domingo, 16 de agosto de 2026

EMPIEZA TU DÍA CON LA SEGURIDAD DE QUE DIOS TE SUSTENTARÁ - SALMO 3



“Yo me acosté y dormí, y desperté, porque Jehová me sustentaba” (Salmo 3:5).

A veces sufrimos persecuciones y tenemos enemigos sin merecerlos. Jamás hicimos nada malo a nadie. Nunca hicimos daño a alguien como para que nos tengan como enemigos. Sin embargo, muchas veces tenemos persecutores y enemigos, gente que quiere nuestra muerte, o simplemente nuestro mal, nuestro fracaso, porque definidamente hicimos todos los méritos para ello. Hicimos mal, lastimamos a gente inocente y hoy vemos las consecuencias de esas acciones. A continuación tres lecciones a la luz del texto bíblico:
1. Huyendo de los enemigos que nosotros mismos creamos. El Salmo 3 fue escrito mientras huía o de Absalón, su hijo. ¿Cómo un hijo podría perseguir a su padre para matarlo? ¿Qué había pasado? Simple, David se enojó con su hijo Absalón porque este, había matado a Amnón por haber violado a Tamar, su hermana (2 Samuel 13). Absalón tomó venganza porque David no hizo nada para castigar a Amnón. El cuadro es realmente triste. Aunque Absalón tomó la justicia por sus manos, y no actuó pensado bien las consecuencias, es entendible la situación. Sin embargo, David lo rechazó en varias oportunidades, lo desterró, y esto fue una humillación desmedida contra su propio hijo (Absalón).
2. Tienes que solucionar los problemas pronto, no postergues mucho tiempo. Absalón se convirtió en enemigo de su padre porque David mismo lo motivó. No aceptó el perdón de Absalón en varias ocasiones, su rencor era tan grande que humilló a Absalón no dejándole entrar al palacio (2 Samuel 14:23-32). Todas estas cosas alimentaron odio a su padre. Después de dos años, recién lo recibiría pero ya era muy tarde. Si David hubiera actuado con prontitud para solucionar el problema o para calmar a su hijo Absalón, jamás habría terminado en tragedia esta disputa y pelea de padre e hijo (David y Absalón).
3. Jamás podrás decidir ni hacer bien las cosas cuando estás en pecado. David estaba tan contaminado desde su pecado con Betzabé, el asesinato de Urías, la vida corrupta que había empezado a vivir en sus años como rey de Israel que no tenía la agudeza moral ni el valor como para corregir los errores de otros. La rebelión de Absalón no fue de la noche a la mañana, no fue gratis. David contribuyó para que su hijo se rebele. Y sin embargo, ahora estaba huyendo de Absalón, su hijo.
En ese contexto escribe el Salmo 3, que expresa: “Yo me acosté y dormí, y desperté, porque Jehová me sustentaba” (v.5). En tus momentos de lucha, de miedo y temor, con o sin responsabilidad, por tu culpa o no, puedes tener la seguridad de que si pides ayuda a Dios, Él jamás te abandonará, Dios siempre te sustentará. Sí, muchas veces no tenemos ganas ni de orar porque nosotros mismos malogramos nuestra vida, lo arruinamos nuestro futuro, pero si despertaste hoy es porque Dios te da una nueva oportunidad. Alabado sea Dios.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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LOS “UNGIDOS DE DIOS”, ¿LOS ACEPTAMOS O RECHAZAMOS? - SALMO 2



“¿Por qué se amotinan las gentes, Y los pueblos piensan cosas vanas? Se levantarán los reyes de la tierra, Y príncipes consultarán unidos. Contra Jehová y contra su ungido, diciendo: Rompamos sus ligaduras, Y echemos de nosotros sus cuerdas” (Salmo 2:1-3).

El libro de Salmos está escrito de manera intencional. El primer Salmo nos muestra la actitud de un hombre justo, y sin embargo, el Salmo 2 nos presenta a un hombre rebelde que no reconoce el reino verdadero ni a su rey. ¿De quién está hablando? Pues bien, aunque el Salmo no dice quién escribió se trata del Rey David (Hechos 4:25-26). Entonces, la aplicación es al mismo Rey David, que tenía oposición de sus enemigos, y de mucha gente que no lo reconocía como el ungido, o escogido (v.2). De manera interesante, no solo no reconocen a Jehová sino que no reconocen a su “ungido” (David). A continuación tres lecciones a la luz del texto bíblico:
1. Cuando no reconoces al ungido, no reconoces a quién lo ungió. Este hecho es realmente importante. Cuando el ser humano no reconoce a los “ungidos” de Jehová, no solo rechazan al “ser humano ungido o escogido”, sino que rechazan al que lo escogió (a Dios). El Rey David sabía muy bien eso, y por ello respetaba tanto la investidura de Saúl, quién, a pesar de lo que hacía (lo malo), David lo respetaba porque era “el ungido de Jehová” (1 Samuel 24:6).
2. Respetemos a los ungidos o escogidos de Dios. A veces solemos ser muy sueltos, y banales con las designaciones de Dios. Pastores, líderes y demás que son elegidos por Dios a través de su iglesia, o de juntas directivas y congresos, muchas veces son tomados en poco, o no son considerados como deberían porque no fueron ellos quienes se eligieron a sí mismos, sino que fue Dios. Esto lo entendía Pablo, quien decía: “Pablo, apóstol (no de hombres ni por hombre, sino por Jesucristo y por Dios el Padre que lo resucitó de los muertos)” (Gálatas 1:1).
3. Apoyemos el ministerio de los escogidos o ungidos de Dios. Un viejo profesor decía que aunque el líder sea un “impresentable”, es el escogido de Dios y debemos apoyarlo porque Dios no se equivoca, y es el líder que la iglesia necesita para este tiempo. No te cae el pastor, el anciano, el líder, recuerda, Dios lo eligió, lo escogió, lo ungió. Pues si lo rechazas, rechazas de alguna manera u otra a la voluntad de Dios, a Jehová.
Finalmente, el Salmo 2 también tiene una aplicación segunda a Cristo, quien es el ungido y escogido de Dios. Este tema ya es una visión profética al ministerio de Dios. De igual modo, jamás rechacemos a Cristo, pues rechazamos al Padre y a la salvación.
Que Dios nos ayude a aceptar, respetar y considerar a los siervos escogidos por Dios.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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viernes, 7 de agosto de 2026

EL DESTINO DE JUSTO Y DEL PECADOR - SALMO 1



“Porque Jehová conoce el camino de los justos; Mas la senda de los malos perecerá” (Salmo 1:6).


La palabra salmo viene de la palabra griega psalmoi, que significa alabanza. Aunque son alabanzas, al mismo tiempo son poemas religiosos y plegarias (oraciones) de alabanza. Los salmos son “canciones entonadas con acompañamiento de música”, “cantar con acompañamiento musical” o simplemente “cantar”. ¿Te imaginas cuántos cantos hermosos?  


  1. El libro de Salmos. Es una colección de 150 cánticos o alabanzas, todas con música propia que por el tiempo, muchos son desconocidos hoy. Sin embargo, todas ellas fueron compuestas y entonadas en los tiempos Moisés,  los jueces, reyes y profetas.


  1. El capítulo más grande y más corto de la Biblia están en los Salmos. Una curiosidad que resulta más que interesante tiene que ver con que en el libro de los Salmos es el libro con más capítulos en la Biblia, ¡son 150 salmos! Pero lo que resulta más interesante aún, tiene que ver con que en el Salmo se encuentra el capítulo más largo y más corto de la Biblia. El Salmo 119 es el más largo pues tiene 176 versículos, y el Salmo más corto es el 117, que tiene solo 2 versos. 


  1. El mensaje central de la Biblia. Curiosamente, en medio de ellos (el Salmo 119 y Salmo 117) podemos encontrar el versículo central de toda la Biblia: Salmo 118, verso 8, que dice: “Más vale refugiarse en el Señor que confiar en los poderosos.” ¡Qué precioso mensaje! MÁS VALE REFUGIARSE EN SEÑOR, que confiar en “los poderosos”. ¡Qué mensaje más poderoso! Vamos a empezar a estudiar este libro precioso de la Biblia, un libro poético, que será de grande bendición, y qué mejor que recordar que MÁS VALE REFUGIARSE EN EL SEÑOR QUE CONFIAR EN CUALQUIER PODEROSO.


Hoy empezamos con el Salmo 1 que tiene lindas lecciones para cada uno de nosotros. Y quisiera destacar el verso 6: “Porque Jehová conoce el camino de los justos; Mas la senda de los malos perecerá”. Este salmo empieza destacando lo feliz y bienaventurado que es el hombre Justo, y lo desdichado y que resulta la vida de un Pecador. Todos nosotros seremos juzgados según por Dios, ese juicio es real y verdadero. Lo que pensamos, digamos y hagamos será tomado en cuenta en el juicio final. El Justo será feliz, y el Pecador perecerá, así de simple.


Dios nos ayude a vivir en la senda de justicia, cada día, cada mañana, cada uno, pues en breve seremos juzgados por Dios.


Feliz día.


Pr. Heyssen Cordero Maraví 


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jueves, 6 de agosto de 2026

¿POR QUÉ DIOS NO LE CONTÓ A JOB SOBRE EL GRAN CONFLICTO? - JOB 42



“De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven” (Job 42:5).


El libro de Job llega a su extraordinario desenlace. Después de escuchar la voz de Dios desde el torbellino, Job responde con humildad y adoración. Ya no exige respuestas ni pide explicaciones. Comprende que el mayor error no fue haber sufrido, sino haber pretendido, en algunos momentos de su dolor, juzgar el modo en que Dios gobernaba el universo. Por eso reconoce: “Hablé lo que no entendía, cosas demasiado maravillosas para mí” (Job 42:3).


Curiosamente, Dios nunca le explica a Job la conversación que sostuvo con Satanás en los capítulos 1 y 2. Nunca le revela que todo formaba parte del Gran Conflicto. Sin embargo, Job ya no necesita esa explicación. Ha conocido más profundamente al Dios que estaba detrás de toda la historia. Y cuando conoce mejor al Señor, sus preguntas dejan de ocupar el primer lugar.


Después de esto, ocurre algo inesperado. Dios no reprende primero a Job, sino a sus tres amigos. El Señor declara que ellos “no han hablado de mí lo recto, como mi siervo Job” (Job 42:7). Aquellos que durante tantos capítulos se presentaron como defensores de Dios habían terminado representándolo equivocadamente. A continuación tres lecciones a la luz del texto bíblico:


1. Conocer a Dios vale más que recibir todas las respuestas. La mayor transformación de Job no fue material, sino espiritual. Él mismo confiesa: “De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven.” Antes conocía a Dios por tradición, por experiencia y por la enseñanza recibida. Ahora lo conoce personalmente. Muchas veces pedimos respuestas cuando Dios quiere darnos algo mucho mayor: una relación más profunda con Él. La fe madura no consiste en entender todos los “porqués”, sino en conocer mejor al Dios que dirige nuestra vida.


2. Dios corrige incluso a quienes hablan en su nombre. Uno de los momentos más sorprendentes del capítulo es la reprensión de Dios a Elifaz, Bildad y Zofar. Durante todo el libro creyeron estar defendiendo la justicia divina, pero terminaron presentando un retrato incompleto del carácter de Dios. El Señor les ordena ofrecer sacrificios y, significativamente, pide que sea Job quien ore por ellos. El hombre que había sido acusado injustamente ahora se convierte en intercesor de quienes lo hirieron. Allí aparece una extraordinaria lección de gracia, perdón y reconciliación.


3. Dios restaura mucho más de lo que el dolor había quitado. Cuando Job ora por sus amigos, comienza también su restauración (Job 42:10). Dios le devuelve el doble de lo que había perdido:


  • 14.000 ovejas (antes tenía 7.000).
  • 6.000 camellos (antes 3.000).
  • 1.000 yuntas de bueyes (antes 500).
  • 1.000 asnas (antes 500).


También volvió a tener siete hijos y tres hijas. Las hijas —Jemima, Cesia y Keren-hapuc— son mencionadas por nombre y descritas como las mujeres más hermosas de toda aquella tierra. Además, reciben herencia junto con sus hermanos, algo extraordinario para aquella época (Job 42:14-15).


Finalmente, Job vivió 140 años más, llegó a ver cuatro generaciones de sus descendientes y murió viejo y lleno de días (Job 42:16-17).


¿Por qué Dios nunca le explicó a Job el Gran Conflicto?


Esta es una de las preguntas más profundas del libro. Probablemente porque el propósito principal de Dios no era satisfacer la curiosidad de Job, sino fortalecer su confianza. Si Dios le hubiera revelado la conversación con Satanás, Job habría entendido el motivo de su sufrimiento, pero quizá habría seguido dependiendo de las explicaciones. En cambio, Dios le enseñó algo mucho más grande: a confiar en su carácter aun cuando no conociera todas las razones.


El lector recibe la explicación del Gran Conflicto; Job no. Y eso hace que el libro siga hablando a cada generación. Nosotros tampoco conocemos todas las razones de nuestras pruebas. Pero, como Job, sí podemos conocer al Dios que permanece soberano en medio de ellas.


El libro termina donde comenzó: con un hombre fiel. Pero ya no es exactamente el mismo hombre. Al principio, Job conocía a Dios por lo que sabía de Él; al final, lo conoce por haber caminado con Él en el valle del sufrimiento. Esa experiencia transformó su fe para siempre. Porque al final, no se trata de que Dios nos explique cada prueba que permite en nuestra vida, sino de que lleguemos a conocerlo más profundamente. Las respuestas pueden satisfacer la mente por un momento; pero conocer a Dios transforma el corazón para toda la eternidad. Y cuando el Señor restaura, siempre lo hace mucho mejor de lo que alguna vez pudimos imaginar. Nuestro Redentor sigue vivo, sigue gobernando el universo y un día restaurará definitivamente todo lo que el pecado destruyó.


Feliz día.


Pr. Heyssen Cordero Maraví 


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DIOS GOBIERNA TODO, Y TODO ES TODO - JOB 41



“¿Sacarás tú al leviatán con anzuelo, o con cuerda que le eches en su lengua?” (Job 41:1).

El discurso de Dios llega a su punto culminante. Después de presentar a Behemot en el capítulo anterior, ahora describe otra criatura impresionante: el Leviatán. Todo el capítulo está dedicado a exaltar su fuerza, su poder, su ferocidad y el temor que produce. Ningún hombre puede domesticarlo, capturarlo o enfrentarlo con éxito. Sin embargo, el propósito de Dios no es enseñar zoología ni satisfacer nuestra curiosidad sobre esta criatura. Su propósito es mucho más profundo: demostrar que si el hombre no puede controlar una de las criaturas de Dios, mucho menos puede pretender dirigir el universo mejor que su Creador.
¿Quién era el Leviatán? A lo largo de la historia se han propuesto varias interpretaciones. Muchos comentaristas lo identifican con el cocodrilo del Nilo, utilizando un lenguaje poético e hiperbólico para destacar su ferocidad. Otros consideran que representa un gran monstruo marino, símbolo del caos y de las fuerzas incontrolables de la naturaleza. En la literatura del Antiguo Testamento (Salmo 74:14; Isaías 27:1), Leviatán también aparece como un símbolo de los poderes del mal y del caos, sobre los cuales Dios ejerce absoluto dominio.
Desde una perspectiva adventista, más importante que identificar exactamente al animal es comprender el mensaje del pasaje: no existe fuerza en el universo, natural o espiritual, que escape al control de Dios. A continuación tres lecciones a la luz del texto bíblico:
1. Dios gobierna incluso aquello que nosotros jamás podremos controlar. El Leviatán representa todo aquello que intimida al ser humano: lo inmenso, lo desconocido, lo peligroso y aparentemente invencible. Para Dios, sin embargo, no es un rival. Es simplemente una criatura bajo su autoridad. Muchas veces nuestras pruebas parecen un Leviatán: demasiado grandes para nosotros. Pero nunca serán demasiado grandes para Dios. Lo que nos llena de temor permanece completamente bajo el dominio del Creador.
2. No siempre comprendemos el gobierno de Dios, pero siempre podemos confiar en Él. Durante todo el libro, Job ha querido entender por qué Dios permitió tanto sufrimiento. Ahora el Señor le enseña que existen aspectos de su gobierno que trascienden completamente la comprensión humana. No porque Dios sea arbitrario, sino porque su sabiduría infinita supera nuestra limitada perspectiva. El creyente encuentra paz cuando deja de decirle a Dios cómo debería gobernar el universo y comienza a confiar en que Él ya lo gobierna perfectamente.
3. La verdadera fe descansa en la soberanía del Creador. Dios no necesitó explicarle a Job cada detalle del Gran Conflicto para fortalecer su fe. Le bastó mostrarle quién era Él. Cuando contemplamos la grandeza del Señor, nuestras preguntas no desaparecen necesariamente, pero encuentran un lugar donde descansar. La fe madura reconoce que Dios está al control de todo: de lo que entendemos y de lo que no entendemos; de lo visible y de lo invisible; de lo pequeño y de lo que parece aterrador.
Job 41 constituye la culminación del discurso divino. Después de contemplar a Behemot y al Leviatán, Job comprende que el universo está gobernado por un Dios infinitamente sabio, poderoso y bueno. El problema nunca fue la falta de poder de Dios, sino la limitada comprensión del hombre. Porque al final, no se trata de entender todos los misterios ni de controlar todas las circunstancias de la vida, sino de confiar en el Dios que controla aquello que nadie más puede controlar. El Leviatán puede parecer invencible para el ser humano, pero no para el Creador. Y si Dios gobierna aun las fuerzas más temibles del universo, también gobierna nuestra vida con perfecta sabiduría, perfecto poder y perfecto amor.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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¿DUDAS Y PREGUNTAS? CONFÍA EN DIOS - JOB 40



“¿Es sabiduría contender con el Omnipotente? El que disputa con Dios, responda a esto” (Job 40:2).

Después de revelar su poder en la creación, Dios hace una pausa y espera la respuesta de Job. Por primera vez desde el inicio del libro, Job deja de argumentar y reconoce humildemente su pequeñez: “He aquí que yo soy vil; ¿qué te responderé? Mi mano pongo sobre mi boca” (Job 40:4). Sin embargo, Dios continúa hablándole, no para humillarlo, sino para conducirlo a una comprensión más profunda. El Señor le pregunta si está dispuesto a invalidar su justicia o condenarlo para justificarse a sí mismo (Job 40:8). La enseñanza es clara: el problema no era que Job hubiera pecado como afirmaban sus amigos, sino que, en medio de su dolor, había llegado a cuestionar aspectos del gobierno divino que escapaban a su comprensión.
Para ilustrar esa verdad, Dios presenta a una criatura extraordinaria llamada Behemot. Se trata del gigantesco animal descrito en Job 40:15-24. ¿Quién era Behemot? Existen varias interpretaciones. La posición más común entre los comentaristas bíblicos es que representa al hipopótamo, utilizando un lenguaje poético que exalta su enorme fuerza y estabilidad. Otros consideran que podría aludir al elefante. Algunos intérpretes conservadores sugieren que la descripción podría corresponder a un gran animal hoy extinto, debido a detalles como su poderosa cola (v.17), que difícilmente encajan con un hipopótamo. Más allá de la identificación exacta, el propósito del pasaje no es zoológico sino teológico: si el hombre no puede dominar una de las criaturas de Dios, mucho menos puede pretender comprender o gobernar el universo como lo hace su Creador. A continuación tres lecciones a la luz del texto bíblico:
1. La humildad comienza cuando reconocemos nuestros límites. La respuesta de Job marca un punto de inflexión. Durante muchos capítulos habló, preguntó y defendió su causa. Ahora guarda silencio. No porque haya perdido la fe, sino porque ha comprendido que está delante del Dios infinito. El silencio de Job no es derrota; es adoración. Hay momentos en que la mayor expresión de sabiduría consiste en callar y dejar que Dios sea Dios.
2. Dios nunca pierde el control de aquello que nosotros no podemos controlar. Behemot representa una fuerza inmensa, imposible de dominar por el ser humano. Sin embargo, Dios lo creó, lo sostiene y lo gobierna. Ese mismo principio se aplica a nuestra vida. Existen circunstancias, pruebas y preguntas que superan completamente nuestra capacidad. Lo que para nosotros resulta inmanejable permanece bajo el absoluto dominio del Señor. Nada escapa de sus manos.
3. La fe madura cuando dejamos de querer ocupar el lugar de Dios. Dios le pregunta a Job: ”¿Invalidarás tú también mi juicio?” No era un reproche por haber sufrido, sino una invitación a confiar en la justicia divina. Muchas veces queremos entender cada decisión de Dios antes de aceptarla. Sin embargo, la fe madura reconoce que el Creador posee una perspectiva infinitamente superior a la nuestra. Nuestro llamado no es ocupar su trono, sino descansar en su gobierno.
Job 40 prepara el momento culminante del libro. Poco a poco, Job deja de buscar respuestas acerca de su sufrimiento y comienza a contemplar la grandeza del Dios que gobierna el universo. Esa contemplación transformará su corazón mucho más profundamente que cualquier explicación. Porque al final, no se trata de tener todas las respuestas ni de comprender cada decisión de Dios, sino de reconocer que Él sigue sentado en el trono. Cuando aceptamos con humildad que el Creador sabe lo que nosotros ignoramos, encontramos una paz que ninguna explicación humana puede ofrecer. El Dios que gobierna a Behemot también gobierna nuestra vida, y jamás dejará de hacerlo con perfecta sabiduría y perfecto amor.
Feliz día.
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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