lunes, 5 de enero de 2026

CUANDO DIOS GUARDA SILENCIO, NO ES PARA QUE BUSQUEMOS OTRAS VOCES - 1 SAMUEL 28



“Y consultó Saúl a Jehová; pero Jehová no le respondió ni por sueños, ni por Urim, ni por profetas” (1 Samuel 28:6).

El episodio de Saúl y la adivina de Endor es uno de los relatos más trágicos del Antiguo Testamento y muestra con crudeza el deterioro espiritual de un líder que conocía la verdad, la defendía externamente, pero ya no vivía bajo la dirección de Dios.
¿Cómo entender la contradicción?
Saúl había desterrado a los adivinos (1 Samuel 28:3) porque así lo exigía la ley de Dios (Levítico 19:31; 20:6, 27; Deut. 18:9–14). Sin embargo, cuando Dios no le respondió (ni por sueños, ni por Urim, ni por profetas), Samuel había muerto, y el enemigo filisteo estaba a las puertas, Saúl quedó religiosamente vacío pero desesperado.
Saúl rechazó la dirección de Dios, pero no dejó de buscar control, seguridad y respuestas. Cuando Dios ya no responde, el ser humano sin conversión genuina busca sustitutos espirituales. No fue un cambio repentino, sino el resultado lógico de una vida de resistencia al Espíritu de Dios. La caída no es un suceso sino un proceso.
La Biblia dice: “Y consultó Saúl a Jehová, pero Jehová no le respondió…” (1 Samuel 28:6), este texto resume todo el drama, revela el silencio divino producto de una desobediencia persistente. Una buena explicación del pecado de Saúl se complementaría con “Pero Saúl murió por su rebelión… y porque consultó a una adivina” (1 Crónicas 10:13–14). A continuación algunas lecciones:
1. La obediencia externa no sustituye una relación viva con Dios. Saúl había quitado a los adivinos del país, pero no había quitado el pecado de su corazón. Cumplió la ley como política, no como pacto y defendió la verdad, pero rechazó al Dios de la verdad. Podemos predicar, liderar y “hacer lo correcto” externamente, y aun así estar espiritualmente desconectados.
2. Cuando Dios guarda silencio, no es para que busquemos otras voces. El silencio de Dios no autorizaba a Saúl a buscar lo prohibido. El silencio era un llamado al arrepentimiento, no a la adivinación, pero Saúl no buscó perdón; buscó información. Cuando no escuchamos a Dios, el peligro no es el silencio, sino a quién decidimos escuchar después.
3. Rechazar repetidamente al Espíritu Santo lleva a una espiritualidad falsa. Saúl terminó disfrazado, de noche, consultando aquello que antes condenaba, y es que el que no se rinde a Dios termina negociando con el error. La caída final fue coherente con su proceso interior. “Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gálatas 6:7).
En el tiempo final, quienes rechacen la verdad terminarán aceptando engaños espirituales (cf. Apoc. 16:13–14). Saúl nos enseña que: No es suficiente haber conocido la verdad, si no caminamos diariamente en ella. Dios nunca dejó de estar dispuesto a guiar a Saúl; Saúl fue quien dejó de estar dispuesto a obedecer.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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