martes, 15 de septiembre de 2026

CUANDO DIOS HABLA, LAS COSAS SUCEDEN — SALMO 33



“Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos, y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca” (Salmo 33:6).

El Salmo 33 es un canto de alabanza. No encontramos aquí el lamento de otros salmos ni una petición desesperada de auxilio. El salmista simplemente contempla quién es Dios y lo que Dios hace, y concluye que semejante Dios merece ser adorado.
Entre todas las razones para alabarlo aparece una extraordinaria: el poder de su Palabra. Los seres humanos hablamos para describir cosas que ya existen; Dios puede hablar para hacer existir aquello que no existía. Su Palabra no es solamente información: es una Palabra creadora, poderosa y eficaz. A continuación, tres lecciones a la luz del texto bíblico:
1. DIOS HABLA Y LO QUE NO EXISTE COMIENZA A EXISTIR. “Porque él dijo, y fue hecho; él mandó, y existió” (v. 9). Estas palabras nos llevan inmediatamente a Génesis 1. Una y otra vez aparece la expresión: “Y dijo Dios…”, seguida por otra: “Y fue así”. Dios dijo: “Sea la luz”, y hubo luz (Génesis 1:3). El Salmo 33 interpreta teológicamente la creación: “Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos” (v. 6). El Nuevo Testamento profundiza todavía más esta verdad. Juan presenta a Jesús como el Verbo, la Palabra, y declara: “Todas las cosas por él fueron hechas” (Juan 1:1-3). Hebreos añade que los mundos fueron constituidos “por la palabra de Dios” (Hebreos 11:3). Para nosotros lo imposible requiere un milagro; para Dios puede requerir solamente una palabra.
2. LA PALABRA QUE CREÓ EL MUNDO TAMBIÉN PUEDE RECREAR NUESTRA VIDA. El poder de la Palabra no quedó limitado a la creación. Jesús dijo al paralítico: “Levántate… y vete a tu casa”, y se levantó (Marcos 2:11-12). Frente a la tempestad ordenó: “Calla, enmudece”, y vino gran calma (Marcos 4:39). Y delante de una tumba gritó: “¡Lázaro, ven fuera!”, y el muerto salió (Juan 11:43-44). Cuando Cristo habla, la enfermedad obedece, la tormenta se calma y hasta la muerte reconoce su autoridad. Por eso necesitamos llenar nuestra vida de la Palabra de Dios. Ella no solamente nos informa quién es Dios; nos confronta, consuela, corrige y transforma. La misma voz que dijo “sea la luz” puede hacer resplandecer luz en un corazón oscurecido por el pecado (2 Corintios 4:6).
3. EN EL TIEMPO DEL FIN, LA PALABRA DE DIOS VOLVERÁ A DEMOSTRAR SU PODER. Aquí encontramos una conexión extraordinaria. La Biblia comienza con Dios hablando y creando, y termina con Dios hablando y recreando. Jesús anunció que llegará el momento cuando “todos los que están en los sepulcros oirán su voz” y saldrán (Juan 5:28-29). Pablo explica que en la segunda venida “el Señor mismo… con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero” (1 Tesalonicenses 4:16). ¡La muerte tampoco podrá resistirse a su voz! Y finalmente, aquel que creó los primeros cielos y la primera tierra declara desde su trono: “He aquí, yo hago nuevas todas las cosas” (Apocalipsis 21:5).
El Salmo 33, entonces, no solamente nos invita a mirar hacia atrás, a la Creación. También nos permite mirar hacia adelante, hacia la recreación. El Dios que habló en Génesis sigue hablando, y su última palabra sobre este mundo no será pecado, sufrimiento ni muerte, sino vida nueva. Porque al final, no se trata solamente de creer que la Palabra de Dios creó el mundo en el pasado, sino de confiar en que esa misma Palabra puede transformar nuestra vida hoy y recrear todas las cosas mañana. El Dios que dijo “sea la luz” y hubo luz, un día volverá a hablar, los muertos en Cristo escucharán su voz y este mundo será hecho nuevo. Por eso alabamos: porque cuando Dios habla, su Palabra se cumple.
¡Feliz día!
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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