“Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre” (Salmo 16:11).
martes, 15 de septiembre de 2026
EL SECRETO DE LA FELICIDAD - SALMO 16
Todos los seres humanos queremos ser felices. Trabajamos, estudiamos, viajamos, nos casamos y hacemos muchos planes buscando aquello que llamamos felicidad. Sin embargo, en ese afán podemos terminar buscando la plenitud en lugares que nunca podrán dárnosla. La Biblia nos presenta una verdad extraordinaria: la felicidad verdadera no depende solamente de lo que tenemos o de lo que nos sucede, sino de quién está con nosotros. Por eso David declara: “Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre” (Salmo 16:11). A continuación, tres lecciones a la luz del texto bíblico:
1. LA VERDADERA FELICIDAD TIENE UN SECRETO: LA PRESENCIA DE DIOS. El encabezado del Salmo identifica esta composición como un Mictam (miktam), un término hebreo cuyo significado exacto es discutido y que aparece en algunos salmos de David. Más que intentar definirlo como “secreto”, lo importante es observar el contenido del Salmo: David había aprendido a encontrar su seguridad y satisfacción en Dios. Por eso afirma: “A Jehová he puesto siempre delante de mí” (v. 8. David no estaba diciendo que no tenía problemas; estaba diciendo que, aun en medio de ellos, Dios ocupaba el primer lugar en su vida. La verdadera felicidad comienza cuando dejamos de buscar en las cosas creadas lo que solamente el Creador puede darnos.
2. SÍ ES POSIBLE TENER GOZO EN MEDIO DE LA TORMENTA. David habla de una vida que no está libre de dificultades, pero sí está acompañada por Dios. “Porque está a mi diestra, no seré conmovido” (v.
. La presencia de Dios no siempre cambia inmediatamente nuestras circunstancias, pero cambia nuestra manera de enfrentarlas. Por eso, comenzar el día con la Palabra de Dios y la oración, y terminarlo contemplando nuevamente su rostro, no es una simple rutina espiritual: es aprender a vivir en su presencia. Nuestra felicidad hoy todavía es imperfecta porque vivimos en un mundo marcado por el pecado, pero en Cristo podemos experimentar un anticipo del gozo eterno. No tenemos todavía el cielo, pero podemos tener al Dios del cielo con nosotros.
3. CAMINAR CON DIOS NOS CONDUCE POR LA SENDA DE LA VIDA. El final del Salmo presenta una hermosa perspectiva: “Me mostrarás la senda de la vida” (v. 11). En esa senda encontramos gozo, seguridad y esperanza. David confía en que Dios le mostrará el camino correcto, sostendrá su vida y, finalmente, lo llevará a una vida que trasciende la muerte. Este pasaje tiene además una dimensión mesiánica extraordinaria. Pedro, en Hechos 2, aplica Salmo 16:10 a la resurrección de Jesús. La “senda de la vida” alcanza su máxima expresión en Cristo resucitado. Por eso, nuestra esperanza no depende de que todo salga bien hoy; depende de que Jesús venció la muerte y nos ofrece vida eterna.
Hoy es un nuevo día. Dejemos de correr desesperadamente detrás de una felicidad que el mundo promete, pero que no puede sostener. Jesús dijo: “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33). Haz de Jesús tu mejor amigo. Búscalo al comenzar el día, camina con Él durante la jornada y contempla su rostro al terminarla. Porque cuando Dios está en el centro de nuestra vida, podemos tener paz en medio de la tormenta, gozo en medio de las dificultades y esperanza aun frente a la muerte. En su presencia está la plenitud de gozo.
¡Feliz día!
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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¿QUIÉN PUEDE MORAR CON DIOS? - SALMO 15
“Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará en tu santo monte?” (Salmo 15:1).
El Salmo 15, atribuido a David, comienza con dos preguntas que probablemente surgieron de una profunda reflexión sobre la presencia de Dios. Aunque no podemos afirmar con certeza cuándo fue escrito, algunos lo relacionan con el traslado del arca del pacto a Jerusalén (2 Samuel 6). Después de la muerte de Uza, David comprendió que las cosas sagradas debían hacerse conforme a las instrucciones de Dios. El salmo, sin embargo, va mucho más allá de aquella experiencia: plantea una pregunta que sigue siendo fundamental para todo ser humano: ¿quién puede vivir en la presencia de Dios? A continuación, tres lecciones a la luz del texto bíblico:
1. Dios no busca solamente adoradores, sino personas transformadas. David pregunta quién puede habitar en el tabernáculo y morar en el santo monte. El tabernáculo representaba la presencia de Dios en medio de su pueblo (Éxodo 25:8). La pregunta no se refiere simplemente a quién podía entrar físicamente en el santuario, pues el acceso a sus diferentes espacios estaba regulado por Dios. La preocupación de David es más profunda: ¿qué clase de persona puede vivir en comunión con un Dios santo? La respuesta es sorprendente: “El que anda en integridad y hace justicia, y habla verdad en su corazón” (v. 2). Luego describe una vida caracterizada por el dominio de la lengua, el respeto al prójimo, el rechazo de la maldad, la fidelidad a la palabra dada y la integridad aun cuando hacerlo tenga un costo (vv. 3-5). La adoración verdadera nunca está separada del carácter.
2. El santuario terrenal señala hacia una realidad mayor. Como adventistas entendemos que el santuario terrenal era una “figura y sombra de las cosas celestiales” (Hebreos 8:5). El Nuevo Testamento dirige nuestra mirada hacia Cristo, nuestro Sumo Sacerdote, quien ministra en el santuario celestial (Hebreos 8:1-2; 9:24). Por eso, la pregunta de David adquiere una dimensión mayor: ¿quién podrá finalmente morar para siempre con Dios? La respuesta no puede ser que alguien alcance la presencia de Dios por sus propios méritos. El mismo sistema del santuario enseñaba que el pecador necesitaba un sacrificio. Y el evangelio nos revela que nuestra entrada a la presencia de Dios es posible por medio de Cristo. “Acerquémonos, pues, con corazón sincero, en plena certidumbre de fe” (Hebreos 10:22). La vida descrita en Salmo 15 no es una escalera para ganar la salvación; es el fruto de una vida que ha sido alcanzada y transformada por la gracia de Dios.
3. La pregunta de David encuentra su respuesta definitiva en Apocalipsis. Hay una conexión extraordinaria entre Salmo 15 y Apocalipsis 21. David pregunta: “¿Quién morará en tu santo monte?”. Siglos después, Juan contempla la Nueva Jerusalén y escucha una declaración maravillosa: “He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos” (Apocalipsis 21:3). En Salmo 15 tenemos la pregunta: ¿quién puede morar con Dios? En Apocalipsis tenemos la consumación de la promesa: Dios mismo morará para siempre con sus hijos. Apocalipsis 21:7 declara: «El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo». Y los versículos 8 y 22:15 presentan el contraste: quienes persisten en el pecado quedan fuera de la ciudad santa. Aquí encontramos una verdad solemne: Dios está preparando un pueblo para vivir eternamente en su presencia. No solamente quiere que lo visitemos ocasionalmente; quiere que su presencia sea nuestra morada eterna.
Pero ¿cómo puede un pecador estar delante de un Dios santo? La respuesta es Cristo. Él es nuestro Sacerdote, nuestro Sacrificio y nuestro Mediador. Por medio de Él podemos acercarnos al Padre y, por medio de su gracia, permitir que nuestro carácter sea transformado.
El Salmo termina con una hermosa promesa: “El que hace estas cosas, no resbalará jamás” (Salmo 15:5). Quizá aquí encontramos una conexión que no debemos pasar por alto. David había visto a Uza morir cuando el arca era trasladada de manera incorrecta (2 Samuel 6:6-7). Pero ahora declara que quien camina con Dios no vivirá una vida de inestabilidad espiritual. La presencia de Dios no solamente determina nuestro destino; también transforma nuestro camino.
Hoy la pregunta de David sigue resonando: «Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo?» La respuesta nos lleva a Cristo. No podemos alcanzar la presencia de Dios por nuestros méritos, pero podemos acercarnos por la sangre de Jesús. Y cuando Cristo habita en nosotros, comienza a formar en nosotros el carácter de aquellos que un día habitarán para siempre con Él. Dios no quiere que simplemente visites su presencia; quiere que vivas con Él para siempre.
¡Feliz día!
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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¿DIOS ESTÁ MIRANDO? - SALMO 14
“Jehová miró desde los cielos sobre los hijos de los hombres, para ver si había algún entendido, que buscara a Dios” (Salmo 14:2).
El Salmo 14 presenta un contraste entre la necedad del ser humano y la justicia de Dios. La palabra hebrea nabal, traducida como “necio”, no describe simplemente a alguien que carece de inteligencia, sino a una persona que vive en abierta rebelión contra Dios. El nabal puede reconocer intelectualmente que Dios existe, pero vive como si Dios no existiera. Por eso, el problema no está solamente en lo que una persona piensa, sino también en cómo decide vivir. A la luz de este salmo encontramos tres grandes verdades:
1. DIOS VE EL CORAZÓN DEL SER HUMANO (vv. 2-3). El salmista dice que Jehová “miró desde los cielos” para observar a los seres humanos. Dios no solamente contempla nuestras acciones; conoce nuestros pensamientos, intenciones y deseos. El resultado de esa observación es contundente: “Todos se desviaron, a una se han corrompido”. Estas palabras muestran la realidad universal del pecado. Pablo retomará este pasaje en Romanos 3:10-12 para demostrar que nadie puede considerarse justo por sus propios méritos. El problema del ser humano no es solamente que comete actos malos; el pecado ha afectado profundamente su corazón y su relación con Dios. Por eso, nuestra esperanza no puede estar en nuestra propia bondad, sino en la gracia de Dios.
2. DIOS NO ABANDONA A LOS QUE CONFÍAN EN ÉL (vv. 4-6). Aunque el pecado parece dominar la escena, Dios sigue viendo y cuidando a quienes le pertenecen. El salmista declara: “Dios está con la generación de los justos” (v. 5). Qué hermosa seguridad: Dios no es indiferente al sufrimiento de sus hijos. Él ve la injusticia, conoce el abuso, contempla la maldad y permanece al lado de quienes confían en Él. Puede parecer que los malvados tienen ventaja, pero su aparente triunfo nunca escapa de la mirada de Dios. El Señor no siempre elimina inmediatamente nuestras dificultades, pero nunca nos abandona en medio de ellas. Él sigue siendo nuestro refugio, nuestro defensor y nuestro Salvador.
3. DIOS QUIERE RESTAURAR Y SALVAR A SU PUEBLO (v. 7). El salmo termina mirando hacia la esperanza: “¡Oh, que de Sion saliera la salvación de Israel!”. Después de describir la corrupción humana, David dirige sus ojos hacia Dios, porque sabe que la única solución para el pecado viene del Señor. La salvación no nace del esfuerzo humano, sino de Dios. Él es quien libera de la esclavitud del pecado, restaura al pecador y conduce nuevamente a sus hijos hacia Él.
El mal existe y la corrupción humana es una realidad. Habrá personas que intenten hacernos daño, que actúen con injusticia o que vivan como si Dios no existiera. Pero nuestra esperanza permanece firme: Dios ve, Dios conoce y Dios salva.
Quizás hoy estés atravesando una situación en la que parece que la maldad tiene la última palabra. No tengas miedo. El Dios que mira desde los cielos también está cerca de sus hijos. Aunque los hombres no vean, Dios ve; aunque los hombres olviden, Dios recuerda; y aunque parezca que no hay salida, Dios sigue siendo nuestra salvación.
¡Feliz día!
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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¿HASTA CUÁNDO, SEÑOR? - SALMO 13
“¿Hasta cuándo, Jehová? ¿Me olvidarás para siempre?” (Salmo 13:1).
Hay momentos en la vida en los que sentimos que Dios nos ha olvidado, que está lejos de nosotros y que parece ajeno a nuestras necesidades. Oramos, pero no vemos respuestas; buscamos una salida, pero parece que ninguna puerta se abre. Entonces surge una pregunta profundamente humana: “Señor, ¿hasta cuándo?”
Eso le ocurrió a David. El mismo hombre que fue llamado “varón conforme al corazón de Dios” también atravesó momentos de angustia, soledad y temor. El Salmo 13 es un salmo de lamentación: David no esconde su dolor, sino que lo lleva directamente a Dios. Y en apenas seis versículos encontramos un hermoso recorrido: del desánimo a la confianza, y de la angustia a la esperanza. A continuación, tres lecciones a la luz del texto bíblico:
1. LOS DESÁNIMOS TAMBIÉN FORMAN PARTE DE LA VIDA (vv. 1-4). David repite cuatro veces: “¿Hasta cuándo?” (vv. 1-2). Esto revela que su sufrimiento no era algo momentáneo. Se sentía olvidado por Dios y abrumado por sus circunstancias. A veces pensamos que tener fe significa estar libres de problemas. Pero la Biblia nunca enseña eso. Mientras vivamos en un mundo afectado por el pecado, enfrentaremos dificultades, pérdidas, decepciones y momentos de profunda angustia (Juan 16:33). El dolor no significa que Dios nos haya abandonado. Debemos aprender a distinguir entre lo que sentimos y lo que Dios ha prometido. Podemos sentirnos solos, pero Dios ha prometido estar con nosotros (Mateo 28:20). Además, nuestras dificultades nos recuerdan que este mundo no es nuestro hogar definitivo. Esperamos el día en que Dios eliminará para siempre el dolor, la muerte y el sufrimiento (Apocalipsis 21:4).
2. CUANDO NO ENTENDEMOS A DIOS, TODAVÍA PODEMOS CONFIAR EN ÉL (v. 5). El salmo cambia radicalmente en el versículo 5. Después de expresar su angustia, David declara: “Mas yo en tu misericordia he confiado”. La palabra hebrea para “misericordia” es ḥésed, que expresa el amor leal, constante y fiel de Dios. David quizá no comprendía lo que estaba viviendo, pero conocía el carácter de su Dios. Y aquí encontramos una gran lección: no siempre podremos entender las circunstancias, pero siempre podemos confiar en el carácter de Dios. La demora de Dios no significa abandono. Su silencio no significa indiferencia. Aunque no veamos lo que Él está haciendo, podemos confiar en que sigue siendo fiel.
3. CUANDO PARECE QUE NO HAY ESPERANZA, DIOS SIGUE SIENDO NUESTRA ESPERANZA (v. 6). El Salmo 13 comienza con la pregunta: “¿Me olvidarás para siempre?” (v. 1), pero termina con una declaración de confianza: “Cantaré a Jehová, porque me ha hecho bien” (v. 6). ¿Qué cambió? No necesariamente habían cambiado las circunstancias; había cambiado la perspectiva de David. Al principio, David veía principalmente su problema. Al final, vuelve a mirar a Dios. Eso hace la fe. No siempre cambia inmediatamente nuestra situación, pero nos permite enfrentarla desde una perspectiva diferente.
Quizás hoy estás viviendo tu propio “¿hasta cuándo?”. Recuerda que Jeremías 29:11 fue originalmente una promesa dada a Israel en medio del exilio babilónico. El pueblo tendría que esperar, pero Dios les aseguró que su historia no terminaba en el sufrimiento. Su presente difícil no anulaba el futuro que Dios tenía preparado. Y tampoco tu presente es el final de tu historia.
El Salmo 13 nos recuerda que la vida tiene altos y bajos, momentos de alegría y momentos de profunda tristeza. Esa es la realidad de vivir en un mundo afectado por el pecado. Pero también nos enseña que podemos llevar nuestras preguntas, nuestros temores y nuestro dolor a Dios sin perder la fe.
David comenzó preguntando: “¿Hasta cuándo? Y terminó diciendo: “Cantaré a Jehová.” Tal vez hoy no entiendes lo que Dios está haciendo. Tal vez estás esperando una respuesta. Tal vez sientes que Dios está lejos. Pero recuerda: que no puedas verlo no significa que Él no esté contigo. Que no puedas sentir su presencia no significa que te haya abandonado.
Dios sigue siendo fiel. Por eso, aun en medio de la tormenta, podemos decir:
“Cantaré a Jehová, porque me ha hecho bien.”
Todavía existe esperanza, porque Dios todavía está contigo.
¡Feliz día!
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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LAS PALABRAS HUMANAS PASAN, LA PALABRA DE DIOS ES ETERNA - SALMO 12
“Las palabras de Jehová son palabras limpias, como plata refinada en horno de tierra, purificada siete veces” (Salmo 12:6).
El Salmo 12 nace en un ambiente donde David siente que la fidelidad está desapareciendo. Las personas hablan mentira, adulan, engañan y utilizan sus palabras para manipular. Incluso llegan a decir: “Por nuestra lengua prevaleceremos” (v. 4). El problema no es solamente que existan palabras falsas; es que la mentira se ha convertido en una forma de poder. Frente a ese escenario, David mira hacia arriba y encuentra el contraste absoluto: las palabras humanas pueden ser inestables, pero las palabras de Dios son limpias, verdaderas y confiables. El salmo presenta así una de las grandes seguridades de la fe: cuando no podemos confiar en lo que dicen los hombres, todavía podemos confiar en lo que ha dicho Dios. A continuación, tres lecciones a la luz del texto bíblico:
1. No todo lo que suena bien es verdadero. El salmista habla de “labios lisonjeros” y de “doblez de corazón”. La mentira puede vestirse de amabilidad, inteligencia e incluso religiosidad. Puede decir exactamente lo que queremos escuchar y, sin embargo, conducirnos al engaño. Vivimos en un mundo saturado de voces: opiniones, promesas, noticias, consejos y discursos. Pero no toda voz merece nuestra confianza. La verdad no se determina por cuántas personas la repiten, sino por quién la pronunció. Por eso David no deposita su seguridad en las palabras humanas. Busca la Palabra de Dios.
2. La Palabra de Dios es pura porque no tiene engaño. David utiliza una imagen extraordinaria: plata refinada siete veces. La plata debía pasar por el fuego para separarla de las impurezas. La imagen comunica pureza, autenticidad y confiabilidad. El contraste es intencional: mientras las palabras humanas pueden contener engaño, las palabras de Jehová han sido presentadas como completamente puras. Y hay algo todavía más hermoso: el versículo 5 aparece entre la corrupción humana y la pureza de la Palabra. Dios dice que se levantará “por la opresión de los pobres” y por el gemido de los necesitados. Es decir, Dios no solamente habla; Dios actúa conforme a lo que habla. Sus promesas no son palabras vacías.
3. Cuando Dios habla, podemos descansar. El salmo comienza con una crisis: “Sálvame, oh Jehová” (v. 1). Y termina reconociendo que, aunque los malvados estén alrededor y la vileza parezca triunfar, Dios sigue siendo el protector de los suyos (vv. 7-8). Esta es la esperanza del salmo: la última palabra no la tiene la mentira, ni la corrupción, ni el engaño, ni quienes utilizan sus palabras para destruir. La última palabra la tiene Dios.
Quizá hoy alguien te dijo algo que te lastimó. Quizá alguien prometió y no cumplió. Quizá escuchaste una palabra que sembró miedo, incertidumbre o desesperanza. Recuerda esto: las palabras de los hombres pueden cambiar; la Palabra de Dios permanece.
El mundo puede decir: “No hay esperanza”.
Dios dice: “Me levantaré”.
El mundo puede decir: “Estás solo”.
Dios dice: “Yo te guardaré”.
El mundo puede decir: “Todo está perdido”.
Dios dice: “Pondré en salvo al que por ello suspira”.
Por eso, no construyas tu vida sobre lo que alguien dijo acerca de ti; constrúyela sobre lo que Dios ha dicho acerca de ti. No permitas que una palabra humana tenga más autoridad en tu corazón que una promesa divina. Porque las palabras humanas pueden herir, engañar y desaparecer; pero la Palabra de Dios permanece. Puede que hoy no entiendas lo que está ocurriendo, pero puedes confiar en lo que Dios ha dicho. Su Palabra ha pasado por el fuego y no contiene impureza. Y cuando todo alrededor parezca incierto, aférrate a ella: porque cuando Dios habla, puedes descansar.
¡Feliz día!
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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¿POR QUÉ HUIR SI DIOS ESTÁ CONMIGO? - SALMO 11
“En Jehová he confiado; ¿cómo decís a mi alma, que escape al monte cual ave?” (Salmo 11:1).
Hay momentos en la vida en los que todos nos dicen: “¡Huye!”. Huye del problema. Huye de la dificultad. Huye de la persona que te hace daño. Huye porque ya no puedes más. Huye porque el peligro es demasiado grande. Y muchas veces esos consejos vienen de personas que nos aman y que realmente quieren protegernos.
El Salmo 11 parece surgir precisamente en un momento así. Aunque el salmo no identifica de manera explícita el episodio histórico que lo originó, la situación descrita encaja muy bien con los años en los que David fue perseguido y tuvo que vivir como fugitivo. Imagínate la escena: sabes que alguien quiere quitarte la vida, sabes que estás en peligro y, humanamente hablando, lo más razonable parece escapar.
Sin embargo, David responde: “En Jehová he confiado”. Esta frase cambia completamente la perspectiva. David no está diciendo que el peligro no existe. Tampoco está afirmando que nunca debemos alejarnos de una situación peligrosa. Lo que está diciendo es algo mucho más profundo: el miedo no determinará dónde pondré mi confianza.
David sabía que podía huir de un lugar, pero no podía huir de la presencia de Dios. Y también sabía que podía esconderse de un enemigo, pero que no existía lugar alguno donde Dios no pudiera protegerlo. El Salmo 11 nos enseña que, cuando el mundo nos dice “huye”, la fe nos invita primero a mirar hacia arriba. A continuación, tres lecciones a la luz del texto bíblico:
1. HAY CONSEJOS Y HAY CONSEJOS (v.1-3). David pregunta: “¿Cómo decís a mi alma, que escape al monte cual ave?” El consejo parecía lógico: “¡Huye! ¡Escapa! ¡Busca un lugar seguro!”. En el contexto de la época, las montañas y los lugares elevados podían convertirse en refugios naturales para quienes eran perseguidos. David mismo conocía muy bien la vida de fugitivo. Había pasado por cuevas, desiertos y territorios donde tenía que esconderse de sus enemigos. Por eso, el consejo no era necesariamente absurdo. Desde una perspectiva humana, había razones para tener miedo. Pero David había aprendido algo: no todo consejo que parece prudente desde la perspectiva humana está necesariamente alineado con la perspectiva de Dios.
2. HAY SEGURIDAD EN JEHOVÁ: NO HAY POR QUÉ TEMER (v. 4-6). David responde al consejo de sus amigos con una declaración extraordinaria: “Jehová está en su santo templo; Jehová tiene en el cielo su trono” (v. 4). ¡Qué imagen tan poderosa! Mientras la tierra está en crisis, Dios está en su trono. Mientras David está siendo perseguido, Dios sigue gobernando. Mientras los enemigos preparan sus armas, Dios no ha perdido el control de la historia. El templo representa la presencia de Dios, mientras que el trono representa su soberanía. David está diciendo, en esencia: “El mundo puede parecer fuera de control, pero Dios no ha perdido el control”. David no confiaba en su ejército, aunque tenía hombres valientes a su lado. Tampoco confiaba únicamente en su experiencia militar, en su capacidad estratégica o en su habilidad para esconderse. Su confianza estaba en Jehová.
3. DIOS HARÁ JUSTICIA: LOS RECTOS VERÁN SU ROSTRO (v. 7). El salmo termina con una declaración de esperanza: “Porque Jehová es justo, y ama la justicia; el hombre recto mirará su rostro” (v. 7). David podía descansar porque sabía que Dios no solamente era poderoso; Dios también es justo. Esto era especialmente importante para alguien que estaba siendo perseguido injustamente. Cuando somos culpables, el juicio de Dios nos produce temor. Pero cuando somos víctimas de una injusticia, la justicia de Dios se convierte en una fuente de esperanza. David sabía que podía ser malinterpretado por los hombres, pero nunca sería malinterpretado por Dios. Podían acusarlo injustamente, pero Dios conocía su corazón. Podían perseguirlo, pero Dios conocía la verdad. Podían intentar destruirlo, pero Dios tenía la última palabra. Por eso termina diciendo que “el hombre recto mirará su rostro”.
El Salmo 11 no nos enseña que nunca debemos huir de un peligro. La Biblia también presenta ocasiones en las que sus hijos se apartaron de situaciones peligrosas. Lo que el salmo nos enseña es algo más profundo: No permitas que el miedo se convierta en tu consejero.
Cuando todo parece estar mal, recuerda que Dios sigue en su trono. Cuando los problemas parecen tener la última palabra, recuerda que Dios sigue gobernando. Cuando otros te dicen que no existe salida, recuerda que Dios conoce caminos que tú todavía no puedes ver. Cuando sufres una injusticia, recuerda que Dios es justo. Y cuando parezca que estás solo, recuerda que Dios está contigo.
No sabemos qué traerá este día. Tal vez haya problemas que no esperábamos, noticias que nos preocupen o situaciones que nos hagan sentir inseguros. Pero podemos comenzar este día con la misma certeza de David: Dios está en su templo. Dios está en su trono. Dios ve. Dios conoce. Dios es justo. Y Dios está conmigo. Por eso, antes de huir por miedo, miremos hacia arriba con fe.
¡Feliz día!
Pr. Heyssen Cordero Maraví
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