jueves, 4 de junio de 2026

ANTES DE HACER PLANES O DISEÑAR ESTRATEGIAS, PRIMERO ORA - NEHEMÍAS 1



“Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días; y ayuné y oré delante del Dios de los cielos” (Nehemías 1:4).

Nehemías vivía en Susa, una de las capitales del Imperio Persa, aproximadamente en el año 445 a.C., unos trece años después del regreso de Esdras. Su cargo era extraordinariamente importante: era copero del rey Artajerjes I. No era simplemente quien probaba bebidas para evitar envenenamientos. El copero era un funcionario de máxima confianza, con acceso permanente al rey, influencia política y cercanía a las decisiones del imperio.
El libro de Nehemías es la continuación natural de la historia iniciada en Esdras. Si Esdras se enfocó principalmente en la restauración espiritual del pueblo y del templo, Nehemías se concentra en la restauración de Jerusalén como ciudad, especialmente de sus muros y su organización social.
El libro fue escrito principalmente para los judíos del período postexílico, con el propósito de mostrar cómo Dios restauró Jerusalén y cómo la oración, el liderazgo espiritual y la dependencia de Dios hicieron posible una obra aparentemente imposible.
El capítulo comienza cuando Nehemías pregunta por Jerusalén y por los judíos que habían regresado. La respuesta es devastadora: los muros siguen derribados, las puertas quemadas y el pueblo vive en vergüenza y vulnerabilidad. Aunque el templo había sido reconstruido décadas antes, la ciudad todavía estaba expuesta al peligro y al desprecio de las naciones vecinas.
La reacción de Nehemías es notable. Antes de elaborar planes, buscar recursos o diseñar estrategias, ora. A continuación tres lecciones a la luz del texto bíblico:
1. La verdadera intercesión nace cuando el dolor ajeno se vuelve personal. Nehemías vivía cómodamente en el palacio persa. Jerusalén estaba a más de mil kilómetros de distancia. Sin embargo, cuando escucha la condición de su pueblo, llora, ayuna y ora. La intercesión auténtica ocurre cuando dejamos de ser indiferentes al sufrimiento de otros. No oró porque el problema lo afectaba directamente, sino porque amaba al pueblo de Dios.
2. La oración intercesora reconoce el pecado colectivo, no solo el individual. Al igual que Moisés (Éxodo 32), Daniel (Daniel 9) y Esdras (Esdras 9), Nehemías incluye sus propios pecados dentro de la confesión nacional. Aunque personalmente no había derribado los muros ni promovido la idolatría, dice: “hemos pecado”. Los grandes intercesores de la Biblia no oran desde la superioridad espiritual, sino desde la identificación con el pueblo.
3. La oración verdadera se apoya en las promesas de Dios. Nehemías no ora basándose en emociones solamente. Le recuerda a Dios las promesas hechas a Moisés respecto al arrepentimiento y la restauración del pueblo (Deuteronomio 30). La fe bíblica no consiste en exigir cosas a Dios, sino en aferrarse a aquello que Él ya prometió cumplir.
Nehemías nos enseña que toda gran obra para Dios suele comenzar de rodillas. Antes de reconstruir muros, organizar trabajadores o enfrentar enemigos, pasó días llorando y orando por Jerusalén. Su corazón fue quebrantado por aquello que quebrantaba el corazón de Dios. Hoy vivimos en un mundo lleno de ruinas espirituales, familias heridas y personas alejadas del Señor. La pregunta es si esas realidades todavía nos conmueven lo suficiente como para llevarlas delante de Dios en oración. Porque al final, no se trata solamente de ver los problemas que nos rodean, sino de permitir que Dios transforme nuestra preocupación en intercesión y nuestra intercesión en acción.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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