jueves, 28 de mayo de 2026

ADORANDO EN MEDIO RUINAS - ESDRAS 3



“Y cantaban, alabando y dando gracias a Jehová…” (Esdras 3:11).

Esdras 3 describe uno de los momentos más emotivos del regreso del exilio. El pueblo había vuelto a Jerusalén y lo primero que hizo no fue construir casas ni fortalecer murallas, sino restaurar el altar y reiniciar los sacrificios diarios de la mañana y de la tarde. Esto era profundamente significativo: aunque el templo todavía estaba destruido, el pueblo entendía que la adoración no podía esperar. La comunión con Dios debía volver antes que cualquier otra cosa.
El texto también menciona que tenían miedo “de los pueblos de las tierras” (v.3). Esto se refiere a las naciones y grupos que habitaban alrededor de Judá después del exilio: samaritanos, descendientes de pueblos mezclados y otras poblaciones hostiles que veían con sospecha el regreso judío. Jerusalén todavía estaba vulnerable, sin murallas ni protección militar. En medio de ese temor, levantar el altar era una declaración de fe: confiaban más en la protección de Dios que en su propia fuerza.
Después comenzaron a colocar los cimientos del templo. Mientras los levitas cantaban y alababan, ocurrió algo profundamente humano: los ancianos lloraban mientras otros gritaban de alegría. ¿Por qué lloraban? Porque ellos sí habían conocido el templo de Salomón antes de la deportación. Si el exilio duró alrededor de 70 años, algunos de esos ancianos probablemente habían sido niños o jóvenes cuando Nabucodonosor destruyó Jerusalén. Ahora, décadas después, al ver los modestos cimientos del nuevo templo, recordaban la gloria perdida del antiguo santuario. A continuación tres lecciones a la luz del texto bíblico:
1. La verdadera restauración espiritual comienza con la adoración, aun en medio de las ruinas. El pueblo todavía no tenía templo terminado ni estabilidad política, pero volvió a ofrecer sacrificios diariamente. Esto enseña que la adoración no depende de circunstancias perfectas. Muchas veces Dios comienza a restaurar una vida cuando, aun en medio del dolor o la incertidumbre, el corazón vuelve nuevamente a buscarle.
2. El temor humano puede ser vencido cuando Dios vuelve a ocupar el centro. El pueblo tenía miedo de sus enemigos, y con razón. Pero en vez de paralizarse, levantaron un altar. La adoración se convirtió en una declaración de confianza. Cuando Dios ocupa nuevamente el centro de la vida, el miedo no desaparece mágicamente, pero deja de gobernar las decisiones.
3. Hay lágrimas que nacen tanto del dolor como de la esperanza. Los ancianos lloraban porque recordaban lo perdido, mientras otros celebraban lo que Dios estaba comenzando a hacer. Ambas emociones convivían al mismo tiempo. Y eso es profundamente humano y espiritual. A veces Dios restaura lentamente, y el nuevo comienzo puede parecer pequeño comparado con el pasado. Pero aun así, Dios sigue obrando. El cronista probablemente quiere enseñar que no debemos despreciar los nuevos comienzos aunque parezcan modestos frente a glorias pasadas.
Esdras 3 nos recuerda que Dios puede levantar esperanza incluso en medio de las ruinas. Algunos lloraban por lo que perdieron; otros celebraban lo que Dios estaba reconstruyendo. Y ambos sentimientos eran reales. Hoy, muchas veces miramos nuestro pasado y pensamos que nunca volveremos a experimentar algo tan glorioso como antes, pero Dios sigue trabajando aun desde pequeños comienzos. Porque al final, no se trata de comparar constantemente lo que fue con lo que es, sino de reconocer que Dios todavía sigue edificando, restaurando y guiando a su pueblo hacia adelante.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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