“Entonces les declaré cómo la mano de mi Dios había sido buena sobre mí, y asimismo las palabras que el rey me había dicho. Y dijeron: Levantémonos y edifiquemos” (Nehemías 2:18).
Después de varios meses de oración, Nehemías tuvo la oportunidad que esperaba. Mientras servía vino al rey Artajerjes, su tristeza fue evidente. Esto era peligroso, porque presentarse triste ante el rey podía interpretarse como una falta de respeto o incluso una amenaza. Sin embargo, Dios ya estaba obrando. Cuando el rey preguntó la razón de su tristeza, Nehemías hizo una breve oración silenciosa al cielo y luego explicó que la ciudad de sus padres estaba en ruinas.
Lo extraordinario es que Nehemías no solo pidió permiso para viajar a Judá. También pidió cartas oficiales para cruzar las provincias del imperio, autorización para obtener madera de los bosques reales y protección militar durante el viaje. Aunque en Nehemías 1 había dicho que confiaba en Dios, aquí no rechaza los medios humanos que Dios pone a su disposición. La fe verdadera no excluye la planificación ni la prudencia.
Cuando llegó a Jerusalén, pasó algunos días observando silenciosamente la situación. De noche recorrió los muros destruidos, evaluó los daños y comprendió la magnitud de la tarea. Solo después compartió su visión con los líderes y ancianos del pueblo. Les contó cómo Dios había guiado todo el proceso y cómo el rey había abierto las puertas necesarias. Entonces ocurrió algo hermoso: el pueblo respondió unánimemente: “Levantémonos y edifiquemos”.
Pero inmediatamente apareció la oposición. Sambalat el horonita, Tobías el amonita y más adelante Gesem el árabe comenzaron a burlarse y despreciar el proyecto. Lo mismo había ocurrido en tiempos de Zorobabel y Esdras. Cada vez que la obra de Dios avanzaba, surgían enemigos intentando detenerla. A continuación tres lecciones a la luz del texto bíblico:
1. Las grandes obras de Dios suelen comenzar con una carga en el corazón de una sola persona. Antes de que todo el pueblo dijera “levantémonos y edifiquemos”, hubo un hombre que lloró, oró y creyó que Dios podía hacer algo diferente. Dios muchas veces coloca una visión en el corazón de una persona para bendecir a muchos.
2. La fe no elimina la planificación; la fortalece. Nehemías oró durante meses, pero también pidió cartas, recursos y protección. La dependencia de Dios no es pasividad. Los grandes líderes espirituales oran como si todo dependiera de Dios y trabajan como si Dios los estuviera usando para cumplir sus propósitos.
3. La oposición no siempre significa que estamos equivocados; muchas veces significa que estamos avanzando. Sambalat y Tobías aparecieron porque la reconstrucción había comenzado. Mientras Jerusalén permaneció en ruinas, nadie se preocupó. La resistencia surgió cuando el pueblo decidió levantarse. Satanás sigue actuando de la misma manera hoy: intenta desanimar, ridiculizar o distraer cuando la obra de Dios avanza.
Nehemías nos recuerda que Dios sigue buscando personas dispuestas a transformar lágrimas en acción y oración en liderazgo. Los muros no fueron reconstruidos porque desaparecieron los problemas, sino porque alguien decidió obedecer el llamado de Dios a pesar de los obstáculos. Y cuando la visión fue compartida, otros se sumaron a la misión. Hoy también encontraremos oposición cuando intentemos reconstruir lo que está destruido, ya sea en nuestra familia, iglesia o vida espiritual. Porque al final, no se trata de cuántos enemigos se levanten contra la obra de Dios, sino de si tenemos la valentía de responder como aquellos hombres de Jerusalén: “Levantémonos y edifiquemos.”
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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