“¿Por qué estás lejos, oh Jehová, y te escondes en el tiempo de la tribulación?” (Salmo 10:1).
En algunas versiones antiguas de la Biblia, el Salmo 10 aparece unido al Salmo 9. Esto se debe, entre otras razones, a que el Salmo 10 no tiene un título propio y a que existe una estrecha relación temática y literaria entre ambos salmos. Sin embargo, muchos estudiosos consideran que el Salmo 10 constituye una composición independiente, pues desarrolla un tema particular: el lamento ante la aparente prosperidad de los impíos y la aparente ausencia de Dios, acompañado por la confianza en que Dios finalmente hará justicia.
Martín Lutero afirmó que ningún salmo describe mejor “la mente, los modales, las obras, las palabras, los sentimientos y el destino de los impíos con tanta propiedad, plenitud y luz” como este salmo. El Salmo 10 nos lleva a una pregunta que muchas veces también nosotros nos hacemos: ¿por qué parece que Dios guarda silencio cuando los malos prosperan y los justos sufren? A continuación, tres lecciones a la luz del texto bíblico:
1. ¿Por qué parece que Dios se aleja cuando estamos en tribulación? (v. 1-4). El salmista comienza con una pregunta difícil: “¿Por qué estás lejos, oh Jehová, y te escondes en el tiempo de la tribulación?” (v. 1). No significa que Dios realmente haya abandonado al salmista. Es la expresión sincera de alguien que, en medio de la angustia, no logra percibir la presencia ni la intervención de Dios. Es natural que, en medio de la tormenta, sintamos que Dios guarda silencio. Las “fuertes lluvias” de la vida muchas veces nublan nuestra visión y nos impiden reconocer cómo Dios está actuando en nuestro favor. La fe no significa negar lo que sentimos. El salmista expresa su dolor, pero lo hace delante de Dios. Y esto también es fe: llevar nuestras preguntas, nuestros temores y nuestras angustias a la presencia de Dios, aun cuando no entendamos lo que está sucediendo.
2. ¿Por qué parece que Dios permite la prosperidad de los malos? (v. 5-7). El salmista describe al hombre orgulloso y malvado de una manera contundente: “No hay Dios en ninguno de sus pensamientos” (v. 4). El impío vive como si Dios no existiera, como si nunca tuviera que rendir cuentas y como si sus acciones no fueran a tener consecuencias. Lo más desconcertante para el salmista es que, aparentemente, el malvado prospera. Sus caminos parecen prosperar y los juicios de Dios están “muy lejos de su vista”. Podemos imaginar al salmista preguntándose: “¿Hasta cuándo, Señor? ¿Cuándo demostrarás tu justicia?”. Esto podría parecer una queja contra Dios, y en cierto sentido lo es. Pero no es una rebelión contra Dios; es el clamor de alguien que cree en la justicia de Dios y, precisamente por eso, no comprende por qué la injusticia parece prevalecer.
3. ¿Cómo vivir en un mundo donde suceden cosas malas? (v. 8-18). La respuesta del salmista no es desesperarse, sino confiar en Dios. Cuando no entendemos lo que ocurre, confiamos en quien Dios es. Cuando parece que Dios está lejos, recordamos que Él ve. Cuando parece que el mal triunfa, recordamos que Dios escucha el clamor de los afligidos. El salmista termina afirmando: “Tú lo has visto; porque miras el trabajo y la vejación, para dar la paga con tu mano” (vers. 14). Y más adelante declara: “Jehová es Rey eternamente y para siempre” (v. 16). ¡Qué extraordinaria declaración de fe! El salmista comienza preguntando: “¿Por qué estás lejos?”, pero termina reconociendo: “Jehová es Rey”.
Tal vez no siempre podamos ver lo que Dios está haciendo, pero podemos confiar en quién es Dios. Su aparente silencio no significa ausencia, y su paciencia no significa indiferencia. Dios es un Dios de misericordia admirable. Él no se complace en la muerte del impío, sino que llama al pecador al arrepentimiento y a la vida. Por eso, mientras haya oportunidad, Dios sigue extendiendo su misericordia. Su paciencia es una invitación a volver a Él.
Hoy es un buen día para recordar que, aun cuando parece que Dios no actúa contra los malos, Él no está ciego ni indiferente. Dios ve el sufrimiento de sus hijos, escucha el clamor de los afligidos y conoce las obras de los malvados. Nada escapa a su mirada. Puede parecer que los impíos prosperan y que la injusticia tiene la última palabra, pero no será así para siempre. Confiemos en Dios. Él es justo, Él es Rey y jamás abandonará a quienes ponen su confianza en Él.
¡Feliz día!
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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