“En Jehová he confiado; ¿cómo decís a mi alma, que escape al monte cual ave?” (Salmo 11:1).
Hay momentos en la vida en los que todos nos dicen: “¡Huye!”. Huye del problema. Huye de la dificultad. Huye de la persona que te hace daño. Huye porque ya no puedes más. Huye porque el peligro es demasiado grande. Y muchas veces esos consejos vienen de personas que nos aman y que realmente quieren protegernos.
El Salmo 11 parece surgir precisamente en un momento así. Aunque el salmo no identifica de manera explícita el episodio histórico que lo originó, la situación descrita encaja muy bien con los años en los que David fue perseguido y tuvo que vivir como fugitivo. Imagínate la escena: sabes que alguien quiere quitarte la vida, sabes que estás en peligro y, humanamente hablando, lo más razonable parece escapar.
Sin embargo, David responde: “En Jehová he confiado”. Esta frase cambia completamente la perspectiva. David no está diciendo que el peligro no existe. Tampoco está afirmando que nunca debemos alejarnos de una situación peligrosa. Lo que está diciendo es algo mucho más profundo: el miedo no determinará dónde pondré mi confianza.
David sabía que podía huir de un lugar, pero no podía huir de la presencia de Dios. Y también sabía que podía esconderse de un enemigo, pero que no existía lugar alguno donde Dios no pudiera protegerlo. El Salmo 11 nos enseña que, cuando el mundo nos dice “huye”, la fe nos invita primero a mirar hacia arriba. A continuación, tres lecciones a la luz del texto bíblico:
1. HAY CONSEJOS Y HAY CONSEJOS (v.1-3). David pregunta: “¿Cómo decís a mi alma, que escape al monte cual ave?” El consejo parecía lógico: “¡Huye! ¡Escapa! ¡Busca un lugar seguro!”. En el contexto de la época, las montañas y los lugares elevados podían convertirse en refugios naturales para quienes eran perseguidos. David mismo conocía muy bien la vida de fugitivo. Había pasado por cuevas, desiertos y territorios donde tenía que esconderse de sus enemigos. Por eso, el consejo no era necesariamente absurdo. Desde una perspectiva humana, había razones para tener miedo. Pero David había aprendido algo: no todo consejo que parece prudente desde la perspectiva humana está necesariamente alineado con la perspectiva de Dios.
2. HAY SEGURIDAD EN JEHOVÁ: NO HAY POR QUÉ TEMER (v. 4-6). David responde al consejo de sus amigos con una declaración extraordinaria: “Jehová está en su santo templo; Jehová tiene en el cielo su trono” (v. 4). ¡Qué imagen tan poderosa! Mientras la tierra está en crisis, Dios está en su trono. Mientras David está siendo perseguido, Dios sigue gobernando. Mientras los enemigos preparan sus armas, Dios no ha perdido el control de la historia. El templo representa la presencia de Dios, mientras que el trono representa su soberanía. David está diciendo, en esencia: “El mundo puede parecer fuera de control, pero Dios no ha perdido el control”. David no confiaba en su ejército, aunque tenía hombres valientes a su lado. Tampoco confiaba únicamente en su experiencia militar, en su capacidad estratégica o en su habilidad para esconderse. Su confianza estaba en Jehová.
3. DIOS HARÁ JUSTICIA: LOS RECTOS VERÁN SU ROSTRO (v. 7). El salmo termina con una declaración de esperanza: “Porque Jehová es justo, y ama la justicia; el hombre recto mirará su rostro” (v. 7). David podía descansar porque sabía que Dios no solamente era poderoso; Dios también es justo. Esto era especialmente importante para alguien que estaba siendo perseguido injustamente. Cuando somos culpables, el juicio de Dios nos produce temor. Pero cuando somos víctimas de una injusticia, la justicia de Dios se convierte en una fuente de esperanza. David sabía que podía ser malinterpretado por los hombres, pero nunca sería malinterpretado por Dios. Podían acusarlo injustamente, pero Dios conocía su corazón. Podían perseguirlo, pero Dios conocía la verdad. Podían intentar destruirlo, pero Dios tenía la última palabra. Por eso termina diciendo que “el hombre recto mirará su rostro”.
El Salmo 11 no nos enseña que nunca debemos huir de un peligro. La Biblia también presenta ocasiones en las que sus hijos se apartaron de situaciones peligrosas. Lo que el salmo nos enseña es algo más profundo: No permitas que el miedo se convierta en tu consejero.
Cuando todo parece estar mal, recuerda que Dios sigue en su trono. Cuando los problemas parecen tener la última palabra, recuerda que Dios sigue gobernando. Cuando otros te dicen que no existe salida, recuerda que Dios conoce caminos que tú todavía no puedes ver. Cuando sufres una injusticia, recuerda que Dios es justo. Y cuando parezca que estás solo, recuerda que Dios está contigo.
No sabemos qué traerá este día. Tal vez haya problemas que no esperábamos, noticias que nos preocupen o situaciones que nos hagan sentir inseguros. Pero podemos comenzar este día con la misma certeza de David: Dios está en su templo. Dios está en su trono. Dios ve. Dios conoce. Dios es justo. Y Dios está conmigo. Por eso, antes de huir por miedo, miremos hacia arriba con fe.
¡Feliz día!
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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