“Y Joás hizo lo recto ante los ojos de Jehová todos los días de Joiada el sacerdote.” (2 Crónicas 24:2).
Hay quienes son fieles porque están viviendo aún con sus padres, otros que permanecen fieles porque trabajan o estudian en una institución cristiana o adventista, pero luego, con el tiempo o la lejanía se apartan de Dios. Ese fue el caso de Joás. La vida de Joás es una de las más tristes y reveladoras del libro de Crónicas. Rescatado milagrosamente de la muerte, guiado espiritualmente por el fiel sacerdote Joiada y usado para restaurar el templo, todo parecía indicar que sería uno de los grandes reyes de Judá. Sin embargo, el texto deja una frase inquietante: hizo lo recto “todos los días de Joiada”. Después de la muerte del sacerdote, Joás cedió fácilmente a la presión de los líderes de Judá, permitió nuevamente la idolatría y endureció su corazón. Cuando Dios envió al profeta Zacarías —hijo de Joiada— para amonestarlo, Joás ordenó matarlo, olvidando que fue justamente la familia de Joiada la que le salvó la vida y preservó su reino. A continuación tres lecciones a la luz del texto bíblico:
1. La fe prestada no sostiene una vida espiritual duradera. Joás caminó bien mientras tuvo cerca a Joiada, pero aparentemente nunca desarrolló una convicción suficientemente profunda propia. Su estabilidad espiritual dependía demasiado de la influencia externa. Esto revela un principio importante: nadie puede vivir permanentemente de la experiencia espiritual de otro. Los mentores son fundamentales, pero cada persona necesita construir una relación personal y firme con Dios.
2. Un carácter sin firmeza espiritual puede desviarse fácilmente. El texto muestra a un Joás influenciable: primero guiado hacia el bien por Joiada y luego arrastrado hacia el mal por los príncipes de Judá. Más que falta de inteligencia, había debilidad de carácter y falta de profundidad espiritual. El liderazgo sin convicciones sólidas termina siendo moldeado por la voz más fuerte del momento.
3. El pecado endurece el corazón y distorsiona la memoria espiritual. Lo más doloroso es que Joás mandó matar al hijo del hombre que prácticamente le había dado la vida. El pecado tiene ese efecto: vuelve insensible el corazón y hace olvidar la gracia recibida. Cuando una persona se aparta continuamente de Dios, puede terminar justificando actos que antes le parecían impensables.
Joás comenzó como un rey rescatado por la gracia y rodeado de ejemplos piadosos, pero terminó alejándose de aquello que lo había sostenido. Su historia nos recuerda que no basta con empezar bien ni con tener buenos consejeros alrededor; es necesario desarrollar una fe personal, profunda y firme en Dios. Porque al final, no se trata solo de quién nos guía en ciertos momentos, sino de si nuestro corazón permanece verdaderamente anclado en Dios cuando esas personas ya no están.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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