia, no debemos ser duros. Debemos predicar del amor y no de la ira de Dios, etc.

3.- Los que adoraban a Jehová lo hacían en el templo, y fuera de él, simplemente vivían una vida corrupta de injusticias y mentiras. Todos estaban sumergidos en ésto. Desde el rey hasta los sacerdotes. Todos hacían injusticias contra los más débiles, contra los pobres, contra los que poco o nada tenían. Sucede lo mismo hoy. Muchos creen que el cristianismo solo tiene que ver con los sábados en el templo, y fuera de él, todo vale. Todo vale, negocios vulgares, robos, estafas. Solo tienes que ir a la iglesia el sábado, ponerte corbata y dar tu diezmo u ofrenda, y lo que quieras, total, si robas a los que miras no hay problema de robarle a los que no puedes ver.

Por eso, Dios pide hoy: (1) justicia, que es ordenar la vida de acuerdo con los "juicios de Dios", (2) Misericordia, que es bondad, benevolencia, favor cariñoso, y (3) humillarte, el desarrollo de una íntima relación con Dios que es el verdadero propósito de una religión. Las ceremonias externas solo tienen valor si contribyen a ese desarrollo. 

¿Qué es lo que Dios pide de mí? Hacer justicia y amar misericordia es proceder con rectitud y bondad. Esas virtudes afectan nuestra relación con nuestros prójimos y resumen el propósito de la segunda tabla del Decálogo (Mt. 22:37-38). 


Dios te bendiga.

Pr. Heyssen J. Cordero Maraví 

viernes, 8 de febrero de 2013

Importante, pero no indispensable


Él respondió, les dijo: Os digo que si éstos callaran, las piedras clamarían” (Lc. 19:40).
En alguna iglesia alguien dijo que si él llegara a irse en algún momento, su iglesia desaparecería. Que se desanimarían pues él era el único que movilizaba y animaba a la hermandad.
Me quedé pensando y muy triste. ¡Qué poco conocemos a Dios! ¡Qué pobre es nuestro conocimiento del Dios Todopoderoso que tenemos! ¿Creemos acaso en un Dios tan poco inteligente como para descansar su iglesia, lo más preciado que tiene sobre esta tierra en solo tú y yo?
Aunque te sientas tentado a creer que tu iglesia puede sufrir sin la presencia o ayuda del anciano “tal” o del líder de jóvenes “tal”, jamás olvides que “las piedras hablarán” y que Dios puede usar hasta un “asno” si tú y yo no podemos.
Eres importante en el reino de Dios, pero no indispensable. Con o sin ti, la obra se hará… y a veces es necesario que no estés para que se levanten más líderes. 
Con aprecio…

Pr. Heyssen J. Cordero

jueves, 17 de noviembre de 2011

Resultados de la soberbia

Cuando viene la soberbia, viene también la deshonra; mas con los humildes está la sabiduría. Prov. 11:2.



El primer balance de la empresa fue extraordinario. El sol parecía brillar Len la vida de Julio César. Había pedido dinero prestado. Varios amigos le extendieron la mano con el solo propósito de ayudado. No creían que la empresa funcionara bien. Pero funcionó. En pocos meses las puertas se abrieron y las oportunidades aparecieron. De repente, Julio César se dio cuenta que ahora era rico, y entonces comenzaron sus verdaderos problemas.

Hirió a los amigos, peleó con las personas que le habían prestado el dinero, humilló, ofendió y maltrató a gente inocente. Nadie lo conocía ya. Hubo un cambio completo en su manera de ser. Orgulloso, prepotente y vanidoso, se creía el rey del mundo, y olvidó que un día había sido la persona más pobre y humilde.

La situación financiera que atravesó Brasil durante los años de la gran inflación lo ayudó a enriquecerse. De repente, sin embargo, el cuadro económico del país cambió y con dolor, tuvo que aceptar que nunca había sido un gran empresario. Había sido apenas un jugador que sabía apostar su capital.

Se empobreció. Tan rápido como creció, cayó. Se rebeló contra Dios, contra el Gobierno, contra la sociedad y contra la familia. Huía de los acreedores y se escondía de los amigos. Creía que se reirían de su situación.

La vida de pobreza y limitaciones no era ya para él. Se había acostumbrado a despilfarrar el dinero. Por eso, no le resultó difícil comenzar a andar por las sendas de la deshonestidad. Lamentablemente para él, fue preso y condenado.

¡Cuánta sabiduría hay en las personas que se mantienen humildes aunque la vida las conduzca a las montañas más altas de la tierra! Cuán gran tontería es dejarse manejar por los triunfos y victorias. Creerse un semi-dios, indestructible y eterno. Olvidar que el hombre es apenas una criatura. Transitoria, pasajera y mortal.

Sal hoy de casa para cumplir tus actividades diarias, pero ve con humildad, recordando que "cuando viene la soberbia, viene también la deshonra; mas con los humildes está la sabiduría".
Pr. Alejandro Bullón Paucar

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