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lunes, 27 de julio de 2026

¿QUÉ SIGNIFICA SER ÍNTEGRO? HACER LAS COSAS BIEN CUANDO NADIE NOS VE - JOB 31



“Hice pacto con mis ojos; ¿cómo, pues, había yo de mirar a una virgen?” (Job 31:1).

Job llega al final de su larga defensa con un solemne discurso sobre su integridad. Ya no responde directamente a las acusaciones de sus amigos; ahora presenta su vida delante de Dios. Recorre prácticamente todas las áreas de su existencia: su pureza moral, su honestidad, su trato hacia los pobres, las viudas y los huérfanos, su relación con sus bienes, su actitud frente a la idolatría y aun el trato hacia sus enemigos. Es como si invitara al Señor a examinar cada rincón de su corazón. No porque creyera ser perfecto, sino porque estaba seguro de haber vivido con rectitud e integridad delante de Dios.
Este capítulo constituye uno de los retratos más completos del carácter de un hombre piadoso en todo el Antiguo Testamento. La integridad de Job no consistía simplemente en evitar el pecado, sino en vivir conscientemente bajo la mirada del Creador. Por eso termina deseando que Dios mismo lo examine, convencido de que el Juez del universo conoce la verdad mucho mejor que cualquier ser humano. A continuación tres lecciones a la luz del texto bíblico:
1. La primera batalla de la santidad comienza con los ojos. Job declara: “Hice pacto con mis ojos.” Antes que el pecado llegue a las manos o al corazón, suele comenzar por la mirada. Job entendía que la pureza no empieza cuando rechazamos una acción, sino cuando decidimos qué permitiremos entrar en nuestra mente. En un mundo donde los ojos son constantemente atraídos por aquello que aleja de Dios, la primera victoria espiritual sigue librándose allí. Quien aprende a gobernar su mirada fortalece también su corazón.
2. La integridad no teme ser examinada. A lo largo del capítulo, Job prácticamente le dice a Dios: “Examina mi vida.” Quien vive con integridad no teme la evaluación del Señor, porque sabe que no tiene una doble vida. La integridad no significa ausencia de errores, sino transparencia delante de Dios. Es hacer lo correcto cuando nadie observa, porque sabemos que el único testigo que realmente importa siempre está presente. Tarde o temprano, la verdad vindica a quien ha permanecido fiel.
3. La fidelidad nace al reconocer que Dios es nuestro Creador. Job fundamenta toda su conducta en una gran verdad: Dios hizo tanto a él como a sus siervos (Job 31:15). Si el mismo Creador nos formó a todos, entonces todos merecen dignidad, respeto y justicia. La fidelidad no nace solamente del temor al juicio, sino del amor y la gratitud hacia Aquel que nos dio la vida. Reconocer a Dios como Creador transforma nuestra manera de mirar a los demás y de vivir delante de Él.
Job concluye su defensa dejando el caso completamente en manos del Señor. Ya no necesita convencer a sus amigos. Ha dicho todo cuanto debía decir y ahora espera que Dios hable. Su oración demuestra que la comunión con Dios no consiste únicamente en palabras litúrgicas o fórmulas religiosas. La verdadera oración es un diálogo sincero, donde el creyente puede abrir su corazón con alegría, con dudas, con lágrimas y hasta con amargura, sabiendo que el Señor escucha con amor. Porque al final, no se trata de construir una apariencia de santidad delante de las personas, sino de vivir con un corazón íntegro delante de Dios. La verdadera integridad comienza en lo secreto, se fortalece en la comunión con el Creador y permanece firme aun cuando nadie más la reconoce. Quien vive bajo la mirada de Dios nunca necesita temer el juicio de los hombres.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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LA VIDA TIENE SUS ALTOS Y BAJOS - JOB 30



“Esperé yo el bien, y vino el mal; aguardé luz, y vino oscuridad” (Job 30:26).

Después de recordar con nostalgia los días de honor y prosperidad, Job vuelve al presente. El contraste es desgarrador. Aquel hombre que era respetado por príncipes y ancianos ahora es motivo de burla para los más jóvenes. Quien antes consolaba a los necesitados, ahora no encuentra quién lo consuele. Su cuerpo está consumido por el dolor, su prestigio ha desaparecido y el silencio de Dios parece prolongarse. Job no oculta su tristeza; lamenta profundamente el cambio radical que ha experimentado su vida.
Este capítulo nos recuerda una realidad que todos, tarde o temprano, experimentamos: la vida cambia. Nadie está exento de pasar de la abundancia a la escasez, de la salud a la enfermedad o del reconocimiento al olvido. Sin embargo, aunque las circunstancias cambien inesperadamente, Dios sigue escribiendo la historia de sus hijos con un propósito que muchas veces solo comprenderemos al final del camino. A continuación tres lecciones a la luz del texto bíblico:
1. Las circunstancias cambian, pero Dios permanece. Job pasó de la prosperidad a la miseria en muy poco tiempo. La vida tiene giros inesperados que nadie puede controlar. Hoy podemos disfrutar de salud, estabilidad e influencia; mañana podríamos enfrentar enfermedad, pérdidas o soledad. Pero hay una verdad que nunca cambia: el Señor permanece fiel. Que las circunstancias cambien no significa que Dios haya cambiado.
2. La burla nunca busca restaurar; solo procura herir. Uno de los dolores más profundos de Job no era únicamente su enfermedad, sino el desprecio de quienes ahora se burlaban de él. La murmuración nunca busca comprender al que sufre; busca ridiculizarlo, excluirlo y aumentar su dolor. El discípulo de Cristo está llamado a hacer exactamente lo contrario: hablar con gracia, extender misericordia y levantar al caído en lugar de hundirlo más.
3. El silencio de Dios no significa abandono, sino que su propósito aún está en desarrollo. Job confiesa: “Esperé yo el bien, y vino el mal.” Esa frase resume el desconcierto de muchos creyentes. A veces oramos esperando una respuesta inmediata y recibimos una prueba inesperada. Sin embargo, que Dios permita una dificultad no significa que esté de acuerdo con el mal ni que haya dejado de actuar. En el Gran Conflicto, el Señor muchas veces permite circunstancias dolorosas porque está desarrollando un propósito mayor. Su silencio nunca es indiferencia; con frecuencia es el tiempo en que fortalece nuestra fe, cultiva nuestra paciencia y prepara una bendición mejor de la que hoy alcanzamos a imaginar.
Job termina este capítulo todavía sin respuestas. La oscuridad continúa rodeándolo y el alivio parece lejano. Pero el lector sabe que Dios no ha perdido el control. El mismo Señor que permitió la prueba ya ha determinado también el momento de la restauración. Porque al final, no se trata de que nuestra vida permanezca siempre igual ni de que todas nuestras expectativas se cumplan como imaginamos. Se trata de confiar en que, aun cuando esperamos el bien y parece llegar la adversidad, Dios continúa obrando para nuestro bien eterno. Su voluntad siempre será mejor que nuestros planes, aunque solo logremos comprenderla cuando el camino haya terminado.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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LA INTEGRIDAD A DIOS DEPENDE DE LAS CIRCUNSTANCIAS - JOB 27



“Mi justicia tengo asida, y no la cederé; no me reprochará mi corazón en todos mis días” (Job 27:6).

Después de varios discursos y acusaciones, Job vuelve a tomar la palabra. Sus amigos siguen convencidos de que su sufrimiento es consecuencia de un pecado oculto, pero Job reafirma solemnemente que no renunciará a su integridad para satisfacer las conclusiones equivocadas de los hombres. Aunque continúa sin comprender el motivo de su prueba, tampoco está dispuesto a decir que es culpable de algo que no ha cometido. Su conciencia permanece en paz delante de Dios.
En este capítulo, Job también reconoce una verdad que sus amigos habían repetido muchas veces: el destino final del impío será la destrucción. La diferencia está en que Job nunca afirmó que el mal quedaría impune; simplemente sostenía que ese juicio no siempre ocurre de inmediato. El pecado tiene consecuencias, pero los tiempos de Dios no siempre coinciden con los nuestros. Así, Job mantiene dos convicciones al mismo tiempo: Dios es justo y él sigue siendo íntegro delante de Dios. A continuación tres lecciones a la luz del texto bíblico:
1. La integridad vale más que la aprobación de los hombres. Job pudo haber cedido a la presión y admitir una culpa inexistente para poner fin a la discusión. Sin embargo, prefirió mantenerse firme antes que traicionar su conciencia. La verdadera integridad consiste en hacer lo correcto cuando nadie nos aplaude y cuando solo Dios conoce nuestro corazón. La aprobación humana cambia constantemente; el juicio de Dios permanece para siempre.
2. Las palabras revelan el estado del corazón. A lo largo del libro, las palabras de los amigos de Job han producido más heridas que consuelo. En contraste, Job procura no hablar falsamente ni acusarse de algo que no es verdad. La Biblia enseña que “de la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34). Nuestras palabras tienen el poder de herir o sanar, dividir o reconciliar, destruir la esperanza o fortalecer la fe. Por eso, antes de cuidar nuestras palabras, debemos permitir que Dios transforme nuestro corazón.
3. La integridad permanece firme aun cuando las respuestas de Dios parecen demorarse. Lo admirable de Job no es que entendiera el propósito de su sufrimiento, sino que permaneciera fiel mientras no lo entendía. Su integridad no dependía de recibir explicaciones inmediatas, sino de su confianza en el carácter de Dios. La verdadera fidelidad se pone de manifiesto precisamente cuando seguimos obedeciendo al Señor aun en los momentos en que el cielo parece guardar silencio.
Job concluye este capítulo recordando que el mal nunca tendrá la última palabra. Aunque el impío pueda prosperar durante un tiempo, llegará el día en que deberá rendir cuentas delante de Dios. Esa certeza permite a Job descansar, porque comprende que la justicia divina no ha desaparecido; simplemente actúa conforme al tiempo perfecto del Señor. Porque al final, no se trata de conservar una buena reputación delante de las personas, sino de mantener una conciencia limpia delante de Dios. La integridad no se negocia, porque quien permanece fiel cuando nadie lo comprende puede estar seguro de que el Señor conoce su camino y, a su debido tiempo, vindicará a quienes caminaron con rectitud delante de Él.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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LA GRANDEZA DE DIOS SUPERA NUESTRAS INTERROGANTES - JOB 26



“He aquí, estas cosas son solo los bordes de sus caminos; ¡cuán leve es el susurro que hemos oído de él! Pero el trueno de su poder, ¿quién lo podrá comprender?” (Job 26:14).

La respuesta de Job continúa, pero ahora cambia el tono de la conversación. Después de soportar las constantes acusaciones de sus amigos, deja de concentrarse en sus palabras y vuelve a levantar la mirada hacia Dios. Aunque todavía no entiende la razón de su sufrimiento, sí sabe quién es el Dios al que sirve. Por eso el capítulo 26 se convierte en un magnífico himno que exalta la soberanía, la sabiduría y el poder creador del Señor.
Job describe a un Dios que sostiene la tierra sobre el vacío, domina el mar, gobierna las constelaciones y pone límites a las fuerzas de la naturaleza. Sin saberlo, está afirmando verdades que siglos más tarde la ciencia apenas comenzaría a comprender. Pero, al finalizar su descripción, reconoce humildemente que todo lo dicho no es más que un pequeño reflejo de la inmensidad divina. Si lo que conocemos de Dios es apenas un susurro, ¡cuánto más grande será todo lo que todavía desconocemos! A continuación tres lecciones a la luz del texto bíblico:
1. La verdadera fe descansa en el poder de Dios, no en nuestra capacidad de entenderlo. Job sigue sin comprender el motivo de su prueba, pero eso no disminuye su confianza en Dios. Su fe no depende de tener todas las respuestas, sino de conocer el carácter del Señor. Lo mismo ocurre con nosotros. Habrá momentos en que no entenderemos los caminos de Dios, pero siempre podremos confiar en el Dios que dirige esos caminos. Quien gobierna el universo también gobierna nuestra historia.
2. La verdadera sabiduría comienza cuando reconocemos nuestros límites. Cuanto más contempla la grandeza de Dios, más consciente es Job de su propia pequeñez. Esa es la esencia de la sabiduría bíblica. El hombre orgulloso cree que puede explicarlo todo; el hombre sabio reconoce que el conocimiento humano tiene límites. La soberanía divina es infinitamente mayor que nuestra inteligencia. Por eso la fe no elimina las preguntas, pero nos enseña a descansar en la sabiduría de Aquel que sí lo conoce todo.
3. El Dios que sostiene el universo también sostiene nuestra vida. Job presenta un cuadro majestuoso del poder creador de Dios. El Señor sostiene la creación entera con su palabra y gobierna el universo con absoluta autoridad. Sin embargo, ese mismo Dios se interesa por cada uno de sus hijos. No hay contradicción entre su inmensidad y su cercanía. El Dios que mantiene las galaxias en su lugar también escucha la oración del creyente, fortalece al cansado y acompaña al que sufre. Podemos acudir a Él con la certeza de que jamás somos demasiado pequeños para su cuidado.
Job termina el capítulo con una profunda confesión de humildad. Después de describir el inmenso poder de Dios, concluye que todo cuanto el ser humano alcanza a conocer es apenas “los bordes de sus caminos”. La grandeza del Señor supera infinitamente nuestra comprensión. Y, sin embargo, ese Dios infinito decide acercarse a quienes confían en Él. Porque al final, no se trata de comprender completamente a Dios, sino de confiar plenamente en Él. Su poder sostiene el universo, su sabiduría gobierna la historia y su amor cuida de cada uno de sus hijos. Cuando nuestras preguntas superan nuestro entendimiento, podemos descansar en la certeza de que el Dios que todo lo gobierna jamás dejará de sostenernos con su poderosa mano.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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EL SILENCIO DE DIOS NO SIGNIFICA INDIFERENCIA - JOB 24





“¿Por qué no son ocultos al Todopoderoso los tiempos, y los que le conocen no ven sus días?” (Job 24:1).

En su respuesta, Job plantea una de las preguntas más difíciles de toda la Biblia. Si Dios es justo y todo lo sabe, ¿por qué muchas veces parece permitir que los impíos continúen haciendo el mal sin recibir un castigo inmediato? A lo largo del capítulo describe escenas de injusticia: pobres despojados de sus tierras, huérfanos oprimidos, viudas explotadas y delincuentes que prefieren la oscuridad para ocultar sus obras. Humanamente, todo parece indicar que Dios guarda silencio.
Sin embargo, Job no está negando la justicia divina. Está intentando comprender sus tiempos. La aparente demora del juicio no significa que Dios sea indiferente al mal. Él ve cada injusticia y conoce cada lágrima, aunque muchas veces decida actuar en el momento que mejor responde a sus propósitos eternos. La paciencia de Dios jamás debe confundirse con aprobación del pecado. A continuación tres lecciones a la luz del texto bíblico:
1. No debemos medir el carácter de una persona por su prosperidad o por su adversidad. El Comentario Bíblico Adventista señala acertadamente que el carácter de una persona no puede juzgarse por las circunstancias que atraviesa. Hay hombres íntegros que sufren profundamente y personas malvadas que prosperan durante algún tiempo. La prosperidad no siempre es señal del favor divino, ni la adversidad prueba el desagrado de Dios. Solo el Señor conoce el corazón y puede juzgar con perfecta justicia.
2. El aparente silencio de Dios nunca significa que haya dejado de actuar. Job se pregunta por qué Dios no interviene de inmediato. Es una pregunta que muchos creyentes siguen haciéndose hoy. Sin embargo, la Biblia muestra repetidamente que Dios nunca llega tarde. Él responde conforme a su perfecta sabiduría y no según nuestra impaciencia. Lo que para nosotros parece demora, muchas veces forma parte de un plan mayor que todavía no alcanzamos a comprender. Dios no ignora nuestras oraciones; simplemente conoce el mejor momento para responderlas.
3. Quien ama la oscuridad termina huyendo de la luz. Job describe a los malvados como personas que esperan la noche para cometer sus delitos (Job 24:13-17). La oscuridad representa el intento del pecador por esconder sus acciones. En contraste, quien ama a Dios desea caminar en la luz, porque no teme que sus obras sean examinadas por el Señor. El problema del impío no es solo moral, sino espiritual: rechaza la luz porque ama más las tinieblas. Pero ninguna oscuridad puede ocultar algo delante de los ojos de Dios.
Job termina este capítulo sin resolver completamente el misterio de la prosperidad de los impíos. Sin embargo, deja claro que el dominio temporal del mal nunca será definitivo. Dios sigue siendo el Juez del universo y llegará el día en que toda injusticia será expuesta y toda causa será juzgada con absoluta rectitud. Porque al final, no se trata de que el impío parezca prosperar por un tiempo, sino de recordar que Dios nunca ha renunciado a su justicia. Su paciencia no es indiferencia, y su silencio no es ausencia. El Señor sigue gobernando la historia y, en el momento señalado, hará resplandecer la verdad, vindicará a los justos y pondrá fin para siempre al dominio del mal.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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BUSCA A DIOS AUNQUE NO LO ENTIENDAS, DIOS ES SABIO - JOB 23



“¡Quién me diera el saber dónde hallar a Dios! Yo iría hasta su silla” (Job 23:3).

Después de las duras acusaciones de Elifaz, Job no responde atacando a sus amigos. En cambio, dirige nuevamente su mirada hacia Dios. Su mayor anhelo ya no es convencer a los hombres de su inocencia, sino presentar personalmente su causa delante del Señor. Job no está huyendo de Dios; está buscándolo con desesperación. Lo que más le duele no es solamente el sufrimiento, sino el aparente silencio del cielo. Busca a Dios hacia adelante, hacia atrás, a la derecha y a la izquierda, pero no logra percibir su presencia (Job 23:8-9).
Sin embargo, en medio de esa angustia surge una de las declaraciones más extraordinarias de todo el libro: “Mas él conoce mi camino; me probará, y saldré como oro” (Job 23:10). Aunque Job no logra encontrar a Dios, sabe que Dios nunca ha dejado de verlo a él. Esa certeza se convierte en el fundamento de su esperanza. A continuación tres lecciones a la luz del texto bíblico:
1. Escuchar al que sufre ya es comenzar a sanarlo. Job anhela ser escuchado. No busca simplemente ganar una discusión; desea que alguien comprenda el peso de su corazón. Muchas personas que atraviesan una enfermedad o una profunda crisis no necesitan primero una explicación, sino un oído dispuesto a escuchar. Escuchar con paciencia, sin interrumpir y sin juzgar, ya forma parte del proceso de restauración. Así actuaba Jesús: antes de responder, primero escuchaba.
2. Nuestra mayor tranquilidad es que Dios conoce nuestra fidelidad. Job no puede demostrar su inocencia delante de sus amigos, pero hay algo que nadie puede quitarle: Dios conoce perfectamente su vida. “Él conoce mi camino.” Esa frase encierra una inmensa paz. Los hombres pueden malinterpretarnos, juzgarnos o levantar falsas acusaciones, pero el Señor conoce nuestras motivaciones, nuestras luchas y nuestra fidelidad. Esa es la mayor garantía que posee un creyente: no depende del juicio de los hombres, sino del conocimiento perfecto de Dios.
3. Cuando no entendemos los caminos de Dios, la fe nos invita a confiar. Job reconoce que no comprende lo que Dios está haciendo. Su sabiduría no alcanza para explicar su sufrimiento. Sin embargo, entiende que la soberanía divina está muy por encima de la comprensión humana. Hay momentos en los que la única respuesta posible es confiar y esperar. La fe no consiste en entender todos los caminos de Dios, sino en creer que Aquel que dirige esos caminos siempre obra con amor y perfecta sabiduría.
Job termina este capítulo sin encontrar las respuestas que tanto anhela, pero con una convicción mucho más fuerte que todas sus preguntas: Dios conoce su camino. Esa certeza le permite seguir adelante, aun cuando el cielo parece guardar silencio. El creyente puede caminar sin comprender cada paso, porque sabe que Dios sí conoce el destino final. Porque al final, no se trata de que siempre podamos encontrar a Dios con nuestros ojos o comprender todas sus decisiones, sino de recordar que Él jamás pierde de vista a sus hijos.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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LA FE PERMANECE AÚN CUANDO EL CORAZÓN LLORA - JOB 10



“Diré a Dios: No me condenes; hazme entender por qué contiendes conmigo” (Job 10:2).

Después de reconocer en el capítulo anterior la inmensa grandeza de Dios, Job vuelve a hablar desde lo más profundo de su corazón. No renuncia a su fe ni niega la soberanía del Señor, pero tampoco puede ocultar el peso de su dolor. Su oración ya no es una discusión con sus amigos, sino un diálogo sincero con Dios. Quiere entender por qué el Creador, a quien siempre sirvió, ahora parece tratarlo como un enemigo.
Job es el retrato de un creyente auténtico. Ama a Dios, pero está confundido. Su razón le recuerda constantemente que Dios es justo, sabio y soberano; sin embargo, sus emociones le gritan que el sufrimiento es demasiado grande para comprenderlo. Esa tensión entre la fe y el dolor atraviesa todo el capítulo. Job no ha dejado de creer, pero tampoco ha dejado de sufrir.
Aun en medio de su quebranto, Job conserva dos certezas que lo sostienen. Primero, sabe que Dios es su Creador: fue Él quien lo formó con sus propias manos y le dio la vida. Segundo, mantiene la convicción de que no ha abandonado deliberadamente al Señor. No entiende el motivo de la prueba, pero sabe que no está viviendo las consecuencias de una vida de rebeldía. Esas dos verdades serán el ancla que impedirá que su fe naufrague completamente. A continuación tres lecciones a la luz del texto bíblico:
1. La fe verdadera no elimina nuestras luchas emocionales. Muchas veces pensamos que un creyente fuerte nunca experimenta dudas, tristeza o confusión. Job demuestra exactamente lo contrario. La fe y el dolor pueden convivir durante un tiempo. Podemos confiar en Dios y, al mismo tiempo, llorar delante de Él. La espiritualidad no consiste en negar nuestras emociones, sino en llevarlas honestamente a la presencia del Señor.
2. El silencio de Dios nunca significa ausencia de Dios. Job siente que Dios guarda silencio. Ora, pregunta y clama, pero no recibe respuestas. Sin embargo, el lector sabe algo que Job ignora: Dios nunca ha dejado de observarlo ni de sostenerlo. Muchas veces el cielo parece callar, no porque Dios se haya alejado o haya dejado de amarnos, sino porque está preparando el momento en que su propósito será plenamente revelado. El silencio de Dios no es abandono; muchas veces es el escenario donde madura nuestra confianza.
3. Mientras Dios nos conserve la vida, todavía existe un propósito. En varios momentos del capítulo, Job se pregunta por qué nació y cuál es el sentido de seguir viviendo. El sufrimiento suele reducir nuestro horizonte y hacernos pensar que ya nada tiene valor. Pero la Biblia enseña que mientras Dios nos conceda aliento, nuestra historia aún no ha terminado. Aunque hoy no entendamos el propósito de nuestras pruebas, Dios todavía está escribiendo los capítulos siguientes de nuestra vida.
Job termina este capítulo sin encontrar las respuestas que tanto anhela. Sus preguntas siguen abiertas y el dolor continúa siendo intenso. Sin embargo, sigue hablando con Dios. Y eso ya es una evidencia de que la fe permanece viva. La desesperación puede nublar las emociones, pero no logró romper la relación entre Job y su Creador. Porque al final, no se trata de nunca experimentar momentos de confusión o tristeza, sino de seguir buscando a Dios aun cuando nuestro corazón no logra comprender sus caminos. La fe más profunda no es la que nunca llora, sino la que continúa aferrándose al Señor incluso cuando las lágrimas todavía no han cesado.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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