“Bendito sea Jehová Dios de Israel, que te envió hoy a encontrarme” (1 Sam. 25:32).
David ha sido ofendido injustamente por Nabal. Humanamente, David tiene razones para vengarse. Ya había tomado una decisión: destruir a Nabal y a toda su casa. Pero Dios interviene a través de una mujer sabia, Abigail, y David elige cambiar de opinión. En ese cambio hay esperanza para todos nosotros.
A continuación, tres lecciones a la luz de texto de hoy:
1. La justicia de Dios no se basa en el impulso, sino en el dominio propio (1 Samuel 25:13, 22, 32-33). David reacciona como cualquier ser humano herido: con ira. Sin embargo, cuando escucha a Abigail, reconoce que Dios lo está librando de derramar sangre innecesaria. Ser justo no significa no sentir enojo, sino no permitir que el enojo gobierne nuestras decisiones. La verdadera justicia espera, escucha y se somete a Dios. Si hoy estás a punto de tomar una decisión movida por la ira, Dios todavía puede detenerte antes de que cruces una línea irreversible.
2. Dios usa voces sabias para corregir decisiones equivocadas (1 Samuel 25:24–28). Abigail no humilla a David; apela a su llamado, a su futuro y a la justicia de Dios. Ella se convierte en instrumento divino para redirigir su camino. Dios no siempre nos habla con truenos; muchas veces nos habla a través de personas llenas de discernimiento y humildad. Si estás dispuesto a escuchar consejo piadoso, Dios puede salvarte de consecuencias dolorosas y preservar tu testimonio.
3. La justicia que espera en Dios nunca pierde su recompensa (1 Samuel 25:38–39). David deja el asunto en manos de Dios… y Dios se encarga de Nabal. David aprende una lección crucial: la venganza no le correspondía a él. Cuando renuncias a hacer justicia por tus propias manos, Dios actúa con justicia perfecta y a su tiempo. No necesitas defenderte solo. Dios ve, Dios juzga y Dios restaura sin manchar tu carácter.
David no perdió autoridad al cambiar de opinión; la fortaleció. No perdió justicia; la elevó. No perdió honor; lo preservó. El texto dice: “Bendito sea Jehová Dios de Israel, que te envió hoy a encontrarme” (1 Sam. 25:32). Cambiar de opinión cuando Dios habla no es debilidad; es justicia guiada por el cielo.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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