“Jehová es mi pastor; nada me faltará” (Salmo 23:1).
Probablemente estamos ante el salmo más conocido de la Biblia y uno de los que mejor retrata a David. Antes de ser rey había sido pastor. Había conducido ovejas, buscado buenos pastos, enfrentado animales salvajes y protegido el rebaño (1 Samuel 17:34-37). Por eso, cuando escribe: “Jehová es mi pastor”, David se coloca deliberadamente en el lugar de una oveja que depende completamente de Dios.
Las imágenes son extraordinarias: verdes pastos, aguas tranquilas, caminos, un valle oscuro, una mesa preparada y finalmente la casa de Jehová. En pocas palabras, David describe toda una vida caminando bajo el cuidado del Pastor. A continuación, tres lecciones a la luz del texto bíblico:
1. “NADA ME FALTARÁ” NO SIGNIFICA QUE NUNCA TENDREMOS NECESIDADES. David conoció hambre, persecución, pérdidas y dolor. Por tanto, “nada me faltará” no puede significar que el creyente tendrá automáticamente todo lo que desea. Significa que si Jehová es nuestro Pastor, nunca nos faltará aquello que Él sabe que realmente necesitamos. Él conoce cuándo necesitamos verdes pastos, cuándo necesitamos descansar junto a aguas tranquilas y cuándo nuestra alma necesita ser restaurada. Siglos después, Jesús tomó esta imagen y declaró: “Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas” (Juan 10:11). El Pastor del Salmo 23 tiene rostro: Jesucristo.
2. TENER UN BUEN PASTOR NO SIGNIFICA QUE NUNCA PASAREMOS POR VALLES. David no dice: “Como Dios es mi Pastor, nunca pasaré por el valle”. Dice: “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo” (v. 4). ¡Esta diferencia es fundamental! La presencia de Dios no elimina necesariamente los valles; elimina la necesidad de atravesarlos solos. Hay enfermedades, pérdidas y crisis que no podremos evitar. Pero estar en el valle no significa que Dios nos haya abandonado. Algunas veces el camino escogido por el Pastor atraviesa lugares oscuros antes de conducirnos a mejores pastos. Por eso David no dice: “No tengo miedo porque conozco el camino”, sino: “No temeré… porque tú estarás conmigo”.
3. DIOS PUEDE PREPARAR UNA MESA AUNQUE LOS ENEMIGOS SIGAN PRESENTES. “Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores” (v. 5). La imagen probablemente cambia aquí del pastor al anfitrión que recibe, alimenta, honra y protege a su huésped. Compartir la mesa expresaba comunión y hospitalidad. Ungir la cabeza con aceite también era una señal de bienvenida y honor (cf. Lucas 7:46). Pero observa algo extraordinario: Dios no elimina primero a los enemigos para después preparar la mesa. La prepara en presencia de ellos. Hay enemigos, pero también hay mesa.
Hay dificultades, pero también hay aceite.
Hay amenazas, pero la copa sigue rebosando.
Finalmente David dice: “El bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida” (v. 6). El hombre que tantas veces había sido perseguido descubre que durante toda su vida había existido otra persecución: la bondad y la misericordia de Dios siempre habían ido detrás de él. Y el Nuevo Testamento completa maravillosamente la imagen. Jesús es el Buen Pastor (Juan 10:11), el Príncipe de los pastores (1 Pedro 5:4), y Apocalipsis promete que finalmente el Cordero “los pastoreará, y los guiará a fuentes de aguas de vida” (Apocalipsis 7:17). Si Jehová es nuestro Pastor, tendremos provisión para el camino, compañía en el valle, una mesa en medio de la adversidad y, al terminar nuestro viaje, la casa del Padre para siempre. La oveja no necesita conocer todo el camino; necesita conocer y seguir a su Pastor.
¡Feliz día!
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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