lunes, 27 de julio de 2026

EL DOLOR NOS PUEDE HACERNOS ENTENDER MEJOR QUIÉNES SOMOS Y QUIÉN ES DIOS - JOB 9



“¿Cómo se justificará el hombre con Dios?” (Job 9:2).

Las palabras de Bildad dejaron pensando profundamente a Job. Su amigo había defendido la justicia de Dios, pero al hacerlo terminó insinuando que todo el sufrimiento era consecuencia del pecado personal. Job responde aceptando una parte de ese argumento: Dios es absolutamente justo. Sin embargo, plantea una pregunta mucho más profunda: si Dios es infinitamente santo y poderoso, ¿cómo puede un ser humano presentarse delante de Él y pretender tener la razón?
A lo largo del capítulo, Job hace una de las descripciones más majestuosas del poder de Dios en todo el Antiguo Testamento. Habla del Dios que mueve montañas, ordena a las estrellas, extiende los cielos, gobierna el mar y sostiene el universo entero. Frente a semejante grandeza, Job comprende cuán pequeño e incapaz es el ser humano. Pero precisamente allí nace su mayor angustia: si Dios es tan grande, ¿quién podrá defender la causa del hombre delante de Él? A continuación tres lecciones a la luz del texto bíblico:
1. Nadie puede justificarse por sus propios méritos delante de Dios. Job reconoce una verdad que recorrerá toda la Biblia: ningún ser humano puede presentarse delante de Dios alegando ser perfectamente justo. No importa cuán íntegra haya sido nuestra vida; la santidad infinita de Dios deja al descubierto nuestra insuficiencia. Siglos después, el apóstol Pablo desarrollará esta misma verdad al afirmar que “todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). La salvación nunca será el resultado de nuestros méritos, sino de la gracia de Dios.
2. La soberanía de Dios nos recuerda que Él sigue teniendo el control. Job contempla la naturaleza y reconoce que todo obedece a la voz del Creador. Él mueve las montañas, gobierna las constelaciones, domina el mar y sostiene el universo. Aunque Job no entiende lo que ocurre en su propia vida, sabe que Dios jamás ha perdido el control. Muchas veces nosotros tampoco comprendemos nuestras circunstancias, pero podemos descansar en que el Dios que gobierna el universo también gobierna nuestra historia.
3. El dolor puede hacernos decir cosas que no reflejan realmente nuestro corazón. En varios momentos del capítulo, Job habla desde la desesperación. Expresa sentimientos muy fuertes e incluso parece perder toda esperanza de ser escuchado por Dios. No está negando su fe; está dejando hablar a un corazón profundamente herido. El sufrimiento intenso puede llevarnos a decir palabras que, en tiempos de calma, jamás hubiéramos pronunciado. Por eso debemos ser pacientes con quienes atraviesan el dolor y también con nosotros mismos cuando nuestras fuerzas parecen agotarse.
Job termina el capítulo sintiendo que existe una enorme distancia entre Dios y el ser humano. No encuentra a nadie que pueda poner una mano sobre ambos y reconciliarlos (Job 9:32-33). Sin saberlo, Job está expresando uno de los anhelos más profundos de toda la Biblia: la necesidad de un mediador entre Dios y los hombres. Lo que para Job era una esperanza lejana, para nosotros tiene un nombre: Jesucristo, el único Mediador (1 Timoteo 2:5). Porque al final, no se trata de demostrar que somos suficientemente buenos para acercarnos a Dios, sino de reconocer que solo Cristo puede tender el puente que nosotros jamás habríamos podido construir entre un Dios santo y una humanidad pecadora.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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