“Mis enemigos volvieron atrás; Cayeron y perecieron delante de ti. Porque has mantenido mi derecho y mi causa; Te has sentado en el trono juzgando con justicia” (Salmo 9:3, 4).
La palabra juicio normalmente genera preocupación y hasta temor en no pocas personas. Y es que la justicia humana y los juicios no siempre son justos. Muchas veces, los juicios están corrompidos y los jueces son movidos, no por la justicia, sino por sus intereses o pareceres personales.
Hace algún tiempo me vi involucrado en un juicio. El denunciante tenía “argumentos” que se alejaban de la verdad y, desde mi entendimiento, sus alegatos eran infundados. Sin embargo, en un primer momento, el juez sentenció a su favor, y eso me pareció injusto. Lógicamente, pudimos apelar la sentencia para presentar nuevas pruebas e intentar revertirla, pero no sirvió de mucho.
En un momento, me senté y oré a Dios diciéndole: “Señor, si la demanda es justa, si el que nos denuncia está en lo correcto, no me importa perder el caso, porque quizás estoy defendiendo una causa injusta. Pero, si no es así, danos una señal de que estamos en lo correcto y tú harás lo que es justo”.
De manera milagrosa, el caso se revirtió y ganamos el juicio. Vi que Dios es justo, y yo estuve dispuesto a perder el caso porque había dejado el juicio en las manos de Dios.
El Salmo 9 es una alabanza de gratitud a Dios porque sus juicios son justos. Según algunos comentaristas, David escribió este salmo recordando una victoria sobre sus enemigos y reconociendo, con la perspectiva de los años, la intervención de Dios. A continuación, encontramos tres lecciones a la luz del texto bíblico:
1. ¿Cómo alabar a Dios? (vers. 1-2). David alaba a Dios de tres maneras: (1) contando todas sus maravillas, (2) alegrándose y regocijándose en Él y (3) cantando alabanzas a su nombre. Cada día, cuenta los milagros de Dios. Alégrate y regocíjate en Él. Canta y alaba su nombre.
2. ¿Por qué alabar a Dios? (vers. 3-5). David entiende que tiene enemigos, pero también reconoce que Dios le ha mostrado que jamás lo dejó solo, sino que le dio la victoria. David había experimentado en el pasado cómo Dios lo había librado y le había dado la victoria frente a quienes se levantaron contra él.
3. ¿Por qué más alabar a Dios? (vers. 6-8). Porque Dios juzgará al mundo con justicia y a los pueblos con rectitud. Siglos después, el apóstol Pablo expresó una verdad semejante al hablar en el Areópago: “Porque ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia” (Hechos 17:31).
¿Quién puede ser más justo que Dios? David había visto claramente cómo Dios había sido justo con su pueblo y con él mismo, dándole fuerzas para enfrentar a sus enemigos. David sabía y entendía que Dios es justo porque su causa era justa: Goliat estaba humillando a Dios y a su pueblo. Por eso, David se enfrentó al gigante con la seguridad de que Dios le daría la victoria.
Hoy es un nuevo día para recordar que los juicios de Dios son justos. Debemos alabarlo cada día, contar sus maravillas, alegrarnos en Él y cantar con todas nuestras fuerzas, porque Dios nos dio, nos da y nos dará la victoria. Confía. Dios es justo, y los enemigos jamás podrán imponerse sobre nosotros si nuestra causa es justa y está en las manos de Dios.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
Puedes escuchar el podcast desde mi canal de YouTube
Si deseas recibir Mensajes de Esperanza cada día, únete a nuestro grupo de WhatsApp https://chat.whatsapp.com/Bj8AV5Sthtj6hNjdM0ujKG

No hay comentarios:
Publicar un comentario