lunes, 27 de mayo de 2013

El privilegio de la honra y la confianza



“Pero el Señor cuida siempre de quienes le honran y confían en su amor, para salvarlos de la muerte y darles vida en épocas de hambre” (Salmo 33:18-19). 

Este versículo es una promesa preciosa, toda la reflexión podría parar aquí, simplemente leyendo esas palabras, a riesgo de quitar el encanto, quisiera agregar algunos elementos de reflexión que nos hagan profundizar aún más en sus preciosas gemas.

El texto nos señala que quienes confían en Dios reciben como privilegio el ser salvados de la muerte y darles vida en las épocas de hambre. Si lo leemos así, es una gran promesa. ¿Cómo explicar entonces los miles de cristianos han muerto en situaciones traumáticas? ¿Cómo entender que algunos cristianos padecen hambre?

En ocasiones, los textos de la Biblia, desconectados del carácter de Dios nos pueden hacer pensar que Dios, siempre, debe estar manejando todo y cada situación.

Para empezar, Dios no creó el mal, ni es autor del sufrimiento, no quiere, por ninguna razón que sus hijos sufran o pasen momentos difíciles. Sin embargo, Dios no puede controlar el libre albedrío y no interfiere en las decisiones que como humanos tomamos. La libertad humana nunca es controlada por Dios, si lo hiciera, dejaría de ser justo y se convertiría en un monstruo divino.

Si Dios no controla la muerte, entonces, ¿qué podemos esperar? Simplemente, que Dios nunca nos dejará atrapados en una vida sin sentido. La mirada de Dios está en la eternidad, y ya hizo lo que tenía que hacer a favor de la raza humana. Su mayor testimonio de compromiso con el ser humano está en la cruz.

Si alguna vez te preguntas, ¿dónde está Dios mientras sufro? Pues, entiende que está allí, junto a ti, con tanto dolor que no logras imaginar la inmensidad de su compromiso contigo. Nos mueve la promesa que cuando Cristo venga, todo los que nos ha ocurrido en esta existencia absurda será olvidado porque “secará todas las lágrimas de ellos, y ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento, ni dolor, porque todo lo que antes existía ha dejado de existir” (Apocalipsis 21:4).

¿Confías en ese Dios que nunca nos abandona?


Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez, 2013
Del libro inédito: Salmos de vida

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