viernes, 2 de mayo de 2014

¡Es tiempo de la cosecha!


William MacDonald dijo:
      Quizá los discípulos habían hablado de la siega que venía. O quizá era un refrán común entre los Judíos: “Cuatro meses entre la hora de la semilla y la siega”. En todo caso, el Señor Jesús volvió a usar el acto físico de la cosecha para enseñar una lección espiritual. Los discípulos no deben pensar que la cosecha se halla lejos. Ellos [no deben pensar] que la obra de Dios se puede hacer después. Deben darse cuenta de que los campos están blancos para la siega...En el mismo momento que el Señor hablaba estas palabras, Él se hallaba en medio de un campo de siega que contenía las almas de hombres y mujeres Samaritanos. Él decía a los discípulos que tenían una gran labor de recogimiento ante ellos, y que debían entregarse a ella de inmediato y con diligencia.
      Así hoy, el Señor nos dice, “Alzad vuestros ojos y mirad los campos”. [Que] el Señor nos dé un peso por las almas perdidas a nuestro alrededor. Luego de nosotros dependerá ir de parte de Él, buscando traer las gavillas de grano maduro (traducción de William MacDonald,Believer’s Bible Commentary, Thomas Nelson Publishers, 1995, p. 1487; nota sobre Juan 4:35).
Ahora daré tres puntos simples de Juan 4:35 y de Mateo 9:37-38.
I. Primero, el tiempo de juntar la siega es ahora.
Mis dos abuelos eran granjeros. Sembraban semillas en la primavera y cortaban, o recogían la cosecha en el otoño. A traer la cosecha se le llama “la siega”. Los discípulos solo habían estado con Jesús un tiempo corto. Pero de seguro ya sabían de ganar almas, porque Jesús les dijo de inmediato, al principio cuando los llamó, “Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres” (Mateo 4:19). Mas ahora habían ido a la ciudad a comprar comida. Mientras ellos iban, Jesús trabajaba ganando almas.
“Entre tanto, los discípulos le rogaban, diciendo: Rabí, come. Él les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis. Entonces los discípulos decían unos a otros: ¿Le habrá traído alguien de comer? Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra. ¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega” (Juan 4:31-35).
¡No esperes cuatro meses para la cosecha! “Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega” (Juan 4:35).
Algunos quizá piensan: “Esperaré hasta el otoño. Es cuando traemos a los perdidos”. ¡Equivocado! ¡El tiempo de la cosecha es hoy! ¡Por mucha experiencia hemos hallado que el Domingo después de (el Día de la Independencia en los Estados Unidos de América) del 4 de Julio es cuando comenzamos la cosecha! ¡El tiempo de la cosecha es ahora!
“¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega” (Juan 4:35).
¡El tiempo de la cosecha es ahora! El Dr. John R. Rice lo dijo muy bien en una de sus bellas canciones:
¡Seguemos hoy, o perdemos la siega! 
   Dios nos ha dado almas que ganar. 
Salvemos pues amados de la llama, 
   Traigamos hoy un pecador aquí. 
(Traducción libre de “So Little Time” por Dr. John R. Rice, 1895-1980).

¡Seguemos hoy – o perdemos la siega! Vemos que se pone más difícil después del Día de Acción de Gracias. Y casi imposible en la época de Navidad en la cuidad laica de Los Ángeles. Enero y Febrero son fríos y llueve – y muchos jóvenes asisten a las sesiones del invierno en la universidad. Es más difícil entonces. En el invierno y en la primavera hay muchas distracciones. Mucha gente sale cada vez que hay un fin de semana de tres días. Está el día de Martín Luther King. Está el fin de semana de tres días del Día de los Presidentes. Los exámenes semestrales. El Día de la Madre. El Día Memorial. Exámenes finales. El Día del Padre. Todos ellos opacan nuestro evangelismo en esta gran ciudad impía. Pero entonces, después del cuatro de Julio, comienza la cosecha. ¡Ahorita, el 7 de Agosto, estamos en medio de nuestra cosecha del otoño!
“¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega” (Juan 4:35).
“Seguemos hoy”. ¡Cántala!
¡Seguemos hoy, o perdemos la siega! 
   Dios nos ha dado almas que ganar. 
Salvemos pues amados de la llama, 
   Traigamos hoy un pecador aquí.

¡La hora de juntar la cosecha de almas perdidas es hoy!
II. Segundo, hay muchas almas perdidas que segar.
Voltea por favor a Mateo 9:36-37. Lee estos dos versos en voz alta.
“Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos” (Mateo 9:36-37).
Jesús vio las multitudes perdidas. Él se compadeció de ellos. Él vio que eran “ovejas sin pastor”. Él dijo: “La mies es mucha”.
¡Eso es cierto hoy también! La mies es mucha. ¡No esperes traer a tus amados para el banquete del Día de Acción de Gracias! ¡Oh, no! ¡Tráelos ahora – el próximo Domingo! Oirán el Evangelio predicado claramente. No serán distraídos por las cosas que comienzan a suceder después del Día de Acción de Gracias. Si los traes a la iglesia a oír el Evangelio predicado hoy, será más probable que los puedas traer de regreso el próximo Domingo también. El Dr. Rice dijo:
¡Trae tus amados, a Jesús tráelos! 
   ¡Trae tus hermanos y hermanas a Él! 
Cuando termine la gran cosecha, 
   ¡Queremos ver los amados con Él! 
(Traducción libre de “Oh, Bring Your Loved Ones” 
     por Dr. John R. Rice, 1895-1980).

No puedes ganar a tus padres, ni hermanos o hermanas con solo la oración. Algunos han orado mucho y sus amados aun están perdidos. Tienes que estar serio. Tienes que “[forzarlos] a entrar” (Lucas 14:23). Cuando Andrés encontró a Jesús, la Biblia dice “Este halló primero a su hermano Simón [Pedro], y le dijo: Hemos hallado al Mesías (que traducido es, el Cristo). Y le trajo a Jesús” (Juan 1:41-42). Andrés no sabía mucho. Pero sabía que Jesús era el Mesías, “y le trajo [a Pedro] a Jesús”. ¡Andrés no solamente oró para que Pedro viniera a Jesús! ¡No! “Le trajo a Jesús”. Algunos de ustedes han orado por un pariente por mucho tiempo, pero nada parece moverlos. Si supieran que tienes el corazón roto porque todavía están perdidos, si sintieran el interés en tu voz, una insistencia en tu tono, quizás vendrían a la iglesia y oirían el Evangelio y serían salvos.
“¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?" (Romanos 10:14).
El Dr. Rice dijo:
Hoy es el tiempo del ruego en llanto, 
   Tiempo de estar apreso a la cruz. 
Pues en el Cielo será muy tarde, 
   Para ganar un alma a Jesús. 
¡Trae tus amados, a Jesús tráelos! 
   ¡Trae tus hermanos y hermanas a Él! 
Cuando termine la gran cosecha, 
   ¡Queremos ver los amados con Él! 
(Dr. John R. Rice, ibid.).

Alguien podría decir: “Dr. Hymers, he tratado mucho, pero no me oyen”. Yo sé lo que se siente. ¡Pero no te rindas! “A su tiempo segaremos, si no desmayamos” (Gálatas 6:9). Ahora piensas en un familiar o conocido que sabes debes traer el próximo Domingo. Ven e híncate frente al púlpito, y oraremos para que Dios te dé el celo y la fe para ir y “forzarlos a entrar”. (Oración). Canta ese coro de nuevo, al volver a tu asiento.
¡Trae tus amados, a Jesús tráelos! 
   ¡Trae tus hermanos y hermanas a Él! 
Cuando termine la gran cosecha, 
   ¡Queremos ver los amados con Él!

III. Tercero, los obreros son pocos.
“Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies” (Mateo 9:36-38).
Hay otro pensamiento aquí. “Y al ver las multitudes”. Vamos a tener multitudes de jóvenes viniendo a nuestra iglesia a través de nuestro evangelismo regular en las próximas semanas. Pero, ¿qué van a encontrar cuando lleguen aquí? ¿Van a encontrar que eres cálido y amable con ellos? ¿Van a encontrar que tienes celo en hacerte amigo de ellos y en hacerlos sentir como en casa? ¿O van a darse cuenta que en realidad no te preocupas por ellos? La gente se da cuenta, ves.
¿Te acordarás de esto el próximo Domingo? ¡Falta mucho para que llegue! El Sábado pasado por la noche di un sermón sobre el celo de Cristo. Uno de los puntos fue: “Debemos cantar con celo”. Este punto fue recibido con mucho entusiasmo el Sábado por la noche. Pero doce horas después, el Domingo por la mañana, tuvimos el peor de los cantos que hemos tenido durante meses. ¿Por qué? Porque en las cosas espirituales el hombre es muy débil y perezoso en el mejor de los casos. Incluso después de ser convertidos todavía somos fuertemente tentados a ser lerdos y perezosos. ¡Tal es el efecto de la caída! Por lo tanto, lo que se predicó el Sábado por la noche fue olvidado por muchas personas en nuestra iglesia el Domingo por la mañana.
Así será con este sermón. Jesús dijo: “La mies es mucha, mas los obreros pocos”. Eso es verdad entre nosotros. Veríamos muchas más adiciones a nuestra iglesia si hubiesen más obreros.
Gracias a Dios tenemos algunos obreros. Pero muchas personas, incluso en nuestra iglesia, no tienen celo de ganar un alma perdida. Nuestros diáconos y líderes traen una multitud, “pero los obreros son pocos”, por lo que la mayoría de ellos se van y no vuelven. ¡Oh, si nuestros jóvenes despertaran, que cosecha sería! Pero muchos no despertarán. Harán de nuevo el próximo Domingo lo que hicieron el Domingo pasado. ¡Gracias a Dios que ahora tenemos algunos obreros! Pero Jesús dijo:
“Los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies” (Mateo 9:37-38).
Debemos orar por más obreros como Soriya, Sheila, Anthony, Jack y Tina – gente como ellos, ¡que pueden recordar trabajar en la cosecha; gente que labore con celo, en vez de retirarse, como con sueño, sin interés en ayudar a las almas perdidas a entrar a nuestra iglesia!
La cosecha no es muy larga, todos los Domingos. Es sólo como una media hora, después de que comemos juntos. Lo que sucede en esa media hora determina si cosechamos o no. Los dormidos se van al baño, o apenas vienen al compañerismo. Ellos no tienen la urgencia, o celo por los que están perdidos. El próximo Domingo serán igual que el Domingo pasado. No despertarán a menos que haya un movimiento soberano de Dios.
“A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies”
       (Mateo 9:37-38).
“Cuan Poco Tiempo”. ¡Cántala!
¡Cuán poco tiempo hay para la siega! 
   Con la cosecha vamos hacia Dios, 
A reportarnos ante Jesucristo, 
   Con la esperanza que Él diga “¡Muy bien!” 
¡Seguemos hoy o perdemos la siega! 
   Dios nos ha dado almas que ganar. 
Salvemos pues amados de la llama, 
   Traigamos hoy un pecador aquí. (Dr. Rice, ibid.).

El profeta Jeremías dijo: “Pasó la siega, terminó el verano, y nosotros no hemos sido salvos” (Jeremías 8:20). Hoy es siete de Agosto. Sólo hay tres Domingos más y el verano ha terminado hasta el próximo año. Has pasado por esta primavera y este verano, y “terminó el verano y [tú no eres salvo]”. Tú sabes que Cristo murió para pagar por tus pecados. Tú sabes que Él resucitó de los muertos – y ahora está en el Cielo, a la diestra del Padre. Tú sabes que Cristo puede limpiar tus pecados con Su Sangre si vienes a Él. Me has escuchado decir estas cosas infinidad de veces y sin embargo “no eres salvo”. Teniendo tantas oportunidades, ¿por qué te detienes? ¿Por qué has rehusado venir a Él? ¡Arrepiéntete y ven a Cristo!
Al resto le digo: “Seguemos hoy” – de pie y canta el coro de la canción de Dr. Rice otra vez.
¡Seguemos hoy o perdemos la siega!
   Dios nos ha dado almas que ganar.
Salvemos pues amados de la llama,
   Traigamos hoy un pecador aquí.

(FIN DEL SERMÓN)
Puedes leer los sermones de Dr. Hymers cada semana en el Internet
en www.realconversion.com. Oprime “Sermones en Español”.


viernes, 18 de abril de 2014

¿QUISIERAS CENAR CON JESÚS?

“Os aseguro que no beberé más del fruto de la vid, hasta aquél día cuando he de beberla con vosotros vino nuevo en el reino de Dios” (Mr. 14:25).


      Este es una de las promesas más emocionantes de la Biblia. Un jueves por la noche Jesús promete a sus discípulos que no volverá a beber del jugo de la uva, sino hasta el día que se siente en la cena de la victoria después del gran conflicto. Lo que Jesús nos dijo en otras palabras fue, “los espero en la gran cena” (Ap. 19:9). ¡Sí que será un evento extraordinario!
¿Cuándo se dará ésta cena incomparable? Según la Biblia, cuando vuelva Jesús y nos lleve a las mansiones celestiales (Mt. 22:2; Lc. 14:11 cf. Lc. 22:16). Yo quisiera estar en esa cena maravillosa al lado de Jesús, así como en la última cena y hasta recostar mi cabeza sobre su hombro. ¡Será emocionante! Sin embargo, surge una pregunta que merece ser respondida. ¿Qué debemos hacer para cenar con Jesús?
La Biblia nos responde: Abrir la puerta (de nuestro corazón) a Jesús que está llamándonos (Ap. 3:20). El problema es que no todos están dispuestos dar ese paso o a tomar esa gran decisión. Y es que Cristo siempre quiere cenar con nosotros, pero la decisión es nuestra. La puerta la debemos abrir nosotros, nadie más que nosotros. Jesús no puede obligarte a seguirlo, tú debes seguirle por propia voluntad.
Entonces, el cumplimiento de la promesa que nos hizo Jesús de cenar con nosotros está en pie y depende únicamente de nuestra decisión. Jesús está llamando a la puerta y quiere entrar a tu corazón para Cenar contigo. ¿Lo aceptarás?

Pr. Heyssen J. Cordero Maraví

domingo, 13 de abril de 2014

¿Amigo de Jesús?


“Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” (Jn.15:13).

      El jueves por la noche, antes de ser entregado por Judas a los sacerdotes y soldados, Jesús pronuncia uno de los sermones más extraordinarios de su ministerio. En la caminata lunar  Jesús declara los capítulos 15 al 17 del libro de Juan, y entre muchas enseñanzas deja registrado qué es la verdadera amistad o en qué consiste.
Jesús, dijo que somos sus amigos pues nos ha revelado cosas que solo los amigos saben (Jn. 15:15), y somos amigos de Jesús si “hacemos lo que él manda” (Jn. 15:14) y esto tiene que ver por supuesto con el amor, pues la amistad es un amor  filial y Jesús también dijo, “si me amáis, guardad mis mandamientos” (Jn. 14:15).
En la actualidad existen famosos expertos en relaciones personales e interpersonales, terapeutas familiares, y conferencistas, que basan sus lecciones en lo aprendido en libros, cursos, investigaciones, etc. No obstante, cuando Jesús habló de la amistad no solo mostró su maestría al hablar sino al practicarlo. Es por ello que Jesús se entregó en la cruz del calvario por cada uno de nosotros porque nos consideró sus amigos. Ahora, su muerte en la cruz únicamente tendrá significado para aquellos que aceptan esa muerte por fe. Entonces, todo aquél que no acepta a Jesús como su salvador personal, y hace su voluntad (guarda sus mandamientos, todos) sencillamente no es amigo de Jesús. Podemos resumir diciendo, Jesús quiere ser mi amigo, ya dio pruebas de ello (muriendo en la cruz), yo lo acepto si hago su voluntad, lo amo y sigo sus enseñanzas. Yo quiero ser amigo de Jesús, ¿y tú?

Pr. Heyssen J. Cordero Maraví

lunes, 7 de abril de 2014

Evangelista idóneo



“Y mi mensaje y mi predicación no fueron con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder” (1 Cor. 2:4).

Dios escogió a doce hombres comunes y corrientes para evangelizar al mundo. El más preparado entre todos los discípulos era Judas, y no terminó bien. Sin embargo, los otros once, fueron excelentes evangelistas mostrándonos así que no es la preparación, la ciencia y la tecnología, sino el hombre convertido que puede ser instrumento poderoso en las manos de Dios. Un ejemplo nítido de esta lección lo destaca también Pablo en 1 Corintios 2:1-5:
1. No busques impresionar con excelencia de palabra o de sabiduría (v.1).
2. No habla de otros sino de Jesucristo y su evangelio de salvación (v.2).
3. No es autosuficiente y reconoce sus limitaciones y debilidades (v.3).
4. No persuade con palabras humanas sino con el poder del Espíritu (v.4).
5. No dirige su mensaje a él ni a hombres sino que los lleva a Cristo (v.5).
¿Ya lo notaste? Es el poder del Espíritu Santo quien transforma vidas a través de vidas transformadas. Las palabras humanas y todo el conocimiento habido, no constituyen garantía de éxito en el evangelismo sino el evangelista transformado, convertido a los pies de Cristo todos los días. No olvides que la batalla es de Dios  se gana con el poder del Espíritu Santo (Zac. 4:6).

Pr. Heyssen J. Cordero Maraví
ASOCIACIÓN PERUANA CENTRAL 

¿Qué es la iglesia?


Hace algunos días alguien me preguntó: “¿para qué formó Dios una iglesia? ¿es necesario una iglesia?”. Su pregunta me llamó la atención en demasía y con paciencia le respondí lo siguiente:
      La palabra iglesia  viene del griego “eκκλησία” (“ekklesía”) que significaba originariamente en la antigua Grecia “asamblea” y luego pasó a significar “congregación de cristianos”.  Ésta palabra contiene el prefijo “eκ-” (“fuera”) y la raíz “κλή-”, como en “κλήσις” (“klêsis”, “llamada”) que proviene del verbo “καλέω” (“kaléo”) que significa “llamar”. Es entonces que la palabra “eκκλησία” significaría originariamente “llamada afuera” con el motivo de reunir a la gente de una comunidad.
Podemos decir que la IGLESIA es el conjunto de personas “llamadas de afuera” para “llamar a los que están afuera”. Es decir, tal como dijo Pedro,  “somos pueblo adquirido por Dios, a fin de que anunciemos (llamemos) las virtudes (evangelio) del que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Ped.2:9). ¡Extraordinario! ¡Impresionante mensaje!
 La sierva del Señor señala: “La iglesia es el medio señalado por Dios para la salvación de los hombres. Fue organizada para servir, y su misión es la de anunciar el Evangelio al mundo. Desde el principio fue el plan de Dios que su iglesia reflejase al mundo su plenitud y suficiencia” (Los Hechos de los Apóstoles, pp. 9).
Fuimos llamados para anunciar el evangelio del que nos llamó un día de las tinieblas a la luz admirable. Dios te llamó, ¿recuerdas de dónde te llamó? ¡Qué privilegio saber que Dios te llamó para llamar a otros! No lo olvides.

Pr. Heyssen J. Cordero Maraví

ASOCIACIÓN PERUANA CENTRAL 

viernes, 21 de marzo de 2014

EVANGELIZANDO COMO JESÚS LO HIZO - DESCARGAR

—  
“Llamando a los doce en derredor de sí, Jesús les ordenó que fueran de dos en dos por los pueblos y aldeas.  Ninguno fue enviado solo, sino que el hermano iba asociado con el hermano, el amigo con el amigo.  Así podían ayudarse y animarse mutuamente, consultando y orando juntos, supliendo cada uno la debilidad del otro.  De la misma manera, envió más tarde a setenta.  Era el propósito del Salvador que los mensajeros del Evangelio se asociaran de esta manera.  En nuestro propio tiempo la obra de evangelización tendría mucho más éxito si se siguiera fielmente este ejemplo” (El Deseado de todas las gentes, Pág. 316). Los consejos proféticos son categóricos. No dan lugar a dudas, a ambigüedades, de manera clara y precisa señala que no alcanzamos éxito en el cumplimiento de la misión porque no seguimos el ejemplo de Cristo, no nos organizamos como quiere que lo hagamos, es decir en GRUPOS PEQUEÑOS con PAREJAS MISIONERAS.

miércoles, 29 de enero de 2014

¡El desafío de la gran comisión!



Cuando Dios nos llama para cumplir la misión, solo existen dos respuestas válidas, sí o no. No hay otra respuesta, no tiene validez una respuesta a medias. O aceptas el llamado, o simplemente la rechazas. Y sin duda una respuesta, sea positiva o negativa, siempre implicará consecuencias. A continuación meditaremos en la experiencia de alguien que NO ACEPTÓ cumplir la misión, y lejos de hacer la voluntad de Dios, resolvió ESCAPAR DE LA PRESENCIA DE DIOS.

Jonás, el profeta de Dios, un evangelista local, un hombre consagrado a la obra de Dios desarrollaba un ministerio exitoso en Gat-Hefer, un pequeño pueblo. Sin embargo, Dios lo llama a realizar una obra desafiante en Nínive, capital de reino asirio, fundada en la orilla del Tigris, la "gran ciudad", "ciudad de sangres, ...llena de mentira y de rapiña" (Nah.3:1). Jonás no lo puede creer, no puede ser posible que Dios, le tome en cuenta, lo considere como el evangelista de aquella grande y terrible ciudad. Simplemente no hay coherencia. Jonás consideraba que estaba bien en su territorio evangelístico, en su iglesia local... ir a esa ciudad grande era una idea loca, descabellada.

El razonamiento de Jonás posiblemente no era infundada. Jonás era un líder local, era de provincia, de un pequeño pueblo... ¿cómo iría a predicar en una lengua extrangera a los más terribles pobladores del mundo conocido? y no solo eso, sino que la ciudad era tan grande que recorrerla de un canto al otro significaba tres días de camino. Creo que el temor de Jonás era hasta cierto punto sustentado. No obstante, la Biblia no registra si Jonás pidió explicaciones a Dios, la Biblia solo menciona que el profeta menor, huyó de la presencia de Dios. ¿Hay algún lugar donde la presencia de Dios no esté? ¿Cómo es posible que Jonás siendo un predicador, evangelista, profeta desconozca que nadie, jamás, puede esconderse de la presencia de Jehová? 

"Vino palabra de Jehová a Jonás hijo de Amitai, diciendo: "Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y pregona contra ella; porque ha subido su maldad delante de mí". Y Jonás se levantó para huir de la presencia de Jehová a Tarsis, y descendió a Jope, y halló una nave que partía para Tarsis; y pagando su pasaje, entró en ella para irse con ellos a Tarsis, lejos de la presencia de Jehová" (Jon. 1:1-3).

¿Qué pasa si resolvemos no cumplir la gran comisión que Dios nos encomendó? ¿Qué puede suceder si no cumplimos la misión? ¿Cuáles son las consecuencias?
  1. Siempre descenderás.- Jonás se levantó para huír de la presencia de Jehová "y descendió a Jope" (v.3). Cuando uno resuelve no cumplir la misión, siempre experimentará un descenso espiritual. Muchos se preguntan, porqué siento que he bajado en mi vida espiritual. Sencillo, ya no estás involucrado en el cumplimiento de la misión. Jonás huyó a Tarsis, y desenció a al puerto de Jope, de allí al barco, del barco a la bodega del barco, de la bodega del barco al mar, del mar al pez y del pez hasta lo más profundo de la mar. Nadie puede imaginarse hasta dónde puede llegar, hasta que punto terrible puede llegar si huye de la presencia de Dios. Muchos cristianos, líderes no se explican cómo llegaron a caer tan bajo, tan terriblemente... la respuesta es simple, se alejaron de la presencia de Dios. Y es que no te puedes imaginar qué lindas y extraordiarias cosas puedes hacer con Cristo, y así también, no te puedes imaginar qué terribles cosas puedes hacer sin Cristo. 
  2. Afectarás a los que te rodean.- Mientras Jonás dormía a sus anchas y plácidamente, "Dios levantó un gran viento en el mar" (v.4), y hubo una gran tempestad que parecía que la embarcación se partiría. Hay varias lecciones a destacar, no obstante es importante mencionar que cuando decides no aceptar la misión que Dios te encomendó, y, tu vida está en una bajada espiritual, directa o indirectamente afectas a los que te rodean. A tus hijos, a tu esposa, a tus familiares, etc. Y este detalle es tan importante recordar. Un error no solo trae consecuencias para su autor, sino para los que le rodean. Los acompañantes de viaje de Jonás estaban sufriendo por culpa de un evangelista desobediente, un profeta "igenuo" huyendo de la presencia de Dios. Mientras ellos oraban a sus dioses para que detenga la tormenta, el profeta de Dios, dormía cómodamente. ¿No es esa la actitud de algunos hijos de Dios que están espiritualmente mal? ¿Insensibilidad al prójimo y sus necesidades? Dios usó el azar o la suerte para que descubran a Jonás, y cuando le preguntaron su oficio, él dijo: "Soy hebreo, y temo a Jehová..." (v.9). Triste pero real, era adventista, pero ¿temía a Jehová? Es por ello que le dijeron "¿por qué nos has hecho esto?". El evangelista predica, no lleva desgracia, sino buenas nuevas.
  3. Te apartarás.-Al verse descubierto Jonás decide locamente algo extremo. "Tomadme y echadme al mar" (1:12). Jonás cree que lo mejor es morir, apartarse de la iglesia, que lo borren, que lo disciplinen. Renunciar a su cargo o su llamado. ¿Ya has visto cómo solemos decidir por el camino más fácil? ¡Si el problema soy yo, entonces es mejor que me retire! Tristemente algunos creen que es mejor alejarse de Dios que estar espiritualmente en el barco de  la iglesia, de la casa, de la familia... No lo es. No hay nada bueno lejos de Dios, nada. A Jonás lo echaron al mar, y como dice la canción, "y vino un pez muy grande y plun se lo comió". Parece que la historia de Jonás tiene un final triste, y ciertamente es así. No obstante Dios no se queda de brazos cruzados mientras sus hijos actúan solos y locos tomando decisiones incorrectas. Hasta este punto, Jonás había hecho lo que quizo. Hasta tocar las aguas saladas del mar Jonás hizo su voluntad, y no la volutad de Dios. Y hacer nuestra volutad es cosechar lágrimas. Pero, cuando tú la malogras, cuando tú estropeas tu ministerio, tu vida, tu familia, tu negocio con decisiones lejos de Dios; Dios va en tu rescate porque te ama, te ama y me ama más de lo que nos imaginamos. Y si para eso tiene que hacer que un pez de coma, simplemente hará eso, y mucho más. No dudes.
¿Qué sucede si cuando estás caído, lejos, hundido, sumergido en los más profundo del mal, del dolor, del sufrimiento... del estrés y temor, oras a Dios y te arrepientes? ¿Qué sucede si reconoces que actuaste mal, que tomaste una decisión equivocada?
  1. Dios siempre obra si te arrepientes.-Jonás esperaba asfixiarse, posiblemente contaba los minutos y segundos, y nada. Se dio cuenta entonces, reconoció que estaba vivo porque Dios seguía teniendo un plan para él. Dios le estaba dando horas de vida donde no debía haber vida, Dios le estaba mostrando que aún en el fondo del mar, en el fondo de la vida, allí en lo más profundo y bajo, Dios podía amarlo. Jonás oró, sintió que Jehová le "oyó" (2:2) y reconoció su condición, su pecado y finalmente entendió que "la salvación es de Jehová" (2:9). Reconoció que estaba vivo porque Dios lo salvó. Jonás debía morir, pero ahora estaba vivo, Jonás estaba vivo porque había una misión que cumplir aún.
  2. La receta para que no vuelvas a caer.-Jonás fue vomitado por el pez en tierra, pero en cuanto estuvo en tierra, Dios le llamó una vez más para enviarlo a Nínive, a predicar. ¿Cuántas lecciones podríamos sacar de este detalle? No obstante, es interesante notar que Dios quiere que la misión se cumpla si o sí. Dios perdonó y salvó a Jonás, pero la receta que le da una vez más, es evangeliza, predica, habla... comparte tu fe. Ésta vez Jonás "fue conforme a la palabra de Jehová" (3:3) a Nínive. Y llegando a la gran ciudad, predicó un mensaje profético y de advertencia: "de aquí a cuarenta días Nínive será destruída" (3:4). Evangelizar no es un don, es un asunto de vida o muerte. No es una opción, sino una necesidad. Yo no predico para salvar a otros, sino para salvarme a mí en primer lugar.
  3. Dios te muestra milagrosos inexplicables.-La Biblia menciona que Jonás se enojó por que sabía que Dios es bueno y misericordioso. Se enojó porque su reputación como profeta estaba en juego. Se enojó porque todos, desde el más rico al más pobre, niños y hasta los animales se convirtieron de su mal camino (3:10). ¿Cómo habrá sido el sermón de Jonás? ¿Habrá sido un sermón poderoso? ¿Cómo predicó Jonás si no deseaba que la gente se salve? ¿Cómo usó Dios a Jonás a pesar de su desgano? Esos son los milagros de Dios. No es el predicador, es el poder de Dios. No es el bonito mensaje ni las palabras adornadas. Es Dios quien hace que las personas se arrepientan y acepten a Dios. Dios muestra que él es quien obra en las vidas a pesar de nosotros, a pesar de sus mensajeros, a pesar de sus líderes. Todos se conviertieron. Es simplemente inexplicable cómo fue.
  4. Dios quiere que seas salvo trabajando.-Jonás enojado por el desenlace  de la historia, las penurias que pasó para ver que un pueblo "malo" sea ahora bendecida con el amor y perdón de Dios. No hay lógica con todo esto pensó Jonás. ¿Para qué llevó a Jonás a Nínive si Dios podía salvar a ese pueblo sin ayuda humana? Lo que Jonás no entendía era que Dios no necesitaba de él para salvar a Nínime, sino que Jonás necesitaba predicar en Nínive para salvarse. La vida cristiana es así, Dios nos manda a predicar no porque nos necesite, sino que Dios sabe que si nosotros no predicamos sencillamente moriremos. Cuando Jesús estuvo entre nosotros un día dijo que "mi comida es que haga la voluntad del que me envió y acabe su obra" (Jn.4:). Para Jesús su comida era anuncia, salvar a la humanidad, ¿y qué es la comida sino el combustible que nos permite vivir? Y si no tengo combustible, si no como, simplemente me espera la muerte espiritual, lento, pero segura, a corto plazo.
Es posible que esté escribiendo para alguien que ora, estudia su Biblia, predica todos los sábados desde el púlpito, es anciano, pastor, líder, pero no cumple la misión como Dios quiere. No comparte su fe con sus vecinos, amigos y familiares... y cree que es muy complicado por sus actividades, por el trabajo, por la familia. Pero también es consciente de que su vida espiritual está menguando. Ya no siento ese fervor de mis primeros años como adventista. Ya no siento ese primer amor. Y uno se pregunta ¿por qué? La respuesta no es difícil, es porque no estás predicando... no estás cumpliendo la misión. Dedide hoy ser un evangelista, decide ir a donde Dios quiere que vayes... decide aceptar con un "Heme aquí envíame a mí" (Is.6:8). 

Pr. Heyssen J. Cordero Maraví
Asociación Peruana Central 


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