“Mira a los cielos, y ve, y considera las nubes, que son más altas que tú” (Job 35:5).
El capítulo 35 es breve, pero continúa desarrollando el razonamiento de Eliú. Él interpreta las palabras de Job y llega a la conclusión de que este había dicho que era “más justo que Dios” (Job 35:2). Sin embargo, una lectura cuidadosa del libro demuestra que Job nunca pronunció esas palabras. Lo que él sostuvo fue que era inocente del pecado específico que sus amigos le atribuían. Esta diferencia es importante, porque una sola palabra añadida puede cambiar completamente el sentido de un mensaje y conducir a conclusiones equivocadas.
A partir de allí, Eliú vuelve a destacar la grandeza del Creador. Invita a Job a contemplar los cielos y las nubes para recordar que Dios es infinitamente superior al ser humano. Aunque su aplicación no responde plenamente al sufrimiento de Job, su argumento contiene una gran verdad: Dios gobierna el universo desde una perspectiva que nosotros jamás podremos alcanzar. A continuación tres lecciones a la luz del texto bíblico:
1. Debemos tener cuidado de no poner en boca de otros palabras que nunca dijeron. Eliú atribuye a Job una afirmación que él nunca hizo. Esta es una advertencia para todos nosotros. Es muy fácil interpretar incorrectamente las palabras de alguien, exagerarlas o añadirles un matiz que jamás tuvo la intención de expresar. En una conversación, en una predicación o incluso al estudiar la Biblia, una sola palabra añadida o quitada puede alterar profundamente el significado del mensaje. La verdad exige fidelidad no solo en lo que decimos, sino también en cómo representamos las palabras de los demás.
2. La creación sigue proclamando la soberanía de Dios. Al señalar los cielos, Eliú recuerda que Dios es el Creador y que su grandeza supera infinitamente nuestra comprensión. Esta idea atraviesa todo el libro de Job y alcanzará su punto culminante cuando Dios mismo hable desde el torbellino. Contemplar la creación nos recuerda que el universo no está gobernado por el azar, sino por un Dios sabio, poderoso y soberano. Si Él sostiene las galaxias con su palabra, también puede sostener nuestra vida en medio de las pruebas.
3. La verdadera fidelidad permanece aun cuando las respuestas no llegan. Aunque Eliú interpreta algunas palabras de Job de manera incorrecta, hay algo que permanece inalterable: Job sigue confiando en Dios. No entiende lo que está ocurriendo, no recibe explicaciones y continúa sufriendo, pero no abandona su relación con el Señor. Esa es la esencia de una fe madura. La fidelidad extrema no consiste en seguir a Dios solo cuando todo marcha bien, sino en permanecer junto a Él cuando el silencio parece prolongarse y las respuestas aún no llegan.
Job 35 nos recuerda que la grandeza de Dios no elimina nuestras preguntas, pero sí nos da razones para confiar. La inmensidad de los cielos proclama que el Señor ve mucho más de lo que nosotros alcanzamos a comprender. Por eso, aunque hoy no entendamos el camino, podemos seguir caminando de la mano del Creador. Porque al final, no se trata de tener respuesta para cada pregunta, sino de permanecer fieles al Dios que conoce todas las respuestas. La fe verdadera no depende de comprender cada circunstancia, sino de confiar en el carácter del Creador, cuya sabiduría supera infinitamente la nuestra y cuya fidelidad jamás falla.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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