“Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan” (Salmo 37:25).
El Salmo 37 tiene un sabor diferente. David no está principalmente hablando con Dios, sino aconsejando al ser humano acerca de Dios. Además, es un salmo acróstico: sus secciones siguen progresivamente el alfabeto hebreo, como una enseñanza diseñada para ser recordada.
Y hay una frase que nos permite escuchar a David desde una perspectiva especial: “Joven fui, y he envejecido” (v. 25). Estamos escuchando las reflexiones de un hombre que mira hacia atrás después de haber conocido palacios y cuevas, victorias y derrotas, amigos y enemigos, abundancia y necesidad. Es casi como un padre o abuelo diciendo a los jóvenes: “Después de todo lo que he vivido, hay cosas acerca de Dios que quisiera que nunca olviden”.Y entre tantos consejos, cuatro versículos pueden resumir buena parte de su experiencia:
1. APRENDE A ENCONTRAR TU FELICIDAD EN DIOS (v. 4): “Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón”. David había tenido poder, riquezas y reconocimiento, pero al final comprendió que ninguna de esas cosas podía ocupar el lugar de Dios. “Deleitarse” en Jehová significa encontrar en Él nuestro gozo, satisfacción y mayor bien. El texto no promete que Dios cumplirá caprichosamente todos nuestros deseos. Ocurre algo más profundo: cuando Dios se convierte en nuestro deleite, también comienza a transformar nuestros deseos. El joven pregunta muchas veces: “¿Cómo puedo conseguir lo que quiero?”. El anciano David responde: “Primero aprende a querer a Dios”.
2. CUANDO NO SEPAS QUÉ HACER CON TU FUTURO, ENTRÉGASELO A DIOS (v. 5): “Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará”. David había aprendido que no podía controlar todos los acontecimientos de su vida. Fue ungido rey, pero pasó años huyendo antes de ocupar el trono. El verbo hebreo traducido como “encomienda” tiene literalmente la idea de hacer rodar algo sobre otro. Es una imagen hermosa: aquello que pesa sobre nuestros hombros podemos hacerlo descansar sobre Dios. Esto no significa dejar de trabajar, planificar o tomar decisiones. Significa hacer todo eso diciendo: “Señor, el resultado finalmente está en tus manos”.
3. APRENDE PRONTO QUE TENER MENOS CON DIOS ES TENER MÁS (v. 16). “Mejor es lo poco del justo, que las riquezas de muchos pecadores”. Esta es una lección que generalmente aprendemos tarde. El mundo enseña que una buena vida depende de cuánto acumulamos. David, que conoció tanto la escasez como la riqueza de un reino, afirma: “Mejor es lo poco…” Hay cosas que el dinero puede comprar y otras que jamás podrá proporcionar: una conciencia limpia, una familia unida, paz en el corazón, un propósito para vivir y esperanza frente a la muerte. No midas la bendición de Dios solamente por cuánto tienes, sino por quién eres y con quién caminas.
4. DESPUÉS DE TODA UNA VIDA, PUEDO DECIRTE: DIOS ES FIEL (v. 25). Entonces llega el testimonio personal: “Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado…” No debemos convertir este proverbio en una promesa de que ningún creyente sufrirá pobreza o necesidad. El propio David pasó momentos difíciles. Es una observación sapiencial sobre la fidelidad providencial de Dios. David está diciendo: “He vivido suficiente para comprobarlo: Dios no abandona a quienes confían en Él”. Qué hermoso sería escuchar estas palabras de un anciano David. El joven que enfrentó a Goliat, el fugitivo que habitó cuevas, el rey que cometió errores y encontró perdón, ahora mira hacia atrás y dice: “Si pudiera volver a comenzar, volvería a confiar en Dios”.
Quizá por eso estos versículos pueden acompañarnos durante toda la vida: deléitate, encomienda, aprende a vivir con lo necesario y confía. Son palabras sencillas, pero nacieron de muchos años caminando con Dios. Porque al final, no se trata solamente de llegar a viejos, sino de llegar a viejos habiendo aprendido quién es Dios. David podía mirar toda su historia y decir: “Joven fui, y he envejecido”, y después de victorias, fracasos, lágrimas y alegrías, una verdad permanecía intacta: Dios había sido fiel. Y el Dios que sostuvo a David durante toda una vida puede sostener también la nuestra.
¡Feliz día!
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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