“Todos éstos, hijos de Obed-edom… hombres robustos y valientes para el servicio…” (1 Crónicas 26:8).
En 1 Crónicas 26, el cronista describe a los porteros o guardianes del templo. No eran simples cuidadores de puertas; su labor consistía en vigilar los accesos al santuario, resguardar los tesoros, mantener el orden y proteger la santidad del lugar. Controlaban quién entraba y quién no, cuidaban los utensilios y aseguraban que todo se desarrollara conforme al orden establecido. Por eso el texto los describe como hombres valientes y esforzados. No se trataba solo de abrir y cerrar puertas, sino de custodiar lo sagrado en medio de un pueblo que debía mantener reverencia constante. A continuación, tres lecciones a la luz del texto:
1. Lo que parece sencillo puede ser espiritualmente crucial. Ser portero podría parecer una tarea menor, pero implicaba una gran responsabilidad: proteger el lugar donde Dios manifestaba su presencia. La importancia no estaba en la visibilidad del rol, sino en su impacto. Muchas veces, los roles más discretos son los que sostienen la estructura espiritual de toda la comunidad. En el liderazgo, no todo lo esencial es visible, pero todo lo esencial es necesario.
2. Cuidar lo sagrado requiere carácter, no solo función. El texto resalta que eran hombres valientes y fuertes, porque su tarea exigía firmeza para mantener el orden y defender lo que pertenecía a Dios. No cualquiera podía ocupar ese lugar. La fidelidad en lo pequeño requiere el mismo carácter que la fidelidad en lo grande. Servir a Dios, incluso en tareas aparentemente simples, demanda integridad, compromiso y determinación.
3. Dios valora la fidelidad en cada responsabilidad asignada. Los porteros no eran sacerdotes ni músicos, pero su servicio era igual de necesario. Dios distribuye funciones diversas, pero todas tienen valor cuando se realizan con fidelidad. El equilibrio del pueblo dependía de que cada uno cumpliera su rol. En el liderazgo, entender y honrar la función asignada es clave para el buen desarrollo de la obra.
No todos están llamados a posiciones visibles, pero todos están llamados a ser fieles. Los porteros del templo nos recuerdan que cuidar lo que Dios ha confiado, por pequeño que parezca, es una tarea de gran valor. Hoy, el desafío no es buscar reconocimiento, sino asumir con responsabilidad lo que Dios ha puesto en nuestras manos. Porque al final, no se trata de cuán grande es la tarea, sino de cuán fieles somos al cumplirla delante de Dios.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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